martes, 30 de julio de 2019

Los ángeles de Kenya


Hace dos años, Pati Llamas y María Piédrola fueron a Kenya por primera vez. Eran, y siguen siendo, dos chiquillas recién graduadas en el Centro Universitario Villanueva de Madrid. Imagino que cuando salieron rumbo a Nairobi sólo pensaban en pasar unas vacaciones diferentes; pero pronto comprendieron que aquella aventura no iba a ser un simple paréntesis en sus vidas.
Con una generosidad admirable se pusieron a trabajar para ayudar a los más necesitados de todos: a los cientos de niños kenianos, víctimas de la pobreza y del abandono de sus padres. 
Así nacieron "los ángeles de kenya", una asociación dedicada por entero al cuidado de esos niños. Buscad su página de facebook; entrad también en las de sus dos promotoras. Y dejaos ganar por su su alegría y por su sonrisa permanente. Ayudadlas, que se lo merecen y nos necesitan. Basta con ver las fotografías para comprender que ellas son los verdaderos ángeles de Kenya. Yo  me siento en deuda con la dos y rezo por su trabajo todos los días.
Pati es antigua alumna de Aldeafuente, el cole en el que trabajé durante 18 años. María estudió en Montealto, otro colegio de Fomento. Por Pati tengo una predilección especial desde que era muy pequeña. Soy algo así como su abuelo, ya que Lupe, su madre, también fue alumna mía. Las dos me tienen comido el coco, aunque me esfuerce en disimularlo.



Pati 

Los numerónimos


Los llaman "numerónimos" sin permiso de la Real Academia y me están volviendo majareta. Empezamos con el 23-F. Luego llegaron el 11-M y el 11-S, de triste memoria en Madrid y NY. El 15-A creo que tuvo algo que ver con una acampada de "indignados" en la Puerta del Sol en tiempos de ZP, y el 1-O (Obsérvese que la O es una o y no un cero como podría parecer) se asocia con un referéndum ilegal en Cataluña. El 20-N tiene que ver con la muerte del General Franco, de J. A. Primo de Rivera y con la declaración universal sobre los derechos del niño. Hoy leo en la prensa que el 17-A no fue tolerado por el CNI, lo cual que tranquiliza, aunque no tenga ni idea de qué se habla. No sé si la M-30 es también una fecha o sólo una calle. Se lo preguntaré a CR7, que, al decir del Marca, formaría una fórmula ganadora con JR10. Lástima que no estén en el Real Madrid, o a lo mejor sí que están.
Poneos a salvo, amigos y amigas; los numerónimos y numerónimas crecen como un virus maligno que puede infectar nuestras castigadas seseras. La RAE aún no ha admitido el palabro en cuestión, pero mientras tanto podemos ir adaptando aquella bonita canción… 1-N, 2-F, 3-M, 4-A, 5-M, 6-J, 7-J, San Fermín. 

lunes, 29 de julio de 2019

Las buenas noticias ¿no son noticia?





Eso dicen los "expertos" en comunicación. Y lo repiten en inglés, que mola más: good news, no news, aunque el dicho anglosajón sea un poco distinto. Esta es su versión correcta: no news is good news, o sea que es buena noticia que no haya noticias.
¿Tendremos esa suerte en este mes de agosto que ya está llamando a la puerta? ¿Y el resto del verano? Es inevitable la proliferación de bulos, que se desmontan a las pocas horas. Y quizá aparezca alguna serpiente estival, un par de avistamientos de ovnis, un monstruo marítimo en el lago de la casa de campo, un escándalo entre famosos que quieren seguir abonando su fama con basura… Todo eso lo podremos soportar, pero, por favor, que nos dejen en paz los odiadores profesionales, los violentos, las manadas y los payasos del hemicirco.
En verano, los periódicos de papel se ponen a dieta de publicidad y adelgazan treinta o cuarenta páginas. Los digitales deberían seguir el mismo régimen aprovechando que hace mucho calor. Como dice Séneca, non panibus fornax, o sea que no está el horno para bollos.
Y, por cierto, tampoco es verdad que las buenas noticias no sean noticia. Lo  que pasa es que casi nadie las publica. El Evangelio es la Buena Noticia por antonomasia y deberíamos proclamarlo ahora más que nunca, aprovechando que tenemos tiempo libre. Ante una cerveza de media tarde en la terraza de un bar de la Sierra o en un chiringuito a la orilla del mar, es posible crear nuevas amistades y apuntalar las viejas. Y en ese contexto ¿por qué no cambiar de onda y hablar de Dios, del alma, del sentido de la vida, de la Esperanza con mayúscula, de la Entrega al servicio de los demás…?
En los días pasados, he podido mantener más de una conversación de este tipo a la sombra de una ermita, y tan refrescantes fueron esas charlas y tan firmes los propósitos que surgieron, que hasta nos olvidamos de la ola de calor.

