martes, 31 de marzo de 2009

Fin de trimestre


Confirmaciones en la Parroquia de la Asunción de nuestra Señora

—José María, creo que lo estamos haciendo bastante bien.

Era la hora de “cerrar el quiosco”. José María y yo, los dos capellanes del centro, nos habíamos pasado la mañana confesando sin parar a chicos y chicas de 16 y 17 años. Los actos penitenciales de preparación para la Semana Santa comenzaron pronto y yo aún estaba sorprendido por la respuesta masiva y generosa de los chavales.

Se me escapó entonces ese comentario un tanto presuntuoso y estúpido. Luego, ya en el coche, de vuelta a casa, traté de reconducir las cosas dando gracias a Dios.

El domingo también había sido un gran día. A las seis de la tarde recibieron el Sacramento de la Confirmación los primeros 45 de este año. Ellos, con la corbata anudada al cuello como una soga y más repeinados y afeitados que de costumbre, parecían un tanto incómodos y nerviosos. Ellas, repintadas como sus madres y con vestidos de fiesta, estaban irreconocibles y guapísimas. La iglesia pronto estuvo abarrotada de gente. Y también me metí en el confesonario para atender a padres, padrinos, chicos, chicas…

Mañana, miércoles, tendremos de nuevo actos penitenciales y otro maratón de confesiones. Procuraré no creérmelo demasiado.

Dios siempre hace las cosas muy bien.




lunes, 30 de marzo de 2009

Los lunes, publicidad

Es un buen anuncio y muy oportuno, pero, al menos en los altavoces de mi ordenador, hay demasiado ruido de ambiente y cuesta un poco entender los diálogos



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domingo, 29 de marzo de 2009

Nieva otra vez


Este blog es un diario, a veces íntimo, siempre público y, en todo caso, fiel a los lectores. Ni un solo día sin línea, aunque, como hoy, casi no tenga un minuto.

Termina el curso de retiro. He estado con veinte chicas en "Los Fresnos", un pequeño chalet situado en el pueblo de San Rafael. Yo he vivido a dieciocho kilómetros, en la casa antigua de Molinoviejo desde donde escribo.

Dentro de unos minutos cogeré el coche e iré a predicar las dos últimas meditaciones y a celebrar la Santa Misa. Hace frío, ha vuelto a nevar en el jardín, y a mí me han entrado unas ganas tremendas de quedarme un par de días más para ver cómo se defienden los pájaros de primavera en un ambiente invernal.

Esta tarde en la Parroquia de la Asunción de Madrid se confirman cuarenta y tantos chicos y chicas de bachillerato. Estaré como simple espectador. Charlaré un poco con todos, comprobaré que se han puesto guapísimos para la ocasión, y me llenaré de melancolía al comprobar que los padres de mis alumnos son unos chavales.

¿Por qué todo el mundo es tan joven?

sábado, 28 de marzo de 2009

Día grande en Bilbao

Reproduzco, sin más comentarios, el artículo que ha publicado en "La Gaceta de los negocios" José Francisco Serrano Oceja, decano de Periodismo en la Universidad CEU San Pablo. Yo también estuve en Bilbao y tenía pendiente una crónica.

Todo
es grande en Bilbao. La Semana grande, el día grande, los edificios, los hombres grandes, y las IV Jornadas Católicas y Vida Pública, a lo grande. Y lo grande no es más que una dimensión del interior. Porque en Bilbao se respiraba sufrimiento, también grande; se respiraba autenticidad; se respiraba una Iglesia y un Evangelio que sonaba a puro y con muchas ganas de explotar y de hablar en libertad. Dios siempre sabe más; Dios siempre da más, se oyó decir en un aquilatado testimonio. Y grandes fueron los protagonistas de la última Jornada de esta iniciativa que es, también, Iglesia, en Bilbao. Para testificarlo, firma y rúbrica, allí estuvieron monseñor Ricardo Bláquez y monseñor Mario Iceta, un tandem, podríamos decir, casi perfecto.

La mañana comenzó con el frío del norte que hace que los hombres se sientan más cercanos. De la espera, a la esperanza, sólo hay un paso, por más que haya que llevar la contraria a algún filósofo. Todos esperábamos la llegada de monseñor Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, con esperanza. Rafa, compañero en lides, hombre bueno y cabal donde los haya, exiliado periodístico, me dijo: “Qué bueno que el Padre venga a las Jornadas” Le salió espontáneo, del corazón. Qué bueno. Y llegó don Javier, cercano, muy cercano, en la distancia corta y en la lejanía. Don Javier transparenta Evangelio, así de claro. Y su palabra, cálida, le brota de las entrañas del corazón de Cristo y llega al corazón del hombre. Pensé, mientras observaba de reojo esa sombra alargada de don Javier que son don Fernando y don Joaquín, -por cierto, don Fernando no puede dejar de escribir teología, de la profunda, de la que él sabe-, cómo había que escuchar la conferencia de don Javier con los ojos cerrados. Porque sus palabras, sus cambios de tonos, no sólo hablan a la razón, hablan a al corazón del cristiano, al corazón del católico en la vida, pública y privada. La conferencia, que versaba sobre la conversión y sobre la santificación el trabajo, imaginé iba a ser como la homilía del Campus. Y así me sonó, aunque estuve demasiado ocupado en mirar, participadamente, la reacción del auditorio al susurro de la verdad, de la belleza y de la libertad que nace de la alegría espontánea de la vida en Cristo. Santidad y nada más que santidad. No sé si ocurrirá en más ocasiones que el Prelado del Opus Dei tenga la generosidad de ofrecer un testimonio público de fe en un Congreso de esa naturaleza. Pero lo que sí sé es que lo que pasó en Bilbao, el fin de semana, difícilmente se puede olvidar.

El otro gran protagonista fue, sin duda, don Ricardo Blázquez, que recibía a raudales el cariño y el aprecio, la espontaneidad y la generosa palabra laudatoria de los suyos. Don Ricardo, si de la lidia se tratara, hubiera salido a hombros, con una ovación, una más de las muchas que recibió, y con varios trofeos. El primero, el de la verdad tranquila que presenta y representa. En la intervención previa a la presentación de la conferencia del cardenal J. Cordes, leída por su genial secretario, Segundo Tejado, monseñor Blázquez hizo una de las más inteligentes condenas del aborto y de la cultura del aborto que se haya escuchado en mucho tiempo. Grande, sí señor, tarde grande en Bilbao.


viernes, 27 de marzo de 2009

El Cielo de Castilla




Tuvo la culpa un ave nocturna que perforaba la noche de Molinoviejo con un silbido rítmico e interminable. Salí de casa con los prismáticos al cuello y escasas esperanzas de localizar al cantarín.

