lunes, 31 de octubre de 2011

Los lunes, publicidad

Y si es puente, con más motivo. El vídeo es espléndido y el mensaje también.
 

domingo, 30 de octubre de 2011

Domingo de huida


Gracias al cambio de hora he logrado ir de Madrid a Bilbao en el viaje más sosegado y solitario que recuerdo.
Ayer por la tarde decidí hacer caso omiso de las disposiciones gubernamentales y me fui a la cama a la hora de costumbre. Siete horas más tarde ya estaba en pie y, cuando salí de Madrid, tanto el reloj del coche como el de mi cerebro marcaban las 8 en punto de la mañana. En realidad eran las 7 según el nuevo horario y, como los ciudadanos y ciudadanas españoles  son la mar de obedientes y obedientas, todos seguían en la cama. ¡Con lo bonito que es ver amanecer!
El sol, gracias a Dios, no había leído el Boletín Oficial del Estado y salió como siempre. A las 8 y poco (o sea, a las 7) ya apuntaba por el horizonte mientras mi automóvil volaba entre los bostezos de los radares.
En el puerto de Somosierra terminé la oración y comencé a oír música: Placido domingo era lo más adecuado para un domingo plácido de sol y frío. Fui el primero en entrar en el área de servicio de Boceguillas. Aún no había llegado la prensa.
En Tudanca me detuve de nuevo y tuve una singular conversación sobre la hora con un ciudadano portugués que había cambiado dos veces las agujas del reloj en menos de 12 horas y no sabía a qué carta quedarse.
―Usted viene a hacer turismo, ¿verdad?
―Sí, desde luego.
―Entonces ¿qué más le da lo que digan los relojes? Disfrute del otoño, que viene bueno.
En Pancorbo me envolvió una nube densa y llegué a Bilbao pasadas las 11 de la mañana con jirones de niebla colgados de la antena del coche.
La visita al cementerio de Leioa donde quedaron unas flores y una oración ha sido lo más destacado de la jornada.  

"Tertulia" en Carabanchel

Me dicen que explique en el globo lo que hemos vivido ayer por la tarde en el Palacio Vista Alegre de Madrid.
No soy capaz y lo siento. Por fortuna había cámaras grabándolo todo: una “tertulia” de miles de personas en torno al Prelado del Opus Dei. En la Obra estamos acostumbrados a estas cosas, pero no deja de ser un hecho insólito.
―¿Y a esto lo llamáis tertulia? ―me ha dicho Pablo―.
¿Cómo lo llamarías si no? Ha habido diálogo, risas, aplausos, lágrimas…; una conversación de cuarto de estar con un padre que querría abrazar a cada uno y miles de hijos e hijas de todas las edades y condiciones sociales, unidos por el mismo espíritu.
Al salir del palacio me he perdido.
―Por favor, ¿una boca de metro?
―Ni idea; pero si se viene con nosotros le llevamos a casa en coche. ¿Dónde vive?
―A diez o doce kilómetros…
Media hora después me dejan a la puerta de casa. Son un matrimonio encantador. Les he prometido un par de libros. 

sábado, 29 de octubre de 2011

La hora


Esta noche a las tres de la madrugada tanto mi despertador como el reloj de pulsera que llevo ahora mismo cobrarán vida propia y retrocederán, ellos solitos, una hora. A lo mejor me despierto para ver cómo lo hacen.  Los dos aparatos están conectados con una emisora de radio alemana y obedecerán sus órdenes con puntualidad y precisión, sin que yo pueda hacer nada por impedirlo.
Todo esto me inquieta una barbaridad. Dirán que no me queje, que el gobierno nos regala una hora más, que vamos a ahorrar no sé cuanta energía, pero como soy de letras no acabo de entender por qué el simple movimiento de las agujas del reloj tiene que condicionar mi vida y la de unos cuantos millones de Europeos.
Hace muchos años pasé la Navidad en Salto di Fondi, una explotación agrícola y ganadera al sur de Roma. Vivían allí una  docena de personas que se ocupaban de las tareas del campo y de cuidar el abundante ganado de la finca. Yo me lo pasé en grande con  ellos y hasta pesqué 20 kilos de angulas (repito: 20 kilos) en unos canales artificiales que hay en aquella zona. Como en Italia, nunca han cocinado angulas, nos las prepararon como si fuesen spaghetti.
El caso es ―y perdón por la digresión― que, cuando llegué a Santo di Fondi me dijeron que ellos no cambiaban el reloj en todo el año.
―Aquí nadie nos quita una hora y nadie nos la devuelve. Il sole non torna indietro… El sol no tiene marcha atrás.
Eso me parece también a mí.

viernes, 28 de octubre de 2011

Aunque no sea lunes...

...vale la pena ver este fantástico anuncio que ha ganado con todo merecimiento el Premio Bravo de publicidad 2011. Gracias, José Luis, por enviarme el link.

