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martes, 4 de junio de 2019

Retratos de María (y XII)



Mila me envía cuatro imágenes de la Santísima Virgen. Con ellas termino esta sección. Continuaremos tal vez el año que viene.
1) la Virgen del silencio. Esta se la robé a usted del blog en el año 2010 para hacer el recordatorio de la Primera Comunión de mi hijo. A mi padre, que hoy tiene 91 años, le debió de gustar porque la tiene desde aquel día en la mesilla.
2) La Virgen de la iglesia de Ayete en San Sebatián. Siendo de Bilbao quizá la haya visitado alguna vez. Parece seria, pero si estás un rato hablando con Ella llega a sonreírte...
3) La capilla de la Milagrosa. Cuando yo era pequeña la recibíamos en casa, y desde hace un año la acojo dos o tres días al mes. Me hace especial ilusión porque me llamo Milagrosa, gracias a un favor que hizo la Virgen a mi madre cuando estaba embarazada de mí. Esos días aprovecho para rezar con mis hijos y marido una oración antes de acostarnos.
4) Por último, una Virgen africana que me mandó una navarra de 88 años que está de misionera en Butare, Rwanda. Me gusta todo, la cara de la Virgen, su sonrisa, su paz, San José apoyando su brazo en la Virgen, el Niño, los músicos...
Como veis, he colgado solo dos. Nuestra Señora del silencio, Patrona de los sordos y quizá también de los que hablamos demasiado, y la Virgen Africana que vino de Rwanda.


domingo, 2 de junio de 2019

Retratos de María (XI)


Reina del Opus Dei

Esta imagen de Santa María, Regina Operis Dei, se encuentra en la sede central de Prelatura. Se trata de una pintura al fresco obra de Manuel Caballero. San Josemaría se la encargó en 1956 para manifestar su agradecimiento a la Santísima Virgen. El fundador de la Obra había escrito dos años antes: el Opus Dei nació y se ha desarrollado bajo el manto de Nuestra Señora. Por eso son tantas las costumbres marianas, que empapan la vida diaria de los hijos de Dios en esta Obra de Dios. En el cuadro, Nuestra Señora está de pie, vestida con una túnica regia de color rojo oscuro, con borde dorado y  un manto blanco, sujeto alrededor del cuello por un broche. Sobre la cabeza, un velo transparente.
En la mano derecha Santa María recoge el borde del manto bajo el cual está la Obra, representada por el bloque de piedra con el sello del Opus Dei, una cruz insertada en el mundo. A pesar de las pedradas recibidas, conserva su solidez y firmeza.
En el brazo izquierdo, la Señora sostiene al niño Jesús, que dirige su mirada al monolito de piedra y  lo bendice.
La rosa tallada bajo el sello de la Obra deja constancia de la maternal protección de la Virgen. Como fondo de la composición, un paisaje luminoso. El cielo está sereno, sin ninguna nube, debido a la presencia de María.
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viernes, 31 de mayo de 2019

Retratos de María (X)


Las lágrimas 

Me escribe Olga desde León:
Esta imagen me llegó por Facebook hace ya unos cuantos años. No sé si a Ella le importará que hayan utilizado un poco de photoshop, pero a mi me consuela mucho mirarla, porque sé que Ella acoge a cada uno de esos niños a los que no dejan nacer. Y el intenso dolor se vuelve ternura por un momento. ¿Cómo podemos estar tan ciegos? Sobrecoge esta espantosa realidad. Mi único consuelo es mirarla, ya le digo.
Como veis es una fotografía de la Macarena, la preciosa Virgen dolorosa conocida y venerada en todo el mundo. En esta ocasión no llora por su Hijo clavado en la cruz; alguien le ha puesto un niño en sus brazos, y las lágrimas de María hablan de esa criatura indefensa y de las que son asesinadas antes de ver la luz del sol.
A mí también me enternece este retrato a pesar del photoshop.

jueves, 30 de mayo de 2019

Retratos de María (IX)





Dos imágenes gemelas 


Me las envía Cordelia y añade lo siguiente:
"Le mando una foto de mi Virgen favorita de toda la vida. La de la izquierda se la regaló mi padre a mi madre cuando eran novios (menudos regalos bonitos se hacían entonces), y estuvo siempre encima de la cómoda del dormitorio de mis padres. Cuando era pequeña me fascinaban las pestañas de la Virgen y el Niño, y pensaba que eran de verdad.
Hace unos años se la pedí a mi madre para ponerla en mi salón"
 Y yo no tengo nada que añadir. El mes de mayo se nos acaba, pero sigue habiendo retratos de María. Yo pondré dos o tres más. ¿Os animáis a mandarme una foto de vuestra imagen preferida?

martes, 28 de mayo de 2019

Retratos de María (VIII)


