sábado, 9 de junio de 2012

Mi tío Fernando y el Cielo


Desde hace un mes soy sobrino adoptivo de don Fernando, un sacerdote madrileño que, después de residir 50 años en Japón ―donde, por cierto, fue mi traductor al japonés―, vive en Pamplona una larga juventud, llena de entusiasmo y de sentido del humor.
Ahora se propone escribir sobre el Cielo y me pide que le ayude. No quiere hacer un tratado teológico, sino una auténtica descripción anovelada de lo que será aquello.
San Pablo dijo que “ni ojo alguno vio, ni oído oyó, ni pasaron a hombre por pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman"; pero a don Fernando le parece que el Apóstol se sale por la tangente. En vista de lo cual ha adoptado un punto de vista distinto, insólito pero genial: ha comenzado a recordar los momentos más felices de su vida, aquellos en los que Dios puso a su alcance un pedacito de Cielo.
Tienes razón, Fernando. Dios nos ha ido dejando señales, huellas minúsculas pero  inequívocas de lo que será la felicidad en la Gloria.
Por ejemplo ésta:
Fue a mediados de abril. Abrí la persiana de mi cuarto, que se asomaba desde lo alto a la cuenca de Pamplona, y vi el sol a punto de aparecer sobre unas colinas. En la cuenca dominaban tenues nubes bajas, con grandes huecos donde brillaban los verdes de los prados y el amarillo de la colza. Salí al jardín a pasear y pronto empecé a oír las crías de jilgueros que empezaban a aprender a piar.
O esta otra:
Durante aquellas hambres de 1937 en Madrid, mi madre (después de abrirle dos agujeritos con un clavo) puso entre mis manos un bote de leche condensada. Aquel chupetón me supo a cielo.
No te preocupes; no copiaré nada más de ese folleto que me envías; pero me parece que has elegido el mejor camino. Gran ejercicio éste de recordar los instantes de auténtica felicidad que todos hemos vivido. No se trata de añorarlos, sino de proyectarlos hacia lo Alto. Hay quien se pasa la vida, gruñendo, lamentándose de las mil penalidades, reales o imaginarias, que se nos presentan. Cambiemos el chip y hagamos un elenco de los momentos más felices. Si los descubrimos y valoramos esos chispazos de felicidad, empezaremos a entender un poco mejor la alegría de Dios en del Cielo.

9 comentarios:

yomisma dijo...

Es verdad que Dios en su infinita misericordia nos da a entender a veces un poquito de como será el cielo. Y lo hace a través de los sentidos, así de torpes somos. Los ojos ven colores que ningún pincel logro cautivar, el olfato nos trae olores de naturaleza divina, saboreamos los mas dulces manjares y tocamos las pieles mas suaves... Pero es la inteligencia la que mas nos acerca al cielo: esas luces divinas recibidas en cualquier momento, un entendimiento pequeño de algún misterio divino. El goce de sabernos amados por Dios y de vernos tan indignos... Y por supuesto la leche condensada.

Anónimo dijo...

Ha oido hablar del niño de USA que ha escrito un libro sobre el cielo? por lo visto "estuvo muerto" unos minutos y volvio contando un monton de cosas....

Asumpta dijo...

Trocitos de cielo,personas que te llevan sin saberlo hacia El,la suavidad de mi madre,la infinita generosidad de mi padre,la sonrisa imperturbable de mi hijo,la mirada fiel de mi sobrino,la lagrima estoicamente contenida de mi tia,el abrazo a tiempo de una buena amiga,la disposición permanente de sus representantes,trocitos de cielo .....

Antuán dijo...

Ratos de cielo. ¡Apuesto que si1 todos podriamos decir unos cuantos. hace un momento disfrute de un descanso como acostumbro cuando puedo como "susanita" o era el ratón de... con la almuada a los pies y asi disfrutar de un sinfín de lugares que tengo pegados en la pared, desde Polonia, el puente de san Francisco, un poblao africano, Jerusalen de dia y noche y la puerta de Edimburgo, bueno y un poster de la playa de punta Umbria. por donde corro a veces. por decir algo. y otra cosa con la que disfrute el otro dia fue cuando al terminar un postre de chocolate me dejaron el cacharro con la cobertura para pringar con pan, eso si que está rico, rico. Adiosle

Cordelia dijo...

Anoche, de guardia, 3 de la mañana, con buenos amigos, recordando anécdotas, comiendo helado de chocolate con lágrimas de risa en los ojos... Y, aún muertos de risa, ayudar a nacer a una niñita... Cachito de cielo, sí señor

Es cielo y es azul dijo...

Ya nos contará cuando el libro salga del horno, porque ese, no me lo pierdo.
¡Feliz domingo!

Anónimo dijo...

Simplemente, don Enrique, quería dar-le las gracias por su magnífico blog y ya me perdonará que le "robe" muchas ideas para el mío... no se preocupe que no le hago competencia desleal, mi blog está en catalán.

pacita.. dijo...

es verdad hay momentos de inmensa felicidad que querrias que durasen para siempre,son momentos especiales ,que despues quisieras mantener en la cabeza.

pacita.. dijo...

Cordelia me has puesto los pelos de punta.yo tambien estaba ayer en el hospital pero acompañando a mi marido que lo acababan de operar,que cosas!