En efecto, nada más cruzar el umbral de la puerta, el pájaro dio por terminado su concierto.

Hacía frío, como a mí me gusta, y el cielo tiritaba de estrellas. No había luna y el aire estaba limpio, sin el menor atisbo de bruma. Apagué las luces del jardín y me senté en un banco.

A los pocos segundos estaba envuelto en luceros. La galaxia me abrigaba por todas partes como una manta de luz. Me dejé secuestrar y subí al cielo casi sin darme cuenta. Allí estuve no sé cuánto tiempo, inmóvil, sin atreverme a respirar.

Estornudé en mala hora y las estrellas huyeron despavoridas. Volví a casa. Nada más entrar, el pájaro nocturno reanudó su recital.

jueves, 26 de marzo de 2009

De nuevo, a Molinoviejo


Me dice Lourdes que no entiende cómo saco tiempo para escribir tanto. Yo tampoco lo entiendo, la verdad. Quizá sea sólo que tengo muchas cosas que decir.

Hoy, por ejemplo, hablaría de nuevo de "Pergamo", la fantástica librería que descubrí hace un mes en Madrid, sobre la que ya escribi algo aquí. Esta mañana la he visitado otra vez y he charlado un buen rato con Lourdes Serrano, su apasionada propietaria. Incluso me ha regalado un librito de poemas.

Hablaría también del Colegio y de la preparación para la Confirmación. ¡Cuántas anécdotas! Pero, como digo, me voy a Molinoviejo para atender un curso de retiro.

¿Sacar tiempo? Tampoco es tan difícil: esta entrada sólo me ha llevado cinco minutos.

Adoro te devote (VIII)


La sombra de la Cruz está presente en cada verso del Adoro te devote.

Plagas sicut Thomas non intueor/ Deum tamen meum te confiteor…

No veo las llagas, como las vio Tomás; sin embargo confieso que eres mi Dios…

Tomás Apóstol; “el mellizo” lo llama el Evangelio. Otros lo han tildado luego de incrédulo o escéptico, también de empirista. ¡Aquella protesta desafortunada! —“si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos”—…; pero no, Tomás no era así.

Si alguna vez os encontráis con un escéptico que alardea de serlo, tened la certeza de que estáis ante un hombre apasionado que ha recibido una herida demasiado profunda y se acoraza en un falso cinismo para no volver a sufrir.

Tomás fue entusiasta, vehemente, exaltado hasta la locura de querer entregar la vida con Jesús y por él:

—¡Vayamos todos y muramos con él!, exclamo poco antes de la Pasion.

Pero cuando la losa del sepulcro se cerró sobre el cadáver del Maestro, se le derrumbaron con estrépito todos sus sueños y aquel corazón impetuoso se enfrió de golpe hasta convertirse en un bloque de hielo.

¡Pobre Tomás! ¡Tenía tanto miedo de volver a empezar!

—Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado…

Le bastó oír de nuevo aquella voz y el cariñoso reproche de Jesús para que el hielo saltara en pedazos y manifestase su amor y su fe con la vehemencia y la pasión de siempre. Y Tomás —el escéptico— fue el primero que llamó “Dios” a Jesús.

Ahora, al contemplar a Jesús Sacramentado, yo tampoco veo sus llagas, pero recuerdo, como si fuera ayer mismo, que después de hacer la Primera Comunión, siempre que asistía a Misa, durante la elevación de la Hostia y el cáliz, mi madre me susurraba al oído, para que yo las repitiera, las mismas palabras de Santo Tomás:

—¡Señor mío y Dios mío!

Creo que nunca he dejado de decirlas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

La Cuaresma es otra cosa



Gracias, Gilca

Dios quiso ser embrión


Son las 12 y cuarto. Acabo de celebrar la Santa Misa en el colegio y os confieso que me he conmovido al leer las palabras de la Liturgia en la Solemnidad de la Encarnación del Señor. Hoy es 25 de marzo; faltan 9 meses exactos para la Navidad, y la Iglesia nos recuerda que Dios nuestro Señor fue hombre con todas sus consecuencias: el Ángel anunció a María que en su seno iba a anidar un montoncito de células, un pequeño embrión. Ella, la más maravillosa de las madres, sería la encargada de custodiarlo con todo su amor, porque ese pequeño embrión era el Hijo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad.

En el vientre de la Virgen tuvo cabida Aquel que no cabe en el universo entero. Durante 9 meses Dios estuvo en manos de una criatura, a su merced, igual que cualquier otro niño.

He pensado en esos millones de madres, engañadas por los consabidos "expertos", que tendrán la posibilidad de matar en sus entrañas al mismo Cristo, ya que Jesús se identifica siempre con los más débiles.

Y he ofrecido la Misa por ellas y por todos; para que nos rebelemos contra ese monstruo que hemos creado y que sigue devorando niños en nombre del progreso y la libertad.


(Me manda Isabel este enlace de "La Vanguardia". Ahí podréis dejar vuestro voto en relación con la campaña de los obispos contra el aborto provocado)


martes, 24 de marzo de 2009

El Athletic



He estado en Getxo, o sea, en el Gran Bilbao (valga la redundancia), y he comprobado que por allí todos están convencidos de que este año el Athletic ganará la Copa del Rey al Barcelona. El entusiasmo es tan desmesurado como irracional.

Iba yo por la calle de la Amistad en las Arenas y me asaltó un mendigo rumano. Comprobé que no llevaba ni un céntimo en el bolsillo y se lo dije.

-Dios te va a castigar -me contestó-. Ganará el Barcelona.

-Ya lo sé, amigo; pero yo no tendré la culpa.

El buen hombre se quedó sin argumentos y se alejó mascullando algo. Me habría gustado continuar la conversación y explicarle que el próximo 13 de mayo, cuando el Barça golee al Athletic, se producirá en Bilbao una crisis espiritual y cultural semejante a la que sufrió España entera en 1898 con la pérdida Cuba y Filipinas.

Se lo dije al de la tienda de informática, y me miró con asombro.

-Ellos juegan más -reconoció-, pero aquí tenemos amor propio...



lunes, 23 de marzo de 2009

Los lunes, publicidad



No está mal este baile ferroviario. Gracias, Piku.



Como estaba previsto, el ordenata ha sido secuestrado por el servicio técnico y estará aparcado hasta la semana que viene. Procuraré poner alguna entrada, pero no lo garantizo.


domingo, 22 de marzo de 2009

Cursilerías laicistas


Leo en los periódicos que el gobierno balear pretende organizar las Misas: tantas en catalán y tantas en castellano. Tratándose de una región turística, espero que autoricen a celebrarlas también en inglés, alemán y latín. Y, para garantizar el exacto cumplimiento de la norma, supongo que habrá un cuerpo de inspectores que vigilarán llas parroquias y, de paso, vivirán como nunca con el precepto dominical.

