martes, 30 de junio de 2009

¿Por qué os vais, insensatos?




Puesta del sol desde el Puerto de la Quesera (agosto de 2007)
Os oigo. Sé que estáis preparando el equipaje. Desde aquí noto el aroma repugnante de la crema bronceadora. No sé para qué queréis tantos bañadores distintos y esas horrendas gafas de sol amarillas que comprasteis en el mercadillo.

Me abandonáis hasta el otoño; lo presiento. Ya no entraréis en el blog durante el trabajo y os olvidaréis de mí. Y no me vengáis con esa historia de que, por culpa de la crisis, apenas pescáis 15 días de vacaciones. Yo sé que, a base de findes y otras escapadas ilegales, lograréis prolongar el merecido descanso un par de meses más.

Por cierto, ¿por qué a vuestro descanso lo calificáis siempre de “merecido”? Esta mañana oía un programa de radio aburridísimo y, al terminar, la propia emisora hacía propaganda de sí misma y ponía en boca de una locutora la siguiente afirmación: “te mereces esta radio”.

—¡No, por Dios! —exclamé en voz alta—. ¿Cómo voy a merecerme semejante bodrio?

Oye, ¿se puede saber qué es eso que has metido en la maleta? ¿Una tartera? ¿Todavía existen esos recipientes posbélicos? ¡Ah, ya!, parce que se van a suprimir los chiringuitos y habrá que volver a la playa con los tradicionales filetes empanados y la tortilla de arena.

En resumen, ¿qué hago? ¿Echo el cierre al blog hasta el mes de septiembre y le doy un merecido descanso? ¿Dejo a Kloster al mando de la nave con el grave riesgo que comporta o sigo como si nada?

De momento, me voy a Riaza otra vez. A estas alturas del año ya se habrán callado los ruiseñores, pero yo subiré todas las tardes al puesto de la Quesera para ver la puesta de sol y las aves crepusculares, y sentiré una inmensa compasión por las multitudes que han huido a las playas para embadurnarse con crema de zanahoria.

lunes, 29 de junio de 2009

San Pedro y San Pablo




Los
han llamado “las dos alas de la Iglesia”; pero yo prefiero la vieja imagen juanramoniana de las raíces y las alas.

Pedro es la raíz que mantiene anclado en tierra el árbol de la Iglesia y lo hace inmune a los huracanes y a las riadas.

Pablo es la rama que vuela cada día más alto, más lejos, y florece y da fruto en todas las estaciones.

Pedro es la cepa que, con la savia que nace de la tierra, alimenta al sarmiento, a la flor y al fruto

Pablo es el ramal donde anidan las aves más grandes y los pájaros más diminutos.

Pedro, a veces, se estremece y expulsa del árbol las hojas secas y poda las ramas muertas.

Pablo es el renuevo que florece después de cada poda.

Pedro y Pablo son dos partes del mismo árbol. Es inútil tratar de enfrentarlos: sin raíces no hay alas ni hay vuelos. Sin alas, las raíces se convierten en piedra, en fortín, y mueren.



Los lunes, publicidad


Conmigo
que no cuenten para conducir un coche así.







domingo, 28 de junio de 2009

¿Un chiste?

Eso dice Alfonso, que esto es un chiste, pero a mi no me hace ninguna gracia: es sólo una fotografía de la realidad.


Michael Jackson




Han pasado muchos años y, aunque no recuerdo su nombre, no he olvidado su rostro flaco, su gesto siempre serio, su voz grave, su carácter reservado y su enorme curiosidad por todas las expresiones del arte, a pesar de que él no practicaba ninguna. Estudiaba una carrera técnica, quizá ingeniería, y sólo tenía 18 años cuando me dio una especie de conferencia privada sobre Beethoven. Lo sabía todo: familia, amores, fechas, lugares, anécdotas. Hizo un espléndido perfil psicológico del personaje y me habló de su música con la precisión y seguridad de un auténtico experto.

Le pregunté qué composición de Beethoven le gustaba más, y dudó un instante: creo que me habló del famoso concierto número 5 para piano; pero, al final, como quien revela un secreto inconfesable, añadió:

—Lo que pasa es que yo no sintonizo con Beethoven. Supongo que es un genio, pero no consigo llegar hasta él. Es demasiado moderno para mí. Me he quedado en Mozart.

Pensé entonces que aquel chaval era un tipo singular, pero, desde entonces, tuvimos largas conversaciones sobre música. Y, cuando llegábamos a Beethoven, los dos bromeábamos sobre esa falta de “sintonía”, y concluíamos que la culpa no era de mi amigo sino del inefable sordo alemán.

Esta mañana me he encontrado con una chica de mi colegio que acaba de terminar primero de bachillerato. Le he preguntado por las notas y por sus planes de vacaciones. Al final hemos hablado del tema del día: la muerte del “rey del pop”.

—¿Le gustaba Michael Jackson?

