Mostrando entradas con la etiqueta adolescentes. Sentencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta adolescentes. Sentencias. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de junio de 2013

Y mañana...

Lagarto gigante de Gran Canaria

Ripios del solsticio

La primavera se ha ido
aunque nunca haya venido.

Sin despedirse se marcha
con lluvia, nieve y escarcha.

Y uno que empieza a estar harto
está añorando al lagarto,

aquel lagarto del huerto
que a mis pies se hacia el muerto,
boquiabierto.

¿Vendrá mañana el verano
o esperaremos en vano?

A ver dónde está el simpático
que habla del cambio climático.

viernes, 11 de mayo de 2012

Calor de exámenes

El curso ya rueda cuesta abajo. Los chavales entran en trepidación y el capellán aguanta quejas, lamentos y euforias:
─¿Qué tal los exámenes?
─Genial, genial que te mueres.
A la chica le desborda la sonrisa.
─¿Y tú?
─Me ha quedado historia.
Comienzan a funcionar los inhibidores de frecuencia que dejan los móviles secos como momias.  Se trata de evitar que los exámenes se conviertan en una plataforma de transmisión de datos.  La verdad es que no lo entiendo. A un alumno que fuese capaz de copiar algo sustancial con el móvil yo le subiría la nota.
─Entonces, ¿no es pecado copiar?
─No, María. Es legítima defensa frente a la férrea vigilancia de los profes. Bastantes pecados tiene la vida como para inventarnos otros nuevos.
En vista de que no está el horno para bollos ni para largas conversaciones con los chicos, redacto un prólogo y una larga dedicatoria para el próximo libro, que ya está en la rampa de salida de la editorial. En la dedicatoria cito a medio mundo, desde Antuán hasta Yomisma.
─ Hace un calor “que te mueres”, asegura Marta, mientras se abanica con los apuntes.  

viernes, 18 de noviembre de 2011

Misas de difuntos

Como todos los años, durante este mes de noviembre organizamos en el colegio varias misas de difuntos en sufragio por los parientes y amigos fallecidos de profesores y alumnos. 
Antes de cada misa, el sacerdote recibe una lista, elaborada por los chicos, con los nombres de las personas que quieren encomendar al Señor.
Hoy, entre abuelos, abuelas, primos y hermanos, aparece una extraña anotación:
"Por mi perrita Canela". 

viernes, 20 de mayo de 2011

Lágrimas de mayo



Foedum inceptu, foedum exitu. Eso dijo Tito Livio y el búho parece estar de acuerdo. O sea, que lo que empieza mal suele terminar peor. Casi todas las lenguas tienen refranes y aforismos que expresan la misma idea, y lo más probable es que hoy, a las 12,30 del mediodía, más de uno recuerde el sabio proverbio latino, ya que a esa hora tendrá lugar en mi cole la entrega de las notas finales a los alumnos de 2º de bachillerato.
A mí me tocará practicar algunas obras de misericordia no codificadas: consolar a los  afligidos, animar a los desesperados, levantar a los caídos, apaciguar a los eufóricos, escuchar a los locuaces, tirar de la lengua a los mudos y repartir pañuelos de papel para enjugar las lágrimas de unos y otras.
Por cierto, el refrán no es muy justo. Hay quien empieza mal y termina con sobresalientes, y hay quien se desfonda a mitad de la carrera o sucumbe con la astenia primaveral.
En el orden espiritual tampoco es exacta la afirmación de Livio. Por muy malos que hayan sido los comienzos, siempre estamos en condiciones de reconstruir la vida entera volviendo al kilómetro 0 de nuestra vida. Basta un acto de contrición y la Gracia sanadora y rejuvenecedora del Sacramento de la Penitencia.
 

jueves, 10 de febrero de 2011

Superpoderes


Álvaro , un chaval gordito con cara de espía, ha empezado a hablarme de su futuro, de lo que le gustaría que sea su vida dentro de veinte o treinta años. Le he provocado yo, por supuesto, y él responde que se ve casado “con una tía buena”. No especifica a qué tipo de bondad se refiere, pero añade para que quede claro:
―Con mi novia de ahora, no; con otra.
En vista de que no entro al trapo de esta pequeña provocación, se pone chulo y describe unos planes en tecnicolor no muy originales.
―¿Y qué más?
Álvaro estira las piernas, se despereza un poco y añade:
―A mí lo que me gustaría es tener poderes.
―¿Poderes?
―Sí, como los superhéroes.
Es una broma, desde luego; pero, cuando empieza a detallar los poderes en cuestión, comprendo que más de una vez ha fantaseado con ellos. El pavo es así.

A Álvaro le gustaría tener una fuerza descomunal y visión de rayos equis, como Superman. Lo de volar le importa menos; pero leer el pensamiento de la gente, detener el tiempo, trasladarse a épocas pasadas o futuras…
―A que estaría bien…
―Sería espantoso ―le contesto―. Un tipo como tú, perezoso, inmaduro, egoísta y con poderes sería un peligro para la sociedad y para sí mismo. Acabarías en la silla eléctrica.
―Tampoco se pase…
―Yo en cambio pienso que aún estás a tiempo de ser un tío normal; un tipo capaz de estudiar dos o tres horas diarias sin que le tiemblen las orejas; que no se agobia ante la menor dificultad; generoso, con corazón, que piensa en ayudar a los demás antes que en tener forrado el riñón; que habla con Dios cada mañana y se entrega con alegría en el cumplimiento del deber… Éstos son los auténticos superpoderes. Y están a tu alcance.
Álvaro por una vez no responde. Entonces le enseño las tres palabras que he escrito debajo del búho:  fit via vi. Con fuerza se hace el camino…
El resto de la conversación transcurre por otras vías tan “secretas” como el verdadero nombre de Álvaro.