Me pregunto si me acusarán de meterme en política si le pido a Kloster que me haga una pancarta para manifestarme en contra de una majadería tan inquietante.

Hace unos días escribía aquí un largo artículo sobre esta cuestión. No quisiera seguir insistiendo, pero es evidente que el totalitarismo laicista, en su afán de controlarlo todo, empieza a hacer el ridículo.

sábado, 21 de marzo de 2009

El ordenata hizo plaf


Fue ayer por la noche. Trataba yo de escribir mi entrada cotidiana en el blog cuando el toshiba se apagó sin decir adiós.

Una vez más se ha cumplido la ley de Murphy: las averías se producen siempre los viernes después del cierre de los comercios. Por tanto hasta el lunes no habrá nada que hacer. De momento, pongo estas líneas en el ordenador de mi madre, y cuelgo el correspondiente letrero de "cerrado".

En el semáforo de Concha Espina



Eran las 9 de la mañana y me había detenido en un semáforo, el mismo semáforo de siempre. Junto a mi coche, se detuvo otro con dos personas: una mujer mayor, que conducía, y a su lado, a pocos centímeros de mi ventanilla, un muchacho de veinte o treinta años con síndrome de Down. La mujer sonreía con especial ternura. Su hijo -porque evidentemente era su hijo- decía algo y le enseñaba la mano izquierda. Ella echó mano del bolso, sacó una pomada y se la aplicó en el dedo sin dejar de sonreír. Al terminar, le dio un beso en la mano y otro en la frente. Entonces a él le dio una especie de ataque de risa. La madre, contagiada por su copiloto, rompió también a reír a carcajadas. Y yo, que me sentía como un espía, a punto estuve de unirme al coro.

El la radio del coche tres o cuatro contertulios muy enfadados decían barbaridades sobre la crisis, el gobierno y no sé qué mas. Decidí apagarla mientras el semáforo se ponía verde.

Llegué al colegio con una sonrisa nueva en los labios.




viernes, 20 de marzo de 2009

Buscando a...


Aquí tenéis una especie de juego que arrasa en la red. Pinchad sobre la fotografía para ampliarla y descubriréis a docenas de personajes famosos. A ver quién encuentra más.

Esto es más que un chiste




De Ramón, en "La Gaceta de los negocios"

Sobre los ataques al Santo Padre


Pensaba escribir hoy a propósito de la estupenda catequesis de Benedicto XVI en África y la respuesta agresiva y manipuladora de buena parte de la prensa occidental. En eso estaba, cuando José H. me ha enviado un artículo publicado en en blog de Juan José García Noblejas. Vale la pena leerlo aquí.

jueves, 19 de marzo de 2009

El aroma de la memoria

Hoy quiero recomendar un libro de memorias: “Olor a yerba seca”, de Alejandro Llano (*)

Su autor, profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, luce un curriculum espectacular como docente y escritor, que se detalla en la solapa del libro. Y esto es lo malo: uno, al leer semejante elenco de títulos académicos, publicaciones, cargos y distinciones, supone que las “memorias” de un catedrático tan insigne serán una especie de autobiografía intelectual pesadísima, un relato cronológico de su pensamiento filosófico sólo apto para iniciados.

Nada más lejos de la realidad. Alejandro Llano, a lo largo de las 527 páginas de este volumen, se revela como un excelente narrador, como un contador de historias con instinto literario, chispa juvenil, sentido del humor y una memoria envidiable.

Además, Llano no tiene edad para dedicarse a hacer balances demasiado solemnes de su vida. Y esto es lo bueno: los viejos, al contar sus recuerdos, tienden a ponerse graves, sentenciosos y cargantes, cuando no caen en la tentación de ajustar cuentas con los agravios del pasado. Este “olor a yerba seca” es otra cosa; es un aroma que nos traslada a Asturias, a la playa de Ribadesella; y aún más lejos, a los puros Partagás, a la Cuba de los años 50, a México… Y los paisajes, las costumbres y los personajes de la infancia y la adolescencia de Alejandro cobran vida como en la mejor de las novelas.

Luego, sí, Llano llega a la Universidad y algo cuenta de su itinerario filosófico; pero ya nos ha embarcado en la aventura y es imposible dejarla.

(*) Ediciones Encuentro, Madrid 2008.

San José



Ayer hice en el cole una breve pero significativa encuesta entre la muchachada con una sola pregunta ¿qué celebramos mañana?

De diez, 7 afirmaron que "el día del padre"; 3, San José. A los que respondieron "el día del padre" volví a preguntarles: ¿por qué es mañana el día del padre? 3 se acordaron de San José; los otros 4, ni idea.

Supongo yo que la culpa no es suya... Seguro que, en Valencia, me habrían hablado de las Fallas.

Hoy no hablaré del Adoro te devote. Continuaremos el próximo jueves.

Ahora caigo en la cuenta de que, con ésta, ya he escrito 1000 entradas en el blog. Lo celebraré mañana en Bilbao con mi madre.


miércoles, 18 de marzo de 2009

Oskari. Desde Google al Opus Dei

No os perdáis este video. Es largo (9 minutos) pero vale la pena. Oskari, un chaval finlandés, cuenta en la televisión sueca cómo se convirtió al catolicismo y cómo pidió la admisión como numerario en el Opus Dei.

La imagen es muy nítida y los subtítulos castellanos se leen sin dificultad.


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Qué grandes son los animales y qué animales son algunas personas



En la red hay de todo. Por ejemplo, este breve artículo que un anónimo lector acaba de enviarme.




Estos días recordamos a Rodríguez de la Fuente, en el aniversario de su muerte hace ya 29 años. Aunque yo tenía pocos años, no he olvidado la alegría con que todos los niños cantábamos la canción de Enrique y Ana Amigo Félix, y que probablemente aún conserven el disco en casa mis padres. Como siempre me han encantado los animales y la naturaleza me hacía mucha ilusión ver ese programa, "El Hombre y la Tierra". Pero Félix anteponía al hombre; aunque nos enseñó a amar a la naturaleza y a los animales, no se puede entender una tierra sin hombre.

Es cierto que la naturaleza y los animales necesitan de nuestra protección, pero mayor protección hay que darle al hombre. Me viene a la memoria un artículo que leí hace ya unos cuantos años titulado "Qué grandes son los animales y qué animales son algunas personas".Y es que en Etiopia una niña había sido capturada por unos individuos que se la llevaron a la selva y estaban maltratándola, cuando apareció un león y éste, al ver lo que ocurría, dio muerte a los secuestradores y puso a salvo a la pequeña, a la que estuvo protegiendo un día y medio hasta que la encontraron.

