lunes, 31 de agosto de 2009

Los lunes, publicidad

Ya que lo comparto todo con los lectores del blog, y hoy, lunes, toca publicidad, me haré propaganda descaradamente.

Si hacéis click sobre la foto, mejor.


Fuimos 29 aquel día. No pongo aquí la lista, pero ya hemos cambiado toda clase de felicitaciones. La última, desde Venezuela, de Eduardo Acosta, que tenía cara de niño por aquella época.

domingo, 30 de agosto de 2009

Don Jesús Urteaga



Ha fallecido en Madrid don Jesús Urteaga, el primer sacerdote del Opus Dei que conocí.

Me es imposible resumir en tres líneas lo que ha significado don Jesús en la vida de miles de personas, y no tengo tiempo para más. De momento sólo os pido que lo encomendéis al Señor y os encomendéis a él.

Ahora pienso en su primer libro, "El valor divino de lo humano". Lo escribió aquí mismo, en Molinoviejo, sobre esta mesa en la que yo también escribo, y fue un libro de fuego que todavía hoy incendia corazones en todo el mundo.

Hace algún tiempo publiqué un artículo sobre don Jesús en Mundo Cristiano. Luego lo reproduje aquí.


La víspera ( y XII)

Hoy he dormido poco por culpa del silbo de una rapaz nocturna. Al fin, hacia las dos de la madrugada, he escrito este poema (perdonadme, poetas) recordando otra noche en vela de hace exactamente 40 años. Estoy de vigilia, pero, como escribió alguien, "el día más feliz de la vida siempre es la víspera".


La víspera


No sé dónde he perdido aquellos sueños.
No puedo recordarlos esta noche
y debo repasarlos uno a uno
porque han pasado ya cuarenta años
y quiero hacer balance.
Fue un día caluroso como hoy.
Había una sotana
colgada en el armario.
Estaba nueva y limpia.
Pensé que el corazón me estallaría
si lograba enfundármela por fin.


Pero eso fue más tarde…
Y la noche anterior, ¿en qué pensaba?
¿Por qué no lo recuerdo?
Estuve siempre en vela, eso es seguro,
con los ojos clavados en el techo
y sé que era feliz porque era víspera
y veía su mano en la ventana,
y escuchaba su voz por todas partes.
Y soñaba.


Aquí, en Molinoviejo,
un autillo invisible entre los árboles
remacha su silbido testarudo
para que no me duerma.
Quiere que mire al cielo como entonces,
que vea en las estrellas,
los sueños que olvidé,
y sepa que, de nuevo, hoy es la víspera,
y Dios me da la mano.




sábado, 29 de agosto de 2009

La bandeja

(En la fiesta del Martirio de San Juan Bautista)

Siempre
que leo el pasaje evangélico de la muerte de San Juan Bautista, alucino con el asunto de la bandeja.

Recordemos: había una fiesta en el palacio de Herodes con motivo del cumpleaños del Tetrarca; era una fiesta con mucho glamour, con vestidos vaporosos, joyas deslumbrantes, perfumes apestosos, chistes subiditos de tono, música en directo y ríos de alcohol.

El monarca homenajeado se hacía acompañar por Herodías, con quien tenía una relación la mar de civilizada. Herodías era la ex mujer de su hermano y aportaba al lío una hija biológica ya crecidita que, según cuentan, aspiraba a parecerse en todo a su cariñosa mamá. Claro que la niña tenía gustos mucho más refinados como veremos a continuación.

Entre tanto, Juan Bautista, que era un intolerante de libro, le daba a Herodes lecciones de Derecho matrimonial para explicarle que aquello no estaba bien. Juan vivía en las mazmorras de palacio, y nadie se atrevía a tocarle un pelo.

Pero llegó la fiesta. El alcohol elevó el nivel intelectual de las conversaciones y la niña de Herodías bailó. Babeaban de gusto Herodes y los invitados, cuando el rey prometió a la artista que le daría cualquier cosa, “hasta la mitad de mi reino”, precisó el insensato, con una expresión que ya se ha hecho célebre.

La madre sugirió a la niña que exigiera la cabeza del Bautista; pero ésta añadió un detalle glamouroso:

—En una bandeja, porfa. Tráeme ahora mismo la cabeza de Juan, pero servida en bandeja de plata.

No fue difícil de satisfacer el capricho de la hetaira. En todo palacio que se precie hay docenas de bandejas a la espera de las correspondientes cabezas. Así que bajó el verdugo a la mazmorra, decapitó al Santo, colocó la noble testa sobre la bandeja, limpió los bordes con un paño blanco y se dispuso a llevarlo a la fiesta para solaz de los invitados.

¡Qué mona estaba la niña con su bandejita en la mano, cuando entregó el trofeo a su bondadosa mamá!

Y colorín, colorado…

Moraleja:

No hemos progresado mucho. En el siglo XXI sigue habiendo cientos de Herodes y de Herodías, niñas comestibles y fiestas glamourosas. También hay crímenes repugnantes y crímenes con estilo; asesinatos con hacha que terminan en un contenedor de basura y homicidios limpios con VISA platino y bandeja de plata.

Lo que molesta, de verdad, es la bandeja.


Aliquando dormitat Kloster


Hace años una niña de Primaria me dijo:
—Oye, ¿y tú no te aburres nunca de oírte hablar?
Aquel día no volví a abrir la boca por lo menos en los diez minutos siguientes.
Esta tarde Kloster me ha recordado lo mismo con otras palabras:
—No es buen escritor el que más escribe, sino el que sabe cuándo debe cerrar la pluma, romper el folio y echarse a dormir.
Amén.
Hasta mañana.



viernes, 28 de agosto de 2009

Poemas de agosto (XI)



Acabo de descubrir a Angelina Lamelas. No sé mucho de ella; sólo, que nació en Santander y que en sus versos habla de otoños, de lluvias, de niños y de un amor que siempre quiere volver a empezar.

San Josemaría nos dijo más de una vez que las canciones de amor, de amor humano limpio y noble, le servían para hacer su oración. Lo mismo diría, supongo, de muchos poemas, que son canciones para recitar en voz baja, de corazón a corazón.

Éste que copio hoy me vino al pelo hace unos días para rezar delante del Sagrario de Molinoviejo.

Tu nombre
Se me quebró la voz una mañana
y tu nombre rodó por mi garganta,
cuesta abajo tu nombre,
cuesta abajo,
y llegó al corazón para quedarse.

Cómo resuena tu nombre en mi silencio.
El corazón, un claustro,
una cartuja,
un ciprés solitario, aquel de Silos
que cantara Gerardo,
un surtidor oculto,
una guitarra sin cuerdas apoyada
en la esquina del alma.

Me duele la certeza de tus sílabas
horadando mi piel,
tu nombre ahora escrito y musitado
en pasado perfecto,
nostalgia que estalla en interiores
caminos de la sangre.

Se me quebró la voz una mañana
y tu nombre rodó por mi garganta,
tu nombre que se asoma cuando duermo
y acaricia mis labios en tu ausencia.

Angelina Lamelas

El regreso y el Tamiflú


Que sí, que ya volvemos a casa, pero sin prisas. No me agobiéis, que faltan tres días Hay atascos en la carretera y no tenemos prisa por llegar al curro. Además en Madrid no hay quien viva: el alcalde sigue agujereando las calles. Se conoce que todavía no ha encontrado el tesoro, y como no ha llegado el tamiflú para la gripe A y la vacuna vendrá con los Reyes Magos, a lo mejor no hay cole o nos obligan a explicar la religión con mascarilla.

