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miércoles, 23 de octubre de 2019

El globo se desinfla





Lo estáis viendo. Ya no es lo que era. Este globero a duras penas consigue mantenerlo en el aire. En primavera traté de darle nueva vida y empecé con entusiasmo adolescente; pero ahora constato que, por mucho que sople, mis pulmones no tienen fuerza suficiente para hinchar este artefacto y hacer que vuele como en sus buenos tiempos.
Reconozcámoslo: tuvimos un pasado memorable y me siento orgulloso de haber capitaneado la nave durante doce años, pero debo abandonar ahora que estoy a tiempo. La decrepitud avanza, y a mi globo le empiezan a salir arrugas. 
Hablando en serio: la jubilación me ha traído un incremento notable de trabajo y también una pérdida evidente de reflejos. No puedo quejarme: siempre quise llegar a viejo y, gracias a Dios, lo he conseguido sin demasiado esfuerzo. No me respondáis que estoy joven: sería un insulto. Me gusta la vejez y que me traten de usted hasta las aves del cielo. Sólo me tutean los niños de primaria, con los que abueleo cada día en el cole.
Por tanto, de ahora en adelante quizá cuelgue un post cada semana. Aprovecharé el finde para reflexionar y para escribir con calma, gota a gota, sin prisas de reportero.
Ayer enterramos a José María Pérez Herrero, un hombre santo de 94 años, al que atendí hasta el último día de su vida. Fue probablemente la persona con más ímpetu apostólico que he conocido en estos últimos tiempos. Acercó a Dios a centenares de hombres y mujeres. Dio catequesis a niños, a adolescentes y a adultos; españoles e inmigrantes. Tuvo amigos de todas las clases, y sabía escuchar, sonreír, alentar y contagiar su fe y su amor a Dios.
Además fue un profesional de primera fila. Recibió la medalla al mérito civil, y trabajó al servicio de la administración del Estado durante muchos años.
Hoy llueve sobre Madrid. Otoño llora por fin. Es una buena noticia.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Viva la ortografía



Me sugiere Homero que estudie la posibilidad de no admitir comentarios en el globo si vienen con faltas de ortografía.
—Vale, pero seríamos indulgentes con los acentos, ¿verdad?
—Sí, pero las bes y las uves, las ges y las jotas, las elles y las y griegas, y, por supuesto, las haches deben seguir las normas ortográficas. No respetarlas supone una falta de respeto al lector, y a mí, que soy un búho de ojos atentos, me producen conjuntivitis. Ahora hay correctores ortográficos la mar de eficaces, y gracias a esta censura, el globo puede contribuir a elevar el nivel cultural de sus visitantes.
—Ten en cuenta que Internet hasta la k tiene kabida para kasi todo. Es un océano de libertad.
El búho me mira con aire pasmado pero inflexible.
—No flaquees, compañero. Puedo concederte que Antuán utilice la ortografía a su antojo, pero sólo porque Antuán es un genio. Y a los genios se les permite todo. No renunciaría a sus comentarios por nada del mundo. Por mí como si los redacta en manchego; pero los demás, empezando por ti mismo, deben esmerarse más por limpiar de atrocidades el lenguaje.
—Veremos si sigo su consejo.
 

martes, 10 de septiembre de 2019

La mesa camilla


Cuando resucité este globo hace unos meses, dije que aspiraba a convertirlo en una especie de mesa camilla para que unos pocos amigos charláramos de nuestras cosas, sin debates ni enfrentamientos personales. Desde entonces el número de visitantes ha aumentado más de lo previsto, pero el ambiente de tertulia cordial se mantiene.
Claro que no todo es perfecto. A veces en la mesa camilla se acomoda alguien que parece tener como único propósito pegar pataditas por debajo del mantel con alusiones ad hominem o consideraciones ajenas al tema central de la tertulia. Es una pena, porque uno siente la tentación de entrar al trapo, y, si lo hiciera, el nivel de la conversación bajaría en picado. Por eso he decidido no admitir ese tipo de comentarios aunque no sean particularmente ofensivos.
Alguien dirá que esto es censura. En efecto, lo es.