El animal actuó con justicia, protegiendo al más débil, todo lo contrario que quiere hacer nuestro Gobierno, con su ministra de Igualdad a la cabeza, con esa ley del aborto que se ha empeñado implantar. Debe tomar nota la señora Aído del león y saber que hay que defender siempre a todo ser humano, pero sobre todo al más débil.
Carmen Ramírez

martes, 17 de marzo de 2009

Alba entra en la red


El semanario "Alba", con más de 200 números de vida, ha lanzado a la red una magnífica versión digital que merece un lugar destacado en la sección de "favoritos" de vuestro navegador. Aquí la tenéis.

La responsable de la edición es Sonsoles Calavera, una jovencísima periodista con imaginación y talento. Entre otras virtudes, Sonsoles tiene el indudable mérito de haberme aguantado como profesor en su cole durante algunos años.

O sea, que no soy objetivo.

El primero de la mañana


La mañana ha resultado fructífera en el colegio. La verdad es que apenas me he movido del despacho, pero no ha hecho falta: hoy había cola para charlar.

El primero —llamémoslo Carlos— aparece a las nueve y media “para una cosa superimportante”. Está nervioso como una pila:

—No se ría, ¿eh?

—¿Y por qué iba a reírme?

—Es que quiero que me ayude a una cosa…; pero no se ría.

—Vale. Te prometo que no me río…

—¿Usted sabe si María…?

—¿María? Tenemos unas cuantas…

Aclarada la identidad de la chica, Carlos, que se me ha sentado enfrente, agarra un boli y juguetea sin decidirse a completar la frase.

—¿Usted la conoce, verdad?

—Sí, claro.

—¿Y… le ha hablado de mí alguna vez?

—Perdona, tú te llamas…

—Carlos.

—Ah, ya. ¿Tu eres ese Carlos que tiene dos hermanas, vive cerca de Atocha, te gusta el rugby y la pizza y te han cateado en dos …? (*)

A Carlos se le ilumina la cara de emoción. Por primera vez me mira a los ojos.

—Síiiii

—Pues no, no recuerdo que me haya dicho nada.

—Entonces como sabe…

Carlos se echa a reír, y por poco me mata. La conversación continúa durante diez minutos más, y el chaval sale la mar de contento.

Ya es primavera y no sólo en el Corte Inglés.

(*) Ni que decir tiene que María tampoco se llama así y los detalles que doy sobre Carlos no coinciden nada con los reales.


lunes, 16 de marzo de 2009

Los lunes publicidad.


En este caso, publicidad de la Logse. Ya lo dijo alguna ministra: tenemos el sistema educativo más adelantado del mundo.

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domingo, 15 de marzo de 2009

Los mercaderes



Jesús
había dicho:

—Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.

Pero un día hizo un azote de cuerdas y echó de Templo a latigazos a los mercaderes que vendían animales para los sacrificios y a los cambistas que procuraban a los peregrinos las monedas para las limosnas.

¿Quién puede entender al Señor? Aquellos comerciantes estaban autorizados por el Sumo Sacerdote, tenían sus papeles en regla y cumplían una misión insustituible. No tuvieron la menor oportunidad de explicarlo.

Mi corazón también es Templo de Dios. En él habitan el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo…, y unos pocos mercaderes que pagan puntualmente su estancia y apenas molestan.

—Señor, déjame que te explique. Ya sé que tu casa debe ser sólo tuya…, pero no los expulses todavía; ten paciencia conmigo; a ver si los desahucio un día de estos…, y me convierto del todo a Ti.


sábado, 14 de marzo de 2009

Chuches, algarrobas y el hijo pródigo



Hace muchos años, expliqué la parábola del Hijo pródigo, que hoy leemos en el Evangelio, a las niñas de Aldeafuente que iban a hacer la Primera Comunión. Les conté que el hermano pequeño se fue de casa y se lo gastó todo en chuches.

—¿Sabéis cómo se llamaba?, pregunté.

—¡¡¡Pródigo!!!, gritaron a coro.

Aclarada la cuestión, traté de ceñirme al Evangelio y les dije que pasó muchísima hambre, tanta que envidiaba las algarrobas que comían los cerdos:

—¿Qué son las algarrobas?

—Eso. A ver, ¿quién lo sabe?

Silencio absoluto. Entonces, para desbloquear la historia se me ocurrió decir:

—La que me traiga mañana una algarroba se lleva como premio el paquete de caramelos que tengo en la capellanía…

Seguí con la parábola. El episodio del hermano mayor fue el más difícil. A ver quién convence a treinta pequeñajas de ocho años que el que había sido siempre obediente no tenía que haberse puesto de morros al ver que su hermano pequeño se comía el becerro cebado.

—¡Menuda guarrada!, sentenció una.

No recuerdo cómo salí del atolladero. Al final, alguien preguntó:

—¿Y qué hicieron los demás hermanos?

—No había más hermanos.

—¿Tampoco niñas?

—Tampoco.

—¡Pues vaya cuento…!


PD. Ni las niñas ni sus madres encontraron una sola algarroba en Madrid.



viernes, 13 de marzo de 2009

Meterse en política




—Tú,
por si acaso, no te metas en política.
Eso me ha dicho esta mañana un amigo ateo de la vieja escuela. Le he agradecido la advertencia, no porque vaya a hacerle caso, sino por darme un tema para este artículo.

“Meterse en política” siempre ha sido una aventura peligrosa, poco aconsejable para quien quiera pasar por el mundo libre de ansiolíticos y antiácidos. Teniendo en cuenta, además, el evidente descrédito que se ha ganado a pulso nuestra clase política, es natural que nos prevengan contra la tentación de entrar en ese mundo infestado de alimañas.

—Hijo mío —amonestan las mamás a sus retoños (y retoñas)—, abrígate que hace frío; no te muerdas las uñas, no te metas el dedo en la nariz, cruza por los pasos de peatones, no hables con desconocidos y, sobre todo, no te metas en charcos ni en política, que luego te me resfrías.

Sin embargo aseguran los propios políticos, y con razón, que el suyo es uno de los oficios más nobles. Servir a la comunidad, a la patria chica o a la patria grande, aportando ideas, dedicando tiempo, esfuerzo y talento en beneficio del conjunto de la sociedad, merecería el aplauso de todos. Uno conoce a algunos hombres y mujeres dedicados profesionalmente a esta tarea por puro afán de servir y también por dignificar la lucha política eliminando la basurilla que encuentran a su paso.

—Bueno, eso está muy bien, pero tú, por si acaso, no te metas en política.

