martes, 20 de agosto de 2019

Lecturas de agosto




Ya apenas leo libros de papel. Añoro su textura, el aroma que desprenden cuando se abren por primera vez. Hojear un libro y oír el aleteo de sus páginas recién estrenadas es un pequeño placer del que nos privan las nuevas tecnologías.
Por otra parte, desde que manejo un lector electrónico, un kindle que me trajeron los reyes hace tres años, puedo permitirme el lujo de leer más que nunca; a veces cuatro o cinco libros al mismo tiempo. En este pequeño aparatito lo tengo todo: desde los nosecuántos tomos de la Biblia de Navarra hasta la colección completa de mis novelas negras favoritas —Chandler, Ross Mac Donald, Hammett— y, por supuesto, cientos de esquemas de homilías, meditaciones y clases que yo mismo he ido elaborando.
Llega el verano y no necesito trasportar un quintal de libros en el maletero del coche para descansar de la civilización. Me basta con el kindle. Durante estos días estoy leyendo
  • "En vanguardia", de Mercedes Montero. La mejor biografía de Guadalupe Ortiz de Landázuri escrita hasta la fecha. Ya soy fan de Guadalupe gracias a este libro.
  • La conquista de América contada para escépticos, de Juan Eslava Galán. Un relato ameno y bastante riguroso de la gran epopeya que protagonizó España en aquellos siglos. Sería un libro muy recomendable, incluso para niños, si no fuera por algunas descripciones zafias e innecesariamente sensuales.  
  • Juegos de la edad tardía, de Luis Landero. tercera relectura. Ya hablé aquí de esta sorprendente novela.
  • Los Buddenbrook, de Thomas Mann, una fantástica novela que sólo puede saborearse poquito a poco. Thomas Mann se complace en ser un verdadero ladrillo; pero vale la pena.
  • Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, tercera o cuarta relectura del gran poeta de la ciencia ficción. Un clásico que nunca hay que perder de vista.
  • Coplillas del Marqués de Santillana. Un capricho.
  • Y, por supuesto, El criticón, de Baltasar Gracián, mi libro de cabecera desde hace más de veinte años. Cada día leo, al menos, una página.
¿De verdad estoy leyendo todo esto a la vez? Me temo que sí. De hecho he elaborado esta lista para convencerme a mí mismo de que es posible pasárselo en grande sin ver una sola serie de Netflix.

domingo, 18 de agosto de 2019

Demasiado personal



A veces no sé cómo etiquetar mis entradas en el blog. En muchos casos suelo incluirlas en ese cajón de sastre que llamo "diario". Luego pienso que, en efecto, esto parece un diario, incluso un diario íntimo que lanzo a la red con una desvergüenza digna de mejor causa.
Hoy, por ejemplo, llevo todo el día pensando en lo que hago aquí, en las meditaciones que predico cada día y en las conversaciones personales que mantengo con los que vienen a mi despacho en busca de consejo o de ayuda.
Llega la noche, hago examen de conciencia y pienso, en la presencia de Dios, que tengo mucha cara: "sermoneo" desde una mesa en el presbiterio y lo hago con cierta elocuencia, porque ya son 50 años de práctica pastoral. Y, sí, alguna vez me siento la mar de ufano… ¡Qué forma tan tonta de  hacer el ridículo delate del Sagrario! Por eso, al acabar, me siento avergonzado. Sé que algunos de los que me escuchan son más sabios, más santos y, por supuesto, más humildes que yo.
Entonces hago el propósito de no "pontificar", de predicarme a mí mismo y aplicarme el cuento luchando personalmente en aquello que "exijo" de los demás con tanta desfachatez. 
No sé si colgaré en el globo esta reflexión. Si lo hago esta noche, por favor, hoy no me llevéis la contraria.

