Vuelvo
a Las Palmas en busca de un sombrero, y enfilo la calle Triana.
―Bendición,
padre…
―Que
Dios te bendiga, hija.
He
respondido lo primero que me ha venido a la boca, y mi hermano, que anda por
Puerto Rico, me confirma que ésa es la fórmula correcta.
Por
lo demás, tengo la impresión de visitar La Habana a pesar de que nunca he
estado allí. Los edificios, los rostros y el acento de los canarios recuerda al
que uno ha visto y oído en las películas.
―¿Me
da un eurito para comer. padre?
El
mendigo está flaco y mira con ojos tristes, como un perro vagabundo. Tiene la
barba gris, y la piel aceitunada.
―¿De
dónde eres?
―De
Galdar.
Algunos
nombres de esta tierra, no sé por qué, me recuerdan al señor de los anillos.
―¿Me
da un euro? ―repite.
―Espérame
en la puerta de esta tienda; ahora salgo con cambio.
En
la tienda, la dependienta, que es encantadora como todo el mundo en esta isla,
sonríe y me adelanta el euro para el mendigo.
Le
digo que busco un sombrero de mi talla, y responde apenada:
―Los
sombreros son talla única.
Cojo
uno y, en efecto: 54 a 62, dice la etiqueta. Yo, que necesito un 60, me lo
coloco sobre la testa y tengo la impresión de me ha salido un tejadillo en lo
alto de la azotea.
―Ya
ve que no me cabe… Cámbieme 50 euros y le devuelvo el euro del mendigo.
―¡No
se apure, padre! ―responde la chica―. La limosna corre por nuestra cuenta.
Como
aún necesito comprar una pasta de dientes, entro en el “Dino”, un hipermercado
cercano.
―Padre
―me interpela una señora de aspecto rotundo―. ¿Cuántos años de estudio se
necesitan para hacerse sacerdote?
―¿Quién
quiere ser sacerdote? ―le respondo―.
Yo
quiero que mi niño sea cura. Y le digo que no es muy difícil y que tendrá
trabajo. Pero él no está seguro.
―¿Qué
estudia?
―Es
chiquito todavía. Va hacer la Primera Comunión.
Al
fin, en la misma calle Triana, encuentro una sombrerería de lujo. Tienen toda
clase de prendas de cabeza, pero tan caras que no me decido.
Vuelvo
a Airaga en el pequeño Toyota azul que uso estos días como sombrero.
¿La Habana? No. Las Palmas. Calle Triana