Difícil nos lo pone la ministra. Si los chavales también van con su bozal sanitario, ¿cómo sé yo quién está interrumpiendo mi brillante disertación? Antes uno se hacía cargo por el movimiento de los labios, pero ahora, no sé.

Estoy pensando poner un chiringuito a la entrada del cole para pintar mascarillas y venderlas luego personalizadas a gusto del consumidor. Kloster sigue teniendo buena mano para las caricaturas, y a mí se me ocurren dibujos la mar de atractivos: a los pesimistas les pintaría la sonrisa de una calavera por cinco euritos; a los graciosos, un bigote tipo Groucho Marx con un puro. A los hipocondriacos les podría dibujar un tipo amordazado con otra mascarilla pintada, en la que aparecería de nuevo el mismo sujeto con mascarilla pintada, y así hasta el infinito.

Bueno, pero todo esto son sólo consideraciones que me hago mientras voy pensando en la maleta y en los tres objetos que, si Dios no lo remedia, me dejaré olvidados en Molinoviejo.

Estoy en el jardín. Mi petirrojo de guardia salta de silla en silla ignorándome por completo. De pronto me sorprendo a mí mismo improvisando una canción al “tamiflú” con la música del Only you, de “los Platters”.

—¡Tamifluuuuú, can make this world seem right…

Ahora caigo en que ya casi nadie conoce esa canción, que los Platters pasaron a la historia. A lo mejor, si trabajo la letra, puedo lanzarla a la red.

Me dice Kloster que no me preocupe, que es sólo el síndrome postvacacional.


jueves, 27 de agosto de 2009

Unas horas en Madrid


Ayer bajé a Madrid: al asfalto recalentado, a las zanjas-trinchera de la calle Serrano, a los parquímetros municipales:

-Señorita, No me ponga multa, que sólo voy a estar diez minutos y ando escaso de monedas.

-Vale, vale..., pero hay que llevar suelto el bolsillo.

Cuando regreso a por el coche había otra controladora anotando mi matrícula.

-Perdone, pero una señorita que había aquí hace un momento...

-Ha terminado el turno y ahora estoy yo.

Esta vez tuve que apelar a "su encantadora sonrisa" para evitar el atropello administrativo.

Antes de volver a Molino, me entero de que las antiguas alumnas de Aldeafuente han enviado un gran ramo de flores a la UCI de una clínica madrileña donde sigue la enferma por la que hemos rezado tanto. Ella ha podido verlo y se ha emocionado. Seguro que ha comprendido que cada flor es una oración para que supere la crisis.

¡Tenemos tantas ganas de celebrar su vuelta a casa!


Un buen libro para la vuelta al cole


Título: Palabras en la arena
Autor: José Ramón Ayllón
Editorial: "Palabra"

Se trata de un historia que hace sonreír y pensar. El verano de un muchacho en la playa, siempre al borde del amor, y un septiembre con una inmensa novedad. Palabras en la arena es una radiografía de la familia y la adolescencia, una historia de institutos y de vacaciones, de amores y desengaños.

Aquí se puede conseguir el libro

José Ramón Ayllón (1955) ha vivido muchos años junto al mar: en Cantabria, Asturias y Galicia. Es autor de libros de texto de Filosofía y Ética; de ensayos como "Dios y los náufragos", "En torno al hombre" y "Desfile de modelos", y de novelas como "Diario de Paula" y "Vigo es Vivaldi".



Poemas de agosto (X)


José Antonio Muñoz Rojas nació hace 100 años en Antequera y sigue componiendo versos como maestro artesano de la palabra y poeta genial, cada vez más sencillo y transparente, en busca de "unas pocas palabras verdaderas", las que según Machado definen la poesía.

Tengo ahora en mis manos su obra en verso completa, que me vendió Lourdes, mi librera, hace tres meses. La leo y releo, y me gustaría encontrar un sólo poema para este 27 de agosto; pero,hay tantos... Francamente, no sé cuál poner.

El primer poemario es de 1929 y empieza con un romance sencillo y juvenil; el último, de 2004, tiene estos cuatro versos, que se me antojan un resumen de su itinerario lírico:

“Jugando con palabras siempre estoy
Sin saber dónde terminan por llevarme,
Sabiendo que son nada y en nada quedan
Salvo que la verdad, que es suya, las pronuncie”


miércoles, 26 de agosto de 2009

Se van los pájaros



Hoy
, al fin, he podido pasear entre los pinos de Molinoviejo sin sentirme agobiado por el calor. Ha disminuido la temperatura y los pájaros han salido de su sopor para alborotar a cualquier hora del día. Incluso he conseguido contemplar la puesta de sol y el esplendor de Júpiter, que esta semana ha tomado el mando en el firmamento y luce con más fuerza que Venus.

El verano empieza a agonizar. No sé si los calores durarán un tiempo aún, pero aquí es patente que las noches se alargan, mientras las aves migratorias emprenden viaje hacia el Sur. Ayer fue una bandada enorme de abejarucos, que siempre cantan en vuelo una melodía vibrante y líquida, inconfundible para quien la haya oído una sola vez. Hoy he divisado un ejército de rapaces a gran altura que desfilaban en vuelo marcial. ¿Águilas calzadas? ¿Milanos negros? No tenía a mano los prismáticos y me fue imposible identificarlos.

Entre tanto, los pajarillos estivales comen desaforadamente para salir de estampida cualquier noche de éstas y seguir el camino de las estrellas. La mayoría se concentrará en el Estrecho de Gibraltar para dar el salto a África después de tomar aliento en Doñana. Es la operación retorno, que las aves ibéricas realizan escalonadamente, como aconseja la Dirección General de Tráfico.

—¡Hasta la primavera, oropéndolas, alcaudones, currucas, papamoscas, mosquiteros, golondrinas, ruiseñores…! No os olvidéis de Molinoviejo, de su ermita ni de sus pinos. Hace un par de años fuisteis calumniadas por las autoridades sanitarias. Decían que, con tanto viaje, traeríais a Europa la gripe aviar. Si hubiesen podido, os habrían puesto mascarillas en el pico. Ahora esperamos la llegada de otra gripe, que nada tiene que ver con vosotras.

La migración de las aves sigue siendo uno de los grandes misterios de la naturaleza. ¿Cómo consiguen recordar su ruta y su destino con tanta precisión? ¿Quién los dirige? ¿Por qué el charrán ártico da la vuelta al mundo todos los años, desde el Polo norte hasta el Polo sur? ¿Quién ha grabado en su cerebro la ciencia de la astronomía? ¿Por qué conocen el camino del cielo incluso los pájaros que no han tenido contacto con sus padres y han sido incubados artificialmente?

Mañana, miércoles, después del desayuno, saldré por última vez al campo. Tal vez tenga suerte y vea alguna de las cuatro o cinco especies de aves ibéricas que todavía no se han situado al alcance de mis prismáticos.