sábado, 27 de julio de 2019

Madrid se vacía y mi cerebro también



Hoy Madrid se ha despertado con aires de primavera. La temperatura ha bajado considerablemente y como es el último finde de julio, a las siete de la mañana las calles están desiertas. Los semáforos siguen con su rutina de siempre —verde, ámbar, rojo—, pero estoy a punto de saltármelos en plan libertario. No lo hago porque soy buen ciudadano y tiendo a respetar las leyes, pero, sobre todo, por miedo a los drones, que ahora nos vigilan desde lo alto como abejorros-espía y han sido habilitados por nuestras sabias autoridades para multarnos al menor descuido.
Mientras procuro embridar al Citroën para que no supere los límites de velocidad, me pregunto sin venderán en El Corte Inglés  misiles anti-drones para defendernos de la permanente vigilancia del gran hermano. Y si los vendieran, ¿en qué sección estarían? ¿En bricolaje? ¿En deporte? Probablemente su sitio sería la sección de informática o, mejor aún, la de juguetes navideños.
Yo sé desde hace meses que es imposible dar un paseo por mi barrio sin estar enfocado permanentemente por dos o tres cámaras "de seguridad". Aquí ya no hay un  solo punto ciego y, claro, no hay manera de delinquir. Supongo que debería sentirme feliz, protegido por el celo maternal de la Administración, pero uno, que es desconfiado por naturaleza y por experiencia, siente escalofríos a pesar de los calores del verano.
Después de celebrar la Santa Misa, tomo de nuevo el Citroën, pongo la radio y me entero de que el Atleti ha metido siete goles al Real Madrid en el primer derbi de la temporada. Dice una intrépida corresponsal que "el Madrid fue humillado por los colchoneros"; que "Simeone pasó por encima de Zidane"; que se trata de una "goleada histórica", de "un terremoto de enormes consecuencias"…
Confortado por la épica periodística, desvío unos metros mi ruta y paso por delante del Santiago Bernabéu para comprobar que las ondas del seísmo no han afectado a la estructura del mítico estadio y sigue en pie a pesar de todo.

viernes, 26 de julio de 2019

San Joaquín y Santa Ana



 Queridos abuelos de Jesús y, por tanto, míos. Hoy al despertarme he pensado en vosotros. Me he preguntado si llegasteis a conocer a vuestro Nieto o ya estabais en el cielo cuando María Santísima recibió la visita del Arcángel Gabriel.  En la Sagrada Escritura no se os nombra, y es verdad que en aquella época la esperanza de vida era menor que ahora.
Luego se me ha ocurrido que el pueblo hebreo ha sido siempre muy longevo, y los evangelistas son tan escuetos al contar la vida de Cristo que quizá pasaron por alto algunas historias importantes; por ejemplo, aquel día en que vuestra hija cuando todavía era muy niña apareció en casa con un muchacho alto, fuerte, de mirada limpia y manos fibrosas que dijo llamarse José. Tú, Ana, ya le habías echado el ojo y habías pensado que aquel chico era el yerno soñado por cualquier madre. Joaquín también había oído hablar de él y, después del primer contacto, le invitó a dar un paseo por Nazaret para charlar de sus cosas y conocerse mejor.
—Yahvé nos ha hecho otro regalo —dijo Joaquín al regresar—. José es el esposo que Dios ha preparado para María.
—Aún son tan jóvenes... —respondiste tú, Ana—. 
Hace tiempo inventé el verbo "abuelear", que algún día figurará en el diccionario. Seguro que los dos entendéis lo que significa. ¿Qué sentisteis cuando tuvisteis por primera vez en los brazos a Jesús? ¿Sabíais que abrazabais y besabais al mismo Dios hecho Niño?
 
Ya veis; he fantaseado demasiado esta mañana mientras me arreglaba para salir de viaje camino de Madrid. Luego, ya en el coche, una tormenta repentina en plena autopista me ha devuelto a la realidad.
 
¿A la realidad? No sé. Quizá haya alguien entre los pasajeros de esta mesa camilla que quiera completar el relato y contárnoslo. Pienso en Cordelia, sin ir más lejos.

jueves, 25 de julio de 2019

En la fiesta de Santiago, vuelvo a las andadas



Hace casi veinte años publiqué  un artículo en Mundo Cristiano titulado "Patriotismo y ombliguismo".  En 2007 decidí reproducirlo en este globo, que por entonces estaba recién nacido. No pensé que aquellas moderadas reflexiones sobre la virtud cristiana del patriotismo pudiesen generar tantos insultos y descalificaciones personales como las que me llegaron por la red. Claro que entonces aún no sabía que Internet, además de ser un instrumento casi mágico de comunicación, es también un pozo séptico con aromas de todo tipo.
He vuelto a leer hoy aquel viejo folio aprovechando que celebramos la Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrón de España, y, por cierto, también de Bilbao. Compruebo que utilicé un lenguaje manso, afable y con una pizca de humor para evitar convulsiones. No hice referencia a personas, partidos o ideologías concretas, y me situé en el lugar que me corresponde como sacerdote.
Hoy inserto otra vez aquel viejo artículo a pesar de que citarse a uno mismo no esté bien visto. Quizá debería añadir alguna consideración más, pero lo dejaré para mañana o pasado.
Feliz día de fiesta. Y ojalá el camino de Santiago nos conduzca a la concordia y a la playa, que hace mucho calor. 

