Después
de casi tres años de silencio, el pasado 30 de abril el globo salió de nuevo al espacio. Fue una puesta en marcha silenciosa. No quería volver a la época
anterior, cuando nos visitaban miles de personas cada día, muchas sin nombre y
algunas, peleonas e impertinentes. Dije entonces que, en esta nueva etapa,
aspiraba a convertir el blog en una especie de mesa camilla para que un grupo
pequeño de amigos charlásemos de nuestras cosas, sin debates ácidos ni
enfrentamientos personales.
Ayer,
por fin, me decidí a echar una ojeada a las "estadísticas" que,
quieras o no, va elaborando Google para estas páginas. Lo hice con cierto miedo,
como cuando uno se sube a la báscula para comprobar cómo ha ido ganando o
perdiendo peso. Mis temores estaban justificados: el globo cada día tiene más
visitantes. Ayer, entraron casi seiscientas personas diferentes. Muchos, desde
distintas regiones españolas, pero también desde Norteamérica, Argentina, Reino
Unido, Puerto Rico, Honduras, El Congo, Kenia, Japón… ¿Se puede saber quiénes
son los 7 de Kazajistán o los 32 de Indonesia?
Todos
son bienvenidos, por supuesto; pero conservo la esperanza de que, en agosto, se
desplome la audiencia y volvamos a la mesa camilla. Si no es así, pido a los
visitantes que me comprendan: a mi edad uno ya ha perdido el gusto por los
debates y los enfrentamientos.
Ayer
viví una experiencia magnífica: vi en la televisión el debate de investidura sin el sonido del hemicirco, y comprobé que, en efecto, algunas imágenes valen más
que todas las palabra de sus señorías.
Como fondo puse música clásica: la
Flauta Mágica de Mozart.