martes, 17 de abril de 2018

¿Solo un minuto de silencio?

_________________________________________________



      En la guarida del búho

Los antiguos griegos tenían al búho como símbolo del conocimiento y la sabiduría. Ellos sabían que la sabiduría nace del asombro, y los ojos pasmados de esta ave crepuscular expresan mejor que ninguna otra imagen la admiración ante la belleza y la verdad.
Mi búho se llama Homero y me acompaña desde que empecé a colaborar en Mundo Cristiano. A veces cierra los ojos y se adormece, pero cuando llega la noche y la mente se me queda en tinieblas, siempre viene en mi auxilio y me susurra al oído las palabras que necesito para seguir escribiendo.
El búho es ave solitaria que ve donde los demás sólo percibimos sombras. Por eso he decidido adoptarlo. Entraré en su guarida para que me ayude a redactar cada mes unas pocas líneas. Él no necesita salir al exterior para exhibirse con gorgoritos superfluos. Además, Homero es pájaro viejo y podría resfriarse.
__________________________________________________________
El espectáculo va a comenzar. El estadio está abarrotado por un público rumoroso y fanático. Los veintidós futbolistas ya se han situado en el centro del terreno con el árbitro y sus dos auxiliares. Antes de que suenen los himnos, una voz advierte por la megafonía que habrá un minuto de silencio "en homenaje a…"
Se oyen los primeros acordes de un violonchelo que interpreta el cant dels ocells, obligado réquiem laicista para estas ocasiones. Algunos espectadores se santiguan con disimulo, como avergonzados. Otros miran al cielo, y la mayoría parece contener la respiración para aguantar mejor un insoportable minuto de afonía.
El "minuto" ha durado veintidós segundos. El silbato del árbitro acuchilla el aire. Ruge el estadio, aliviado.
Me pregunto por qué este miedo al silencio. Homero sugiere que a los niños también les asusta, y vivimos en una sociedad infantiloide que necesita el ruido para no deprimirse.

Ser adulto es amar el silencio y la soledad igual que se ama las voces de los amigos y la compañía de quien nos quiere. Todos necesitamos mucho más que un minuto de silencio. ¿Por qué no una hora? Ese tiempo es el más fecundo si sabemos aprovecharlo.
  • Será un tiempo de madurar: de crianza, de espera. Un tiempo de intimidad en el amor, de soledad, de susurros, de sonrisas cómplices.
  • Un tiempo de apertura, de mirar a los que amas para descubrirlos por primera vez.
  • Un tiempo de siembra, de dar vida a las viejas utopías que soñaste cuando tenías quince años.
  • Un tiempo de descanso, de esconder la fatiga a la sombra del alma.
  • Un tiempo para calcular los kilómetros andados y los que aun debes recorrer.
  • Un tiempo para abrazar a quien lo necesita y hacer cosquillas a los tristes.
  • Un tiempo para escuchar la melodía del viento, los timbales del trueno, el goteo de la lluvia y el silencio de los amigos.
  • Un tiempo para mirar los a ojos de los mendigos y descubrir en ellos la mirada de Cristo. 
  • Un tiempo para abrir la puerta al Dios-mendigo que balbucea cada día su llamada.
  • Tiempo de oración, de fe; de luz y de penumbra.

Una nueva etapa

No sé lo que durará. Ni siquiera estoy  seguro de lo que voy a hacer, pero hoy he visto cómo vuela mi pobre globo sin piloto ni pasajeros, y he pensado darle otra oportunidad. 
Enciendo los motores, me subo a la barquilla y le pido al búho que me ayude a dar una vuelta por la globosfera aprovechando que ya se fueron las lluvias, ya llegan las aves del sur y la alergia primaveral toma posesión de nuestras vías respiratorias.
Comienzo con una sección nueva: "en la guarida del búho", que tendrá su reflejo en Mundo Cristiano, la revista donde colaboro desde 1992. 
 🙈 