Estoy en Bilbao. Desde hace años siempre vengo de paso, sin tiempo siquiera para recuperar el acento perdido, la inconfundible cadencia que se gastan en el Bocho y que descubro intacta en las voces de mi familia y mis amigos. Esa música, como el aroma incierto de la ría, la brisa del Abra o la puesta de sol sobre el Serantes, es una especie de álbum de fotos en el que ya amarillean mis recuerdos.
Trato de escribir el artículo del mes, y me pregunto si, después de tanto tiempo fondeado en esta página, que nació desenfadada y risueña, mis clientes me dejarán hablar en serio, incluso con cierta melancolía.
Hace más de cuarenta años salí de esta tierra para estudiar en la Universidad. Entonces no era consciente de que mi marcha se convertiría en definitiva. En todo caso, era muy joven y no me habría importado saberlo. Los vascos somos gente viajera y de mal asiento. Fuimos pescadores en Terranova, conquistadores de media América, marinos de todos los mares, empresarios en Castilla, Madrid, Andalucía... Y, más chulos que un ocho, conservábamos siempre lo importante: un amor apasionado por nuestra tierra…, y el Athletic, que era el segundo equipo de los que no habían tenido la fortuna de nacer por estos lares.
Tengo para mí que la chulería bilbaina (sin acento, please) no molestaba a nadie, porque era tan ingenua como desmesurada. De lejos se veía que era una forma de disimular la timidez. Caía simpática porque los chistes de bilbainos los inventábamos aquí, igual que en Lepe se inventan las historias de leperos.
Los bilbainos solemos ser unos tímidos compensados, que cantamos en coro porque nos da vergüenza ser solistas y hablamos muy alto para que el volumen enmascare nuestra inseguridad. Es cierto que nos encanta dejar constancia de que somos de Bilbao, pero también San Pablo declaró con orgullo ante el juez su condición de ciudadano romano. Y eso que no hay color: ser de esta tierra es mucho más importante.
Aquellos bilbainos de los años 60 íbamos por el mundo con la arrogancia de quien se supone envidiado por el resto del Planeta. Ya lo dijo Unamuno: el mundo entero es un Bilbao más grande. Con parecida modestia añade Ruiz Olabúenaga: Bilbao es, como Roma, madre de todos los imperios. Y Kloster asegura que cuando sale de su tierra un bilbaino, adopta andares de propietario que va de visita a la finca.
Todo esto es sólo una caricatura; pero las caricaturas suelen tener un fondo de verdad. Y la verdad es que aquí se vive intensamente, aunque de forma peculiar, una virtud humana y cristiana que siempre se ha llamado patriotismo.
Ser patriota es amar con pasión —y por este orden— a los padres, a la familia, al pueblo, a la patria chica, a la patria grande, y, en definitiva, al mundo entero, que también se reconoce como patria. Se trata de un amor centrífugo, expansivo, que no desprecia a nadie ni se acompleja ante nadie; que no divide ni separa, que a nadie ofende ni molesta.
El patriotismo bilbaino, reconozcámoslo, es patriotero, fantasmón y perdonavidas, pero es éste un pecado venial que se absuelve fácilmente cuando viene adobado con sentido del humor. Sin embargo nunca (hasta ahora, ¡ay de mí!) hemos sido ombliguistas.
El ombliguismo, o tendencia desordenada a contemplar fascinado el propio ombligo, es un aldeanismo con tortícolis. El ombliguista cree que ama a su tierra, pero lo único evidente es que no soporta a las demás. El ombliguista es un seudo patriota acomplejado, que vive convencido de que los de fuera, los otros, le odian, le desprecian y, por supuesto, no le entienden.
El ombliguista, en el fondo, no sabe amar ni siquiera a su propio pueblo, porque no lo ve como raíz sino como fortín. Amar las propias raíces es crecer, salir de uno mismo para dar fruto; es hacer que las ramas se vuelvan alas y volar lejos. El ombliguista no quiere esto: se encasqueta la boina, se parapeta en su lengua y en sus neurosis y se pasa la vida afirmando su identidad, en busca de enemigos con los que poder confrontarse.
El ombliguismo atrofia el corazón; el patriotismo lo dilata. El ombliguismo genera rivalidades, odios e incluso violencia; el patriotismo, como todos los amores, es difusivo, contagioso y alegre; enriquece a quien lo tiene y a quien lo ve en los demás.
Nada más opuesto al espíritu de mi tierra que ese ombliguismo de que hablo.Por eso, cuando vengo al Bocho y veo…, lo que veo, me lleno de melancolía y de añoranzas.
Pero estoy convencido de que la enfermedad no puede durar. Bilbao es mucho Bilbao. Y siempre nos quedará el Athletic.  