La Niña en su casa


Arístides Artal, pintor gallego, nacido en Zaragoza (*) y afincado en Sevilla, es un verdadero maestro de los pinceles a pesar de su envidiable juventud. Él dice que pinta "de todo", pero a mí me ha conquistado con su arte sagrado.
Hoy pongo en el globo esta Sagrada Familia ante el pan de cada día. María es una chiquilla preciosa de 15 o 16 años, recogida en oración para bendecir la mesa. Así la vio el Ángel cuando la visitó en su casa de Nazaret. José, un muchacho muy joven de mirada serena, que no se cansa de contemplar a su Hijo. Entre tanto Jesús, vestido de fiesta, mira al plato que tiene delante mientras habla con su Padre del Cielo.
La estancia es modesta, sin el menor adorno superfluo; pero un luz dorada enriquece la escena y la llena de paz.
(Gracias, Alfredo, por enviarme la fotografía. Desde ahora, será uno de mis retratos predilectos de la Virgen).
 (*) No es broma ni error. Los gallegos, como los de Bilbao, nacen donde quieren.



miércoles, 22 de mayo de 2019

Retratos de María (VI)


La golondrina

Hace un par de años escribí en esta página un mensaje dirigido al Beato Fray Angelico, autor de la maravilla que hoy incluyo en mi lista de retratos de María. Expliqué entonces que para la beatificación de este fraile genial el postulador de la causa no presentó escritos piadosos, homilías o tratados teológicos, entre otras cosas porque Fray Angelico nunca publicó nada. Bastaron sus cuadros, mucho más expresivos que cualquier testimonio literario.
Mi mensaje de entonces terminaba así:
He leído que pintabas de rodillas. Sea o no cierto, cuando contemplo cualquiera de las imágenes de Santa María que nacieron de tus pinceles, entiendo que no pretendiste trasladar al lienzo el rostro de la Señora tal como lo veían sus contemporáneos. Tu arte retrataba tu propia mirada, que no era sino un reflejo de la mirada de Dios. El Señor veía a aquella chiquilla humilde de Nazaret como tú la viste: vestida de reina, llena de gracia y de belleza.
Tengo en la pared, frente a mi escritorio, un pequeño esmalte que reproduce con bastante fidelidad una de tus Anunciaciones, la que se conserva en el Museo del Prado. Como estoy varias horas al día en este despacho, lo he mirado y remirado docenas de veces, y ya no me cuesta nada cerrar los ojos para reproducir en mi imaginación cada detalle del cuadro: el rayo de luz dorada que atraviesa la escena, las grandes alas del Ángel, que también son de oro, el manto de María, el techo abovedado y hasta la golondrina que lo observa todo desde lo alto de un capitel.
Dar un rostro a la Reina del Cielo es una empresa arriesgada. Muchos lo han intentado y Ella no tiene inconveniente en posar para sus hijos y dejar en cada cuadro una chispa de su belleza. "Me enamoran todos los retratos de mi Madre", escribió San Josemaría.
A ti sin embargo te concedió una gracia especial. Y no hay duda de que supiste corresponder generosamente.
Vuelvo a mirar el cuadro. El manto de la Virgen es azul porque es el color del cielo y también porque, para lograr ese pigmento, utilizaste lapislázuli, caro y difícil de conseguir para un pobre fraile como tú. Pero querías que la Virgen tuviera lo mejor. También pintaste de azul el interior de la casa y cuajaste de estrellas el techo abovedado. Es el tiempo que se detiene; Nazaret aquel día fue un pedazo de cielo.
El cuadro parece estático pero está lleno de vida y dinamismo, no sólo porque el mismo Dios lo atraviesa en forma de un rayo de luz, sino por el rico cruce de diálogos que se adivinan entre el Padre, el Espíritu Santo y la Virgen; entre el Ángel y María, entre la Madre y el Hijo al que ya abraza con su gesto.
No me olvido de la escena que hay a la izquierda. Adán y Eva escapan avergonzados del Paraíso. Ellos están fuera de la bóveda celeste, de los tonos cálidos y dorados que enmarcan la Anunciación. Con María comienza la verdadera historia que dejará atrás el pecado original.
Por cierto, amigo, qué estancia más bonita has preparado para la Señora. Con una perspectiva incipiente, has levantado un pequeño palacio con la arquitectura al uso en tu época. Ciertamente que no era así la pobre casita de Nazaret, pero tu pincel ha pintado lo que sólo Dios veía: pasado, presente y futuro se funden en una escena.
Y la golondrina… ¿la pintaste para mí? Este mes de mayo yo quiero estar como ella, mirando el rostro de María.  

lunes, 20 de mayo de 2019

Retratos de María (V)