De regreso a casa, busco entre mis libros un poema para esta noche. Renuncio enseguida. Prefiero quedarme a solas, sin palabras, con la luz que Dios enciende al atardecer.


martes, 25 de agosto de 2009

Poemas de agosto (IX)

Algunas veces basta un poema para descubrir y consagrar a un poeta. Éste es el caso de Bartolomé Llorens, nacido en Catarroja (Valencia) en 1922 y fallecido a los 24 años.

Os aconsejo esta breve biografía de Bartolo, escrita por José Miguel Cejas, antes de leer la "Canción del agua viva", que es, en mi opinión, su mejor poema.



Canción del agua viva

...Aquella eterna fonte
(San Juan de la Cruz)
Mi amor se desnudaba
a la orilla del agua,
a la orilla del cielo,
junto a la fuente clara.
¡La fuente de agua viva
secreta en la montaña!
—Mi amor se desnudaba
a la orilla del agua.

Dejó las limpias prendas
sobre las verdes ramas,
y deshojó las flores
que tejiera en guirnaldas.
Se olvidó de los pájaros
que en la umbría cantaban,
del rumor de las frondas,
del beso de las auras,
y en su puro desnudo
se contempló en las aguas.

—En su desnudo puro
junto a la fuente clara.

Su imagen intangible
de luminosa gracia,
vio esfumarse, fundirse,
entre la viva plata
de aquella eterna fuente
secreta en la montaña.

—Mi amor se reflejaba
en las ondas de plata.

Dejó mi amor la orilla
y se perdió en las aguas.
En su eterna corriente
murmura, fluye, canta,
onda entre vivas ondas,
luz entre luces altas,
¡cielo mismo en el cielo
que las aguas arrastran!

—Dejó mi amor la orilla
y en la corriente canta.

¡Oh fuente de agua viva
que en lo escondido mana!

—No volvió a la ribera,
que su amor era el agua.


lunes, 24 de agosto de 2009

Los lunes...


Hasta ahora, todos los lunes he puesto un video. Sin embargo la publicidad tiene otros medios de expresión. Ya se ve, por ejemplo, que este niño ha venido al mundo bien esponsorizado.

Tal como están las cosas, en vista de que las parejas no se animan a tener hijos alegando que "la vida está fatal", "la crisis no permite demasiadas alegrías", y "la hipoteca nos tiene fritos", puede ser una solución que los bebés lleguen tatuados con anuncios como pilotos de fórmula 1. Las empresas publicitadas pagarían la manutención y estudios del retoño y los padres, ya sin excusas, cumplirían mejor con su deber.

Es verdad que el niño estaría más guapo sin tanto cartel encima, pero no se puede pedir todo.


Seguimos rezando



Me pedís más datos sobre la intención por la que os pedía oraciones ayer.

Y yo os sugiero que ofrezcáis por esa persona hasta el pequeño "sacrificio" de no saber más. El Señor, en cualquier caso, nos escucha siempre, nos entiende y nos anima a rezar.

Ojalá no tenga que daros noticias en los próximos días. Sería un buen síntoma.

domingo, 23 de agosto de 2009

Leed esto, por favor



Escribí hace unas horas que hoy no pondría una palabra más en el blog. Me equivoqué.

Ya sé que apenas habrá lectores esta mañana: es domingo y es agosto, pero necesito la ayuda de todos los que se asomen a esta página. Quiero pediros oraciones por una intención urgente e importante que me tiene en vilo. Desde ayer por la noche no puedo pensar en otra cosa.

Hace días puse aquí una canción de Pasión Vega. El vídeo sólo tenía una imagen: un par de corazones. La canción y los corazones incluían una dedicatoria que sólo una persona entendió. Esa persona necesita ahora que recemos mucho por ella. La conozco desde que era muy pequeña, y aún es muy joven para que se nos vaya al Cielo.

Por ahora no diré más. ¡Cuento con vosotros! Yo ofreceré la Santa Misa, que es el arma más poderosa, y el calor sofocante de estos días. La Virgen de Molinoviejo presentará al Señor nuestras oraciones.

37 grados en Ortigosa del Monte. Palabra.


Me he propuesto no decir ni una sola vez aquello de "...si aquí hace este calor, imagínate en Madrid". También procuraré evitar el "jo, qué calor" y no mentaré el cambio climático ni el calentamiento global.

Pero no me pidáis, porfa, que escriba en el blog. Mañana ya veremos.

Hoy, en Ortigosa se ha celebrado el tradicional concurso de lanzamiento de huesos de aceituna con gran éxito de público y crítica. Si hiciera un poco de fresquito seguro que se me ocurría algún comentario ingenioso sobre tan singular evento; pero como dice el búho, non panibus fornax (no está el horno para bollos).




sábado, 22 de agosto de 2009

El antiguo oratorio

Acabo de salir del antiguo oratorio de Molinoviejo. Hoy he celebrado la Misa allí y he predicado la meditación a un buen grupo de mujeres de la Obra. Es muy pequeño; apenas caben 25 personas, pero “bien apretaditas” y con banquetas suplementarias, han entrado 40. Y es que nadie quiere irse de esta casa sin rezar en el primer oratorio de la primera casa de retiros, que preparó personalmente San Josemaría Escrivá hace 61 años.

El oratorio se encuentra a pocos metros de mi dormitorio, en lo que llamamos “la casa antigua”, que durante estos días sirve de alojamiento a los sacerdotes que atienden las diferentes actividades.

Durante el verano de 1948 trabajaron en él un grupo de estudiantes de Arquitectura y Bellas Artes llegados desde Madrid y lo convirtieron en “una pequeña Capilla Sixtina”, según bromeó entonces el Fundador de la Obra. Alfonso, licenciado ya en Bellas Artes, pintó el retablo, y Fernando, ingeniero y pintor, dirigió el equipo que decoró el techo y las paredes.

Todo esto tiene un valor relativo. Lo realmente importante es que San Josemaría estuvo detrás de cada detalle. Él personalmente se ocupó de conseguir los objetos necesarios para el culto y encargó un Sagrario bellísimo a pesar de que no había dinero para casi nada.

En este oratorio San Josemaría acompañó a Jesús Sacramentado durante cientos de horas, celebró la Santa Misa en muchas ocasiones, y su espíritu y sus enseñanzas están presentes en cada centímetro cuadrado de sus muros, desde la modesta sillería, con piropos grabados a la Santísima Virgen hasta la cruz de madera negra —“de palo”, solía decir—, que todos hemos besado mil veces al entrar o al salir.

En este oratorio oí predicar por primera vez a San Josemaría y sus palabras se me grabaron a fuego. Yo estaba sentado casi a sus pies, tan cerca que podía tocarlo.

Precisamente hoy, 22 de agosto de 2009, fiesta de Santa María Reina, se cumplen 61 años de la consagración del altar y de la bendición de la capilla.

viernes, 21 de agosto de 2009

Poemas de agosto (IX)




Gonzalo
de Berceo ha sido glosado por no pocos poetas modernos: los hermanos Machado, Ruben Darío, Miguel D'Ors..., y también por Enrique García-Máiquez.


Ya que publiqué hace dos días un poema de su hermano Jaime y algún comentarista trató de hacer comparaciones entre los dos, aquí tenéis un homenaje de Enrique al "primer poeta español de nombre conocido", mirando el rostro de la Santísima Virgen.