martes, 23 de julio de 2019

El globo toma altura



Después de casi tres años de silencio, el pasado 30 de abril el globo salió de nuevo al espacio. Fue una puesta en marcha silenciosa. No quería volver a la época anterior, cuando nos visitaban miles de personas cada día, muchas sin nombre y algunas, peleonas e impertinentes. Dije entonces que, en esta nueva etapa, aspiraba a convertir el blog en una especie de mesa camilla para que un grupo pequeño de amigos charlásemos de nuestras cosas, sin debates ácidos ni enfrentamientos personales.
Ayer, por fin, me decidí a echar una ojeada a las "estadísticas" que, quieras o no, va elaborando Google para estas páginas. Lo hice con cierto miedo, como cuando uno se sube a la báscula para comprobar cómo ha ido ganando o perdiendo peso. Mis temores estaban justificados: el globo cada día tiene más visitantes. Ayer, entraron casi seiscientas personas diferentes. Muchos, desde distintas regiones españolas, pero también desde Norteamérica, Argentina, Reino Unido, Puerto Rico, Honduras, El Congo, Kenia, Japón… ¿Se puede saber quiénes son los 7 de Kazajistán o los 32 de Indonesia?
Todos son bienvenidos, por supuesto; pero conservo la esperanza de que, en agosto, se desplome la audiencia y volvamos a la mesa camilla. Si no es así, pido a los visitantes que me comprendan: a mi edad uno ya ha perdido el gusto por los debates y los enfrentamientos.
Ayer viví una experiencia magnífica: vi en la televisión el debate de investidura sin el sonido del hemicirco, y comprobé que, en efecto, algunas imágenes valen más que todas las palabra de sus señorías.
Como fondo puse música clásica: la Flauta Mágica de Mozart.

lunes, 22 de julio de 2019

"Dictar" un retrato de María



Ya se han ido los treinta chicos del Pabellón, y mañana se marcharán los treinta y tantos de la residencia. Las veinticinco  mujeres de "la ampliación" aún se quedarán un poco más, y yo estaré solo en la casa antigua por unas horas. Ojalá puedan descansar un poco  las chicas de la administración, que son el alma de Molinoviejo, una casa que, como dice la vieja canción "nos roba el alma".
Se ha levantado un viento bochornoso. Dicen que "de Virgen a Virgen" —del 16 de julio al 15 de agosto— aprieta el calor con más entusiasmo; pero, aunque la memoria meteorológica suele ser engañosa, no recuerdo un mes de julio como éste que está a punto de terminar.
En el oratorio de la casa antigua se está bien y no solo por el relativo fresquito. Me gusta mirar la imagen de la Virgen que pintó Alfonso Ramil en 1946. He hablado de ella varias veces; la última hace solo dos meses, pero, aunque no sea una obra maestra, para mí y para miles de personas es un recuerdo permanente de la presencia de San Josemaría en Molinoviejo, que aún  sigue aquí, en cada rincón de este hogar y en la figura inolvidable de esta Virgen que tantas oraciones ha recibido. 
—"Me la dictó el Padre" —me dijo Alfonso pocos meses antes de morir—.
¿Cómo se puede "dictar" un retrato de María Santísima? La pregunta es retórica, porque conozco muy bien la respuesta. San Josemaría hablaba de nuestra Madre como nadie sabía hacerlo. Con un lenguaje sencillo, sin metáforas barrocas ni excesos románticos, sin impostar la voz, iba dibujando con palabras simples un retrato adorable que podría inspirar a cualquier pintor o al más torpe de los poetas. Alfonso era muy joven, aún no había terminado su carrera de Bellas Artes, pero tenía talento. San Josemaría lo llamaba Pinturicchio, y estoy persuadido de que Dios lo sigue llamando así, y habrá premiado en el Cielo a quien puso tanto cariño en el retrato de su Madre.
Es casi media noche. No es fácil dormir con este bochorno, pero al menos he logrado redactar, una vez más, unas pocas líneas mirando y remirando a María.


domingo, 21 de julio de 2019

Globos en Segovia


Se ha celebrado en Segovia el Primer festival de globos aerostáticos. Dicen que navegaron sobre la ciudad centenares de estas silenciosas esferas voladoras y que el cielo se vistió de todos los colores del arco iris.
Y yo, sin enterarme. Mi globo estaba suficientemente preparado para participar en el concurso aerostático y ganarlo. Quizá por eso no me avisaron; me tienen miedo.
Lo que más me duele es que mis amigas las aves no vinieran a darme la noticia y que me dejaran aquí encerrado, a solo quince kilómetros.
Tan deprimido estoy que no escribiré nada. Ni siquiera hablaré de la golondrina que se ha estrellado contra un ventanal-trampa de Molinoviejo. Había pensado dedicarle un poema, pero...
Mañana veremos si me encuentro con fuerzas. El curso se me acaba y la ola de calor, implacable, empieza a freírme las neuronas. 