martes, 23 de julio de 2019

El globo toma altura



Después de casi tres años de silencio, el pasado 30 de abril el globo salió de nuevo al espacio. Fue una puesta en marcha silenciosa. No quería volver a la época anterior, cuando nos visitaban miles de personas cada día, muchas sin nombre y algunas, peleonas e impertinentes. Dije entonces que, en esta nueva etapa, aspiraba a convertir el blog en una especie de mesa camilla para que un grupo pequeño de amigos charlásemos de nuestras cosas, sin debates ácidos ni enfrentamientos personales.
Ayer, por fin, me decidí a echar una ojeada a las "estadísticas" que, quieras o no, va elaborando Google para estas páginas. Lo hice con cierto miedo, como cuando uno se sube a la báscula para comprobar cómo ha ido ganando o perdiendo peso. Mis temores estaban justificados: el globo cada día tiene más visitantes. Ayer, entraron casi seiscientas personas diferentes. Muchos, desde distintas regiones españolas, pero también desde Norteamérica, Argentina, Reino Unido, Puerto Rico, Honduras, El Congo, Kenia, Japón… ¿Se puede saber quiénes son los 7 de Kazajistán o los 32 de Indonesia?
Todos son bienvenidos, por supuesto; pero conservo la esperanza de que, en agosto, se desplome la audiencia y volvamos a la mesa camilla. Si no es así, pido a los visitantes que me comprendan: a mi edad uno ya ha perdido el gusto por los debates y los enfrentamientos.
Ayer viví una experiencia magnífica: vi en la televisión el debate de investidura sin el sonido del hemicirco, y comprobé que, en efecto, algunas imágenes valen más que todas las palabra de sus señorías.
Como fondo puse música clásica: la Flauta Mágica de Mozart.

domingo, 5 de mayo de 2019

Carta de Kloster



Querido Colega:
Sé que alguno de los pocos lectores que te quedan me echa de menos. Es natural; siempre he sido un elemento básico en ese globo que con tanta torpeza sigues pilotando.
No sé si volveré. En los viejos tiempos llegamos a tener más de cuatro mil seguidores diarios. Mérito mío, claro. Ahora apenas te leen dos docenas de fieles insensatos. ¿Por qué no proclamas a los cuatro vientos que has regresado? ¿Acaso tienes miedo de comprobar que ya nadie te sigue como antes?
Voy a ser magnánimo. Cuando vea que el globo ha remontado el vuelo  y que recupera la gloria de antaño, regresaré. Hasta entonces no cuentes conmigo. Atte.
HK














He contestado a mi amigo que no le necesito. Está viejo y achacoso. Ya me buscaré otro interlocutor. En todo caso, no haré el menor esfuerzo por buscar nuevos pasajeros para el globo. Si los antiguos dan conmigo y quieren subir a bordo, serán bienvenidos, pero en esta nueva etapa me gustaría convertir el blog en una especie de mesa camilla, o a lo sumo en un modesto cuarto de estar donde nos reunamos los amigos para conversar de nuestras cosas.
Y a Kloster…




jueves, 2 de mayo de 2019

Sobre mis interlocutores

A partir de ahora, cada vez que cuente una historia o reproduzca un diálogo más o menos privado* con otra persona, en lugar de inventarme un nombre para no desvelar la identidad de mi interlocutor, utilizaré siempre los siguientes:
Alex, si hablo con un chico;
Raquel, si se trata de una chica;
Don Gregorio, si es un adulto
Doña Clotilde, si hablo con una señora.
* Por supuesto serán siempre conversaciones reales, pero no tan confidenciales que no puedan ser divulgadas. Ni que decir tiene que lo que conozco en la Confesión simplemente lo olvido. El mismo Dios dice en la Sagrada Escritura: "no recordaré vuestros pecados". ¡Magnífica amnesia divina, de la que participamos todos los sacerdotes sin ningún esfuerzo!