sábado, 17 de agosto de 2019

Ferragosto




Si buscáis ferragosto en Internet encontraréis unas cuantas páginas copiadas las unas de las otras en las que se dice que se trata de una palabra italiana derivada del latín  feriae Augusti. A continuación, aseguran que comprende una serie de festividades introducidas por el emperador Ottaviano Augusto en el siglo XVIII a.C. (sic).
Como comprenderéis, en el siglo XVIII antes de Cristo no existía Octavio Augusto, ni Roma, ni el Imperio; pero en Internet vale casi todo. El primero en escribir esa tontería lo más probable es que no tuviera culpa alguna. Fue sólo una errata. Pero los que la reproducen sin detenerse a reflexionar un instante deberían darse golpes de pecho por plagiarios y copiones.
Ferragosto, en cualquier caso, es el tiempo de la canícula; otra palabra interesante que, según mi amiga la wikipedia, deriva de "can" (perro). Su alusión a la temperatura agobiante de estos días "tiene un fundamento astronómico: alude a la constelación Can Mayor y a su estrella Sirio, La Abrasadora, cuyo orto helíaco coincidía con el fenómeno de calor abrasivo".
El caso es que la canícula del ferragosto tiene un efecto hipnótico y soporífero. Mis neuronas se adormecen, mi imaginación se atrofia, mi escaso ingenio se esfuma, y la indolencia, la apatía, la desidia  y —ay de mí— también la pereza, toman el mando de mi vida. Sólo espero que no se desinfle el globo, que pueda seguir volando hasta que lleguen las aguas de septiembre.
A la mayoría de mis escasos lectores esto les trae sin cuidado: casi todos están de vacaciones y no entrarán en esta página hasta el mes que viene. Yo tampoco lo haría. Los de Bilbao somos un poco anfibios; necesitamos sentir el agua en la piel para seguir vivos. A la espera de esa ducha revitalizadora, he comenzado a releer por tercera vez una novela lenta, melancólica y brillante como pocas; "diálogos de la edad tardía". Luis Landero debió de tardar un siglo en escribirla. Yo me lo imagino acariciando cada palabra, buscando metáforas insólitas, gustándose y recreándose en cada frase. Como un torero que se resistiera a entrar a matar seducido por la bravura del morlaco, el escritor juega con el capote de su peculiar diccionario, sin prisa por atacar la historia.
Sin embargo, gracias a sus artes de ilusionista, Landero consigue hipnotizar a los lectores; a mí también, sobre todo en este tiempo, que se desliza lánguido por el desierto abrasador de la canícula.

jueves, 15 de agosto de 2019

Se ha dormido la Madre de Dios





Cientos —quizá miles— de pueblos y ciudades de España celebran hoy sus fiestas patronales, asociándose a la gran solemnidad que llena la liturgia de Iglesia Universal; la Asunción de la Santísima Virgen al Cielo.
Miraflores de la Sierra también está de fiesta. Hay farolillos, tenderetes, churros y toda suerte de festejos para la gran multitud que abarrota el pueblo. También hay un pequeño santuario al aire libre, una gruta dedicada a la Virgen de Begoña, que recibirá montones de visitas. Yo me acercaré mañana. Hoy me conformo con verla desde la terraza de La Acebeda con los prismáticos pajareros que siempre me acompañan.
Esta mañana, durante la Santa Misa, me ha venido a la memoria otra imagen; la de la dormición de la Santísima Virgen que preside una pequeña capilla junto a la cripta de la Iglesia prelaticia del Opus Dei, en Roma. He rezado allí cientos de veces y he visto cómo los peregrinos que pasaban camino de la tumba donde estaba enterrado entonces el Fundador de la Obra, se detenían un momento, miraban a la Señora y tocaban con la punta de los dedos la urna de cristal en la que duerme la Virgen.
Es una imagen bellísima. Nuestra Madre, engalanada como una reina, con un vestido blanco, tiene el rostro de una chiquilla; como si al final de su vida, hubiese recuperado la hermosura que le corresponde —también en el cuerpo— por ser Llena de Gracia. Su Hijo quiso llevársela así al Cielo. Necesitaba sentir el calor de su regazo, los latidos de su corazón de carne, la caricia de sus manos maternales.
Hoy tengo la memoria llena de recuerdos de esta fecha. Debería escribirlos, ya lo sé, pero el tiempo que dedico al globo se termina. Tal vez mañana.  



Gruta de la Virgen de Begoña

martes, 13 de agosto de 2019

El frío congeló las lágrimas de San Lorenzo.



 El frío y la luna. Cuando me puse en pie a las tres de la madrugada para mirar al Cielo, el termómetro del jardín marcaba 12 grados; demasiado frío para el mes de agosto y para mis pobres recursos indumentarios. El jersey no pudo evitar mi primer estornudo. Además estaba la luna, redonda, brillante y soberbia como un doblón de oro. Con semejante lámpara no había forma de ver el vuelo de las perseidas. A San Lorenzo se le secaron las lágrimas.
Todos los años me ocurre lo mismo. Unas veces son las nubes; otras, lo que los cursis llaman la  "contaminación lumínica"; el año pasado, los pinos de Valsaín… Ingenuo de mí. ¿Por qué seguiré buscando las lágrimas de San Lorenzo? En el fondo ¿qué importa si el cielo chisporrotea más o menos? Además, "pedir un deseo" con la esperanza de que una estrella fugaz nos lo conceda, ¿no es una superstición un poco tonta?
En eso pensaba yo cuando me metí de nuevo entre las sábanas. Tardé un rato en recuperar el sueño: al menos dos minutos. Me desperté a las 7 un tanto confuso: ¿había soñado mi breve expedición por el jardín? Por un momento pensé que sí; pero el frío de mis pies era demasiado real.
Teníamos retiro, y como siempre volví a salir al jardín para ver amanecer. En esta ocasión, una bandada de rabilargos pasó frente a mí como un rayo azul. No eran perseidas, pero me sirvieron.

