Los Cielos cantan la Gloria de Dios (Salmo 18)
...a una sinfonía
Al comienzo de todo, cuando aún no existía la luz, y el cielo no era azul, y no había nubes blancas, ni pájaros de colores, ni montañas, Dios quiso crear un mundo de la nada para regalar parte de su belleza a las criaturas. Pidió entonces a los ángeles que compusiesen una gran sinfonía, y así se hizo. Aquel inmenso vacío oscuro se llenó de música en un instante. Millones de instrumentos, de voces y de sonidos jamás escuchados por nadie completaron el más bello de los conciertos, tal como Yahvé lo ordenó.
Él entonces abrazó aquella música recién nacida y, con sólo sus manos, convirtió cada acorde y cada nota en materia, en color, en luz. Así nació el universo. Era un mundo bellísimo, armónico y sin fracturas, como la gran sinfonía de donde nació.
Durante millones de años nada alteró los designios del Creador. El universo fue expandiéndose cantando la gloria de Yahvé, hasta que llegó el hombre, la criatura que Dios había designado para ser rey. Con él vino muy pronto el diablo, y después la catástrofe. Ya conocéis la historia.
Ahora el universo está en obras. Los hijos de Dios han de transformarlo hasta convertirlo en Reino de Jesucristo. Pero en medio del trigo crece vigorosa la cizaña, y el mundo sufre.
Tengamos paciencia. Dios ya ha encargado a sus ángeles que compongan una nueva sinfonía; la más grande y hermosa que sean capaces de imaginar. Miríadas de criaturas celestiales están en la tarea. Yo apenas he oído unos acordes y puedo aseguraros que no se ha escuchado jamás en el universo algo semejante.
Muy pronto Dios recibirá en su corazón esa sinfonía y de ella brotarán unos nuevos cielos y una nueva tierra donde vivirán los bienaventurados después de la resurrección. Será mejor que un paraíso. Será nuestro hogar. Jesús y María vivirán en él. Y Dios lo blindará contra el Enemigo.
Una música inefable siempre nueva, siempre distinta, llenará cada rincón de ese mundo. Cantarán las aves, los árboles del bosque, las montañas, los nuevos talleres de los hombres, y hasta las estrellas.
El Cielo parecerá entonces una grandiosa sinfonía.Y todos formaremos parte de ella.