lunes, 19 de febrero de 2018

A Walt Disney


Yo también lloré con Bambi


Querido Walt Disney:
Se han cumplido 75 años desde el estreno de Bambi. Fue uno de los primeros largometrajes de dibujos animados que tú dirigiste. Mi madre me llevó a verlo en el "Gran Cinema Las Arenas". El local estaba abarrotado de niños más o menos de mi edad, todos la mar de emocionados porque nos habían dicho que la peli era preciosa.
Bambi era un cervatillo encantador, tímido e inseguro, de ojos enormes y tiernos, que vivía con su madre en el bosque. Tenía unos amigos inolvidables, como el conejo "Tambor", la mofeta "Flor" o la cervatilla "Faline". Sin embargo ninguno de ellos le enseñó tantas cosas útiles como su madre.
Hasta que un día…, —¿por qué fuiste tan cruel, querido Disney?— llegaron los cazadores. La mamá de Bambi los olfateó en el aire y apremió a su hijo para que corriera lo más rápido posible. Ella hizo lo propio, pero un disparo certero acabó con su existencia. Bambi, que aún no sabía nada de la vida y la muerte, comenzó a llamarla angustiado. En ese momento todos los niños del mundo lloramos a moco tendido.
Fue tal el éxito de la película que, a partir de entonces, la "Factoría Disney" llenó de animalitos las pantallas de Europa y América. Hubo elefantes y leones bondadosos, peces encantadores, aves charlatanas, osos amorosos, ratones traviesos y así sucesivamente. Un desastre.
Entiéndeme querido amigo, no tengo nada contra los dibujos animados ni mucho menos desde que aparecen en 3D gracias a las nuevas tecnologías. Pero me pregunto si no os habréis pasado de la raya por culpa de la ola post romántica que nos invade.
El romanticismo, como es sabido, fue un gran movimiento cultural revolucionario, contrario al frío racionalismo de la Ilustración, que transformó la literatura, la música, la pintura, la política, la moda, las relaciones humanas…, y continúa afectando, dos siglos después, al cine, a los comics, a la educación y hasta a las nuevas tecnologías.
En pocas palabras, el romanticismo supuso una híperexaltación de los sentimientos hasta situarlos como único referente ético, estético, político o moral. La verdad quedó relegada a un segundo plano. Sentirse bien era lo que importaba. Para un  romántico, lo que uno siente o "se siente" prevalecerá siempre sobre "lo que uno es".
A ver si un día de estos me decido a escribir algo sobre el romanticismo y los nacionalismos, una cuestión apasionante y muy actual. Ya sé que caeré voluntariamente en la fosa de los leones, pero quizá sean leones bondadosos como los tuyos, querido Disney.
Entre las últimas manifestaciones del romanticismo materialista están los movimientos animalistas más o menos radicales. Sus militantes suponen que como los animales tienen sentimientos, hay que convertirlos en sujetos de derechos, ya que, al fin y al cabo, no se diferencian de nosotros: el espíritu no existe; solo la compasión, la ternura, la sensibilidad.
─¿La dignidad humana, dice usted? ¿Y por qué el hombre va a tener más dignidad que una foca o que ese toro o esa vaca de mirada melancólica y húmeda a la que asesinamos para devorar su solomillo? ¿Y cómo no voy a mimar a mi mascota y comprarle un jersey de cachemir y darle besitos en sus adorables morritos? Y no me hable usted del aborto, que los fetos no tienen sentimientos. Por tanto no cuentan hasta que yo lo diga.
No sé, mi querido Disney, si tienes algo de culpa en todo esto. Te escribo a ti y no a don Juan Tenorio, a Brahms o a Gustavo Adolfo Bécquer —otros ilustres románticos— porque tú me caes bien y me has hecho disfrutar con tus historias durante muchos años.
Dicen tus fans que no estás muerto, que te conservan congelado y te despertarán cuando haya una forma de curarte. Es falso, claro. Yo deseo y espero que Dios te haya recibido en el Cielo y premie las muchas obras buenas que hiciste con tu talento aquí en la tierra. 
Y, por supuesto, siempre nos quedará Mickey Mouse.