Hace muchos años un chaval de primero de Derecho que veraneaba allá por Levante vino a charlar conmigo al terminar la Misa que celebré en su pueblo y me acompañó a desayunar. Como me pareció un tipo despierto, y sensato le pregunté por sus estudios y sus proyectos.

—Yo lo que quiero es ser presidente de gobierno.

Ni por un momento pensé que era una tontería. Recuerdo sólo que le advertí:

—Es una oposición difícil… ¿Por qué quieres serlo?

Aunque he olvidado su respuesta concreta —no su cara, que luego fue bien conocida—, sí recuerdo que me dio unas cuantas razones generosas e idealistas, propias de su edad. Le aconsejé entonces que las repasase de vez en cuando y que no cayese nunca en la tentación de sustituirlas por otras menos generosas.

—Vale —insiste mi amigo—, pero los curas y los obispos sois ganado aparte. Tú no te metas en política.

—De acuerdo. Claro que hablar del matrimonio, de la familia…

—Eso es precisamente entrar de lleno en la política.

—¿Y de la vida humana? Podré hablar del respeto a la vida de los no nacidos, ¿o no?

—Tampoco. Hay leyes aprobadas democráticamente por las Cortes y tú, como clérigo, no debes entrar a calificarlas.

—¿Y la educación de los niños…?

—Política, todo política… ¿Ves cómo sois los curas? Y no se te ocurra hablar de sexualidad, que te veo venir. No pensáis en otra cosa. Sois unos reprimidos crónicos. Ya nos encargamos nosotros de ese asunto, y en la tele daremos clases prácticas.

—O sea que si digo que en el Génesis se explica la distinción entre hombre y mujer…

—Pues le dices a ese tal Génesis, a quien no conozco, que no se meta en política.

—¿Y de justicia social? ¿Podemos denunciar los abusos, pelotazos y demás…?

—Eso depende. Pero mejor no. Para eso están los sindicatos y la prensa.

—¿Ya. Entonces, de qué deberíamos hablar los curas?

—De liturgia, el Rosario, la Misa. Ya sabes, hay que dar al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Lo dice el Evangelio.

—El problema, querido amigo es que desde hace cuatro o cinco siglos el César no ha parado de engordar y últimamente su bulimia es insaciable: quiere devorar a los niños nacidos y a los no nacidos, a los viejos y a los moribundos; inventar el matrimonio y la familia, la vida y la muerte, la lengua, el sexo, el género, el número y el caso. Se ha zampado la moral y la ética. Y de paso, se lleva los euritos del personal. Si el César se convierte en un okupa, habrá que echarlo a golpe de…

—¡Golpista, más que golpista!

—de libertad, colega, de libertad.



jueves, 12 de marzo de 2009

Ana Jane


Esa rubia de aspecto sospechoso que aparece subida a un caballo en los folletos de Hipercor, es, en efecto, Ana Jane Monasterio, sobrina nieta (¡ay de mí!) del titular de este blog.

No me preguntéis cómo ha llegado hasta aquí. ¿Será éste el inicio de su carrera como top Model?

Kloster se ha quedado sin habla.


Adoro te devote (VII)


In cruce latebat sola deitas;
at hic latet simul et humanitas.

Ambo tamen credens atque confitens,
peto quod petivit latro poenitens.
En la Cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad. Creo y confieso ambas cosas, pido lo que pidió el ladrón arrepentido.


Entre todos los personajes presentes en el Calvario, el autor del “Adoro te devote” elige a uno: al que hemos llamado siempre “el Buen ladrón”.

Compartir el mismo tormento crea una camaradería única, rocosa y duradera como ninguna otra en el mundo. No hay compañerismo más auténtico ni más fraternal que el de los soldados que luchan en la misma trinchera o el de los que sufren idéntica condena. Cuando dos reclusos padecen juntos esa tortura legal que es la pérdida de la libertad, pueden llegar a odiarse o convertirse en amigos hasta la muerte, en hermanos de prisión y de sangre. Y si uno de ellos es inocente o si está a punto de salir porque ya ha cumplido con la ley, el otro tiene derecho a gritarle: “acuérdate de mí cuando estés en tu casa”.

Desde ese momento, el que queda en prisión sabe que no estará solo nunca, que le espera un hogar, un lecho y un amigo que no lo traicionará.

Mi corazón está muy cerca de ese bandido. También porque es la única persona canonizada en vida por el mismo Dios:

—“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” —le respondió Jesús—. Hoy, esta tarde, a las tres en punto. Espera un poco. Aguanta conmigo este tormento de la Cruz y llegaremos juntos a casa. Allí estarás a salvo para siempre conmigo.

Ahora, cuando miro a Jesús en la Eucaristía, al recordar los sufrimientos —¡tan pequeños!— que he padecido en mi vida, no me cuesta nada repetir las palabras de mi colega el ladrón:

—Yo estoy en la Cruz con toda razón, pues sólo recibo el justo pago de lo que he hecho. En cambio tú eres inocente. ¿Qué haces aquí, en mis manos, con tus llagas abiertas? ¡Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino! Yo sé que tú eres el Rey, el Dios escondido; es nuestro secreto, el que tú me confiaste en confidencia de amigo cuando estábamos juntos en la misma prisión.

martes, 10 de marzo de 2009

El médico en casa

Como en los viejos tiempos el médico ha venido a casa del enfermo con su barba paternal, su maletin y su fonendo.

El doctor Montero es muy joven, pero tiene la sabiduría de los viejos médicos de familia, que escuchan al paciente como si fueses el único enfermo del mundo. Me ha tomado la tensión y el oxígeno en sangre, me ha interrogado sobre cuestiones tan íntimas que sólo de pensarlo me pongo colorado; me ha auscultado por delante y por detrás, y ha dicho que la gripe se ha complicado con una "pequeña" bronquitis.

Me ha recetado antibióticos y un jarabe con un sabor dulzón bastante repugnante. No le he dicho lo más importante: que soy de Bilbao. Tal vez, si lo hubiera hecho, me habría permitido salir de casa a media tarde a tomar unos potes.


Yo creía que con la gripe...


—podría leer un par de libros de Chesterton y Buzzati que tengo pendientes;
—vería una peli entretenida en mi ordenata;
—dormiría, por fin, 8 horas;
—oiría los discos de música coral de Mendelssonh que me trajeron los reyes;
—rezaría con orden y concierto la liturgia de las horas;
—visitaría los blogs de mi barrio: María, Juanan, Enrique, Alfonso, el 5ºB, trozos de vidas...;
—escribiría ese poema que tengo en la punta de la lengua desde hace veinte años;
—haría la oración con paz, sin prisas, sin mirar al reloj ni un solo instante;
—recitaría cada avemaría del rosario como si fuese el mismísimo Arcángel Gabriel;
—apagaría el teléfono para que nadie me encuentre;
—me olvidaría del cole, de la calle Velázquez y de...
Pues no. No caí en la cuenta, queridos blogueros, de que la gripe es una enfermedad mental de corta duración incompatible con tales fantasías.