¡Cuántos cientos de horas he pasado delante de este modesto retablo! Está en el oratorio de la casa antigua de Molinoviejo, una capilla, pequeña, pobre y piadosa que creó San Josemaría en 1946 con la ayuda de un grupo de estudiantes que acampaban en el jardín de la que había de ser la primera casa de retiros del Opus Dei en el mundo. Alfonso Ramil, un valenciano estudiante de Bellas Artes, a quien San Josemaría llamaba Pinturicchio, fue el encargado de pintar el fresco sobre el altar.
 —Fue muy sencillo —me explicaba muchos años más tarde en Bilbao—. Fue copiar y pegar, como en Internet. El ángel lo robé a Leonardo, y el resto de la decoración fue saliendo de aquí y de allí.
—¿Y la Virgen?
—No, la Virgen no la copié. Me la dictó el Padre.
—¿Te la dictó?
—Sí; él me hablaba de la Virgen, y yo pintaba. No es gran cosa, pero mirándola hacíamos la oración.




lunes, 13 de mayo de 2019

Retratos de María (IV)


Los ojos 

Hace algunos años llegaron desde el Líbano a la Administración de Molinoviejo un par de chicas de la Obra. Venían a aprender y a recoger experiencias para ponerlas en práctica en la casa de retiros de su país. No se quedaron mucho tiempo, pero fue suficiente para que Encarni pintara una Virgen libanesa para el oratorio de aquella casa.
Encarnita García es una numeraria auxiliar que, sin ser una profesional de la pintura, tiene talento y arte de sobra para llenar de colorido y gracia muchos lienzos como éste.
Todas las mañanas cuando enciendo el móvil se me aparece esta imagen en la pantalla. Me encanta la alegría del Niño, el borrico que tiene en la mano y los ojos profundos y tiernos de la Virgen María.
El retrato está pidiendo un piropo. Yo se lo lanzo ahora mismo.


sábado, 11 de mayo de 2019

Retratos de María (III)



La Reina

La ermita de Molinoviejo guarda esta preciosa imagen. Ayer mismo fui a verla, y dejé un beso a sus pies aprovechando que estábamos solos. Ella es la Reina, mi Reina, que gobierna en el Cielo por ser Madre, Hija y Esposa del mismo Dios.
Después del beso volví a llamarla "Reina" cantando en silencio el Salve Regina, que es una oración bellísima, llena de galantería, confianza y respeto.
"Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos". Son los ojos de una Reina, que es "madre de la misericordia, dulzura de la vida, esperanza nuestra".

¡Cuántas cosas te he pedido a lo largo de estos años en Molinoviejo! No soy capaz de recordarlas todas, pero sé que tú no las olvidas.




viernes, 10 de mayo de 2019

Retratos de María (II)


Las manos
El primer retrato —"La adoración de los Reyes Magos"— es de Velázquez y se encuentra en el Museo del Prado. Dicen los expertos que lo pintó cuando era muy joven, y, aunque algún crítico se empeñe en encontrar "signos de inmadurez" en el lienzo, en mi opinión se trata de una de las obras cumbre de la juventud de Velázquez. 
Como es bien sabido, este gran maestro solía utilizar modelos reales para sus cuadros. En este caso resulta evidente que la imagen de la Virgen representa a una aldeana guapa ligeramente ruborizada ante la presencia de los Magos. No ha querido el artista idealizar a nuestra Madre pintando un cutis de porcelana y unas manos primorosas. San José, que la contempla extasiado, descubre la belleza de su Esposa, más señorial y auténtica que la de cualquier dama de la corte.
A mí me conmueven las manos. ¡Qué maravilla! Esas manos se han forjado en el trabajo. Son recias, acostumbradas a manejar la azada, a lavar la ropa en el arroyo, a amasar el pan de cada día, a trabajar en el horno y a trasportar ánforas de trigo o cántaros de agua.
Yo querría besar esas manos, embellecidas por el trajín diario, y dejarme sostener por ellas, como el Niño Jesús que, en las rodillas de María, observa el mundo con ojos de chico listo.


jueves, 9 de mayo de 2019

Retratos de María (I)




"Cuando te preguntaron qué imagen de la Señora te daba más devoción, y contestaste —como quien lo tiene bien experimentado— que todas, comprendí que eras un buen hijo: por eso te parecen bien —me enamoran, dijiste— todos los retratos de tu Madre". (San Josemaría, Camino 501).  

Las imágenes de la Santísima Virgen no son fotografías. No tratan de reproducir la realidad, sino de transmitir un mensaje. Cada retrato habla de nuestra Madre en una lengua diferente. Hay rostros de María, aparentemente toscos, esculpidos o pintados por manos inexpertas, que conmueven tanto o más que los mejores cuadros de los artistas más relevantes.

Yo tengo en un cajón de mi escritorio toda una "baraja" de imágenes de nuestra Señora. Cada día hago un pequeño juego de magia: las mezclo, cierro los ojos y saco una al azar para que me acompañe hasta la noche. Reconozco que alguna vez me hago trampa, y consigo que salga la que más me gusta o la que necesito tener cerca ese día, pero todos los retratos me ayudan a rezar.
Hoy he hecho un propósito. Durante este mes de mayo las iré colgando en el globo una a una, y haré un breve comentario. ¿Cuento con vuestra ayuda para piropear a mi Madre?