La cena de los antiguos


Tal como anunciaron los meteorólogos, después del diluvio vespertino vino una noche fría y estrellada. Hubo más de un centenar de antiguos alumnos de Gaztelueta: sólo dos de la primera promoción y otros dos de la segunda. También asistieron tres antiguos directores del Colegio, dos sacerdotes que fuimos alumnos y otros dos que trabajaron como capellanes.  A todos los viejos nos dolía la espalda.
─Es del tiempo ─me dijo Fernando─.
─Sí; del tiempo que llevamos en este mundo.
Antes de la cena, celebré la Misa en sufragio por todos los fallecidos. Algo distraído estuve. No pude dejar de mirar a cada uno de los que entraban en la capilla de Retamar. La familia crece, pero sigue siendo familia.
Comenté el pasaje evangélico del mandamiento nuevo: “en esto conocerán que sois mis discípulos; en que os queréis los unos a los otros”. Y pedí al Señor que a los de Gaztelueta se nos identificara también por ese afecto recíproco.

El puente


Me pregunta mi amigo 修道院 el significado de la palabra “puente”. Yo le explico que puente “es una  Construcción de piedra, ladrillo, madera, hierro, hormigón, etc., que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos”, según la sabia descripción de la Real Academia.
修道院 se queda pensativo e insiste:
Entonces ¿por qué se van todos los españoles de su trabajo? ¿Qué puente deben cruzar?
Le aclaro entonces que, según la Academia, también se llama “puente” al “día o serie de días que entre dos festivos o sumándose a uno festivo se aprovechan para vacación”.
¿Y por qué no aprovecháis los puentes para trabajar y producir más? ―pregunta 修道院―.
Ya se ve que estos japoneses aún no han captado los auténticos valores de nuestra civilización.
 
 

jueves, 27 de octubre de 2011

Mala noticia

A pesar del magnífico vídeo que colgué aquí, Bilbao no ha sido designada "Capital mundial del diseño", a pesar de ser favorita en el concurso. El triunfo ha sido para Ciudad del Cabo.
La noticia es lamentable, pero no hay que desesperarse; seguro que esta noche ganamos al Atlético de Madrid.

Y esta noche, otra vez Gaztelueta.


Cena de antiguos alumnos de Gaztelueta residentes en Madrid. Antes, a las 8,30, tendremos una Misa en sufragio por los padres, alumnos, profesores y empleados fallecidos este año.
El último, según mis noticias, ha sido José María Vergara Hernández, mi querido primo Jose Mari, alumno de la quinta promoción, que falleció hace sólo unos días.
Llueve abundantemente sobre Madrid; pero, según los augures meteorológicos, las nubes se irán a media tarde y tendremos una noche estrellada sin luna. 
No faltéis, colegas.

Perdón, justicia, venganza…


De nuevo vuelve a hablarse de perdón en esta tierra nuestra. Así debe ser. Los cristianos hemos sabido abrazar a quien pide perdón, igual que el padre de la parábola. El siempre tuvo los brazos y el corazón abiertos para recibir al hijo pródigo.
Sin embargo el perdón se consuma cuando vuelve el hijo arrepentido y se deja abrazar. No antes. El perdón necesita de dos: es un diálogo.
Leo que en Argentina han sido condenados a cadena perpetua los responsables de cientos de crímenes durante la dictadura. De esta forma las familias de las víctimas podrán perdonar mientras la justicia, que no es venganza, ejecuta la sentencia.

miércoles, 26 de octubre de 2011

En campaña



Oigo por la radio que un candidato dice “verdades como puños”. Me pregunto si, por una vez, no podríamos olvidar esa terrible expresión, tan hispana. ¿No son preferibles las verdades “como lirios” o “como almendras garrapiñadas”?
El caso es golpear. Sí, hay verdades y mentiras “como puños”; pero sobre todo hay puños.

martes, 25 de octubre de 2011

Fin del rescate

A las 12, 30 del mediodía mi ordenador fue controlado a distancia desde McAfee. Un ángel virtual llamado Ángel, que sólo habla inglés, se hizo con los mandos del globo y sus aledaños. Yo me he limitado a observar los veloces cambios que se iban produciendo en la pantalla. 
Durante la primera hora, mi ángel repitió, uno por uno, los mismos pasos que  yo mismo di ayer, y, como es lógico, fracasó estrepitosamente. A continuación se produjo una pausa interminable y entró a saco en las entrañas del ordenador. A las 15,20 el ángel sudaba, pero había terminado la reparación. Fui liberado de todos mis males y el ordenata, protegido por el hada McAfee, se puso en marcha con nuevo ímpetu.
Laus Deo.

McAfee

A veces es más sencillo luchar contra un virus informático que enfrentarse con un antivirus terminator. Hoy a las 12 del mediodía me conecto con McAfee y dejo que mi ordenata sea manejado desde Europa.
O sea, igual que el Gobierno.
No puedo explicar nada más. Escribo este post con el casco puesto, un chaleco antibalas y una mascarilla protectora.
Si no vuelvo en 12 horas, huid.

