Pasado mañana recibe el Sacramento de la Confirmación y está dispuesto a todo.
─¿A todo?
─Sí; a ser
cristiano a tope.
Por un momento he estado a punto de decirle: “mira, no te
hagas ilusiones, que te conozco…" Pero he contenido a tiempo el ataque de escepticismo.
─Estupendo.
Lo importante es que empieces ahora mismo. No hace falta esperar dos días
para cumplir esos propósitos.
Me mira con
gesto de remordimiento preventivo.
─Es que esta
noche salgo.
─Ya.
─Pero el domingo puedo confesarme antes de la misa, ¿verdad?
Omito mi respuesta por razones obvias.