domingo, 30 de noviembre de 2014

9 días con la Virgen Inmaculada

El año pasado, más o menos por estas fechas, edité un librito sobre la Santísima Virgen. Se titula "9 días con la Virgen Inmaculada" y sirve para vivir a mi manera la Novena de la Inmaculada, que empieza hoy mismo.
Como el libro era muy breve, lo colgué en Amazon y en iTunes. Podéis encontrarlo aquí y aquí. Se vende a 0,99 euros.
Si os animáis a comprarlo, quizá no me hagáis rico, pero me pondré la mar de contento. Y estoy seguro de que os gustará.

viernes, 28 de noviembre de 2014

El color de la tormenta


El temporal de viento y lluvia hizo estragos en el jardín de Molinoviejo. Sólo los abetos parecieron resistir impávidos los embates de la tormenta. Los pinos, acostumbrados al vaivén de cada otoño, aguantaron a duras penas. A media mañana voló una teja, y el castaño de indias que había junto a la fuente cayó con estrépito al pavimento, quebrado por la mitad.
Al mediodía el viento se había calmado y el otoño exhibió su mejor paleta de colores. Salí de casa un minuto y fotografié al castaño caído y las hojas amarillas, ocres y doradas, que empezaban a alfombrar el suelo.
Sigo en el curso de retiro. El árbol tronchado saldrá, sin duda, en alguna meditación. Y la teja voladora. Y el cielo, que empieza a azulear por el norte. 


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Pantene suele hacer una publicidad sugerente en la que se elogia el esfuerzo y el coraje para superar las dificultades. El de hoy es un buen anuncio ruso, que se entiende sin palabras.



jueves, 27 de noviembre de 2014

Versos con paracetamol

Termina el tercer día del curso de retiro. Kloster y yo nos hemos quedado solos en la casa antigua de Molinoviejo. Al otro lado —en la residencia— hay cuarenta mujeres que rezan y callan hasta el próximo domingo.
Se ha levantado un vendaval en el jardín. Los pinos de Valsain se balancean como mástiles de unos veleros gigantescos a punto de naufragar en el océano. El viento en Molinoviejo es ruidoso y a mí me produce dolor de cabeza. Nada que no pueda resolverse con un comprimido de paracetamol.
Kloster me sugiere que descanse frente al televisor. Por lo visto no se le ocurre una tortura más eficaz. Gracias a Dios aún no he terminado la segunda lectura del poemario incompleto que recibí ayer. Es un libro que seduce al lector desde la primera línea. Es alegre, triste, chispeante, divertido, melancólico…
¿Cómo te atreves, Rocío, a escribir unos versos tan sencillos, sin esdrújulas disonantes, sin columnas salomónicas ni cisnes ni una miserable gardenia? ¿Cómo te atreves a ser tan transparente, tan normal y tan grande?

Tienes razón; muchos de tus poemas pueden ser leídos "a lo divino". Mañana, en la primera meditación leeré éste:

Si susurras mi nombre gota a gota
parece que es el viento quien lo dice:
un lenguaje solar entre cien árboles,
el baile de las hayas en verano
con ráfagas de luz oscura y ámbar.

Tu voz parece verde y tan sombría
que sorprende la luz como un relámpago
dorado cuando, sílaba por sílaba,
me dices y me inventas, y rescatas
mi nombre de ser nada y de ser nadie.


  

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Poemas nocturnos

Me gustaría tanto bañarme en ese río,/ con sus aguas tan fieles y apacibles:/ esa frescura casi milenaria/y el sol enrojeciendo mis mejillas./ El río es para mí y yo soy para el río:/siempre las mismas ondas complacientes. ("Maldito Heráclito")

Ayer me enfadé con Adaldrida.
Eran las once de la noche y, tras una jornada bastante complicada, decidí acostarme después de echar una rápida ojeada al correo.
Allí estaba ella, metida en mi buzón, con un clip y un poemario nuevo: "se lo mando —escribía— para que vea cómo evoluciona".
Me dije que lo leería más adelante:
—No son horas para navegar entre versos, Rocío. Se me cierran los párpados. ¿Por qué me haces esto?
Descargar.
—Vale, lo descargo y guardaré el archivo en el IPad para mañana…  Me gusta el título.
—Tampoco te va a pasar nada si lees uno o  dos poemas —me insinúa Kloster—.
—Bueno, uno cortito…
Recuerdo a mi amigo Jorge que con los años se volvió muy goloso y siempre comía "un pastel pequeñito" cuando veía la bandeja de los dulces. Al final eran cinco o seis…


A las dos de la mañana termino el último verso: "el insomnio más fértil de la tierra", dice.
No sé si mi insomnio será fértil pero puedo afirmar que Rocío Arana nos prepara un banquete delicioso…, ¿para Navidad?
        
 

martes, 25 de noviembre de 2014

Las historias de don Fernando (y van...)