Oído en la calle. Palabra.


 Pavo cristatus se llama este especimen
Dos chicas de 15 o 16 años consumen chuches sentadas en un banco de la calle Panamá. La más gordita declara:
―Creo que voy a ser bióloga.
―¡Qué guay, como la Obregón! ―responde su amiga―.
―¿Quién?, ¿la vieja ésa de la tele?
―Es bióloga. ¿No lo sabías?
―Pues entonces me apunto a diseño.

lunes, 24 de octubre de 2011

Los lunes, publicidad

Me gusta este spot. La marca de chocolates Cadbury acierta con este sorprendente anuncio bailable, realizado por la agencia Fallon.

domingo, 23 de octubre de 2011

La carpeta perdida


Cuando no pasa nada, a veces pasa lo peor. A las dos de la tarde compruebo que ha desaparecido de mi ordenador una carpeta fundamental; quizá la más importante de todas; la que contenía aquello que me importa de verdad: el trabajo de muchos meses y el material necesario para seguir adelante y concluir la tarea.
Me digo que no puede ser, que, en el peor de los casos, estará en un disco duro externo, donde guardo siempre una copia de seguridad de todos mis documentos. Instalo el disco y me resbala por la frente una gota de sudor frío. Ni rastro de la carpeta. Pongo en funcionamiento el buscador de Google, que es infalible en estos casos… Nada. Los treinta o treinta y cinco archivos de esa carpeta se han volatilizado.
A las cuatro de la tarde, después de “calmarme” como me aconseja encarecidamente mi colega Javier, continúo la búsqueda. No, tampoco está en la papelera… De pronto caigo en la cuenta de lo que ha ocurrido: Hace tres meses dejé carpeta en el escritorio para tenerla más a mano, y poco después tuve que formatear todo el disco duro.
Sí; hice una copia de seguridad, pero la carpeta en cuestión se quedó fuera. Fin de la historia.
La vida no tiene sentido. Me insulto varias veces en un par de idiomas. No sé si tirar el ordenador por la ventana o dispararme un balazo en la pierna. Como último recurso, me encomiendo a mi santo más cercano, a don Jesús Urteaga, que hasta ahora nunca me ha fallado:
―Urteaga, porfi; hazme un milagro. Ya sé que es imposible, que todos mis archivos están machacados en las profundidades del disco. Si fuera sencillo, se lo encomendaría a otro. Te prometo que si me devuelves mi trabajo…
No me preguntéis cómo: he logrado hacer surgir la carpeta del sheol, donde esperaba su aniquilación definitiva.
Ahora me siento como aquella mujer del evangelio que encontró la dracma perdida y reunió a sus vecinas para celebrarlo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Nota de la Conferencia Episcopal española sobre las próximas elecciones generales


1. El próximo día 20 de noviembre estamos todos convocados a las urnas. Con este motivo, los obispos ofrecemos a los católicos y a cuantos deseen escucharnos algunas consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del deber de votar. Es nuestra obligación de pastores de la Iglesia orientar el discernimiento moral para la justa toma de decisiones que afectan a la realización del bien común y al reconocimiento y la tutela de los derechos fundamentales, como es el caso de las elecciones generales.
2. En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Nosotros hacemos nuestras consideraciones desde ese horizonte de los fundamentos pre políticos del derecho, sin entrar en opciones de partido y sin pretender imponer a nadie ningún programa político. Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.
3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.
4. En concreto, como ha señalado el Papa en agosto, aquí en Madrid, la recta razón reconoce que hemos sido creados libres y para la libertad, pero que no actúan de modo conforme con la verdadera libertad quienes “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar a cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.
5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes.
6. La grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos. Pensamos en tantas familias, carentes de los medios necesarios para subvenir a sus necesidades más básicas. Pensamos también en el altísimo porcentaje de jóvenes que nunca han podido trabajar o que han perdido el trabajo y que, con razón, demandan condiciones más favorables para su presente y su futuro. Son necesarias políticas que favorezcan la libre iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como una justa distribución de las rentas; que corrijan los errores y desvíos cometidos en la administración de la hacienda pública y en las finanzas; que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes.
7. El ordenamiento jurídico debe facilitar el ejercicio efectivo del derecho que asiste a los niños y jóvenes a ser educados de modo que puedan desarrollar lo más posible todas sus capacidades. Debe evitar imposiciones ideológicas del Estado que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo. La presencia de la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela estatal – como asignatura fundamental opcional – es un modo de asegurar los derechos de la sociedad y de los padres que exige hoy una regulación más adecuada para que esos derechos sean efectivamente tutelados.
8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.
9. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, dado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonable de la vida.
10. Ante los desafíos que se presentan a la comunidad internacional, son necesarias políticas guiadas por la búsqueda sincera de la paz, basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, así como en la promoción del entendimiento y de la solidaridad entre los pueblos y las culturas.
Pedimos al Señor de la paz y a su Madre santísima que iluminen a quienes vamos a votar, para que lo hagamos de manera verdaderamente libre y responsable

¿Dónde están las aves?


