jueves, 2 de febrero de 2012

La siberiana

Lo decía esta mañana un tipo en la puerta del bar de la esquina.
--¡Que llega la Siberiana!
Estaba el buen hombre con un pitillo en la mano izquierda y un diario gratuito en la derecha. Me saludó con gesto de resignación y comenzó a dar saltitos para entrar en calor.
La siberiana no es una línea aérea ni una mutación de la gripe, sino una ola que, al decir de los meteorólogos, nos congelará las orejas de un momento a otro.
A Kloster, que combatió en Leningrado durante la última guerra, todo esto le parece una exageración. Y yo, como soy de Bilbao, he decidido quitarme el jersey para recibir a la siberiana.
Hace treinta años, antes de la globalización, las lluvias venían de Galicia y el frío de los Pirineos. Ahora hasta las borrascas son extranjeras.
Esperemos que la siberiana congele a la prima de riesgo y a su cuñada.

Stalin

No sé si hablé de Manolín alguna vez. Quizá aludí a él hace un par de años o tres. Manolín es un inmigrante peruano de treinta y tantos años que trabajó como ayudante en un quiosco de prensa. Luego fue al paro y acabó pidiendo limosna en el barrio de Salamanca.
―Me han dicho que no quieres decir tu verdadero nombre…
―No, padre. Es muy feo. Llámeme Manolín.
―Como quieras…, pero seguro que no es tan feo.
Manolín en voz muy baja confesó la verdad:
―Me llamo Stalin… Mi papá era muy comunista.
Manolín, por supuesto, no estaba bautizado. Con semejante nombre…
Han pasado más de dos años. Esta tarde he vuelto a verlo. Ahora se llama Mariano. Recibió el bautismo hace seis meses y se caso con su novia por la Iglesia.
―Te veo más gordito, Stalin…
―No me llame así, padre.
Me cuenta que su papá acaba de morir en Perú y que también él recibió los Sacramentos.
Nos hemos dado un abrazo, y me ha pedido que rece para que encuentre un trabajo algo mejor.
 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Mono-Stereo

Me está bien empleado. Empecé a jugar con mi apellido y ahora Alex hace lo mismo. Como el chico empieza a triunfar en la música, firma Mono-Stereo. A mí me gusta, y a las niñas de mi cole les parece que el chico "es mono" y que canta "superbién".



martes, 31 de enero de 2012

El Opus Dei en Japón

Nada más llegar a Madrid encuentro un correo de don Fernando Acaso en el que me explica que en YouTube hay una serie de vídeos en castellano sobre los comienzos de la labor de la Obra en Japón. Los grabó José Miguel Cejas hace un par de años con motivo de un viaje que hizo a aquel país. Al parecer, Cejas, prolífico escritor bien conocido, está terminando un libro, que será apasionante, sobre esos primeros tiempos del Opus Dei en el extremo oriente.



Al fin, el sol



Estaba aquí mismo, en lo alto del Gorbea. El mar de nubes, a mis pies, es tentador. ¿No os dan ganas de daros un chapuzón?

lunes, 30 de enero de 2012

Los lunes, publicidad

Que nadie se asuste. Al principio el anuncio puede parecer tenebroso e irreverente. Pero el final vale la pena. 
Me lo envían desde Bilbao pasando por Puerto Rico. La red es así.

domingo, 29 de enero de 2012

Fin

Botes en el puerto 
Fin del retiro y de los pensieri más o menos afortunados que he ido colgando estos días.
No me gusta todo lo que he escrito, pero tampoco voy a rectificar ahora. A partir de mañana recuperaremos el tono desenfadado de casi siempre.
Contra mi costumbre, he censurado (temible palabra) algunos comentarios. Unos porque me situaban a la altura de Santo Tomás de Aquino, sin comprender que él estaba mucho más gordo que yo. Otros, porque pretendían hacer teología-ficción, que es materia poco seria a la que no soy aficionado. Prefiero a Harry Potter.
Por último he tenido que enviar a la papelera dos o tres insultos dirigidos a mí. Sin duda eran muy merecidos, pero habría sido mejor que me los dijeran en privado.
En Getxo llueve, como suele. Mañana..., publicidad.

sábado, 28 de enero de 2012

En tres o cuatro líneas (IV)

Díálogos casi imaginarios



―”Amplia es la puerta que lleva a la perdición y son muchos los que la cruzan”(Mt. 7,13)
―Entonces, Señor, ¿son muchos los que se pierden?
―Aunque sólo faltasen dos al banquete del Reino, serían demasiados para mí, que soy su Padre.

*     *     *
 ―Y a nosotros, que hemos entregado todo y te hemos seguido, ¿qué nos espera? (Mc. 10, 28)
―Dame un céntimo y entrarás.
―¿Uno sólo?
―Sí; el último. Ése que tienes en el fondo del bolsillo y tanto de cuesta entregar.

viernes, 27 de enero de 2012

En tres o cuatro líneas (o alguna más) (III)

Fidelidad 


La flor más bella es la primera que se marchita. No dejes que se pierda su perfume. La flor inmortal no tiene aroma (A. Gide).
La experiencia parece confirmar la terrible sentencia de Gide. Todo lo que vive es efímero. Sólo la muerte se nos antoja eterna. Cuanta más densidad de vida se concentra en un segundo, más fugaz es su existencia. Prolongar eternamente el enamoramiento es el sueño imposible de todos los amantes. Los besos pasan, los labios se descomponen, la sonrisa muere y sólo queda el rictus grotesco de la calavera.
Entonces, ¿es imposible el amor eterno? ¿Nos engaña San Pablo cuando dice que “el amor no pasa nunca”? ¿Es posible la fidelidad?
Esta noche he pensado que, en efecto, no puedo estirar eternamente un segundo de amor para guardar su aroma y su colorido; pero sí que es posible crearlo y recrearlo cada día; hacerlo renacer de sus cenizas una y otra vez.
Igual que el corazón vive gracias a sus latidos, el amor ―humano y divino― se hace inmortal resucitando.