 

sábado, 20 de julio de 2019

Yo también estuve en la luna



Cuando el hombre llegó a la luna, yo ya estaba allí y pude recibir a mi amigo Neil Armstrong con todos los honores. Lo recuerdo muy bien. Había poco espacio para aparcar porque estábamos en fase de luna menguante y aquello parecía un plátano amarillo que se estrechaba por minutos. Yo subí directamente desde Madrid arrojando el lazo a uno de los cuernos, según se mira, al de abajo. No fue fácil, pero al tercer o cuarto intento me encontré colgado en el espacio como en un columpio. A partir de ese momento, bastaba con dejarse llevar por la inercia.
Fue una gran noche. Yo hacía el curso de retiro previo a mi ordenación sacerdotal, en perfecto silencio, por supuesto, y el predicador nos había advertido:
—Que a nadie se le ocurra ir esta noche a la sala de estar para ver el aterrizaje del módulo lunar. Estáis haciendo un retiro muy importante y no podéis distraeros con tonterías galácticas.
A las 2 de la madrugada, con pijama de astronauta y zapatillas anti ruido, bajé de puntillas camino del televisor. Allí estaban todos: los veintiocho candidatos al sacerdocio y el predicador del  retiro. Había banderitas norteamericanas y una botella de pacharán para celebrar el acontecimiento.
Sorprendido por una desobediencia masiva tan descarada y flagrante, bebí una copa del rojo licor navarro y salí al balcón para ver la luna en colores. Allí estaba, limpia y refulgente, con  sus dos cuernos afilados como una tentación.
Volví a la tierra al amanecer. Continué mi retiro como un buen chico y creo que di gracias a Dios por aquella experiencia nocturna, que me serviría de preparación para la nueva aventura que iniciaría un mes después. Ser cura era mucho más emocionante que el mejor viaje espacial.


 

viernes, 19 de julio de 2019

Nuevas sanciones veraniegas (II)




Por quitarse las sandalias en el metro y dejar los dedos descalzos al aire……………15 €*
Por hurgarse los pies en el metro para completar la faena anterior..……………………….50 € *
Por decir…
  • Esto es culpa del cambio climático…………………………………………………………1€
  • yo me ducho si me veo sucio. Si no,,,, agüita en la cara y a correr……………….15 €*

por secarse el sudor con la cola de camisa dejando al aire el umbilicus..………………………10 €
Por abanicarse
  • con el ABC………………………………………………………………………...30 cms  
  • con el Hola………………………………………………………………………..60 cms
  • con el BOE………………………………………………………… .15 €

Por pasear en un descapotable rojo por Madrid a 42 grados……………….500€ (y tres puntos)*
Por llevar el sombrero "Panamá", inclinado a lo Humphrey Bogart……………………........…5€

(Las sanciones que llevan * tienen aparejada orden de alejamiento hasta que llegue el invierno)




jueves, 18 de julio de 2019

Venid a mí



Tengo ya la mochila preparada y los prismáticos al cuello para salir de excursión, pero no puedo ni quiero quitarme de la cabeza las palabras de Jesús que acabo de lee en el Evangelio de la Misa de hoy:
—"Venid a mí".
¿A dónde iría sin ti, Señor? Trataré de encontrarte en el vuelo de las aves, en el azul del cielo, en la nube negra de la tormenta, en el canto de los pájaros del bosque, en el silencio de la montaña, en las risas de otros excursionistas… Pero tú insistes:
—Ven a mí. Más cerca. No me conformo con que me hables a través de las criaturas. Búscame en los Sagrarios que encontrarás en el camino. Allí me escondo para que me encuentres; podrás mirarme aunque no me veas; charlar conmigo aunque pienses que no te respondo. Soy el mismo Jesús-Hombre que recorrió todos los caminos de Israel, el que nació en Belén y murió en la Cruz.
"Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré…"
—El cansancio es buena cosa; el agobio, no. ¿Por qué te preocupas de tantas tonterías? Cuéntamelas y  verás cómo nos reímos juntos.  Ahora ya puedes irte de excursión. Llévame en la mochila.

miércoles, 17 de julio de 2019

Nuevas sanciones veraniegas




Por decir:

"Si aquí hace este calor, imagínate en Madrid"…………..1 euro
"Jo, tío, qué calor"……………………………………….............20 cms.
"…pues yo tengo frío"…………………………………... ...........5 euros
"El calor seco de Segovia se soporta muy bien"………….5 euros
"El aire acondicionado es malo para la salud"…………...15 euros
"Segovia no tiene nada que envidiar a Sevilla"…………..10 euros
"Peor lo pasan en Camerún y no se quejan"………………5 euros
"La culpa es de Trump"…………………………………..........20 cms
"Pues yo no uso desodorante".......................................50 euros


martes, 16 de julio de 2019

En la fiesta del Carmen

La tripulación del Buque Insignia de la Armada Española, Juan Sebastián Elcano, celebró en Guetaria (Guipuzcoa) el 500º aniversario de la primera vuelta al mundo. El obispo de la Diócesis, Mons. Munilla celebró la Santa Misa y, al terminar todos cantaron la Salve Marinera.
Las voces son poderosas, el oído no tanto; pero fue un momento memorable.



Luego, el Juan Sebastián Elcano atracó en el puerto de Bilbao, en Getxo y recibió multitud de visitas. He aquí un bonito reportaje de la estancia en mi tierra.


Por último, me gustaría felicitar a todas la Cármenes, Carminas, Carmelas y Carmelos que conozco, pero mi memoria, que no es mala, me dejaría en mal lugar. Esta mañana, al despertarme he tratado de ir recordándolas una a una. Y me han salido 18 entre las nieblas del sueño. No en vano Carmen es el nombre de mujer más frecuente en España

lunes, 15 de julio de 2019

Ser un Ex



Jose está triste y enfadado a partes iguales.
—Mi hija se ha separado de su marido. No lo veíamos venir, la verdad. Parecían contentos. Mi nieto mayor sí que se olía algo. Tiene ocho años y nos ha salido listo. Lo que no soporto es que mi yerno haya hablado de mí como su "ex suegro". ¿Tú crees que yo tengo cara de ex?
—No sé. ¿Cómo quieres que te llame?
—Por mi nombre. Yo no soy ex de nadie. Si acaso puede decir que soy suegro emérito. Como los don Juan Carlos y como el Papa Benedicto.
—¿Emérito?
—¿Te parece poco mérito tener un yerno como ése?

domingo, 14 de julio de 2019

Jolastoki desaparece



En el Norte decimos "restorán", castellanizando la palabra francesa restaurant. En Castilla prefieren "restaurante", masticando cada una de las letras, y la Academia y yo les damos la razón ya que el vocablo procede del verbo "restaurar" y no es de raigambre gala sino ibérica.  En todo caso, en Getxo (antes Guecho) nunca nos hemos planteado problemas lingüísticos; con decir Jolastoki  nos entendíamos todos.
Hay restaurantes efímeros que huelen a fiambre desde el primer día y quiebran diez minutos antes de nacer, y restaurantes fósiles que duran y duran sin saber por qué, por pura costumbre de durar. Hay restaurantes de paso para clientes con prisa que olvidarán diez kilómetros más adelante dónde estuvieron, y restaurantes-siesta, placenteros y silenciosos, casi siempre pegados a un hotel.
Jolastoki no es nada de eso. Ni siquiera es chino, aunque el nombre pueda confundir a alguien. Tampoco es de fusión ni de confusión. Jolastoki es señorial, acogedor, amigo de sus amigos, tradicional e innovador, confortable, familiar. Vive desde 1921 en un gran chalet de Neguri con aire de gran caserío y ha ido madurando desde entonces como un buen vino.
Aquí encontraréis algo de su historia.
Ahora me dicen que cierra, que se vende el edificio y quizá se convierta en vivienda para los compradores. ¿Qué ha ocurrido? ¡Tenían que habernos pedido permiso! Sus muros guardan los mejores recuerdos de miles de familias; de la mía, por supuesto, que se ha ido multiplicando hasta formar casi una tribu.
En Jolastoki nos hemos reunido al menos una vez al año. Allí celebramos los 101 de Marita, que fue siempre la matriarca, con mando en plaza, de todo el clan. Y tuvimos bautizos, bodas, aniversarios. Allí me proponía yo acudir dentro de un mes y medio para brindar en mis 50 primeros años de sacerdote. De paso respiraría el aroma de las maderas que guardan recuerdos de tantos lustros.
¿Qué ha pasado? No quiero saberlo. Sólo sé que mi memoria necesita acariciar otra vez cada objeto de esa casa para que no lo confunda todo y me pierda en la bruma del pasado.
No quiero ponerme cursi y decir que derramo "una lágrima" por Jolastoki. En mi caso sería una metáfora imposible ya que mis lagrimales no funcionan desde hace muchos años. Me gustaría, eso sí, conservar como reliquia el aroma embotellado del jardín y también el de las croquetas, que siempre fueron insuperables.