 Todas las aves son bellas; también la modesta urraca

He salido sólo media hora con mi equipo de pajarero para buscar cualquier cosa con alas. Llevo demasiado tiempo sin ir al campo y necesito cerciorarme de que los recortes de la crisis no han afectado a la avifauna.
El cielo está limpio de nubes. La mañana ha sido gélida, pero hacia el mediodía la temperatura ha subido a niveles razonables. Hay un gorrión molinero en el jardín y un herrerillo silencioso que se esconde tras el tronco de un árbol para que no lo vea. Barro el horizonte con los prismáticos y nada; ni una miserable rapaz que echarse a la pupila. Lo más extraño es el silencio. Oigo voces que vienen de muy lejos; ecos extraños de lenguas desconocidas. Por lo demás, el otoño está espléndido. Ya han empezado a dorarse los álamos.
De pronto, una urraca. Se planta a mi lado y lanza un graznido inequívoco:
―¿Esperas a alguien, amigo?
Hago como si no la oigo. Uno tiene su dignidad y no se rebaja a conversar con córvidos de segunda clase.
En el bosquecillo vecino tampoco se ve ni se oye nada. Vuelve la urraca y se ríe de mí.
―Es el otoño, colega. Aquí, en Riaza es lo más parecido al invierno nuclear. Si tienes algo para comer…
Regreso al albergue. Dentro de una hora predicaré sobre la muerte. Trataré de que no me influya esta melancolía de un otoño sin pájaros.
El Evangelio deja muy claro que en el Cielo sí que hay pájaros: “las aves del cielo”, las llama el Señor. Y además nos invita a mirarlas; a ellas y a los lirios del campo. Pero ¿cómo puedo mirarlas si ya se han ido?

viernes, 21 de octubre de 2011

A la luna de Riaza


En Riaza me recibe una luna de hielo en cuarto menguante. Aquí ya ha empezado el invierno.
A las diez de la noche daré primera meditación del curso de retiro. El Señor no estará en el Tabernáculo hasta mañana, cuando venga en la Santa Misa. Es difícil hablar de Dios sin tener cerca a Jesús Sacramentado. La casa seguirá fría toda la noche como esa luna que se asoma a mi ventana, como el Sagrario vacío del oratorio.
Trato de prepararme para predicar. ¿Cuántos cursos de retiro habré dirigido en estos 42 años de sacerdote? Hace mucho que perdí la cuenta, pero cada vez que comienzo uno, sé que será diferente.
¿Qué nos vas a decir, Señor, durante estos días?
La radio y la televisión vienen cargadas de noticias: hablan de la muerte de un tirano, de la paz anunciada en mi tierra, del terremoto financiero que nunca acaba, de los niños desaparecidos en Córdoba, del juicio a unos adolescentes asesinos… No podemos vivir al margen de todo eso, pero al menos una vez al año es necesario taparse los oídos, cerrar los ojos y esconderse con Jesús para que nadie nos encuentre.
Me hizo gracia lo que me dijo hace años una adolescente insensata:
―Claro, como usted vive en una burbuja…
Trataré de no salir de mi burbuja hasta el domingo. 

jueves, 20 de octubre de 2011

En la garita

Aquí fue

Cuando entro en el confesonario y sé que voy a permanecer allí tres o cuatro horas, procuro organizar convenientemente mi entorno más próximo: no viene mal un vaso de agua o un botellín para refrescarme los labios de vez en cuando; el libro de la liturgia de las horas, otro de lectura espiritual y el IPad, que sustituye con ventaja al boli y al bloc de notas.

En el IPad escribo homilías, meditaciones, posts para el blog o ideas más o menos tontas que quizá me sirvan para el futuro.

Ése fue el plan de ayer por la tarde. Gracias a Dios no pude escribir demasiado, porque el goteo de penitentes fue constante; pero, como suele ocurrir, hubo un vacío de casi tres cuartos de hora, que aproveché para rezar y para preparar el curso de retiro que empiezo en Riaza esta misma noche.

Fue inútil. Mi cabeza no estaba para demasiadas reflexiones. En ese momento habría dado la mitad de mi reino por una almohada; pero no me pareció muy correcto echar una cabezada en el confesonario.

Me vino entonces a la memoria la imagen de un soldado, vestido con uniforme de gala, la cabeza emplumada, y enhiesto como el mástil de un velero, que hacía guardia frente a una garita, en la puerta del Palacio del Quirinal en Roma, sede de la presidencia de la República. Era el mes de octubre de 1964.

No puedo olvidar aquella fecha por varias razones; la más importante es que acompañé a San Josemaría Escrivá a hacer alguna gestión en el Vaticano y luego dimos un paseo por el centro de Roma.

San Josemaría me hizo notar que aquel soldado estaba allí, firme, inmóvil como una estatua, no porque hubiese que defender el palacio de ningún enemigo, sino sólo por sentido del deber.