A Nuestra Señora


POETA y peregrino, Gonzalo de Berceo
es un viejo colega al que a menudo leo
y al que haré este homenaje también con el deseo
de ponerme a rezar a aquélla en la que creo.

He de ser cuidadoso. No es fácil hoy en día
hincarse de rodillas cuando la mayoría
de mis buenos lectores no me comprendería.
Por eso me encomiendo a la cuaderna vía

y cubro con el manto de la literatura
(que es esto que nos une a todos, la locura
que nos fuerza a aceptar al otro y su cordura)
mi desnuda oración a la doncella pura:

«Oh tú, la más mujer y entre todas bendita,
tú que hiciste el Magníficat, mi canción favorita,
déjame en estas páginas, tú que puedes, escrita
una pequeña chispa de la luz infinita».

Enrique García-Máiquez,
"Casa propia"



jueves, 20 de agosto de 2009

El mochuelo


No sé si era un mochuelo, un autillo o un búho chico. A pesar de mi conocida ornitomanía, me declaro ignorante en cuestión de rapaces nocturnas: nunca he sabido distinguirlas por su canto y resulta difícil echarles la vista encima porque, como su propio nombre indica, cantan o gritan cuando no se ve tres en un burro.

Sin embargo, esta noche me eché los prismáticos al cuello sobre el pijama, me calcé unas zapatillas adecuadas y salí al jardín. Eran más de las 12 y yo empezaba a estar harto del animalito y su cadencioso silbido. Además sonaba tan cerca que no había forma de conciliar el sueño.

No había luna —vaya por Dios— y la oscuridad era absoluta. Mis prismáticos leika tienen una luminosidad más que notable, pero ni por esas. Al cabo de unos minutos divisé un bulto sospechoso que se movía en el tronco de un plátano. Empecé a acercarme lentamente. Por un momento el pájaro interrumpió su canto y yo me confirmé en la idea de que lo había descubierto. Ajusté el foco de los binoculares. El bulto era una piña abanicada por una hoja.

Nada más entrar en casa, el mochuelo reanudó su cantinela.

Las edades de la envidia

¿Cual de los dos flamencos es el envidioso?

Kloster me hizo ayer una extraña confidencia. Yo le pregunté si no le parecía envidiable el talento de una tercera persona.

—¿Envidiable? —me respondió— No, colega; yo ya he superado la edad de la envidia.

—Así que, según tú, la envidia tiene una edad.

—Naturalmente. Yo a los siete años envidiaba el mecano de mi primo; a los catorce, envidiaba a mi hermano porque él había dado el estirón y yo seguía siendo bajito; a los dieciocho envidiaba a todos los que hablaban con las chicas sin ponerse colorados; a los cuarenta envidiaba a mi amigo Pepe, que ganaba un pastón y tenía un mercedes; a los sesenta y tantos empecé a envidiar a los que gozaban de buena salud y comían de mariscos impunemente. Y ahora, cuando ya estoy cerca de los noventa he llegado a la conclusión de que lo único realmente envidiable era el mecano de mi primo. Lo demás se va deprisa y es mejor no lamentarse. El tiempo nos convierte en memos, feos y gruñones. Por eso, cuando descubro que hay personas más inteligentes, más jóvenes, más ricas o más simpáticas que yo, ni me sorprendo ni me lamento: las aplaudo y las elogio de todo corazón. Uno ya no está en el mercado de los envidiosos; se me ha pasado la edad.

—Ya. ¿Y desde cuándo estás así?

—Desde la semana pasada. Y he comprobado que ha mejorado notablemente mi tensión arterial; mis digestiones son casi perfectas, pierdo menos pelo y no me enfado por nada. ¿Qué te parece?

—Envidiable, amigo Kloster, envidiable.



miércoles, 19 de agosto de 2009

Poemas de agosto (VIII)

Acabo de descubrir en la biblioteca de Molinoviejo a Jaime García-Máiquez. He dicho Jaime, no Enrique. Es su hermano, por supuesto, y tan grande como él.

Como son las ocho y media de la tarde y yo estoy en el jardín y el sol ha empezado a encender en rojo el horizonte, copiaré este poema, y esperaré unos minutos para vivir esos momentos que describe el poeta.




Mi hora

Entre el crepúsculo y la noche
hay algún tiempo en que la luz no cede
a deslumbrar o a derramarse en sombra,
que no golpea sino que rodea
la materia, la abraza con un amor platónico.
Y al quitarle a las cosas su contraste
de tosco claroscuro,
las perdona de no sé qué pecado
mezquino, las absuelve
volviéndolas más ellas,
y embelleciendo a todo el que las mira.
Es esta luz con la que Dios ve el mundo.

Otro Cantar

martes, 18 de agosto de 2009

Poemas de agosto (VII)

Hoy quiero reproducir un poema de Rocío Arana. Lo escribió en su blog hace tres meses y bastaría con poner un enlace, éste; pero no me resisto a reproducirlo entero, porque es una joya y yo soy un modesto ladrón de joyas. Lo copio con la introducción que ella misma puso.

Rocío es ya una gran poeta que tiene, entre otras, la virtud de hacerse querer verso a verso. Yo la sigo todos los días aunque ella no lo sepa, incluso cuando escribe sobre maquillaje, porque su prosa también poesía.

No sé que foto poner. Quizá el cisne, que es la viva imagen de la elegancia.




Mi abuelo ha muerto.

Mi abuelo, que hacía maquetas de trenes, que disfrutaba comiendo y bebiendo buen vino, que le chiflaba la zarzuela y canturreaba Katiuska con un oído horrendo y que tenía una fe enorme, recia, concreta: era un hedonista católico, o sea, según mi amigo Pablo, un tipo chestertoniano.

Y que siempre he pensado lo que acabo de decir: recuerdo ahora este poema, aún inédito, que escribí hace unos cuatro o cinco años cenando en Maestu, en el choco que los albañiles acababan de terminar, ideado por Papote y, como él mismo dijo, su última gran obra.

EN EL CHOKO DE FELIZ MEMORIA, FUNDADO POR MI ABUELO

A Papote


Hay trenes que caminan hacia adentro.
Hay un fuego creciendo en una casa
fundada sobre roca, y al calor
de manos que trabajan y acarician,
arden todas las brasas de la noche.
Hay un hombre que teje sus memorias,
un hombre que vivió la vida buena
y que sabe decirla, celebrar
la dicha con el vino.
Tiene manos de acero poderoso
que cincelan un monte con la luz
en la cima, tañidos de campanas,
iglesias derruidas, todo un mundo
para viajar en tren.
Hace muros, derriba la tristeza,
sonríe mientras baja con mesura
una legión de rudos escalones,
y a su lado los días se diluyen,
caramelos felices en la boca
de un niño que repite quiero más,
y nunca tiene más, y busca siempre.



lunes, 17 de agosto de 2009

El "joven rico"



Leo en el Evangelio de hoy que se acercó a Jesús uno y le preguntó:

—Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para alcanzar la vida eterna?

No sabemos cómo se llamaba el protagonista de la escena. San Mateo sólo dice que “era rico”, y con ese nombre ha pasado a la historia: el “joven rico”.