Esta noche, mientras trataba de apilar en la mesilla un pequeño cargamento de pañuelos de papel, he pensado que mañana estaré bueno del todo, que no me dolerá casi nada y entonces, sí, podré, por fin, dormir 8 horas, leer a Chesterton, escribir el poema, rezar el Rosario sin dormirme y hasta ver una peli decente...



lunes, 9 de marzo de 2009

Un Soneto de 1607


Luis de Góngora y Argote, poeta insigne, tuvo indudables dotes proféticas. Véase si no este sorprendente soneto en el que recoge, con el particular estilo cultista de su autor, los consejos de un padre a su vástago, a quien llama “garzón”, para que abandone las monterías, pues revisten graves riesgos.

El poema es auténtico. No he añadido ni quitado nada.


A SU HIJO DEL MARQUÉS DE AYAMONTE, QUE EXCUSE LA MONTERÍA

Deja el monte, garzón bello, no fíes
Tus años dél, ni nuestras esperanzas;
Que murallas de red, bosques de lanzas
Menosprecian los fieros jabalíes.

En sangre a Adonis, si no fue en rubíes,
Tiñeron mal celosas asechanzas,
Y en urna breve funerales danzas
Coronaron sus huesos de alhelíes.

Deja el monte, garzón; poco el luciente
Venablo en Ida aprovechó al mozuelo
Que estrellas pisa ahora en vez de flores.

Cruel verdugo el espumoso diente,
Torpe ministro fue el ligero vuelo
(No sepas más) de celos y de amores.


Garzón (ardea alba)



Los lunes, publicidad (y paracetamol)

Hoy, como ando necesitado de mimos, me he acordado de este anuncio. Seguro que lo conocéis


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Este otro tampoco está mal, aunque sea de pepsi.

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domingo, 8 de marzo de 2009

A Madrid

Oratorio de la casa antigua
Termina la convivencia. No eran 29 chicas como dije el viernes, sino 36. El tiempo, espléndido; la mujer muerta, abrigada con un manto de nieve; el aire en calma. Y yo, con una gripe de tamaño regular. Lo cuento, porque soy un presumido y alguien se tiene que enterar de que hasta hace media hora no me ha bajado la fiebre ni el dolor de cabeza.

Los pájaros se habrán extrañado de no verme con los prismáticos al cuello. Y eso que ya han empezado los trinos de primavera.

He escrito más de una vez que el secreto más difícil de guardar no es el de la Confesión, sino los milagros de la gracia que uno presencia. Con gripe o sin ella no habría renunciado por nada del mundo a estos dos días y medio tan llenos. O sea, que no vengáis diciendo que tengo mucho mérito.



sábado, 7 de marzo de 2009

La tele

Me llama David para decirme que ya le han puesto la televisión digital terrestre en la oficina y que ahora podremos ver más de 40 canales. Lo más razonable será cambiar también la tele y no conformarse con un adaptador: la Grunding que tiene ahora fue estupenda en sus tiempos, pero quizá haya que pensar en una pantalla plana.

Todo lo cual me ha hecho recordar este largo refrito que publiqué en Mundo Cristiano hace diez años y sigue siendo válido hoy. He cambiado un par de cosillas, y aquí está:





“La televisión/ pronto llegará./Yo te cantaré,/ y tú me verás…”

La vocecilla afilada de una tonadillera gritaba está canción en las gramolas de la posguerra. Millones de personas sufrían ya el síndrome de abstinencia de la tele recién inventada. Por eso, cuando al fin llegó, la amaron a primera vista.

Yo la descubrí hace cincuenta años en el comedor de una pensión de Zaragoza. Había ido a examinarme de 1º de Derecho, y fue como un inesperado refrigerio en medio de los sudores de aquellos días.

Empotrada en un mueble de color caoba, tenía una pantalla mínima y abombada, con cuatro botones de baquelita. Tan deslumbrado quedé por su belleza, que no presté atención a la comida ni al programa (un interminable concierto de piano). De vez en cuando trepidaba la imagen, pero la camarera ajustaba el cuadro.

Vimos varias veces el famoso letrero en el que TVE pedía disculpas por la interrupción y suplicaba que permaneciésemos “atentos a la pantalla”. Así nos quedábamos: hipnotizados por el mágico rectángulo, mientras se enfriaban las croquetas. No existía el zapping, ni más alternativa a la crisis que apagar el invento.

Pronto llegaron los telefilms, que ahora se me enredan en la memoria: no sabría distinguir los actores de La Casa de la pradera de los de Bonanza. Y apenas recuerdo a Perry Mason, a Ironside y a unos invasores extraterrestres que no podían doblar el dedo meñique.

Para dar voz a aquellos personajes, alguien inventó un idioma caribeño de laboratorio la mar de gracioso, sin comprender que, con semejante jerga, la poderosa tele iría empobreciendo, hasta dejarlo hecho una ruina, el viejo castellano, que aún se conservaba en los pueblos de España.

No vale la pena lamentarse por algo que nunca tuvo remedio; pero sigo añorando las excursiones que hacía desde Bilbao, con mis amigos, a Burgos o a Valladolid, antes de la catástrofe ecológica televisual. Era fascinante charlar con aquellos campesinos, que hablaban como Santa Teresa, en un idioma insólito y bellísimo. Ellos me enseñaron a amar las palabras. Unos años más tarde ladraban ya como Perry Mason.

Sin embargo las ventajas de la tele superaban a los inconvenientes: vimos las Copas de Europa que se bebió el Real Madrid, la cogida del Cordobés, la llegada del hombre a la luna. Vimos incluso a don Jesús Urteaga y a don Ángel García Dorronsoro. Y descubrimos el tenis, la música de Mozart, los quebrantahuesos, el festival de San Remo y el humor mágico de Tip y Coll.

Y, cada semana, teatro. Millones de españoles comprobamos que Shakespeare, o García Lorca cuentan historias más apasionantes que las de Corín Tellado. Y, aunque los actores eran siempre los mismos, disfrutábamos viendo a Pepe Bódalo vestido de romano o de emperador persa, con acento de taxista madrileño.