―También nosotros ―añadió más o menos― algunas veces hemos de estar así delante de Dios cuando hacemos oración. No sentimos nada; pensamos que hacemos una comedia, pero tenemos un espectador divino. Y vale la pena perseverar firmes.

Iba a escribir este recuerdo en el IPad, cuando entró en mi garita una nueva penitente.




miércoles, 19 de octubre de 2011

Un borracho madrugador



En la calle Martínez Campos, junto a la tienda de Toshiba, me da el alto un individuo de no muy buena pinta, acompañado por tres más con parecido aspecto. El que toma la iniciativa es flaco como un lobo y lleva dos cables blancos ensartados en las orejas. Son las 9,30 de la mañana.
―Estoy borracho.
No era necesaria la aclaración. El tipo apesta a alcohol y su estabilidad es manifiestamente mejorable. Me pregunto por qué los borrachos tienen siempre tanta afición por el clero.
―Ya lo veo ―le digo―. Un poco pronto ¿no? ¿Qué quieres?
―Estoy leyendo el Quijote. ¿Lo conoces?
―Sí, me suena…
―Pues si me das algo para comprar un bocata te lo cuento.
―¿Entero?
―Entero. ¡Soy de Bilbao!
Después de lo que me ocurrió con el mendigo del currículum, ya no me extraña nada.
―Te doy un euro si me prometes dos cosas.
―A ver.
―Que no vas a intentar contarme el Quijote y que, cuando te emborraches, no dirás a nadie que eres de Bilbao. Los de Bilbao sabemos beber con moderación. 
―¿Tú eres de Bilbao?
―Sí. 
―Entonces dame dos euros; porque yo soy de Baracaldo.
―Bueno, si es así…

La contrición del Padrino

Aquel chaval no parecía dispuesto a aceptar que existen actos objetivamente lícitos o ilícitos. Para él todo depende de la intención; de los buenos o malos sentimientos de quien los realiza.
Ni que decir tiene que no hablábamos “en general”, sino muy en concreto. Una y otra vez, mi amigo acudía al “para mí esto no es malo”, convirtiendo el “para mí” en regla suprema e inapelable de la moralidad.
Recordé entonces una escena de “El Padrino III”. El viejo mafioso, ya retirado de sus fechorías, vela el cadáver de un buen amigo y se lamenta de su propia soledad y del odio que ha sembrado a su alrededor. Hace examen de conciencia y se ve inocente: “he sido siempre un hombre honrado”, se dice a sí mismo.
Si no fuese porque lo hemos visto asesinar sin piedad a centenares de personas, casi convencería al espectador.
Ésta es la escena. El bueno de Alfonso, experto en microvídeos, la ha editado para colgarla en el globo.

martes, 18 de octubre de 2011

Cuando te ocurra esto...