Claro que el joven rico no tenía radio ni tele, ni lavaplatos, ni agua corriente, ni cristales en las ventanas, ni gel de baño, ni champú para el pelo, ni pasta de dientes, ni cepillo de uñas, ni aire acondicionado, ni calefacción, ni mudas de ropa interior, ni colchón en la cama, ni cama, ni agua embotellada, ni aspirina, ni pijama, ni desodorante, ni papel higiénico (con perdón); ni siquiera tenía Internet, ni ordenata, ni móvil, ni luz, ni un boli para apuntar el pedido para el hiper. No, tampoco había hiper, ni bar de la esquina con cerveza fría y boquerones en vinagre.

El joven rico olía a choto y, dos veces por semana, comía con las manos una carne mal guisada.

El joven rico no fue capaz de seguir a Jesús, a pesar de que el Señor le dijo que, si se desprendía de todo, tendría “un tesoro en el Cielo”.

Para qué quería él un tesoro si ya estaba forrado. Ya tenía dos rebaños, cuarenta olivos y unos siervos que le lavaban los pies cuando llegaba a casa.



Los lunes...

En verano, y con el calor que hace, es natural que anunciemos cerveza fría.


domingo, 16 de agosto de 2009

Poemas de agosto (VI)

Hoy viene al blog el gran Miguel D'Ors con uno de sus poemas más bellos. Lo tengo guardado en la agenda y me lo digo de vez en cuando. Siempre he pensado que ser sacerdote es también "una cosa extraña" muy semejante a la que describe D'Ors en estos versos.


Es una cosa extraña

Es una cosa extraña ser poeta,
es una cosa extraña sentir la propia vida
llena de muchedumbres,
escuchar en el propio canto todos los cantos
y cotidianamente
morir un poco en todo lo que muere.

Es una cosa extraña ser poeta;
es sorprender al niño en los ojos del viejo,
es oír los clamores del bosque en la semilla,
adivinar que hay una primavera dormida
bajo cada nevada,
partir el pan y ver los segadores.

Es una cosa extraña: ser poeta
es convertirse en tierra para entender la lluvia,
es convertirse en hoja para saber de otoños,
es convertirse en muerto para aprender la ausencia.


sábado, 15 de agosto de 2009

Besos y agua bendita


La ministra de la gripe ha dicho que nada de besos, ni de darse la mano ni de mojar los dedos en agua bendita.

Claro que si el agua está sin bendecir, no pasa nada: podemos mojarnos los dedos y el resto del organismo en las piscinas públicas y privadas. Al virus lo que le mola es el agua bien bendecida. En las piscinas tiene terminantemente prohibido el paso.

¿Y los besos? Seguro que aprovechan la ocasión para cerrar esos locales con lucecitas rojas y nombres sugerentes que florecen en las carreteras. ¿O no?

Poemas de agosto (V)

Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950).

Algún comentarista del blog dijo que un poema es como un chiste. Estoy de acuerdo. Estos siete versos de hoy tiene algo de chiste, pero también son una declaración de amor.



Háblame de Guevara los domingos.
Olvídame los lunes y los martes.
Invítame los miércoles al cine.
No dejes de pensar en mí los jueves.
Los viernes quiéreme como una loca.
Y los sábados cásate conmigo.

15 de agosto en Molinoviejo


Estar en Molinoviejo el día de la Asunción de Nuestra Señora es lo mejor que me ha podido pasar. ¡Y me pasa todos los años! Tal vez otro día explique despacio el porqué: tiene mucho que ver con la ermita de la Santísima Virgen que hay en el centro de la finca, con la vida de San Josemaría Escrivá y con la historia del Opus Dei.

Son las 6 de la mañana: permitidme que a estas horas no sea más explícito. Dentro de un rato predicaré una meditación a las mujeres de la Obra que trabajan en esta casa y la convierten milagrosamente en un hogar, aunque algunos días, como hoy, coincidan cientos de personas llegadas de cualquier parte de España o del mundo.

Creo que fue Cervantes quien escribió que es propio de personas nobles dejarse servir por personas aún más nobles. Ellas lo hacen en silencio todos los días del año. Esta mañana, por una vez, las serviré yo: os aseguro que es un honor.


viernes, 14 de agosto de 2009

El año sacerdotal



Mi amigo José María me recomienda esta web. Mañana la colocaré en la columna de la izquierda. Vale la pena echarle más que una ojeada.



Poemas de agosto (IV)



José Hierro (Madrid, 1922),
Éste es uno de sus poemas más conocidos

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verde primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de mi vida.


La rúbrica



Hacía calor. La hierba estaba tan alta y reseca que daba miedo: cualquier chispa podía desencadenar un incendio. Instintivamente calculé el mejor modo de huir de la quema, si se producía, y me senté a descansar a la sombra de una encina. Mi breve excursión pajarera estaba resultando un desastre: sólo las aves rapaces parecían dispuestas a dar la cara: cinco o seis milanos, un águila calzada, algún cernícalo… Nada demasiado interesante.

A los pocos minutos llegó un papamoscas, un pajarillo pequeño que caza insectos al vuelo con habilidad sorprendente. Se posó a un par de metros y me ignoró por completo. Una y otra vez repitió el mismo rito: se subía a una mata, miraba al cielo en todas las direcciones, daba un salto y revoloteaba nervioso a dos metros de altura sin razón aparente y sin alejarse. Luego volvía al punto de partida.

Hice el propósito de aprender algo más sobre los papamoscas y sus curiosas costumbres volanderas, aunque no sé si algún libro dirá que, en ocasiones, el vuelo de un pájaro es sólo un adorno, es la rúbrica que Dios traza en el azul del Cielo; la firma del autor de la Creación.

jueves, 13 de agosto de 2009

"Crucifijación"


Escribe, una vez más, Enrique García-Máiquez


FRANCISCO Caamaño, ministro de Justicia, parece más hombre de lacón con grelos que de fijaciones anticlericales. Pero quien venía siendo un ministro de perfil bajo (y ancho sobre todo) del Gobierno de Zapatero se ha desayunado nada menos que un domingo de agosto anunciando por sorpresa que la Ley de Libertad Religiosa impondrá la retirada de los crucifijos, belenes y otros símbolos religiosos de los colegios públicos y, si se puede, de los concertados.

Espero que los menos originales del patio, esos que vuelven a repetir que esto es otra cortina de humo, comprendan que con tanto humo nos entre un poco de tos. Quedan pocos símbolos religiosos en la enseñanza pública, por lo que la medida de marras no hace más que dar martillazos sobre un clavo viejo, pero no deja de ser una intromisión en la autonomía de los centros y en las decisiones libres de los padres y los alumnos, que cada año eligen la asignatura de religión por una inmensa mayoría, que ya quisiera para sí cualquier político.

Además, recuerdo que Chesterton en su novela La esfera y (ejem) la cruz nos contaba de uno que empezó descolgando crucifijos y que le entró tal obsesión que ya los veía en cualquier parte: en los cruces de caminos, en las rejas de una valla, en los travesaños de las vías de un tren, en la grafía de la letra "t", etcétera. Acabó desmantelando el mundo entero, o intentándolo. "Eso es otra pesadilla de Chesterton", me objetará alguno, "como El hombre que fue Jueves, novela subtitulada precisamente una pesadilla". Sí, pero una pesadilla a un tris de hacerse realidad. Una vez quitadas las cruces, ¿van a dejar que en esas mismas aulas laicas se explique a fondo la Divina Comedia o a san Juan de la (ay) Cruz? ¿Dónde y cómo parar?