martes, 30 de abril de 2019

Volamos



Hace exactamente doce años comenzó a volar este globo.
—Cómo pasa el tiempo, don Enrique.
—Y usted que lo diga, doña Clotilde.
Era mayo de 2007 y acababa de terminar un retiro. Vivía en esta misma casa de Madrid y alguien me instó con sólidos argumentos a entrar en la blogosfera. Le contesté que la palabra blog me parecía horrenda.
—Prefiero llamarlo globo, la verdad. Al fin y al cabo poner una página en la red es como soltar un balón al aire para que flote sin rumbo en el espacio en busca de otros semejantes.
Desde entonces la blogosfera ha crecido mucho. Es como el universo, que, al decir de los expertos, está en continua expansión desde el instante mismo del big-bang.
 En este singular firmamento hay millones de blogs como el mío creados por gentes de todos los pelajes, lenguas y re­ligiones, que, no contentos con navegar por la red, ponen un escaparate y dan la cara, porque quieren ser vistos y expresarse a su manera.
Aquí uno encuentra de todo: especialistas en origami que trafican con figuras de papel; poetas incomprendidos (valga la redundancia); coleccionistas de bolígrafos; sectas destructivas; profetas alucinados que anuncian catástrofes siderales; políticos que matan por un  puñado de votos; navegantes solitarios sedientos de compañía; ideólogos con pocas ideas o sin ninguna en absoluto; adolescentes con acné en el alma; anoréxicas que se cuentan nuevos trucos para matarse de hambre sin que lo note mamá; depresivos afligidos; alcohólicos anónimos; borrachos conocidos; novelistas sin editor; cantantes sin discos; personajes en busca de autor; traficantes de mugre; obsesos sexuales; genios de cualquier doctrina que ofrecen sus servicios a bajo precio; misioneros heroicos que cuentan mil historias; sacerdotes que asesoran espiri­tualmente a quien lo pida...
En la blogosfera hay también restos de blogs abandonados que giran en órbita como harapos de recuerdos deshilachados. Hay versos perdidos, páginas de personas muertas, que nadie se ha molestado en cerrar, y proyectos de blogs que no se hicieron, y ahí siguen, ocupando un “espacio” que uno no sabe hasta dónde llega, en qué consiste, dónde está ni quién controla. 
La blogosfera es una ciudad aún más extensa que la Nínive del Profeta Jonás. Y, como en todas las ciudades, la vida va por barrios. Hay suburbios que es mejor no frecuentar para no correr el riesgo de recibir una cuchillada, de ser estafado por un gánster virtual o de ser corrompido con sobredosis de sexo salvaje.
Por tanto la blogosfera es peligrosa, sí, como Madrid, Nueva York o Tokio. Pero no hay que huir ni encerrarse en el gueto. Al contrario: hay que entrar; hay que crear nuevos barrios, urbanizar los viejos, limpiar la basura, poner un buen servicio de alcantarillado y echar la red (o sea, la web) para pescar, como Jesús pidió a San Pedro. Hay que crear nuevos ambientes, “remansos de aguas limpias” diría San Josemaría, y  ponerse la escafandra anti-mugre para explorar la selva: los leones esperan.
Hemos de inundar de contenidos saludables  este universo que está surgiendo y ya nos posee como Matrix. Es un deber. Gota a gota hay que llenar el mar. 
Cómo no recordar aquel punto de "Camino":  Eres, entre los tuyos —alma de após­tol—, la piedra caída en el lago. —Produce, con tu ejemplo y tu palabra un pri­mer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho.    ¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión?
Yo ya lancé la piedra una vez —el blog es un globo sonda—, y ahora, doce años después, vuelve al ruedo. Entrad sin miedo, malditos. Se admiten okupas.





lunes, 15 de abril de 2019

¿Volverá a volar el globo?


 
Ha vuelto "Juego de tronos", que no sé lo que es (y sospecho que tal ignorancia me honra). Ha vuelto de su largo retiro en Galapagar el Pablo de toda la vida. Volvió a los quioscos Julian Assange, el rubio de WikiLeaks, aunque sin su gato-espía, que le fue requisado por Scotland yard, la poli del Reino Unido. Con la lluvia de abril volvieron las oscuras golondrinas que arrancaban suspiros  líricos a mi amigo Gustavo Adolfo. Volvió la nieve de improviso cuando nadie la esperaba y también las campañas electorales, que lamentablemente nunca se fueron del todo. Yo mismo he regresado a Madrid después de 6 años de pinos y pájaros.
Ya soy otra vez un cura urbano. Ya respiro el aroma nutritivo del dióxido de nitrógeno y gozo de los entrañables atascos de la Villa y Corte. Ya tengo un colegio lleno de niños y un bate de béisbol que me trajeron los Reyes como arma defensiva.
Ahora solo me queda poner en órbita este globo. ¡Pobre aeronave, trasnochada y rancia! La he encontrado olvidada y cubierta de polvo, en el rincón donde dormitaba el arpa de Bécquer. ¿Podrá volar otra vez?
Tomemos carrerilla. Tal vez dentro de unos días, con la Pascua florida…

viernes, 23 de junio de 2017

No empecemos, porfa


¡Válgame Dios, qué alboroto se ha formado con mi última entrada! ¡16 comentarios poniéndome a caer de un burro! No sabía yo que me quedasen tantos lectores, y todos sin nombre.
Uno me llama "reprimido y represor"; otro me sugiere "una visita a psiquiatra"; un tercero se defiende no sé de quién con un "mi cuerpo es mío y hago con él lo que me sale". Hay quien dice que yo mismo soy el mayor impúdico por contar mis intimidades en este blog…
Lo siento, no publicaré esos comentarios. A cambio censuraré también un par de elogios desmesurados.
Mi  carta a Miguel Hernández no pretendía abrir ningún debate. Y menos ahora que hasta en Tenerife hace calor.