Pero la tele comenzó a reproducirse y a invadir espacios vírgenes. No contenta con presidir el salón-comedor, entró en la cocina, se coló en el dormitorio de los padres y en el de los hijos; asaltó las habitaciones de los hoteles y de los mesones; penetró en los aeropuertos y en los restaurantes de carretera; se subió a la barra de las cafeterías; despertó a los niños con dibujos animados, y adormeció a los adultos con selecta basura de medianoche. Ya ni siquiera se podía leer en el tren o en el autobús: la tele te sonreía en colores a pocos metros de la nariz.

Al primero que la colocó en el centro de una biblioteca, deberían haberlo procesado. Desde aquel día, los lectores están confinados en los cuartos de baño.

Luego la tele se hizo portátil: le salió un asa en la chepa y cabalgó a lomos del 600 entre la paellera y la barbacoa. Para entonces los teleadictos ya aguantaban cualquier cosa: Shakespeare fue sido sustituido por Sensación de vivir, y Lope de Vega por Lina Morgan. Los quebrantahuesos y las nutrias se refugiaron en la 2, y camparon a sus anchas los pelícanos y otros pájaros de cuenta.

Pero lo peor no era eso.

Algunos padres de familia descubrieron el valor anestésico del invento. Para que los chicos no diesen guerra bastaba con disecarlos frente a la tele. Ya lo dijo un anuncio de los años 80: cuando los papás salen de noche, los niños sólo necesitan: un canguro, dos vídeos y queso Philadelphia para cenar.

Era inevitable: la tele se convirtió en formadora de los más jóvenes. Como la mayor parte de los colegios ya habían renunciado a educar y los padres estaban desentrenados, la tele ocupó el espacio vacío. Con ella aprendieron los niños lo que significa el amor y el sexo, la vida y la muerte, el placer y el dolor…

Y uno, que trata de enseñar a pensar por libre, se encuentra con que muchos chavales tienen uniformado el cerebro. Y, aunque añorar me gusta poco, pienso en aquella vieja y entrañable televisión con botones de baquelita. Me gustaría volver a verla, y romperle la pantalla de una pedrada, por traidora.

viernes, 6 de marzo de 2009

Otra vez a Molinoviejo


Dentro de media hora, me voy a Molinoviejo. Supongo que hará frío, viento y quizá nieve, pero ya estoy impaciente por llegar. Estaré con 25 chicas que recibirán el Sacramento de la Confirmación el próximo día 29. Les daré un par de charlas, procuraré habalar con cada una y cantaremos a la Virgen en su ermita.

Cada vez estoy más persuadido de que hay lugares donde Dios actúa con especial eficacia. ¿Por qué no? El Señor sabe que necesitamos esos signos sensibles de su presencia. En Molinoviejo han ocurrido muchas cosas grandes por la intercesión de la Santísima Virgen. Seguro que estas chavalas saldrán de allí como nuevas.


“Seducidos por la muerte”


La Editorial Planeta acaba de publicar la traducción al castellano de un clásico sobre el suicidio asistido y la eutanasia: “Seducidos por la Muerte” de Herbert Hendin.

Es la obra en que se basó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para establecer que no existe derecho constitucional al suicidio asistido.

No es una obra cualquiera sobre la eutanasia. Es el informe serio y científico del Director Médico de la Suicide Prevention Internacional, y Catedrático de Psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales. El autor fue llamado a declarar, resumiendo las conclusiones de su obra, ante el Congreso de los Estados Unidos. Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la posibilidad de legalizar la eutanasia; el resultado fue este clarificador informe, recogido en un libro que se lee como una novela, y que tuvo un enorme impacto en la opinión pública norteamericana.

Una cosa es el debate social sobre este tema en los medios de comunicación, que se produce casi siempre en torno a un caso límite. Y otra cosa es el estudio serio de los resultados reales de la eutanasia en un país, con vistas a implantarla en el propio. Ahí es donde los gobiernos se vuelven atrás, como acaba de ocurrir en Francia.

Ese estudio es lo que recoge el libro de Hendin, y es de agradecer que se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la cercanía de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.

jueves, 5 de marzo de 2009

Adoro te devote (VI)

In Cruce latébat sola déitas, at hic latet simul et humánitas. "En la Cruz sólo se escondía la divinidad; aquí se oculta también su humanidad."


Dios en la Cruz es un delincuente entre delincuentes. Dios se esconde en una escupidera, entre úlceras, moratones, edemas, fracturas... La piel de Jesús esta bañada en sangre desde la cabeza a los pies. Esa mirada perdida en el vacío es la mirada de Dios.

—Si eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz…

—¿Lo ves? Si fuera quien dice ser, si fuese inocente, bajaría. Algo habrá hecho para merecer ese castigo.

—¿Se puede caer más bajo, Señor?

El Señor me responde que sí, que es posible humillarse más, porque frente a la cruz se blasfema o se llora, se insulta o se reza; o se permanece en pie, como María, uniéndose al Sacrificio redentor; pero nadie se queda impasible. Sin embargo aquí, junto al Sagrario abierto, he visto gestos de indiferencia, bostezos de sueño o de hastío. Yo mismo me he dormido algunas veces.

—Estoy aquí —dice Dios desde ese pequeño copón—. No tengas miedo. Puedes mirarme. No te asustaré con el espectáculo sangrante de mis heridas. Tú te quejas porque nadie te hace caso, porque te llevan de un lado a otro, te tratan como si fueses una cosa, un objeto inanimado, un mueble invisible del salón. Eso soy yo: menos que un animalito. La mirada de un perro aun puede conmover; pero yo…

Puedes bostezar si quieres. Tampoco necesito que hagas la genuflexión. Tienes un poco de artritis, ya lo sé. Sería pediré demasiado. Además no te ve nadie. Castígame, si quieres, con tu apatía. Pero no te olvides que estoy aquí, junto a esa lámpara de aceite, que es la luz más brillante y eficaz del universo. ¡Si supieras cuánto agradezco tu compañía!

“Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario... —Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz.” (Camino 533).

Athletic 3, Sevilla 0

Que no, que no soy del Athletic. Pongo esta foto porque los del Betis también estamos la mar de contentos.


miércoles, 4 de marzo de 2009

La tentación


Hoy he sustituido a María en una clase de Religión. La profe, que fue antigua alumna mía hace años, tenía mala cara y los ojos rojos, como de no haber dormido. Así que me ofrecí a entrar yo en 1º B.

–¿De qué pensabas hablar?

–De la Cuaresma.

A los chavales todo lo que sea cambiar les mola mazo. Traté de ganármelos siendo simpaticote y tal. Difícil tarea.

Después de contar la historia de San Juan Bautista, con degüello incluido, el bautismo de Jesús y los cuarenta días en el desierto, hemos hablado de las tentaciones.

–¿Qué es una tentación?

–Una cosa que te apetece mogollón pero que da mal rollo.