...ha llegado la hora de jubilarte

El curriculum


No le presté mucha atención cuando me crucé con él en la calle Serrano. Creo recordar que llevaba corbata y un traje gris que necesitaba una plancha urgente. Era menudo y flaco. Tendría cincuenta o sesenta años.
―¿Podría ayudarme…?
Al principio no le oí bien. Hablaba en voz muy baja y no caí en la cuenta de que me estaba pidiendo limosna. Pensé que preguntaba por una calle.
―¿Perdón?…
Entonces echó mano a una carpeta de plástico que llevaba bajo el brazo y sacó unos pocos folios pulcramente escritos. Era su currículum, sus méritos profesionales. No recuerdo muy bien los detalles; me parece que había sido profesor de física o de química, y detallaba su especialidad con un estilo enfático poco inteligible. Al fin me aclaró que necesitaba “algo” para comer. Yo me quedé tan confuso que no supe responder adecuadamente.
―Para pedir limosna, no necesita usted enseñar el curriculum.
Quise ser delicado, pero aquello sonó como una grosería. Le di cinco euros y me alejé con mal sabor de boca.
Quizá han pasado seis o siete meses; pero hoy he vuelto a recordar al mendigo del curriculum, porque me toca enviar un artículo a Mundo Cristiano y, tratándose del mes de noviembre, pienso que, por una vez, puedo atreverme a escribir sobre la muerte.
Hablar de la muerte siempre significa hablar de uno mismo, de esa pequeña muerte que todos llevamos encima, que nos acaricia el oído cada noche y se nos insinúa en un pequeño dolor inesperado, en un cansancio extraño o en un simple cómputo del tiempo que se va acelerando.
El caso es que hace unos días tuve una interesante conversación sobre el tema. Mi interlocutor era un hombre relativamente joven que iba a someterse a unas pruebas diagnósticas “para descartar”―siempre emplean este verbo― la presencia de un tumor maligno. Estaba aparentemente tranquilo, pero no podía dejar de pensar que tal vez el final estaba más próximo de lo previsto. Citó en inglés aquellas palabras de Hamlet: “¡morir, dormir, tal vez soñar! y se preguntaba lo mismo que el célebre personaje de Shakespeare: “¿qué sueños pueden sobrevenir en el sueño de la muerte?…” 
Nuestra conversación no fue precisamente literaria, a pesar de que hablamos de Calderón y hasta de Jorge Manrique. Luego, con aire de resignación, concluyó:
―No sabe la cantidad de currículos que tuve que repartir hasta conseguir mi primer empleo. A cada empresa le contaba lo que querían oír. Todo bien compuesto con pequeñas mentiras.  Ahora, si me toca cambiar de casa, ¿qué curriculum puedo presentar?
A punto estuve de decirle la misma grosería que le espeté al mendigo: para pedir limosna, no necesitas enseñar el curriculum. Al fin se lo dije aunque de forma menos brusca, porque ésa es, en el fondo, la cuestión: no tenemos tanto miedo a la muerte como a lo que viene después. “Morir sólo es morir; morir se acaba” ―escribió un poeta―. Pasar esa puerta es sencillo y rápido; todos morimos “de repente”. La incógnita está al otro lado. ¿Nos pedirán un curriculum intachable? ¿Cómo lo adornaremos?
Conocemos la respuesta: el Cielo es gratis; la limosna de la vida eterna no se da en razón de unos méritos pasados, sino por la cantidad de amor que llevemos en presente al cruzar ese último umbral de la vida. No hay en la Gloria un registro de antecedentes penales ni un archivo histórico de batallas ganadas gloriosamente. El pasado condiciona el presente, por supuesto: la historia de cada uno va modelando la personalidad, ensancha el corazón o lo envilece; nos capacita para el Cielo o nos aboca a una eternidad de soledad y desamor.
Pero el curriculum no basta. Un solo instante de amor de Dios, de ese Dios que perdona y olvida, puede quemar toda la basura del pasado y, con él, nuestro pobre curriculum lleno de mentiras. 
No presumamos de lo que hicimos ayer. El verbo amar sólo se conjuga en presente de indicativo.  

lunes, 17 de octubre de 2011

Los lunes, publicidad

Me gustaría conocer vuestra opinión sobre este anuncio.

domingo, 16 de octubre de 2011

El bolero de Ravel en la estación central de Copenhague

A ver si esta tarde o mañana tengo un ratito para contaros mi breve y pacífico "encuentro" con los indignados que caminaban por la calle Alcalá hacia la Puerta del Sol. Si salgo fotografiado en la prensa (todo es posible), supongo que se me hará justicia.
De momento deleitaos con este magnífico vídeo que me manda mi primo José Ignacio. ¡Qué grande es la música!



sábado, 15 de octubre de 2011

Crónica en rosa de un cumpleaños.

Hoy, día de Santa Teresa de Jesús, hace 60 años, empezó Gaztelueta. Por eso escribo estas líneas, que acabo de enviar a "Mundo Cristiano". A ver si cuelan.

Estos chiquillos empezaron Gaztelueta hace 60 años. Rafa ha tenido el detalle de inclinarse un poco para ocultar mi noble  testa al fotógrafo
No parece una noticia relevante que un colegio de enseñanza media cumpla 60 años; tampoco que hace 10 cumpliera cincuenta, y mucho antes 25. Sin embargo esos tres aniversarios se celebraron en Bilbao como si se tratase de una fiesta enorme e insólita.

A los que fuimos sus alumnos desde el comienzo, tanto jolgorio nos parece natural. Valía la pena hacer un viaje, por muy largo que fuese, para encontrarnos de nuevo; para recordar viejos tiempos; añorar y rezar por los que se fueron y seguir aprendiendo como cuando éramos unos chavales.
¿Qué tiene de especial Gaztelueta? Algo muy sencillo de entender y un poco más difícil de explicar. Trataré de hacerlo.
Gaztelueta fue la primera institución de enseñanza del mundo nacida como obra corporativa del Opus Dei. Tuvo desde el primer momento la inspiración de un gran santo y recibió un “espíritu” ―así lo llamábamos también los alumnos― que lo hacía diferente de los colegios al uso en aquellos años.

Ese “espíritu” tomó carne en un grupo pequeño de profesores que trataron de aplicar a la pedagogía práctica lo que ellos mismos habían recibido de San Josemaría Escrivá: el amor a la libertad, la amistad leal, el aire de familia, la sinceridad, la piedad recia, el buen humor, y, por supuesto, el trabajo esforzado, ofrecido a Dios cada día.
Releo el párrafo que acabo de escribir y comprendo que ahora necesitaría diez folios más para desarrollarlo e ilustrar, con un cargamento de recuerdos imborrables, hasta qué punto ese espíritu caló en nuestras vidas.
De acuerdo; esos 60 años no fueron todos de color de rosa. Ha habido 13 directores, cientos de profesores y miles de alumnos; decenas de miles de familias que han recibido el influjo del colegio. Y, como es natural, ha habido también conflictos, enfados, tiempos de bonanza y momentos duros en los que la misma existencia del centro estuvo en peligro.