Por un momento he sentido la tentación de quedar como un cura guay y enrollado . Acababa de oír por la radio un montón de canciones del "genio" en cuestión y podía hacer un alarde de erudición jacksoniana, pero ¿para qué fingir? Me he acordado de Beethoven.

—No sintonizo con él. Soy demasiado viejo. Yo me he quedado en Mozart.



sábado, 27 de junio de 2009

Mecachis, se me ha olvidado celebrar el solsticio de verano

Adorador del sol en plena faena
Ayer lo recordaba un sesudo comentarista por la radio. Primero explicó lo que todos sabemos: que hacia 21 de junio más o menos, la tierra se inclina 23 y pico grados en dirección al sol, lo cual produce unos días muy largos y unas noches muy cortas. Es lo que llaman el solsticio de verano.

A continuación, pasó a explicar cómo debe ser nuestra participación en el jolgorio de la naturaleza. Yo como iba al volante de mi bólido, no pude anotar las sugerencias del artista, pero retuve en la memoria que todas las “entidades” (sic) del Planeta hemos de unirnos a la alegría de la madre tierra en una celebración “pagano-natural” sin represiones ni contaminaciones de la moral judeocristiana. Toma del frasco.

La directora del programa ni siquiera se rió un poquito. Yo habría dado cualquier cosa por estar allí y decirle al druida en cuestión que a mí no me llama nadie “entidad”, que uno tiene estudios y es de Bilbao; que lo del paganismo natural es una cursilería y que pienso seguir contaminándome con la fiesta de San Juan, que está la mar de bien.

Siempre pensé que este país nuestro tenía un profundo sentido del ridículo y una sensibilidad especial para reírse de lo cursi.

Se conoce que me equivocaba.

En la fiesta de San Josemaría

Me pide María que escriba algo sobre la fiesta de San Josemaría que celebramos ayer. ¿Y qué quieres que diga? Me resulta difícil redactar sólo unas líneas sobre un santo tan grande y tan cercano.

Gracias a Dios, además de los recuerdos personales, conservamos muchas imágenes y muchos sonidos. Éste primero pertenece a una "tertulia" de San Josemaría en Buenos Aires en 1974.




Y éste está tomado de una larga catequesis por España y Portugal en 1972.






viernes, 26 de junio de 2009

Un adjetivo perdido


En el centro del pinar de Valsain, junto al camino Schmidt, a 2000 metros de altura, se me cruzó un arredajo que volaba como suelen los de su calaña: silenciosa y cautelosamente. Quizá me confundió con un árbol cuando pasó a menos de un metro de mi nariz.

Inmediatamente me vino a la cabeza un adjetivo para aquel vuelo. ¿Cómo era, Dios mío? Debí haberlo apuntado, pero me pareció evidente. Ahora sé que lo he perdido para siempre. ¡Estaba yo tan contento con mi adjetivo!

Para mi vergüenza, esta mañana he vuelto a distraerme durante la Misa tratando de recordarlo. Maldita literatura que me aleja de lo único importante.

Pero, ¿cómo era? ¿Furtivo, engañoso, desconfiado...?

No tengo arreglo.


Un gorrión fuera de sitio


Ayer subí a “la Bola del mundo”, una cumbre pelada de la Sierra de Madrid de nombre presuntuoso, donde los vencejos llegan a su límite de altura. Por allí pasan en grandes bandadas migratorias casi rozando el suelo, como si no fuesen capaces de elevarse ni un metro más.

Sentado en la Bola del mundo me dispuse a leer a uno de mis poetas de cabecera, cuando vi a mi derecha un gorrión común.

—¿Se puede saber qué hace un pájaro como tú en un sitio como éste?

Como todo el mundo sabe, el passer domesticus es un ave urbana; vive en los pueblos, en las ciudades y, en general, allí donde hay seres humanos en abundancia. Dicen que apareció en el Neolítico cuando los hombres empezamos a proliferar, pero como no me acuerdo muy bien de aquella época, lo único que puedo afirmar es que donde no hay hombres tampoco hay gorriones, al menos de la especie que nos ocupa.

El gorrión no contestó a mi pregunta, pero aceptó de buen grado unas migajas del sándwich que había sacado de la bolsa.

—No me habrás seguido hasta aquí, ¿verdad?

Cuentan que los gorriones también descubrieron América desde las carabelas de Colón y que colonizaron el nuevo mundo con más eficacia que los españoles. Lo malo es que tampoco me acuerdo bien de aquellos tiempos.

—A lo mejor eres un gorrión delincuente, huido de la justicia.

El gorrión, cada vez más confiado, se me acercó a menos de medio metro. Yo los he visto en situaciones aún más comprometidas. En el zoo de Madrid, por ejemplo, juegan con los leones y comparten la comida con ellos.

—¿...o serás sólo una metáfora escapada del libro que estoy leyendo?

Al gorrión le sentó mal que lo confundiera con una figura literaria, a pesar de que yo leía “las cosas del campo”, de Muñoz Rojas, que es un joven poeta de 99 años. Me miró con desprecio y salió volando en dirección Sur, como si fuera un vencejo más.