viernes, 19 de enero de 2018

A Tadeo Jones


Mi superhéroe


Querido Tadeo:
Ya eres mi superhéroe favorito. Hasta hace poco, en mi ranking personal de personajes en 3D figuraba en primer lugar Míster Increíble, aquel gordinflón bondadoso de fuerza descomunal que arrancó de cuajo un árbol enorme para recuperar al gatito de una anciana y cinco minutos después evitó una catástrofe ferroviaria deteniendo un tren en marcha. Mr. Increíble estaba casado con otra superheroína,  Elastigirl, de la que también soy fan desde que vi su película.
Pero lo tuyo es diferente.
Me caes bien porque naciste aquí. Eres un héroe made in Spain, dibujado, ideado, dirigido y producido por delirantes mentes carpetovetónicas. Vi tu primera peli hace un par de días. No es que me apeteciera mucho, pero mi amigo José Luis me había sugerido que te dedicara una de estas cartas mensuales, y lo hago ahora con mucho gusto.
Tadeo, me has convencido. Eres un gran tipo. Tú no necesitas volar como Superman ni trepar por las paredes como Spiderman. Tampoco manejas automóviles fantásticos ni recurres a sofisticadas armas de destrucción masiva como las de Batman. Eres un simple albañil que sueña con ser arqueólogo como Indiana Jones y descubrir tesoros luchando contra los malos.
¿Armas? En tu trabajo manejabas bastante bien la excavadora, pero la dejaste pronto porque técnicamente eras un pringao con sueños de superhombre, y el capataz de la obra nunca comprendió que tus meteduras de pata y tus despistes laborales eran consecuencia de la grandeza de tus ambiciones. Así que te puso de patitas en la calle. No te importó: tus sueños continuaron intactos y, con la ayuda de un loro mudo, un perro y un sombrero viejo como el de Indiana, perseveraste fiel a tu vocación, luchaste contra los malos, te aliaste con las momias, conquistaste a tu dama y salvaste el mundo.
En efecto, querido Tadeo: lo tuyo era ser héroe, aun siendo pequeñajo, no demasiado listo, torpe y sin poderes suplementarios. Desde muy pequeño sabías que ésa era tu verdadera vocación, tu identidad secreta. Y te cambiaste el nombre y pusiste tu vida entera al servicio de ese sueño.
Por eso te escribo. Quería decirte que no eres un tipo raro, ya que en el fondo todos tenemos vocación de héroes. Cuando los chicos y las chicas llegan a la adolescencia —esa edad tan denostada por muchos y tan llena de vida— quizá comienzan a intuir que no están en este mundo para vegetar confortable y plácidamente. Comprenden que su existencia debe tener un sentido heroico y fecundo. Se sienten llenos de fuerza, capaces de lograr cualquier meta. Y sueñan con dar fruto en el trabajo, en el amor y en mil batallas que su fantasía les sugiere.
Los adultos deberíamos comprender que nunca es lícito destruir esos sueños. No podemos sofocar impunemente el fuego que comienza a arder en el corazón de los chicos. Cortar las alas es una cirugía  triste y cobarde. Sin embargo es evidente que muchos padres y educadores están empeñados en esa lamentable tarea.
Jesús dijo en cierta ocasión: "el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará". Ésta es la cuestión y parece que no acabamos de enterarnos. Enseñamos a los adolescentes a "conservar" su vida, es decir, a no correr riesgos, a gozar —moderadamente, of course— de los placeres más elementales, a trabajar poco y a ganar pasta sin sobresaltos. Nadie les explica en cambio cómo pueden entregar la vida gastándola libremente por amor.
Dios, nuestro Señor necesita, ahora más que nunca, un millón de héroes como tú. Él quiere formar parte de esas fantasías "insensatas" que nacen muy pronto y van tomando cuerpo si el soñador sabe ser generoso. Jesús mismo aviva el fuego y se hace oír por quienes tengan el oído atento: "he aquí que estoy a la puerta y llamo —dice la Escritura—. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo".