Y todavía más. Cuando a Simone Weil la expulsaron de la docencia, comentó: "No imaginaba otra manera de coronar mi carrera administrativa". Siempre le admiré la frase, aunque yo, feliz profesor de Secundaria, no se la envidié jamás. Ahora empiezo a imaginarme pronunciándola. Porque a ver, aunque en mi programación no se habla de cristianismo, yo soy cristiano y ¿qué mayor símbolo religioso que un cristiano? Un cristiano es un crucifijo andante. (Y siento dar ideas a Caamaño & cía., pero es que la misión del columnista es dar ideas, aunque vayan contra su interés.)

Conste que no me parece necesario que un aula esté presidida por un crucifijo, pero, igual que yo no lo impondría, no entiendo tanto empeño en prohibirlo. Hacer una Ley de Libertad Religiosa para negar la libertad de poner un crucifijo o de montar un belén en Navidad es una contradicción extraña, inquietante.

http://www.diariodesevilla.es



Poemas de agosto (III)

Jon Juaristi (1951). De Bilbao, como yo, y sin embargo poeta.
Áspero y duro muchas veces, amargo en ocasiones y hasta hiriente, pero siempre, mal que le pese, poeta.


San Juan de Gaztelugatxe parece querer devorar el Océano


Patria mía


Llamarla mía y nada todo es uno
aunque naciera en ella y siga a oscuras
fatigando sus tristes espesuras
y ofrendándole un canto inoportuno.

Juré sus fueros en Guernica y Luno,
como mandan sus santas escrituras,
y esta tierra feroz, feraz en curas,
me dio un roble, un otero y una muno.

Y una mano -perdón-, mano de hielo,
de nieve no, que crispa y atiranta
yo no sé si el rencor o el desconsuelo.

Y una raza me dio que reza y canta
ante el cántabro mar Cantos de Lelo.
No merecía yo ventura tanta.



Y ahora, tres versos terribles, que no necesitan explicación. ¿O sí?


Spoon River, Euskadi

¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,
y por qué hemos matado tan estúpidamente?
Nuestros padres mintieron: eso es todo.



miércoles, 12 de agosto de 2009

Poemas de agosto (II)

Hoy, una copla de Rafael Montesinos (1920), sevillano y poeta (valga la redundancia).

Hablando solo
Lo peor de todo ha sido
que aquellas penas que tuve
ni me duelen ni se han ido



La espera

El cielo de Molinoviejo se viste de plomo a media tarde y prepara el polvorín para la tormenta. La brisa desaparece por completo; Los pájaros se esconden y guardan silencio. Sólo una pareja de golondrinas, posadas en un cable al otro lado del muro, charlan sobre el tiempo y se picotean la cola para cubrirse las plumas con el aceite que ellas mismas producen. Estos pájaros piensan que lloverá y se fabrican el chubasquero. Ojalá acierten y llegue pronto la tronada con un temporal rotundo de gotas espesas y aroma de ozono.

En los colegios, cuando se prepara una tormenta, los niños entran en vibración y alborotan de tal forma que es imposible aplacarlos. Sólo cuando descarga la lluvia vuelve la paz a las aulas, se relajan y caen desmadejados sobre los pupitres como extraños seres invertebrados.

Uno, que ya no es tan niño, se comporta exactamente al revés. Mientras se cuece la tormenta, soy incapaz de levantar un dedo: el plomo del cielo se me mete en cada músculo del cuerpo y me atrofia el entendimiento y la voluntad. Por eso, esta tarde me limito a recoger los cojines que cubren las sillas del jardín y a apagar el ordenador para salvar la placa de los caprichos de la tensión eléctrica.

En Ortigosa, el pueblo vecino, un paisano de mi quinta me dice que no pase cuidado, que no lloverá; él conoce muy bien el clima de la zona.

—Pues las golondrinas creen que sí —le explico—.

—Ellas vienen de fuera y yo llevo aquí 50 años.

Son las nueve de la noche. Parece que el cielo empieza a clarear. ¡Si al menos pudiera asomarme esta noche para ver las lluvia de estrellas...!

martes, 11 de agosto de 2009

Poemas de agosto (I)




Hasta el día 31, pondré aquí un poema cada día. Tal vez se me ocurra algo más, pero creo que necesito un descanso y los pájaros de Molinoviejo me llaman.

Son poemas rescatados de la biblioteca de Pedro Antonio Urbina, que se nos murió este año. Los hay de muchos autores, y yo, al leerlos ahora, sé que también Pedro Antonio los leyó, y dejó algo de su mirada en cada libro, en cada poemario, en cada verso. Empezamos con un soneto melancólico y esperanzado.
Nos ha vivido el tiempo y de repente
hemos quedado huérfanos de vida
y no hallamos respuesta ni salida
para esta desnudez tan inclemente.

Pero queda en nosotros un creciente
anhelo de ganarle la partida
a esta desolación que inadvertida
se nos acerca solapadamente.

Dame tu mano al borde de esta nada
y nademos en contra de las olas
como buscan los náufragos la playa,

sin pensar en la orilla deseada.
Porque es mejor nadar juntos que a solas
y por si acaso el corazón nos falla

Francisca Aguirre
Alicante, 1930

Una publicidad especial





El
viernes pasado recibí por correo 4 ejemplares del "bebé aído", que yo mismo había encargado pocos días antes. Ahora mismo lo tengo sobre la mesa.

Ésta es la presentación que hizo del muñeco Fátima Navarro Rubio.







lunes, 10 de agosto de 2009

Milagros de Molinoviejo


Acababa de escribir aquí la anécdota de los objetos olvidados en Madrid, cuando se ha producido un milagro típico de esta casa: sobre una repisa, junto a la entrada del comedor, han aparecido dos peines nuevos con su funda intacta de papel de celofán y dos aparatos diferentes para ahuyentar mosquitos. Creo que alguien me espía.

En efecto, Kloster, también había una merienda.



Los lunes...

Seguimos con la publicidad argentina.este anuncio tiene gracia.



Objetos olvidados (II)

Llego a Molinoviejo y saco los trastos de la maleta. ¿Se habrá roto el maleficio de que hablaba en mi entrada de ayer? Al cabo de media hora descubro que, además de los objetos que yo mismo seleccioné como antídoto, he olvidado otros dos: los zapatos para andar por el campo y el peine. Nada importante.

Me acuesto casi feliz. Al menos ya no son tres los objetos. A media noche me despierto sobresaltado: un silbido familiar junto a la oreja me hace caer en la cuenta de que también olvidé el aparato eléctrico contra los mosquitos.

domingo, 9 de agosto de 2009

Objetos olvidados

Aunque no lo parezca, esto es un óleo de Cristóbal Toral

Ya
he empezado a hacer la maleta para ir a Molinoviejo. Me quedaré allí hasta fin de mes.

¿Puede explicarme alguien por qué, a pesar de que me paso la vida viajando, siempre olvido meter en la maleta tres objetos importantes? No uno, ni dos, ni quince: tres. Así están las cosas.

Me dice Kloster que, si yo fuese una persona ordenada y metódica, tendría una lista impresa con todo lo necesario para una salida de fin de semana, y otra para escapadas de mayor duración. En esas listas debería estar incluido todo: desde el cepillo de dientes hasta el libro de la liturgia de las horas, el despertador y los cartuchos de tinta para la estilográfica. Sería bien fácil elaborarla, ¿verdad? Pues nada, que no me apetece.