El burro muerto 
Un sacerdote, al salir de la casa parroquial, se encontró con que había  un burro muerto sobre el césped. Llamó a la policía y le dijeron no veían indicio de delito y que sería mejor que llamara al departamento de salud pública.
El departamento de salud pública le dijo que no veían peligro de salud pública y que sería mejor que llamara al servicio de basuras.
El servicio de basuras le dijo que para poder mover el burro necesitaban autorización del alcalde.
Este párroco conocía al alcalde pero dudó si llamarle porque el alcalde era una persona con un genio cáustico con el que era difícil tratar; pero decidió llamarle.
El alcalde no le defraudó, empezó a despotricar de esto y aquello y al final le dijo: 
—¿Para qué me llama? ¿No es su oficio enterrar a los muertos?
El párroco hizo una pausa para pedir a Dios que le inspirara y le dijo:
—Sí, señor alcalde, efectivamente es mi oficio enterrar a los muertos, pero siempre me gusta notificar antes al pariente más próximo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El cáliz


Ya veis que no tiene nada de especial: es un cáliz sencillo, de plata. El interior de la copa está dorado, y en la base han grabado el sello del Opus Dei. Debajo aparece mi nombre y una fecha: la de mi ordenación sacerdotal, 31 de agosto de 1969.
Lo vi por primera vez el día de mi Primera Misa. Fue uno de los regalos que recibí en aquella ocasión y me lo entregaron precisamente durante la ceremonia, en la Presentación de las Ofrendas, con la patena, las vinajeras y el Pan y el Vino necesarios para el Sacrificio.
Usé el cáliz dos o tres veces más y lo entregué a los directores de la Obra para que lo destinasen al centro o a la labor que les pareciera más conveniente.
Lo olvidé hasta el martes pasado.
Me disponía a celebrar Misa el primer día del curso de retiro en oratorio de El Soto, y al quitar el velo del cáliz me dio un vuelco el corazón: allí estaba mi vieja copa,  después de casi medio siglo, limpia, intacta  y reluciente, como nueva.
No sé cómo te reconocí, querido cáliz. Te di la vuelta por si me había equivocado, y allí seguía grabado mi nombre.
Me has acompañado durante todo el retiro y, gracias a ti, he celebrado la Eucaristía un poco mejor, procurando recordar aquella primera Misa, tan lejana.
Compruebo que no has envejecido nada. Yo, en cambio, ya ves… Se conoce que a ti te han cuidado con especial esmero. Cuántos sacerdotes te habrán levantado en alto para invitar a los fieles a adorar a Jesucristo nuestro Señor, realmente presente en su Sangre derramada.
Yo debería haber seguido tu ejemplo. Tendría que haber conservado el alma limpia y joven como tu copa dorada para ser digno de tenerte entre mis manos.
Lo intentaré de ahora en adelante. Pienso que tu retorno, al cabo de tanto tiempo, significa algo. Has venido a recordarme que, en las cosas de Dios, siempre es posible volver a empezar, que puedo regresar al kilómetro cero de mi sacerdocio; a aquel día inolvidable que, ¡ay de mí!,  casi había olvidado.
 


domingo, 23 de noviembre de 2014

Asesinatos

Acabo de regresar a Madrid y aún tengo que leer más de un centenar de e-mails. El primero es éste. No sé quién me lo envía ni estoy en condiciones de juzgar el texto desde el punto de vista literario. Lo he leído deprisa y, al acabar he dicho "amén".



SÉ que me la juego por escribir esto


Estoy por declararme en huelga de escritura.
La tinta se pone más de luto que de ordinario.
No escribe: se desangra. La tristeza
y el temblor apenas me dejan enhebrar palabras
con un mínimo de aliento y de soltura.

Una millonada de abortos anuales
no me dejan respirar con normalidad la brisa,
y envenenan la esperanza de cualquiera.
Una Segunda Guerra Mundial cada año. Un exterminio
estalinista cada año. O nazi o camboyano o…

Las tinieblas se extienden por las almas
(cuesta creer que todavía siga siendo azul
el cielo cada mañana),
y esa negrura cala en la tierra, y en las avenidas.

Y en esta noche oscura de la Humanidad
contemplo las estrellas con más ahínco
y advierto las lágrimas de Dios.
La vida mutilada, asesinada sin paliativos.

Nuestra civilización, tal y como la conocemos,
agoniza, niño a niño, miembro a miembro.
El corazón del hombre planifica la muerte,
pero ya ni siquiera es por odio. Es obsceno negocio
camuflado en un millón de trápalas y eufemismos.

Y morimos todos con esas criaturas
descuartizadas como animales,
con el alma abierta en canal. Tiran sus vidas
-la Vida- a la basura, como si nada,
como si fueran una mixtura apócrifa. Sin opciones.
Muerte o muerte. Matacía. Demencia. Sacrilegio. Malicia.

Pero ese dolor puede hacer estallar la justicia divina.
Ríanse de Sodoma y de la decadencia de Roma.
Esto se acaba, no puede durar mucho
como sigamos así, por este camino que va al abismo.

El mundo, tal y como lo conocemos, se marchita,
se agusana, se pudre
en irracional desenfreno y bestialidad
(cuesta imaginar el renacimiento del hombre).

Huérfano de Dios
la desnutrición espiritual conlleva
una evidente sinrazón y postrimería,
una herida purulenta, una deshumanización
de la que el aborto es el exponente más suicida


GUILLERMO URBIZU