domingo, 23 de octubre de 2016

Creo que sigo vivo


También yo había empezado a inquietarme. Llegué incluso a pensar que me pasaba algo malo malísimo, ya que el globo no volaba ni a empujones. 
Hablé con Kloster:
─¿Crees que me pasa algo?
─¿Por qué lo dices?
─Por el globo. Como ves no he escrito una línea desde hace semanas, y los tres o cuatro lectores que me quedan suponen que estoy moribundo.
─¿Y lo estás?
─ Creo que no, pero a lo mejor tú me notas algo.
─Mira, colega; aparte de tu tradicional pereza y de tu ornitomanía paranoide, no veo ningún otro síntoma alarmante en un despejada sesera.
No sabes cómo me tranquilizas. Yo pienso que aún seré capaz de escribir de vez en cuando un pensiero matutino o una crónica apresurada de la actualidad; pero el problema es que la prensa me aburre, la tele me adormece e Internet me irrita. Yo sé que siguen ocurriendo cosas en España y en el mundo; pero no consigo interesarme por ninguna.
Dejad que me ausente una temporada. Entre Trumb y Clinton elijo a Caperucita Roja; entre Sánchez y Díaz, prefiero a Harry Potter; entre Messi y Ronaldo, opto por Adúriz. Y entre el “no-es-no” y la abstención me abstengo de abstenerme y salgo por peteneras.
He estado 6 días en la Acebeda, callado  como una escoba. Apenas he conversado unos minutos al atardecer con el mirlo del jardín.
Seguiré publicando en esta página mi colaboración de Mundo Cristiano, y, quién sabe, tal vez cuando llegue diciembre, venga de nuevo la estrella de oriente para guiarme y ponga en órbita el globo.   

jueves, 11 de agosto de 2016

¿Nos hacemos un selfi?


En otro tiempo, los acuerdos y las reconciliaciones se sellaban ante notario o con un apretón de manos. Ahora basta una sonrisa y un selfi.
Cuando Rivera, Rajoy y Sánchez decidan navegar en el mismo barco por el bien de España y de sus respectivas cuentas bancarias, se harán un selfi junto a los leones del Congreso.
¡Qué buen momento el verano para selfitear! ¿Por qué no aprovechamos estos días para pedirnos perdón, perdonarnos y hacernos un selfi con los que  fueron nuestros enemigos íntimos mirando fijamente a las perseidas, que vuelan estos días por el firmamento? En este año jubilar de la misericordia hacerse un selfi puede ser un signo de reconciliación y de esperanza.
Yo quiero hacerme un selfi con Cloti, una gentil lectora anónima —a la que he dado ese nombre para aclararme—, que me insulta un par de veces por semana y persevera desde hace meses, a pesar de que nunca he publicado sus comentarios. Algo malo habré hecho para merecer su atención y sus vilipendios durante tanto tiempo.
Pienso en Cloti y seguramente la idealizo en mi imaginación. La supongo joven —de unos treinta años—, más bien gordita, tímida en la intimidad y locuaz en las redes; quizá funcionaria, ya que escribe todos los lunes a las 9 de la mañana desde la oficina. Presumo que juega a cazar pokemons por la calle y a resolver herméticos solitarios en el trabajo.
Querida Cloti, si por fin de animases a dar la cara, iluminándola con tu mágica sonrisa, podríamos hacernos un selfi en cualquier parada del autobús. Ya verás; seremos amigos para siempre.