Como el problema empieza a ser grave, he tomado una decisión radical: de ahora en adelante, antes de emprender un viaje, elegiré yo mismo tres objetos y los olvidaré adrede. De esta forma tal vez se rompa el maleficicio, y no me llevaré sorpresas cuando deshaga el equipaje.

Veamos; podría olvidar hoy... la gorra pajarera, el disco duro extraíble...


sábado, 8 de agosto de 2009

La luz y la sombra

Continúo con la historia que empecé ayer


Terminado el funeral, Lourdes y su hermana, que acababa de llegar de un pueblo de Galicia, se me acercaron para darme las gracias y se quedaron un rato conmigo en la puerta de la iglesia.

—Gracias por hablarnos del Cielo —dijo Lourdes— y también por no dar muchos detalles. Los sacerdotes a veces quieren explicar demasiado, y supongo que, en realidad, apenas sabemos nada.

Le contesté que probablemente tenía razón y recordé el famoso texto de San Pablo a los de Corinto: “ni ojo humano vio, ni oído oyó, ni hay entendimiento capaz de concebir lo que Dios tiene preparado para los que le aman”. O sea, que el Apóstol no se arriesgó a describir el Cielo.

—Por eso me parece que no está tan claro eso que nos enseñaron en el catecismo: que el Cielo es “poseer a Dios, gozando de su infinito bien y, con El, de todos los demás bienes sin mezcla de mal alguno.”

Lourdes lo dijo de carrerilla, como quien recuerda una vieja definición muchas veces meditada.

—¿Qué es lo que te parece poco claro?

—Eso de gozar de todos los bienes "sin mezcla de mal alguno". ¿Cómo puede haber una felicidad sin mezcla de pena? Es como imaginar un cuadro en el que todo sea luz… No puede ser. Para que la luz destaque, el cuadro necesita sombras. Y para que la felicidad sea plena hace falta sufrir un poco…

—¡Qué cosas tienes, Lourditas! —intervino su hermana—. El padre te va a reñir por decir bobadas.

Pero ella seguía en sus trece.

—¿Crees que Manolo está ahora en el Cielo sin nada de pena? Por lo menos tendrá ganas de que llegue yo. Seguro que ya está impaciente. ¡Bueno es! Y cuando vayamos a allí arriba, sufriremos por los que se quedan aquí, sobre todo por los que se portan mal, igual que sufre Jesucristo, a pesar de que también está en el Paraíso y es feliz, ¿verdad don Enrique?

Por último, como en secreto, se dirigió a su hermana:

—Yo he sufrido mucho durante estos meses, pero por nada del mundo habría renunciado a ese sufrimiento. No me gusta vivir anestesiada.

Camino de su casa seguimos hablando del Cielo. Se había levantado la brisa de la Sierra y hacía frío.

Hoy, a la vuelta de los años, mientras contemplaba un retrato al óleo en el que la luz doraba magníficamente el rostro de un desconocido, he recordado de pronto el ejemplo que Lourdes empleó para hablar del Cielo: un cuadro en el que todo sea luz es un absurdo; una sinfonía sin pausas ni "oscuridades" musicales sería abrumadora y horrible. La sombra es necesaria para que la luz, el color y la música tengan sabor a gloria.

Lo mismo ocurre con la felicidad. Nos pasamos la vida huyendo del dolor, y así nos va. Por ese camino nunca aprenderemos el secreto de la alegría.

¿Qué pasará en el Cielo? Francamente, no sé. Me quedo con lo de San Pablo: “ni ojo humano vio, ni oído oyó…” Claro que en la Misa de mañana domingo leeremos otra frase del mismo San Pablo: "no pongáis triste al Espíritu Santo". Y si el Espíritu Santo es capaz de entristecerse...

* * *

Lourdes murió un año más tarde. Tengo apuntada la fecha: un 15 de septiembre, fiesta de la Virgen de los Dolores.

Como otras veces, he cambiado los nombres de los personajes. En esta ocasión, sólo eso.

viernes, 7 de agosto de 2009

El sacrificio de Lourdes



Esta misma tarde, mientras contemplaba el retrato al óleo de un personaje desconocido he recordado con todo detalle la historia de Lourdes. Son cosas de la memoria, que a veces funciona con extraños estímulos.

Habrán pasado quince años o alguno más. Fue un mes de agosto, caluroso como éste, y yo andaba por la Sierra de Madrid atendiendo diversas actividades, desde Navacerrada hasta Miraflores del Real a bordo de un cochecillo renqueante y sin aire acondicionado. En uno de aquellos viajes alguien me habló de un anciano que necesitaba ayuda espiritual en Cerceda. Estaba en situación crítica y los médicos sólo le daban unas pocas semanas de vida. Su mujer, Lourdes, al parecer había asistido a algún retiro predicado por mí y pidió que, “si no era mucha molestia, me acercase a su casa”, a pesar de que Manolo, su marido, no quería saber nada de la Iglesia ni de los curas.

Vivían en un chalet muy pequeño en las afueras del pueblo. Llegué una mañana y la verdad es que el enfermo me recibió con cordialidad y agradecimiento. Aquel mismo día se confesó y por la tarde recibió la unción de los enfermos y la Eucaristía. Al terminar, Lourdes me esperaba en el vestíbulo y me pidió que la escuchara unos minutos.

—También yo estoy enferma —me dijo—. Tengo un tumor maligno en el pulmón y los médicos dicen que con quimioterapia se podría retrasar su evolución, pero no me dan esperanzas de curarme. Y éste es el problema que quiero consultarle…

En resumen, Lourdes había decidido no hacer nada, renunciar a cualquier tratamiento agresivo, ocultar a su marido el problema y esperar.

—Manolo fallecerá antes que yo y no quiero que se preocupe por mí. Bastante tiene con lo suyo. Que muera en paz, ¿no le parece? Luego, ya veremos. No creo que me queden ganas de meterme en hospitales. Prefiero morir aquí dejando que la enfermedad siga su curso. ¿Puedo hacerlo o tengo obligación de someterme a tratamiento?

Por supuesto, Lourdes tenía todo el derecho a actuar de esa forma. Es más, su actitud me pareció heroica y propia de una persona santa y enamorada que sólo quería estar siempre muy cerca de su esposo.

Volví a esa casa casi todos los días. Hacia el mes de octubre murió Manolo y celebramos el funeral. Aquella misma tarde, Lourdes y yo tuvimos una interesante conversación, precisamente la que me ha venido a la memoria al contemplar el retrato del caballero desconocido.

Mañana os la cuento.

jueves, 6 de agosto de 2009

La luz de Sorolla


Durante el mes de agosto y hasta el 6 de septiembre, el Museo del Prado expone una grandiosa colección de cuadros de Joaquín Sorolla, llegados de todas partes del mundo.

La luz de Valencia es presumida y se mira en el espejo de Sorolla.

David, ¿cuándo iremos a verla?



Os aconsejo que pongáis el vídeo a toda pantalla y haciendo clik en HQ


Las sabias preguntas de un niño



He
aquí un pequeño fragmento de mi conversación con niño de 9 años. No daré más pistas.

—¿Jesús sabe que yo lo quiero?