martes, 2 de enero de 2018

A Lázaro de Betania

 Ser amigo


Querido Lázaro:
Dice el Evangelio de San Juan que fuiste amigo de Jesús; no discípulo ni pariente ni seguidor ni apóstol, sólo amigo. Seguro que te conformas con ese honor entre otras razones porque ser amigo de Dios supone poseer los demás títulos en grado máximo.
Eras el hermano menor de Marta y María; por eso te citan siempre en tercer lugar. Marta, una mujer hiperactiva, aparece en el relato de San Lucas desviviéndose por atender a Jesús en vuestra casa de Betania. María, en cambio, sentada a los pies del Maestro, escuchaba y contemplaba el rostro de su Amigo. Ese día aprendimos todos que algunas veces trabajar puede ser una forma de perder el tiempo y, en cambio, que cuando se mira, se escucha y se ama, se acierta siempre. Pero ésa es otra historia sobre la que tal vez escriba más adelante.
Cuánto me gustaría tener una conversación a solas contigo, querido Lázaro, para que me expliques cómo llegaste a ser amigo del Señor hasta el punto de lograr que viajara desde Perea a Jerusalén para resucitarte de entre los muertos arriesgando su propia vida cuando todos "le buscaban para matarlo".
Reconozco que a mí también me gustaría devolver la vida a algún amigo fallecido inesperadamente.  Un poeta español, Miguel Hernández, tuvo la misma descabellada idea. Lo cuenta en su elegía a Ramón Sijé, su compañero del alma, muerto "como el rayo" en Orihuela. Explica el poeta que querría "escarbar la tierra con los dientes, minar la tierra hasta encontrarlo, y desamordazarlo y regresarlo. Y termina su elegía con unos versos inolvidables: A las aladas almas de las rosas... del almendro de nata te requiero: que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.  
Yo querría ser "amigo" así, pero amigo del Señor, como tú lo fuiste. Aunque quizá no baste con querer. Lo que importa es que el mismo Cristo te reconozca como tal; es decir, que te escoja de entre la multitud —porque los amigos se eligen— y que, cuando te encuentres desnudo ante él para ser juzgado, te llame "amigo" y te trate como se trata a uno de sus predilectos.
He leído que la amistad es una forma de amor que suele darse entre personas afines, quizá entre compañeros de profesión o de estudios, o entre quienes comparten unos mismos ideales en la vida. Cuando dos personas aman a la par las mismas cosas y luchan por conseguirlas, es fácil que nazca entre ellos un afecto recio y sólido, no cimentado en suspiros o declaraciones de amor, sino en la fidelidad diaria a esos ideales comunes. Lo dice el propio Miguel Hernández de su amigo Ramón, "con quien tanto quería".
¿Es posible ser amigo de Jesús así? Cabría pensar que no. Quizá tenían razón los antiguos cuando afirmaban que solo entre "iguales" puede nacer una verdadera amistad; pero Cicerón añadía que, algunas veces, el afecto que une a dos personas de distinta estatura o dignidad puede nivelar las diferencias engrandeciendo al pequeño sin que el grande pierda un milímetro de estatura.
Tú, querido Lázaro, seguro que tuviste muchos amigos y amigas desde pequeño; amigos en el trabajo o en el estudio, amigos en tu aldea o en tu familia, amigos de tus amigos… Y, en la adolescencia, que es cuando nacen las amistades más sólidas y los amores más apasionados, compartiste penas, inquietudes, alegrías y sueños con unos pocos muchachos de tu edad. Hasta que un día conociste a Jesús.
Quiero creer que él fue uno de esos amigos; que jugasteis en Betania y en Jerusalén, que crecisteis a la vez ¿Estuviste con él en el Templo el día en que se escapó de la caravana y sus padres lo buscaron angustiados por toda la ciudad?
¿Qué cosas te contó el Señor en confidencia de amigo? Y tú ¿le abriste también tu alma? ¿Conociste a su Madre, la Virgen Santísima? ¿Hablasteis de Ella? ¿Cuándo descubriste que en Jesús había un misterio, un abismo infinito de amistad en el que podías sumergirte sin miedo?
Me gustaría ser tu amigo, querido Lázaro. Ya sabes: "los amigos de mis amigos son mis amigos", y yo quiero compartir contigo a ese Dios-Amigo que puede resucitarme cuando lo necesite.

martes, 12 de diciembre de 2017

Tajamar siempre llega por Navidad

Y lo tiene difícil. Cada año intenta superarse a sí mismo, y casi siempre lo consigue. Esta vez ha pedido auxilio a la música de "La Oreja de Van Goght".


Me acerco hacia Belén
Veo una estrella brillar
No sé qué está ocurriendo allí.
Pero me alegra ver
A algunos oigo hablar
A mucha gente alrededor.
A otros oigo reír,
Que está alegre mi corazón.
Todos andan con ilusión.
Solo puedo decir
¡Qué bonita es esta noche! Cómo he llegado hasta aquí
Belén está muy cerca
Corre, no te detengas.
Pronto estaré tan cerca de ti.
Yo no sé ni qué decir
He encontrado a un Niño en brazos Y me ha hecho sonreír.
Todos vienen a adorarle
Navidad es hoy y ahora
Lo que le ha tocado vivir.
Sólo depende de ti.
Hay paz en el portal
María descansa feliz
Todo ha pasado ya
José no se cree aún
Corre, no te detengas.
Vamos a casa ya
Nuestro sitio está allíNunca se agotarán
Ahora debemos reposar
Pronto estaré tan cerca de ti.
Estas ganas de sonreír.
Belén está muy cerca
Yo no sé ni qué decir
¡Qué bonita es esta noche! Cómo he llegado hasta aquí
He encontrado a un Niño en brazos Y me ha hecho sonreír.
Todos vienen a adorarle
Navidad es hoy y ahora
Dejo atrás el Portal
Sólo depende de….
25 de diciembre
No puedo ser más feliz
Celebremos en familia
Que este Niño ya está aquí.
Y es que tanto ruido y tanta gente, Alegrías por vivir,
Navidad es hoy y ahora
Sólo depende de ti.
Todo se llena de color.Regreso de Belén
Mi corazón se queda allí
Al ver al Niño Dios