sábado, 13 de julio de 2019

Nadal sigue dando lecciones


El odio ya salió del armario




Estaba escondido entre celofanes de sonrisas y estuches de alabastro. Se encubría con palabras amables y gestos de fingida cordialidad. En Versalles bailaba con  cualquiera. Aprendió a ser civilizadamente hipócrita en los salones de las mejores familias; pero ahora se conoce que se ha hartado de tanta farsa y ha decidido presentarse en sociedad con su vestido más apestoso, oliendo a tigre y vomitando inmundicias.
Desde hace años vive en la red de redes rebosando insultos y calumnias en cualquier dirección. En el Parlamento ha aprendido a ofender en las todas las lenguas del Estado. Sabe insultar de palabra y por escrito. Se ha hecho casposo y triste.
Cuando lo veo de cerca, yo también siento la tentación de odiarlo, de odiar al odio, que no sé si vale la pena. En todo caso sí que compadezco a los pobres odiadores. De verdad que rezo por ellos todos los días, porque pasan un verdadero infierno. El odio siempre es indigesto.

viernes, 12 de julio de 2019

"No llores"





El ruido de una multitud despertó al búho aquella tarde. El sol golpeaba con fuerza en la entrada de su guarida, y él trataba de hacer sombra con las alas para no deslumbrarse; pero algo le llamó la atención. Vio  un tropel de gentes muy variadas. Había muchos hombres, pero también mujeres y niños. Todos escuchaban a Jesús que caminaba en medio y gastaba bromas, y sembraba risas a su alrededor.
El oído penetrante de Homero detectó el eco de otros pasos que se acercaban en dirección contraria. Se oía también una melodía suave, como la que interpretaban los flautistas en las comitivas fúnebres. Pronto apareció el segundo cortejo. Sobre unas parihuelas, envuelto en un lienzo blanco, iba el cadáver de un joven de apenas quince años, el rostro descubierto, sin el sudario. Su madre, acompañada por un grupo de amigas y plañideras, no dejaba de acariciarlo y de regarlo con sus lágrimas.
Al encontrarse las dos caravanas, se hizo silencio. El llanto de la mujer congeló las risas de los que acompañaba a Jesús. Todos se detuvieron  menos el Señor, que por un momento pareció estar también al borde del llanto. Se acercó a la madre del muchacho, y le dijo solo dos palabras:
—No llores.
Los judíos tenían prohibido por la ley tocar un cadáver, pero el Maestro, agarró con fuerza la mano del muchacho y le ordenó:
—Joven, yo te lo mando: levántate.
Me dice el búho que Jesús algunas veces hace milagros raros, que  concede favores a quienes no los piden como ocurrió en este caso, que atraviesa lagos caminando sobre el agua y utiliza al barro como colirio para curar a los ciegos…, cosas así.
Tiene razón Homero; pero este milagro era inevitable. Es sabido que un hombre enfrentado con las lágrimas de una mujer se siente indefenso, no sabe qué hacer. Todos darían cualquier cosa con tal de poder secar esa fuente, que es el arma más poderosa que tienen ellas. Y Jesús, Perfectus homo, es decir verdadero hombre, podía conseguirlo con solo un gesto.
Si los hombres supiéramos llorar como la Viuda de Naim, como la pecadora en casa de Simón el Fariseo o como María Magdalena, junto a la tumba del Señor, no necesitaríamos palabras para conmover el corazón de Cristo y alcanzar todo lo que necesitemos.
Lágrimas de arrepentimiento, lágrimas de abatimiento, lágrimas de soledad, lágrimas de ausencia, lágrimas de congoja, lágrimas de desconsuelo, lágrimas de agradecimiento, lágrimas de encuentro, lágrimas de abrazos, lágrimas de niña chica… Todas las lágrimas valen, salvo las que nacen del odio, del rencor, de las heridas sin cicatrizar, de la soberbia herida, del fracaso no asimilado, de la frustración.
Hace años estaba yo en la capellanía de Aldeafuente cuando entró sin llamar una niña de 7 u 8 años. Recuerdo muy bien su cara y su nombre, pero no os lo contaré. Trató de decir algo, pero se puso a llorar con tal desconsuelo que me dejó sin palabras. Hice varios intentos por calmarla; le ofrecí un caramelo y un pañuelo de papel; traté de contarle algo gracioso, pero fue inútil.
Al fin le dije:
—Cuéntame un chiste.
—¡Buaaa!
—Uno pequeñito, anda.
Y empezó a contarlo entre jipíos y pucheros:
—A que no sabes cuál es el animal que tiene más dientes
—¿El cocodrilo?
La cría soltó una carcajada empapada en lágrimas y saliva:
—¡Noooo! ¡El ratoncito Pérez!
Al final no me quedó claro por qué lloraba.



