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miércoles, 14 de octubre de 2015

Siempre en campaña


Palabra de honor que lo decía por la radio esta mañana una voz de varón con indisimulado acento regional: "todas y todos nos sentimos insultadas e insultados. Somos imputadas e imputados porque han judicializado la democracia".
Me he quedado quedada, anonadado y anonadada respectivamente y por este orden.

viernes, 21 de junio de 2013

Palabras que me dan mucha risa (I)



 

Azúcar monodosis. ¡Viva el viejo azucarero! 
Iré haciendo la lista poco a poco. Ya veis, con los años uno se vuelve maniático.
 
1. Monodosis. Esta palabra aún no figura en el diccionario, pero está en auge. Hay medicinas monodosis, mermelada monodosis, mantequilla monodosis..., y aceite de oliva, azúcar, café… Han estado a punto de prohibir las tradicionales vinagreras y obligar a los restaurantes a servir el aceite en monodosis. ¿Y cómo saben ellos cuál es mi dosis?
2. Presidenta, y sus primas hermanas gerenta, tenienta, parienta, etc. Algunas formas han entrado en el diccionario, otras están llamando a la puerta. Podría escribir un tratado sobre el caos sintáctico que puede producirse cuando se aceptan estos términos, pero no es un buen momento. Palabra de honor que hace unos días alguien dijo por la radio que su "pareja"  “es muy valienta”.

(Continuará. Admito sugerencias y alguna que otra crítica suavecita)

viernes, 15 de febrero de 2013

Clicar



No le deis vueltas, globeros. La palabra no está todavía en el diccionario. Algunos escriben “cliquear” o incluso “clickear”, pero es indudable que necesitamos un verbo que sustituya al rudimentario “hacer clic”.
Millones de hispanohablantes “clican” o “cliquean” cientos de veces al día dando a la tecla correspondiente del ratón. Y el fenómeno ya es irreversible.
Señores académicos, un verbo, porfa. Yo me inclino por clicar; Kloster por cliquear. La Academia se resiste a pesar de que ha incluido en el diccionario palabros mucho más inútiles sacados de la siempre inestable jerga urbana. Va siendo hora de ponerse al día.
Esta misma mañana, en la Acebeda, he tratado de descargarme un programa y ha aparecido en mi pantalla una indicación: “clika aquí”.
Mis pobres pupilas se han estremecido.  

miércoles, 21 de diciembre de 2011

“Escampa”



Me dice Iñaki que hoy “escampará” en Bilbao. ¿Hace cuántos años que no oía este verbo? Aquí escampa cuando deja de llover. Se conoce que la lluvia es la regla y el sol la excepción. En Madrid nunca escampa; ellos se lo pierden.
Voy a hacer colección de palabras perdidas. Me refiero a esas voces de mi infancia que casi he olvidado, pero que siguen vivas a este lado de la Cordillera Cantábrica. Son vocablos cálidos que tienen aroma y sabor de hogar. El que los pronuncia no es consciente de que, para mí, son como regalos de Navidad.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Jugar con las palabras

 Aunque no sea lunes, el anuncio viene a cuento 
Anda preocupado el bueno de Enrique G-M después de leer en un libro de Uriarte que “los juegos de palabras hacen parecer más listos a los tontos y más tontos a los listos.”
Mi genial tocayo es muy dado a esos juegos ―a mi me ocurre lo mismo―, y tal vez se pregunta en cuál de las dos categorías debe situarse. Yo, como no soy ni muy listo ni muy tonto, pienso que mi imagen no sufrirá demasiado por muchas acrobacias verbales que emplee.
Por lo demás, el ingenio es un don innato que quizá tenga poco que ver con la inteligencia, pero sí con el humor en general y con el sentido del humor en particular. Aplicar ese ingenio a las palabras ―jugando con su sonido o con su aroma― es un buen recurso para arrancar sonrisas, para hacerse entender y para sazonar la prosa diaria con una chispa lírica. Despreciar ese adorno no parece inteligente.
Por cierto, el chascarrillo de Uriarte, ¿no es un simple juego de palabras? Al leerlo he recordado aquello que escribió Azorín ya no recuerdo dónde. Decía aquel gran prosista de Castilla que utilizar comparaciones para describir un paisaje es un recurso infantil. Y concluía: "comparar es como pedir al vecino que explique lo que nosotros no hemos sido capaces de expresar."
Una magnífica comparación, por cierto. 



sábado, 11 de septiembre de 2010

Palabras de madrugada


Paso por el Mercado de la Paz a las siete y media de la mañana. Los gritos de los que descargan mercancías suenan bien, como una sinfonía laboral llena de imágenes audaces, tacos oportunos y palabrotas magníficas.
A continuación oigo por la radio las "declaraciones" de un famoso entrenador de fútbol que aún no habla bien nuestro idioma, pero ya ha aprendido a blasfemar. Supongo que no sabe lo que dice.
Después leo en la prensa un artículo sucio, soez y pobre de un buen escritor. Me temo que también es académico de la Lengua. Me alegra comprobar que sus obscenidades suenan artificiosas, como si no estuviese acostumbrado a hablar así.
Regreso a casa para asistir al Círculo. El director comienza leyendo el evangelio del día: “De lo que rebosa del corazón habla la boca”.
¿De verdad? ¿El lenguaje es algo más que una moda irrelevante? ¿Tan sucio tenemos el corazón?

jueves, 26 de agosto de 2010

Palabras mediáticas (IV)

Gastronomía

Leo en la sección regional del periódico un reportaje sobre la comilona festiva que se celebra cada año por esta zona. La crónica, ilustrada, con unas expresivas y apetitosas fotografías, lleva el siguiente titular:

Gastronomía: catorce mil personas degustaron ayer los judiones de La Granja.