La precisión terminológica del personal es escasa.

Un alumno que no se ha enterado de nada asegura al de su derecha que él no tiene tentaciones nunca.

–¿No? Imagínate que te encuentras en un taxi cinco mil euros. ¿Buscarías a su dueño?

–Hombre, cinco mil…

–¿Y si fueran cincuenta?

–Entonces sí.

–O sea que tienes un precio… y una tentación.

–Jo.



martes, 3 de marzo de 2009

De cabeza



Empezaron diciéndome que no represento los años que tengo. Yo bromeaba asegurando que, en efecto, tengo dos meses más de lo que me echan. Luego pasaron al “te conservas muy bien” y yo solía responder que sí, que en hielo me conservo la mar de tiempo sin oler.

Hoy me he quedado sin respuestas ingeniosas: alguien a quien no nombraré, después de compartir conmigo unos pimientos rellenos y unos spaghetti alla carbonara, que yo mismo calenté en el microondas de su oficina, ha tratado de darme ánimos con estas dramáticas palabras:

—No pienses en jubilarte. De cabeza estás bien.

Probablemente esta noche tardaré en conciliar el sueño.


La crisis



Necesitaba
comprar una pila de botón para un despertador y entré en una tienda de aparatos eléctricos, pequeña y desangelada. Detrás del mostrador un hombre mayor, casi un anciano, escribía algo en un cuaderno minúsculo. Me acerqué y le enseñé la que llevaba en el bolsillo.

—Perdón, ¿tienen pilas como ésta?

—A su derecha. Coja las que quiera.

Después de una breve inspección, encontré la que necesitaba.

—¿Cuánto le debo?

—Nada. Estamos liquidando y mañana cerramos. Llévese lo que necesite. A mí me da igual. Yo me jubilo y me voy al pueblo.

No cogí nada más, pero debía haberlo hecho: ayer puse la pila y ya se ha agotado.

lunes, 2 de marzo de 2009

Los lunes, publicidad

No se me olvidaba. He aquí un anuncio para los más viejecitos. El "adoctrinamiento" de que habla el título yo no lo veo por ninguna parte.



Cambio de sentido


Mi entrada de ayer sobre el "mendigo de campanillas" ha dado lugar a diversos comentarios no siempre concordes sobre la posibilidad de cambiar -o de convertirse- en este tiempo de Cuaresma. A Bernardo le parece sencillo cambiar (ya se ve que es muy joven). Boo dice que quizá con un whisky. Inés piensa que cuesta una barbaridad. Un anónimo asegura que es superdifícil, y es casi un tópico aquello de que "los hombres mejoran, pero no cambian".

¿Y no ocurrirá exactamente lo contrario? ¿No será que los hombres cambian, pero no mejoran? La conversión de San Pablo, en el fondo, fue sólo un cambio de dirección. Después del episodio de Damasco se lanzó a evangelizar Europa con el mismo fuego e idéntica determinación que antes empleó en perseguir a los cristianos.

Cuando Dios nos llame y tengamos que dar cuenta de nuestros actos, seguramente comprobaremos que no hemos mejorado gran cosa desde que comenzamos a luchar: la misma pereza, el mismo egoísmo de fondo, la misma vanidad estúpida... Pero Dios no nos juzgará por eso, sino por la "dirección" que hayamos tomado en este camino de la vida.

Por eso el miércoles de ceniza leímos aquel grito del Profeta: "¡convertíos a mí de todo corazón!, es decir, miradme, apuntad a la meta justa, cambiad de dirección. No me importan nada vuestras miserias: yo las ahogaré cuando nos miremos cara a cara.

Insultos, abrazos, sonrisas y lágrimas


No me tomaré a broma las elecciones, que son la forma más razonable de crear gobiernos y de derribarlos; pero siempre me ha inquietado ese aire de farsa que tienen las campañas y las celebraciones de los partidos.

Ayer se odiaban, se acusaban de corruptos, ladrones y estafadores. ¡Qué cosas se decían! Hoy los que perdieron felicitan "sinceramente y de corazón" a los que ganaron, y éstos aceptan el homenaje con generosidad sin límites. Ya no hay insultos, sino afecto sincero y colaboración, si se tercia. Es la gran fiesta de la democracia, dicen.

Entiendo muy bien que Kloster no quiera sumarse a esa fiesta.



domingo, 1 de marzo de 2009

Un mendigo de campanillas



Creo que ya conté esta historia el siglo pasado, pero, como no estoy dispuesto a investigar dónde ni cuándo la escribí, la repito y santas pascuas.

Tenía yo hace años una especie de mendigo de cabecera con el que me tropezaba cada mañana por el barrio de Chamartín. Era un tipo alto y voluminoso de andares oscilantes y aromas etílicos, que lucía como prendas más destacadas un largo capote negro y un sombrero de ala ancha.

Aquel día, sin embargo, había completado su atuendo con una estructura de alambre integrada en el sombrero, de la que pendían cuatro ó cinco campanillas. El mendigo, cada vez que aparecía un cliente potencial, agitaba la cabeza para hacer sonar el carillón, y gritaba:

—¡Por cinco duros, oiga! ¡Mi programa político por cinco duros!

—¿Es que te presentas a las elecciones? —le pregunté—.

—No es necesario, amigo. Aquí tiene mi programa. Son veinticinco pesetillas.

Y me alargó un folio fotocopiado y mugriento. Más que un programa, era un manifiesto ideológico y una llamada a la ciudadanía a comprometerse en la lucha por una sociedad más libre y justa, sin clases, sin ejército, sin policías y sin curas.

—Oye —le dije—, ¿no pretenderás que un cura te compre esto?

—Ah…, eso. No se preocupe, padre, no es problema.

Sacó un bolígrafo del bolsillo y. sin cortarse un pelo, tachó la línea conflictiva.

Creo que le di veinte duros como recompensa s su sinceridad y pragmatismo.

* * *

Hoy, primer domingo de Cuaresma, he predicado un Retiro (otro más) y, naturalmente, he recurrido a la liturgia, que llama a todos los cristianos a la conversión, a cambiar el corazón, a renovarse por dentro. He llevado un viejo guión que yo mismo elaboré hace diecisiete años y del que no puedo cambiar ni una palabra, y mientras hablaba me he acordado de aquel viejo mendigo, que ya murió, y he pedido al Señor que me parezca a él en su entusiasmo y en la convicción con que trasmitía su mensaje.

Aunque nos tomen por locos, aunque algunos piensen que cambiar es imposible, Dios sigue haciendo oír su voz. Y, ni por un euro, ni por todos los euros del mundo, tenemos derecho a tachar una sola línea de esa magnífica utopía divina a la que hemos sido llamados.