Hace años, remedando a Heráclito, escribí aquí con excesiva frivolidad que nadie da clase dos veces en el mismo colegio; que un colegio es un río que fluye sin detenerse jamás; que los alumnos cambian cada día y los tiempos también; que es preciso estar siempre en pie en la cresta de la ola para no quedarse desfasado.

Dije esto y me equivocaba en lo fundamental: sí que hay algo permanente. El río de Heráclito es siempre el mismo, aunque el agua fluya. Y Gaztelueta cada año que pasa se parece más a Gaztelueta.

La razón es bien sencilla: el espíritu con que nació en 1951 no era un monolito ni un monumento de piedra, sino algo vivo. Nunca fue una barricada sino una semilla destinada a crecer, a convertirse en raíz  y luego en fruto, y en nuevas semillas que debían expandirse por el mundo entero.
Ahora hay más de 230 colegios, desde Argentina a Japón, que se alimentan de esa semilla sembrada hace 60 años. Y no es exagerado afirmar que Gaztelueta influyó decisivamente en el cambio profundo que se produjo en la enseñanza secundaria durante la segunda mitad del siglo pasado.
Hay otro dato que se me antoja significativo. De los 6.700 antiguos alumnos, 37 han recibido la ordenación sacerdotal. Ahora, al repasar la lista, compruebo que tenemos a Juan Luis Bernaldo y a Andrés Bernar en Estocolmo; a Santi Pereiro, en Oxford; a Manolo Prado en Helsinki… Y veo también que yo soy el cura más viejo de todos. Por eso me permito escribir esta crónica coloreándola en sepia como la fotografía de mis recuerdos.


El veranillo sigue


Víspera de Santa Teresa de Jesús.

Hace mucho calor en Madrid. Dicen que eso es bueno para la crisis y para la sanidad porque retrasa la llegada de la gripe y aún no hemos gastado un euro en calefacción. En todo caso mi barrio no nota demasiado la penuria económica. El nuevo restaurante japonés, de nombre impronunciable, se llena todas las noches y colapsa el tráfico de un par de calles. Y a los bares, que siguen abarrotados, les han salido unas improvisadas terrazas-fumadero que llenan de niebla las aceras por donde paso. 
Hoy Gento se ha instalado en una de esas terrazas y juega al dominó con insólita energía acompañado por un grupo de incondicionales.
―Buenas noches, páter.
―Buenas noches, don Francisco; le veo más delgado.
―Ocho kilos ―contesta―. Estoy hecho un figura… Muchas gracias.
A Gento le gusta que yo le llame don Francisco y no “Paco” como hacen los demás.
Pilar, mi zapatera de guardia, consume su cerveza de todas las noches, y, como todas las noches, me asalta:
―Quédese un rato conmigo: le invito a una cerveza.
―Gracias, Pilar; pero es que voy con prisas…
Miguel, el sastre de la zona, sale de la tienda la mar de galano arreglándose un pañuelo de seda azul que le desborda el bolsillo superior de la americana. Le saludo y se interesa por la teba que llevo puesta:
―Le está un poco grande. Se la podría arreglar, ¿Dónde la ha comprado?
―En la cooperativa del clero.
Maxi y José María, los porteros de mi casa, se han enfundado sendos chándales y salen a pasear por los jardines de la zona. En el centro del parterre un grupo de ocho o diez niñas de 15 ó 16 años empieza a descorchar botellas de qué-se-yo para mezclarlas con coca-cola. Empieza el botellón de los viernes.
―Oye, ¿tienes fuego?
La chica que me lo pide no puede tener más de 16 o 17 años, pero ya lleva el pelo teñido de negro azabache y se ha pintado los labios de rojo sangre, como si acabara de devorar a un par de niños.
―No soy pirómano ―le contesto―. ¿Y tú?
Se ve que no ha entendido la broma.
―Es para el fumata…

viernes, 14 de octubre de 2011

¡Llámame, Paolo!

Nos encontramos ayer aquí, en la calle Lagasca. Tendrás 19 o 20 años. Me dijiste que querías ir a "algún sitio" donde te ayudaran a ser mejor persona. No nos conocíamos de nada, y yo tenía prisa. Te di mi tarjeta y escribí el número de teléfono de un amigo al que podrías llamar. 
Media hora después comprobé que ese número estaba desactivado. Ahora tengo la esperanza de que te comuniques otra vez  conmigo, ya que en la tarjeta figuran todos mis datos y los de este globo.
Anda, porfa, llámame. Y si entras en el blog, da señales de vida. 