No, mi querido cronista; los judiones no se “degustan”. Eso es una manifiesta cursilería impropia de usted. Los judiones se comen, se devoran, se zampan, se engullen. Degustar, según el diccionario de la Academia, es “probar o catar…,” y resulta del todo evidente que los aguerridos devoradores de judías degustaron lo justo nada más.

¿Y no estáis un poco hartos de la palabra “gastronomía”. En algunas guías turísticas, en las crónicas de vacaciones y, en general, siempre que se habla de comer y beber, aparece la palabreja en cuestión.

Más de una vez he pensado que, en lugar de “gastronomía” sería más propio titular: “Gula”

lunes, 23 de agosto de 2010

Palabras mediáticas (III)

De culto



El
origen de esta expresión se me escapa por completo. El diccionario no la contempla, y uno, a pesar de que se codea con los vocablos más extravagantes del habla popular, la descubrió hace poco. En aquella ocasión charlábamos sobre una vieja película que treinta o cuarenta años atrás ya me había parecido insoportable, pedante y nebulosa. Mi interlocutor entonces alegó indignado:

—¡Es una película de culto!

—¿De quién?

Trató entonces de aclararme el concepto, y yo llegué a la siguiente conclusión, que ahora expongo:

Dícese que una peli es “de culto” cuando cumple los siguientes requisitos:
  1. que aburra a las ovejas el día del estreno;
  2. que sea calificada de genial por tres o cuatro críticos;
  3. que el paso del tiempo la haga aún más incomprensible y tediosa;
  4. que los críticos, ya fallecidos, sean considerados también “de culto” y alguien les haga caso.
Como ejemplo, he rescatado de Internet unos minutos de “el año pasado en Marienbad” que es la película “de culto· por antonomasia.

No es necesario que veais los 9 minutos: con 3 ó 4 basta. El resto es igual de insoportable.


sábado, 21 de agosto de 2010

Palabras mediáticas (II)

Transversal

He aquí un adjetivo indispensable para cualquier conferencia o alocución que se precie. El Diccionario lo define como “lo que se halla o se extiende atravesado de un lado a otro”. Luego incluye un par de descripciones geométricas para aclarar la cosa, y, como última acepción, asegura que a nuestros parientes “colaterales” podemos llamarlos también “transversales”. O sea, que nos mete el adjetivo en la familia Si se lo digo a mi cuñada Amalia, me mata.

Sin embargo, el sentido de este singular palabro es mucho más profundo. Los pedagogos lo adoptaron con entusiasmo y llenaron sus diseños curriculares de “asignaturas transversales” para confundir al personal. Hoy mismo, un conocido político recién llegado de vacaciones ha dicho, hablando de la elecciones primarias para la Comunidad de Madrid, que “éste es un tema transversal al partido”. Hace unos días, un ministro emitió una opinión, aclarando, por supuesto, que se trataba de algo transversal” y, por tanto… (por tanto, ¿qué? No lo entendí). En el debate sobre la prohibición de las corridas de toros la “trasversalidad” saltó del castellano al catalán. Y, cuando el maestro Valdano utilizó el adjetivo para hablar de fichajes para el Madrid, no tuve más remedio que incorporarlo a mi macuto definitivamente.

De ahora en adelante lo emplearé en mis homilías más cultas. Que nadie se alarme: su significado ira variando según el contexto. Será una especie de adjetivo filosofal, apto para calificar o descalificar según convenga.

—Te veo un poco transversal, colega.

—Sí, Kloster. sí; es que he dormido poco.

viernes, 20 de agosto de 2010

Palabras mediáticas (I)



Me encantan las palabras y las frases de moda, esas que aparecen de pronto sin padre ni madre, con vestido nuevo, recién peinadas, y, sin saber por qué, encuentran una acogida entusiasta en los periódicos, la radio y la tele. Son voces molonas, de una eficacia indudable. Si no las utilizas no existes. Hay que emplearlas con ocasión o sin ella antes de que se desgasten por el uso y se conviertan en vocablos moribundos. No importa lo que signifiquen; basta con situarlas en un contexto vagamente adecuado.

Ojalá fuera yo capaz de crear una de esas palabras. Sentiría el gozo paterno de verla crecer día tras día entre los políticos, saltar del gobierno a la oposición, invadir las televisiones, y comprobar —¡qué alegría!— que la hace suya la propia Belén Esteban, la princesa del pueblo.

—¿Se puede saber de qué palabras hablas?

—Hay muchas, amado Kloster; pero comenzaré por una que se me ha escapado en el título de esta breve consideración: “mediático”.

—Pero el adjetivo “mediático” está en el diccionario.

En efecto; acaba de llegar, y ha entrado con la arrogancia propia de los adolescentes, abriéndose paso a codazos y tratando de conquistar nuevos y más gloriosos significados. El diccionario lo define como “perteneciente o relativo a los medios de comunicación”; pero se queda corto. Ser mediático o mediática es haber alcanzado un grado de popularidad y simpatía (o antipatía) capaz de arrasar en los “medios”. El diccionario, por ejemplo, no es mediático. Tampoco lo son La crítica de la razón pura ni el Cardenal Secretario de Estado del Vaticano. Son mediáticos Arguiñano, Nadal, la Duquesa de Alba y Quico matamoros. No lo son mi madre, que cocina mejor que Arguiñano ni la malvasía común, que es un pato muy poco común.

—¿Y se puede saber a qué viene esto?

—A la falta de noticias, amigo Kloster. Me propongo hacer una relación de esas palabras molonas, imprescindibles para manejarse en el siglo XXI. Ésta es sólo la primera.

—No me parece muy mediático.

—Tampoco lo pretendo.