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miércoles, 14 de junio de 2017

Candelaria, 23 grados


Rosa no comprende por qué la televisión española apenas alude al clima de Canarias.
—Dicen que en la Península superan los 40 grados. Aquí no subimos de 25 ni bajamos de 20. Con semejante clima hasta la lluvia es agradable, porque no enfría ni calienta; casi, ni moja.
—La lluvia moja como en todas partes. Lo que ocurre es que te encanta que se empapen esos pantaloncitos de flores, y no te enfureces si te chorrea el pelo.
Rosa es la mujer de Santi. Los dos son viejos amigos y acaban de llegar a Tenerife para pasar unos días. Han aparcado a los niños en casa de la abuela y, quizá por el remordimiento, han aparecido en Arona para liberar a este ermitaño de su encierro y llevarlo a pasear por la costa. De momento hablan de meteorología y mandan continuos watchaps a "los niños" para preguntarles si hace calor en Sevilla.
Ya en el coche, la conversación cambia de música. Van a cumplir quince años de matrimonio y quieren tener una Misa para dar gracias a Dios en agosto y en Sevilla.
—¿Te acuerdas cuántas cosas bonitas dijiste el día de nuestra boda? —pregunta Rosa—.
—La verdad es que no. Y tu…, ¿te acuerdas?
—¡Cómo voy a acordarme!, ¡qué cosas tienes! Para sermones estaba yo, con este tío a mi lado que no paraba de contar chistes en voz baja.
Santi pone cara de inocencia absoluta y dice:
—Yo sí me acuerdo. Hablaste de los hijos, de la familia y eso…
—Ya. En todo caso, a mi no me lleváis a Sevilla en agosto ni anestesiado.
—Te lo dije, Rosa. A los vascos no les van los calores…
Rosa y Santi tienen cuatro niños y una niña. Ellos mismos siguen siendo una pareja de adolescentes discutidores, peleones y llenos de vitalidad.
Al llegar a Candelaria rezamos el Ángelus en latín dirigido por Rosa.
—Y si pedimos a la Virgen que haga fresquito en agosto…, ¿vendrías?
—Bueno; pero sólo si se repite el milagro de la Virgen de las Nieves. 
El arroz con bogavante estaba delicioso, pero fui fuerte y, de momento, no he cedido. 

domingo, 12 de junio de 2016

Visitas


Uno empieza ya a estar en la edad de recibir visitas más que de hacerlas. Como además vivo la mayor parte del tiempo en casas de retiro, en el campo, es fácil que mis amigos se animen a escaparse de Madrid. 
Hoy han venido a Molinoviejo Santi y Amalia, una encantadora pareja de la que hablé aquí hace cuatro años, cuando se casaron en mi presencia. 
Santi y Amalia ya tienen dos niños: Eugenia, una guapísima charlatana de dos años, que fue recogiendo todas las amapolas que veía a su paso, y Santi jr., que apenas tiene nueve meses, pelirrojo como su padre, que observa el mundo con  asombro desde unos ojazos azules preciosos.
Cuando entramos en el oratorio de la casa antigua, Eugenia se fue decidida hacia el altar, hizo la genuflexión con verdadera pericia, "sopló" un beso a la Virgen del retablo y se quedó un instante mirando al Sagrario. En ese momento pude apretar el botón y sacar la foto.