jueves, 13 de octubre de 2011

Alma Llanera

Harto de oír por la radio del coche noticias que sólo hablan de dinero, de bancos en quiebra, de catástrofes naturales, de insultos electorales y de muerte, llego a casa, enciendo el ordenador y me encuentro con un link que me envía Cristina. Se trata de un concierto único y muy especial. La orquesta de “músicos solidarios”, con la colaboración del “coro de sordomudos del Instituto Ponce de León” de Madrid, interpreta “Alma llanera”, que es, algo así como el segundo himno nacional de Venezuela.
No sé lo que sentirán los sordos que interpretan esta música ni los que vean el vídeo sin poder oír las notas de la canción; pero tanta alegría no puede ser una farsa. Y yo me he contagiado del jolgorio final. Gracias, amigos, por ayudarme a dar gracias a Dios en mi examen de conciencia de esta noche.


miércoles, 12 de octubre de 2011

En el Corte Inglés



12 del mediodía. Sección de libros. Un hombre de mediana edad, pulcramente vestido, se dirige a mí:
―Padre, perdone; ¿me permite una pregunta?
―Dígame…
―¿Conoce algún libro sobre esa historia de un chico que se fue de casa y luego volvió a pedir perdón…?
Tardo unos segundos en caer en la cuenta.
―¿Se refiere a una parábola? ¿Al hijo pródigo?
―Sí, debe de ser ésa. La he oído en la iglesia y me ha parecido interesante…
En la sección de libros religiosos encuentro dos: “el regreso del hijo pródigo”, de Nouwen, y “el hijo pródigo” de Chevrot.
―¿Cuál me recomienda?
Al fin se lleva los dos.
―Es que me interesa mucho esta historia ―asegura en voz baja―.


Una flor de Pili


Pili, la reina de las flores 
En la Plaza de los Sagrados Corazones, de Madrid, a pocos minutos de mi casa, hay un kiosko de flores conocido en medio mundo. Se llama Flores Pili y desde 1915 sus dueños han decorado iglesias, árboles navideños, bodas, bautizos, funerales y toda clase de fiestas con un arte y una gracia indiscutibles. Entre otros títulos, ostentan el de ser proveedores de la Casa Real.
El kiosko de Pili está siempre en ebullición. También esta mañana, cuando me asomo por allí con ganas de conocer a la propietaria, que ha resultado ser madre de Julia, una de mis alumnas.
No tengo necesidad de identificarme, Pili me ha visto de lejos y se lanza sobre mí:
―Usted es don Enrique.
No es una pregunta, sino la constatación de un hecho que no he podido negar.
―Ya me ha dicho Julia que vendría a verme.
Trato de decir algo, pero me da apuro interrumpir el trabajo incesante de las cuatro personas que en este momento atienden a los clientes. Pili, además, es una mujer elocuente y simpática que no se deja quitar la iniciativa.
―¿Va al colegio ahora?
―Pues..., no. Vuelvo a casa.
Sin pensárselo dos veces, coge una preciosa orquídea blanca y me la pone en las manos.
―Póngasela a la Virgen. Y desde mañana mismo Julia le llevará flores para la capilla.
―Mañana, no, que es fiesta. Y además es tu santo…
Camino de casa, con la orquídea en la mano derecha, me cruzo con Gento, el mítico extremo izquierda de la selección nacional, que me mira con gesto de asombro.
―Es para la Virgen ―le digo―.
―Ah…


martes, 11 de octubre de 2011

Una oración igualitaria

Me dice Leo que durante este mes reza el rosario todos los días con su hijo.
―¿Cuántos años tiene?
―Siete. Ya ha hecho la primera comunión.
―¿Y no te parece que es un poco pequeño para rezar todo el Rosario?
―Sí, pero a él le gusta: jugamos a ver quien se distrae menos y casi siempre gana él. Entonces me riñe  y nos reímos un montón.
Tiene razón Leo. El rosario nos iguala. No es una oración para intelectuales presuntuosos sino para los que andamos siempre perdidos como niños, pensando en las musarañas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Homenaje a Antonio Fontán

El viernes pasado tuvo lugar en la Universidad de Navarra un acto académico en homenaje a Antonio Fontán. El vídeo es espléndido y vale la pena verlo.




Y este otro tampoco está nada mal

Los lunes...

Coca-Cola ataca de nuevo

domingo, 9 de octubre de 2011

Ser libre


Recibo un e-mail extraño y anónimo, que reproduzco después de corregir la ortografía y la sintaxis:
Querido padre. No me conoce y me parece difícil que llegue a conocerme. Tengo 19 años y me he portado como un animal. No sé por qué permite Dios estas cosas. Ya no quiero ser libre. Por ser libre soy una bestia. Prefiero ser un buen esclavo.
No da más detalles el chaval. Su correo electrónico tampoco aporta nuevas pistas. Hoy le escribiré con calma a él solo; pero al leer lo que me dice, me ha venido a la memoria aquello que escribió Albert Camus: “la libertad no es otra cosa que la oportunidad de ser mejores”.
Aquí radica nuestra grandeza. La libertad no animaliza al hombre, al contrario: tiene tanta fuerza que lo eleva sobre sí mismo, y, con la ayuda de Dios, lo rescata del barro.