domingo, 31 de enero de 2010

El taconazo


Desde este globo, que nunca ha sido especialmente futbolero, me atrevo a pedir a las autoridades del Estado que enmarquen este vídeo y lo coloquen junto a Las Meninas en el Museo del Prado.

Pido también a Guti que abandone definitivamente la práctica del fútbol. Todo lo que haga en el terreno de juego de ahora en adelante será basura balompédica en comparación con el prodigioso taconazo de ayer sábado. Guti ha entrado en la leyenda definitiva e irremediablemente, y los mitos no deben bajar del Olimpo para dar patadas a un balón.



Y a Vicente del Bosque, seleccionador nacional de fútbol, le exijo que no caiga en la tentación de convocar a Guti. Que ni siquiera piense en él. No tiene derecho a ensuciar este recuerdo, que habrá de permanecer en nuestra memoria mientras ruede un balón en este Planeta.

El tren

Me dijeron que la felicidad es un tren al que hay que subirse en marcha, que pasa veloz y no se detiene más de un segundo. Yo decidí esperarlo cada minuto de mi vida, y lo imaginé de colores vivos y luminosos; ligero como el viento y silencioso como el vuelo de un halcón entre las nubes.

Pero el tren no llegaba.

Un día se detuvo en el andén una vieja locomotora sucia y renqueante que arrastraba un vagón abarrotado de pasajeros. El maquinista me pidió ayuda para conducirla y yo miré para otro lado.

Ahora sé que mi tren era ése. Y me pregunto si habrá una segunda oportunidad.



sábado, 30 de enero de 2010

Encuentros


—Se lo prometo. Ya lo verá. De este mes no pasa. Le llamo cualquier día y le invito a comer en mi nuevo piso. Así conoce a mi marido y a los niños.

—Mira, déjate de invitaciones. Tú ven a verme alguna vez, o mejor cada quince días, y charlamos un rato como en los viejos tiempos.

—Sí, por supuesto, pero es que yo tengo interés en que conozca a Juan. Él sí que necesita un repaso, aunque es muy buen chico, no crea. Bueno, yo también debo pasar por la garita, desde luego; pero es que ahora estamos con la mudanza. Ya verá, dentro de una semana, dos a lo sumo…, como tengo su teléfono y su correo…

Me miraba igual que cuando hacía primero de bup, con la misma carita de susto de entonces. ¿Cuántos años habían pasado? ¿Quince, veinte…? Siempre fue muy elocuente, pero a medida que crecía su interés porque yo la creyera, iba convenciéndome de que no volvería a verla, a no ser que nos encontrásemos de nuevo, por casualidad.

Han pasado tres o cuatro meses y ha ocurrido esta misma mañana. Ella va por la otra acera de la misma calle. Lleva un abrigo oscuro y una especie de gorro de lana. Supongo que no me ha visto, porque yo voy en coche. He tocado el claxon sólo un poco, y no sé; juraría que me ha mirado de reojo antes de acelerar decididamente el paso.

La encomiendo al Señor y espero que lea esta entrada de hoy. Me dijo que conocía mi globo, que es lo primero que lee cada mañana... ¿Será verdad?


viernes, 29 de enero de 2010

¿Dónde estaba el Señor?


Me envían esta foto desde Haití: Cristo se mantiene en alto, clavado en la cruz en medio de las ruinas de Puerto Príncipe.

Se la enseño a varios alumnos y les pregunto qué les sugiere la imagen. Jaime dice que a los de la moto seguro que no les apetece nada rezar a ese Dios que sigue en pie mientras todo lo demás se derrumba. Los otros chavales callan; quizá no se atreven a decirme lo que piensan.

Marta quiere saber qué voy a poner yo en el blog. Le contesto que lo mismo que escribí aquí hace algún tiempo:

"Cuando a Jesús se le pregunta el porqué del dolor, de la injusticia o de la miseria, responde sin palabras: se echa la cruz a la espalda y camina al lado del que sufre. Los que estamos lejos de la tragedia, especialmente en este Primer Mundo del bienestar, nos rebelamos, incluso hay quien blasfema por el escándalo de un Dios que guarda silencio; pero los protagonistas suelen reaccionar al revés. Quizá descubren que es un honor tener a Cristo como compañero de padecimientos. Y rezan más que nunca, y agradecen seguir vivos en medio de tanta amargura."

jueves, 28 de enero de 2010

Risas y lágrimas

No recuerdo haber visto llorar a nadie con tanta sinceridad y tal derroche de lágrimas. Al principio lograste articular algunas palabras para explicarme tu "tragedia", luego, nada; sólo pucheros y sonidos inarticulados. No traté de consolarte, ¿para qué? Gracias a Dios, la caja de pañuelos de papel que tengo sobre la mesa estaba bien surtida y cumplió con su cometido. Quedamos en seguir charlando otro día y regresaste a clase después de lavarte la cara en el baño.