jueves, 28 de julio de 2016

Remontamos el vuelo


De regreso a Madrid, recupero la cobertura perdida en la Sierra y enciendo los dispositivos móviles con la avidez de un adicto.
Veo que el globo está olvidado en el fondo de un barranco. Trataré de ponerlo en órbita en cuanto se me caliente el motor de la sesera.
Abro el periódico de ayer, y veo en la portada el rostro de un cura anciano revestido con los ornamentos sacerdotales para la Santa Misa: es el padre Jacques Hamel; tiene 86 años y acaba de ser asesinado mientras celebraba la Eucaristía. Lo han matado por ser otro Cristo. Es un mártir más y pronto lo veremos en los altares.
Me quedo unos minutos contemplando la fotografía, y concreto un propósito: tengo que escribirle un e-mail ahora que acaba de llegar al Cielo. Quizá lo publique cuando termine el verano, pero probablemente empezará así:
Querido Jacques, enhorabuena, amigo; lo has conseguido. Tantos años entregando tu vida día a día y, al fin, el Señor te ha entregado la corona más preciada…

viernes, 26 de febrero de 2016

Romper el silencio




Eso es lo que me pide Kloster; que "rompa" este silencio con el que, según él, estoy castigando a mis secuaces desde hace casi un mes.
Yo no sé si el silencio es quebradizo o si lo que se rompe de verdad es el ruido que nos rodea cuando uno decide callar por un tiempo. Sí parece claro en cualquier caso que buena parte de los lectores del globo andan inquietos. Unos me preguntan si estoy bien de salud, otros suponen que ha ocurrido alguna desgracia en mi familia; hay incluso quien ya ha rezado un responso por mi eterno descanso. Y yo mismo, que sólo pretendía desintoxicarme un poco saliendo de esta red que nos posee a todos, he empezado a tomarme el pulso cada dos horas para comprobar  que, en efecto, sigo vivo y dispuesto a hacer volar el globo un par de años más.
Escribo desde Molinoviejo. Hasta hace una hora en la casa y el jardín reinaba un silencio confortable; pero, de pronto, se ha levantado un vendaval alborotador, que crece por momentos.
Dice el oráculo de la agencia de meteorología que esta tarde caerán bruscamente las temperaturas y, al fin, llegará la nieve. Pero la nieve cabalga en el silencio. Ojalá vuelvan aquellos copos enormes que descendían lentamente el año pasado como en un vuelo de mariposas y se posaban intactos al otro lado del cristal de la ventana, como de puntillas.
Que nadie rompa ese silencio. Este globo no lo hará; se elevará despacio, sin ruido.
 

sábado, 12 de septiembre de 2015

El globo toma tierra lentamente

Ya lo habéis notado los más habituales. Desde hace unos meses escribo poco, y aún escribiré menos de ahora en adelante, al menos mientras continúe con el encargo pastoral de atender retiros y convivencias por los alrededores de Madrid. 
Acabo de regresar de Molinoviejo y dentro de unos días volveré a viajar: Riaza, Miraflores, Canarias... Podría convertir esta página en un diario, pero ¿a quién le importa saber por donde me muevo?
En Madrid siempre estoy de paso y de compras: me corto el pelo, pago alguna multa (injusta) de tráfico, renuevo las cuchillas de afeitar, visito la farmacia... Todo muy corriente y aburrido. En fin, que me lo he pasado muy bien durante estos años, pero uno ya no está para sacar agua del desierto.  No cierro el blog, por supuesto. Cada mes, si las musas me autorizan, publicaré cuatro o cinco entradas, no muchas más. En cualquier caso, aquí me tenéis. Y quién sabe; a lo mejor dentro de un año vuelvo al trabajo de calle y saco el globo a pasear para que vuele como en sus mejores tiempos.

martes, 11 de agosto de 2015

El ataque de las máquinas


Hoy he recibido más de un centenar de comentarios-spam elaborados, como sabéis, por robots estúpidos. Google detecta a casi todos los intrusos y los envía al basurero, pero aun así, muchos se me cuelan por las rendijas del globo y tengo que eliminarlos yo uno a uno.
No tengo más remedio que contraatacar con el consabido sistema de pedir a los comentaristas que descifren unos caracteres torcidos para demostrar que no son robots ni antropoides camuflados. 
Comprendo que es una lata, pero no se me ocurre otro sistema. Dentro de unos meses volveré quitaré el filtro. A ver si para entonces las máquinas se han cansado de tomarme el pelo.

lunes, 27 de julio de 2015

En agosto...