        

jueves, 11 de julio de 2019

Los jueves, excursión



Montecassino, reconstruido 
Son las siete y media de la mañana. Acabo de rezar una parte de la Liturgia de las Horas y he salido al jardín para tomar la fresca con los pájaros antes de predicar la meditación de la mañana. A las 8,30 hablaré a veinticuatro mujeres sobre la Eucaristía. Media hora después les celebraré la Santa Misa. Hasta aquí, todo normal y corriente. He madrugado más de lo razonable porque me gusta ver a las oropéndolas, que se concentran a estas horas y alborotan con su extraño canto aflautado mientras toman el desayuno.
Hoy es San Benito, Patrón de Europa, aunque me temo que nuestros amados líderes de la Unión Europea lo ignoren. Es posible que la mayoría ni siquiera hayan oído hablar de este santo monje ni de la Abadía de Montecassino, que fue destruida en la segunda guerra mundial por las fuerzas aliadas. Fue un bombardeo atroz en el corazón de Europa. 
Después de desayunar me echaré los prismáticos al cuello y, vestido de ornitólogo, saldré a dar un paseo no muy lejos de la casa. Hoy tenemos excursión. Por eso me apresuro a  redactar estas líneas. Estoy impaciente. Me sigue apasionando la búsqueda de las aves rapaces que he visto cien veces: el águila imperial, el buitre negro, los alimoches, recién llegados de África…

Esta noche he soñado con un quebrantahuesos. Tendré que contárselo a mi pediatra.

miércoles, 10 de julio de 2019

Las colas de la farmacia


La judería

Tenía que ir a la farmacia, y aunque en Ortigosa hay una espléndida, he preferido acercarme a Segovia para dar un paseo por el barrio medieval.
El tiempo acompaña. Esta noche ha refrescado bastante, y queda en el aire como un recuerdo amable de la primavera. Una señora muy atenta me acompaña hasta misma la puerta de la vieja sinagoga y en pocas palabras me dibuja un buen itinerario turístico para los tres cuartos de hora que tengo hoy a mi disposición.
—También puede almorzar en La judería, que es un restaurante especial; no sirven cochinillo ni cordero. Hay mucha cosa oriental, ¿sabe?
La mujer quiere seguir acompañándome y no deja de hablar en un castellano perfecto aunque un tanto agobiante. Yo trato de no ser grosero; le doy las gracias tres o cuatro veces más y logro desprenderme, al fin, de su afectuosa compañía.
Media hora después entro en una farmacia bastante concurrida. Enseguida me hago cargo de la situación: dos empleadas atienden a los clientes alineados en dos colas. La más corta esta a mi izquierda y está compuesta sólo de dos personas; dos señoras de mediana edad. En la cola de la derecha no hay mujeres; solo cuatro hombres silenciosos y, en último lugar, un chico de unos quince años que luce una camiseta del Real Madrid.
—¿En qué cola me pongo? —le pregunto al chaval—.
—Conmigo. Las tías son más lentas.
Al salir de la farmacia, la dependienta aún no ha terminado de negociar con la primera señora un acuerdo sobre el tratamiento para sus problemas de piel, que ya son conocidos por toda la concurrencia.
—¿Lo ve? —me dice el chaval—.
—Lo veo.

martes, 9 de julio de 2019

La tormenta



A las 8 en punto de la tarde los timbales retumban en el cielo para iniciar la primera sinfonía del verano. Se estremece el rebaño de nubes cumuliformes, blancas, como corderos asustados. Un viento húmedo imprevisto las sacude sin piedad y la atmósfera se oscurece. Las golondrinas llevan un buen rato picoteándose las plumas para impregnarlas del aceite que ellas mismas producen. Ya tienen dispuesto el impermeable.
De pronto, un relámpago ilumina el horizonte y se escapa hacia el sur. Otra vez suena el concierto de los timbales, que ahora se aproximan implacables y en pocos minutos estarán sobre mi cabeza. Penetra por la ventana un aroma inconfundible de campo mojado.  
El director de orquesta da entrada al primer chaparrón para que se una a la fiesta. La lluvia viene recia y fría. El termómetro se desploma. Los pájaros sienten el escalofrío y se refugian en los lugares más insólitos. Yo pienso en el himno de los tres jóvenes que he recitado esta mañana después de Misa:
Benedícite, lux et ténebræ, Dómino, benedícite, fúlgura et nubes, Dómino. Sí; la luz y las tinieblas, los relámpagos y las nubes cantan la gloria de Dios.
Hace quizá sesenta años sorprendí un día en Pamplona a Leonardo Polo, el genial filósofo, catedrático en la Universidad, contemplando una tormenta. La lluvia arreciaba y los rayos parecían estrellarse en el horizonte contra la Higa de Monreal. Don Leonardo, completamente empapado, sólo se protegía con su inseparable boina. Me acerqué a él con un paraguas. Me miró y dijo:
—Si esto es sólo criatura, imagínate cómo será el Creador.
A las 8,45 de la tarde, termina la tormenta con un adagio de brisa suave. Las nubes se vuelven blancas y se quedan pensativas. 

La Higa de Monreal