—Claro. Él lo sabe todo.

—¿Y le gusta que le quiera?

—Le encanta.

—O sea que cuando yo le digo cosas…, se lo pasa bien.

—Sí…

—¿Y si nadie le hace caso, se siente solo como yo?


miércoles, 5 de agosto de 2009

El mundo necesita héroes


Eso dice el cartel que "yomisma" me envía desde la catedral de St. Patrick, en Nueva York. Y a continuación se lee: ¿has pensado hacerte sacerdote?

Ya puestos..., que sea lo que Dios quiera.

El confesonario

En un comentario a mi entrada de ayer sobre el Santo cura de Ars, Gonzalo escribe lo siguiente:

"Hace poco leí por encima un artículo en el que se hablaba de que la gente cada vez se confesaba menos. Y decía que para hacer la confesión más "atractiva" cada vez en más iglesias desaparecían los confesionarios y se hacían en el despacho del párroco.

Es cierto..., tristemente cierto. Pero a mi entender, se consigue lo contrario a lo buscado. Echo de menos el pasar por una iglesia "a deshora" (es decir, no justo antes de misa) y asomarme para encontrar a un paciente sacerdote esperando en un confesionario. Creo que eso es mucho más atractivo que el "pasar consulta" en el despacho."
Hasta aquí, Gonzalo.

La verdad es que el confesonario resulta mucho más duro para el confesor que para el penitente. Haga frío o calor, aunque la iglesia esté vacía, necesitamos sacerdotes que estén siempre a la espera, con un rosario en la mano, un libro y nada más. El pescador necesita tener paciencia.

Es una tarea oculta y silenciosa, pero tan rentable a la larga que nunca deberíamos dejarla. Así nos lo ha pedido el Santo Padre este año en su carta a los sacerdotes:

"Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesión no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un "círculo virtuoso". Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesonario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en "el gran hospital de las almas". Su primer biógrafo afirma: "La gracia que conseguía [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que salía en su búsqueda sin dejarles un momento de tregua". En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars decía: "No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él". "Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes".

Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él ponía en boca de Jesús: "Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita". Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del "diálogo de salvación" que en él se debe entablar. El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. Quien se acercaba a su confesonario con una necesidad profunda y humilde del perdón de Dios, encontraba en él palabras de ánimo para sumergirse en el "torrente de la divina misericordia" que arrastra todo con su fuerza. Y si alguno estaba afligido por su debilidad e inconstancia, con miedo a futuras recaídas, el Cura de Ars le revelaba el secreto de Dios con una expresión de una belleza conmovedora: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!"

martes, 4 de agosto de 2009

Publicidad de la buena

Hay anuncios que son auténticas joyas. Como éste. Me lo envía Fernando.



San Juan María Vianney




Hoy hace 150 años fallecía en la parroquia donde trabajó durante 45 años, un sacerdote santo: "el cura de Ars", al que Benedicto XVI ha nombrado patrono de todos los sacerdotes.

Se ha dicho muchas veces -quizá demasiadas- que San Juan María Vianney no fue una lumbrera, que cursó sus estudios con gran dificultad. Sin embargo el confesonario de aquella iglesia de pueblo fue una cátedra que iluminó a miles de personas de toda Francia y del mundo entero.

Rezad para que en este año sacerdotal, los curas del siglo XXI aprendamos de San Juan María Vianney la verdadera sabiduría. Y que volvamos al confesonario. Allí nos espera el Señor para dar fruto abundante.

lunes, 3 de agosto de 2009

Un mensaje sin botella




Mi calle está desierta cuando regreso a casa. Enfrente hay un pequeño jardín que sería muy agradable si no lo destrozaran cada semana los chicos y chicas del botellón. Los tres bares que se alinean en la acera están cerrados. Ni siquiera veo a Gento, que se habrá ido de vacaciones a Cantabria. Suele sentarse con su perrito ahí mismo, cerca de ese banco de madera…, justo en ése donde alguien ha dejado escrito un mensaje.

Kloster y yo nos acercamos: “hoy soñaré contigo por si no te veo mañana”. Ayer no estaba esa pintada, estoy seguro. Yo me habría fijado, porque tengo la insólita capacidad de distraerme de lo importante y no perder ripio de lo secundario.

—¿Te has fijado, Kloster? Aquí hay toda una historia de amor por descubrir…

—Colega, te tengo dicho que no te expongas al sol porque se te reblandece la sesera. Esto lo ha escrito algún chaval después de ponerse ciego de güisqui y se lo dedica a su chica, tan cocida como él. Fíjate, ahí mismo está la botella vacía de JB.

—No, mi querido Kloster. Éste no es un mensaje dentro de una botella, sino fuera. Y la letra es inequívocamente femenina. Por cierto, las virgulillas de las eñes denotan energía y determinación. Yo creo que la chica que lo escribió sabía muy bien lo que hacía. Ella ha salido de vacaciones esta misma mañana camino de la Manga del Mar Menor…

—¿A La Manga…?

—Todo el mundo va a la Manga; no me interrumpas. Sólo tengo una duda: ¿dónde estaba su amigo? Algo me dice que se encuentra gravemente enfermo, quizá en la UCI de un hospital, y llora amargamente porque no ha leído el letrero y piensa que su chica le ha abandonado. Además le han robado el móvil y no puede recibir mensajes. Haremos una cosa: sacaré una fotografía del banco y lo pondremos en el blog. Seguro que algún lector conoce a Borja…

—¿Borja?

—Todos los chicos de este barrio se llaman Borja; por eso ella no ha puesto el nombre, ¿comprendes?

Kloster me arrastra hasta casa y me proporciona el paracetamol que necesito. Ya me encuentro mejor, muchas gracias.

domingo, 2 de agosto de 2009

Más publicidad

No me resisto a poner hoy este vídeo, aunque sea domingo. Sencillamente magistral. Me lo envía Gilca.


sábado, 1 de agosto de 2009

La gran escapada



Ya empezó la desbandada. Esta mañana el centro de Madrid era la imagen misma de la desolación. Las zanjas abiertas de la calle Serrano parecían trincheras vacías al final de una guerra devastadora. Las grúas, como grullas inertes, picoteaban el polvo del asfalto en busca de cadáveres. Mi automóvil volaba entre las ruinas camino de la calle Velázquez sin más compañía que alguna camioneta de reparto. Entre tanto se desperezaba el sol para la batalla del mediodía.

(Una locutora novata y nerviosa decía por la radio que este año la operación salida tendría más problemas porque el fin de julio coincide con el principio de agosto. Magnífico)

Al abrir el ordenador compruebo que aún sigue habiendo visitas y visitantes. Mi contador de entradas dice que no me preocupe, que hemos perdido sólo un 35% desde ayer. El año pasado fue peor. Durante el mes de agosto fui el blog que clama en el desierto. Mañana la caída será aún más fuerte.

Volved pronto, amigos. Y, por favor, que las vacaciones no sean una huida frenética y agotadora, sino un descanso enriquecedor y fecundo. Éste es el tiempo de crecer para dentro, de madurar en silencio como madura el buen vino; de descubrir a los que viven a nuestro lado mirándolos a los ojos; de colonizar nuevos mundos explorando buenos libros; de hablar con Jesucristo junto al mar o en la montaña, como hicieron los apóstoles.

Todo es gratis.