Media hora más tarde te vi rodeada de chicas y chicos en el recreo. Llevabas la voz cantante y reías a carcajadas. No me extrañó lo más mínimo. Al contrario: me sorprendí recordando —y añorando, ¡ay de mí!,— aquella edad feliz en la que éramos infinitamente desgraciados.

miércoles, 27 de enero de 2010

Diario congelado

Dice la radio que este frío no es polar como el de la semana pasada, sino siberiano. Vaya, menos mal. Por si acaso me acorazo con el tabardo de invierno y salgo a la calle de madrugada. La radio insiste en que no hace frío. Es sólo una “sensación térmica”. Qué bien.

En el Parking compruebo que mi coche tiene abierta de par en par la ventanilla del copiloto. No es un robo; es que se ha estropeado el mecanismo de cierre y el cristal se ha desplomado hasta el fondo. Vaya por Dios.

Me pongo en marcha y compruebo que, con un coche tan ventilado, la “sensación térmica” empieza a congelarme las orejas.

Dejo el coche en el taller “Apolo”, y me dicen que estos mecanismos son muy endebles y que habrá que cambiarlo. Total nada; menos de doscientos euritos.

Por la mañana, cole y visita a una enferma en el hospital; por la tarde, salto de confesonario en confesonario. A las cinco vuelvo al garaje y cuando me dispongo a pagar, la chica de la oficina (tendré que preguntarle cómo se llama) me mira fijamente y dice:

–A usted le he visto yo en Internet. ¿Usted es el de pensar por libre?

Al parecer acaba de leer mi entrada anterior sobre el bautizo de Karina y le ha gustado mucho.

–De ahora en adelante, entraré en su blog todos los días.

Mi autoestima sube un 15 por ciento. La chica es encantadora, pero no me hace descuento.

Me refugio en la Iglesia de los Carmelitas para hacer la oración y a los pocos minutos compruebo que Juanito, mi mendigo de cabecera, me ha seguido y se sienta a mi lado:

–Padre, ¿me das un euro?

–Aquí no se pide limosna; aquí se reza.

–Vale.

Juanito aguanta como un héroe sin chistar la media hora. Al terminar no tengo más remedio que soltar la pasta.

Regreso a casa a las nueve de la noche. El frío siberiano aprieta pero, con la ventanilla cerrada, se soporta mejor.


martes, 26 de enero de 2010

Otra fotografía del bautismo de Karina


El bautizo merecía esta otra foto del grupo de peruanos que asistió a la ceremonia con Karina y los padrinos. A la derecha de Karina está Álvaro, el padrino; a la izquierda, junto a su hermano, aparece Carmen, la madrina.

El bautizo de Karina

Vino de Perú en busca de trabajo y encontró mucho más de lo que buscaba en la casa de Álvaro y Carmen. Algún mérito tuvieron los niños, con los que aprendió todo lo necesario para remozar su fe y recibir los tres Sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Después de una catequesis pausada y profunda, hemos podido celebrar la ceremonia en la Parroquia de los Padres Carmelitas de la calle Ayala, en Madrid.

El párroco ofició la Santa Misa y yo me reservé la homilía. No recuerdo muy bien lo que dije, porque andaba medio tocado por algún virus invernal. Supongo que conté la historia de aquel anciano doctor de la Ley llamado Nicodemo que fue a ver a Jesús una noche y le saludó con un discurso algo ampuloso que había preparado para la ocasión. El Señor le bajó cariñosamente de su pedestal y le dijo que debía volver a nacer por el agua y el Espíritu Santo. Sólo así entraría en el Reino de los Cielos.

Luego hablé de la Gracia, que es la belleza que Dios crea en el alma cuando la traspasa con su mirada. Y expliqué que Karina fue una mártir del siglo IV y que su nombre deriva precisamente de la palabra griega “Kharis”, que significa “gracia”. Así que habría que traducirla como “agraciada” o “querida”.

Karina estaba elegantísima y un poco nerviosa. No dejó de sonreír ni un solo instante. Álvaro y Carmen, que fueron los padrinos parecían tan felices como ella.

Creo que no debo contar nada más. Aunque me diera permiso, algunas cosas no deben salir en un blog; ni siquiera en un globo como este. Las fotos, sí… María, ¿cómo no me has mandado una de todo el grupo: de los padrinos, los niños, los demás compatriotas que vinieron a acompañarla?


lunes, 25 de enero de 2010

Los lunes, publicidad (y van dos)

Este anuncio del Xacobeo 2010 tampoco está mal. Claro que no habría pasado nada si, de paso, alguien explicara qué quiere decir "xacobeo", por qué este año es especial, etc.

Cualquiera que vea el spot pensará que se trata de un año dedicado al marisco y a la mermelada.