 Arona, mi calle en agosto
Seguirá volando el globo, pero perezosamente, con mucha menos frecuencia. Cuando llegue septiembre, trataré de estrenar un nuevo look y quizá algo más.
Disfrutad de las vacaciones los que podáis tenerlas. Yo andaré por Tenerife preparando el nuevo curso. Ni siquiera me llevo el traje de baño. 

martes, 7 de julio de 2015

Opiniones y opinantes

Me dice uno de mis anónimos de cabecera, que no es democrático censurar los comentarios que hacen los lectores del globo porque "todas las opiniones son respetables".
No, ignoto amigo. Los "opinantes" sí que son respetables; las opiniones..., depende. Algunas dan tanta risa que no puedo respetarlas en absoluto; sobre todo las que versan, no sobre lo publicado en el globo, sino sobre el redactor; o sea, sobre mí mismo, ya que soy la mar de susceptible.
A pesar de todo, respetaría al opinante, e incluso publicaría sus ingeniosas ofensas con tal de que diese la cara. A los anónimos, ni agua.
Tienes razón; esto es escasamente democrático, pero me importa un rábano: mi globo y yo somos así, chaval.

jueves, 18 de junio de 2015

El mosquito



"Una golondrina no hace verano"; dice el refrán, pero ¿y un mosquito?
Llegaste de madrugada a mi dormitorio y me rondaste la oreja con tu persistente zumbido de guerra. Encendí la luz y ya habías desaparecido.
Como vine a Riaza bien equipado con aparatos eléctricos para espantar a los de tu especie, me apresuré a crear un espacio libre de insectos en un radio de metro y medio. Una hora después volviste, pero tu silbido había perdido intensidad; ya no parecía una amenaza. Incluso dabas pena.
Encendí la luz, y te vi dormitando sobre mi almohada.
Acabé contigo sin necesidad de golpearte con la toalla y dejé tu cadáver en la ventana por si algún pájaro mosquitero quisiera tomar un aperitivo.
Esta mañana he encendido el ordenador y he encontrado otro mosquito. Me refiero a uno de mis anónimos predilectos que disfruta llamándome cosas feas y dándome consejos espirituales. Hoy me sugiere que me deje de "chorradas morales" (sic) y lea más la Biblia. Como el mosquito zumbón no especifica más, aguardo con ansia que concrete, y,  sobre todo, no me abandone este verano.
Hará calor. Buena época para los insectos



sábado, 25 de abril de 2015

La información se abre paso.




Ya no valen excusas. Aunque se estropee el ordenador, aunque se vuelva loca la wifi y los ángeles de la red jueguen al tenis con los virus informáticos, siempre hay alguien que echa una mano para poner el globo en el aire.
Mi ordenata sigue en boxes y no sé cuando lo recuperaré, pero entre tanto ha aparecido un Acer sobre la mesa de mi despacho. Lo abro y compruebo que está sin estrenar. Hay que configurarlo por completo e instalar los programas necesarios para que todo funcione. Una hora de trabajo.
Ahora debería contar algo del acto que celebraron ayer las Antiguas Alumnas de Aldeafuente en el Colegio. A las 7, Santa Misa concelebrada por dos viejos capellanes. Me tocó predicar a mí por ser el más veterano y el que más años aguantó en el cargo: 18.
Yo había previsto salir huyendo después de la ceremonia, pero la avalancha del mujerío me lo impedía a cada paso. Tardé casi una hora. Menos mal que uno tiene cara de piedra y sabe disimular las emociones. Cuando me falló la voz, dije que era por culpa de la alergia.
Hoy no diré nada más. Aún sigo esperando las fotos que me prometieron las fotógrafas oficiales e improvisadas.  De momento, queda claro que el globo vuelve a volar sin freno. 


lunes, 17 de noviembre de 2014

5 días sin globo

...por falta de wifi.
Esta tarde me traslado al Soto del Real, un pueblo de la Sierra de Madrid que hace tiempo se llamaba "Chozas de la Sierra". 
En Soto del Real hay un gran edificio que ha adquirido notoriedad en los últimos años: la cárcel. De hecho, "ir a Soto del Real" equivale, en el lenguaje corriente, entrar en el trullo. 
Dicen que la cárcel no está mal, que es segura y confortable, que tiene zona VIP, cafetería, piscina y, por supuesto, wifi de alta velocidad.
Yo, como no voy (de momento) a la cárcel, sino a una casa de retiros más antigua que está a pocos kilómetros, junto a la abrupta colina de La Berrocosa, tendré mejor ambiente, pero me temo que viviré sin wifi hasta que termine el curso de retiro, o sea, hasta el domingo. 
Gracias al teléfono podré leer y moderar moderar los comentarios, y quizá algo más; pero el globo tomará tierra por unos días.
—¿Y como aprovecharás el tiempo mientras dure tu voluntario encarcelamiento?
 —Algo he pensado, querido Kloster.
 —¿Me darás una pista?
 —Sólo tres palabras: "Un cántico nuevo"