 
Rabilargos 

lunes, 12 de agosto de 2019

Un paseo


 La llaman Plaza del álamo, pero en realidad hay un olmo que murió de grafiosis hace veinte años

Ayer decidí salir de casa por la mañana. La temperatura era muy agradable y había cesado el viento. Seguro que las aves de la zona darían la cara.
A las 11, con los prismáticos al cuello y, vestido de ornitómano, tomé el camino que baja hacia Miraflores de la Sierra. Fue un paseo muy agradable, y, sí, pude charlar con algún que otro pájaro. Interesante, sobre todo, mi conversación con un alcaudón común (lanius senator) que desde su posadero en una rama se lanzó a tierra y regresó con una pequeña lagartija en el pico.
El alcaudón es una mini rapaz, un pájaro cazador y carnicero ("lanius" significa eso, carnicero) que empala sus presas en los espinos y las deja allí colgadas para devorarlas más adelante. Así son las cosas en la naturaleza: nos comemos los unos a los otros y, gracias a eso, la vida se abre camino.
El caso es que llegué al pueblo, y pronto hubo complicaciones: una amable señora vino a mi encuentro alborozada:
—¡Don Enrique, qué alegría!, ¿Está en la Acebeda? ¿No se acuerda de mí? Hace cinco años…
Yo, que no recordaba nada, puse cara de póquer y me dejé invitar a un refresco con su marido, que también me conocía, y sus tres niños. Me despedí en cuanto pude, y apenas había dado diez pasos cuando apareció una antigua alumna del cole.
—¡Pero qué sorpresa…!¿Sabe con quién estoy aquí…?
Creo que se me dan mal estos encuentros inesperados, especialmente cuando me he desprendido del uniforme y llevo una camisa tropical y un pantalón vaquero. Es cierto que me emociona comprobar que me conoce muchas personas de todas las edades. Es la consecuencia lógica de haber predicado centenares de retiros y pláticas, de haber sido capellán de un colegio durante dieciocho inolvidables años y, en definitiva, de ser ya un viejo inofensivo que se deja asaltar por la calle.
Volví a casa por el mismo camino dando gracias a Dios por tanta gente buena con las que uno se cruza. El alcaudón seguía en su rama oteando el horizonte, pero no me detuve.     
Alcaudón común 

sábado, 10 de agosto de 2019

En verano, tengo una cita con la madrugada



Solemos estar solos ella y yo. Nos encontramos en el mejor momento del día, cuando sopla la primera brisa y la temperatura baja un poco, lo justo para tomar impulso e iniciar la escalada hasta los 28 ó 30 grados.
Me pregunto por qué hay tantos que disfrutan con el crepúsculo al anochecer y no amanecen como yo para ver la salida del sol, que surge limpio de bruma, descansado y radiante.
He visto muchos amaneceres. Recuerdo con cierta añoranza aquel albor matutino de Valencia, donde el sol nacía en la mar, nítido, joven, recién bañado, y parecía potenciar el aroma de las flores que también despertaban con él. Bien distinto era el alba en Tenerife. El sol aparecía en el horizonte como un fogonazo inesperado y subía veloz como un cohete hasta inundar de luz cada rincón de la isla. Al parecer la salida y la puesta del sol es más rápida cuanto más cerca del Ecuador uno se encuentre. Por eso, al atardecer, el sol no se ponía, se desplomaba, y no se desangraba como en mi tierra ni teñía de rojo el horizonte.
En la Acebeda me propongo acudir a la cita todos los días. No conozco mejor forma de preparar la meditación que debo dar cada mañana a las ocho y media. Saldré al jardín una hora antes, como hoy, como ayer, y la vista del cielo será mi guión.
Claro que el lunes y el martes deberé trasnochar. Tengo otra cita con las Perseidas. Son las lágrimas de San Lorenzo, que este año llegan con un poco de retraso.

viernes, 9 de agosto de 2019

Oír la música de la Creación




Como os dije, he volado a la Sierra con el globo. La wifi funciona a trompicones, pero de momento funciona. Hace calor, pero no tanto como en Madrid. Los pájaros apenas se hacen oír porque estamos en agosto, pero se dejan ver, gracias a Dios. No hay una sola nube en el cielo, pero tampoco incendios como el que tuvimos en La Morcuera hace pocos días. Desde la terraza de La Acebeda se divisa, como casi siempre, la nube negra que envuelve la Villa y Corte; pero aquí nos sentimos a salvo.
Al considerar todo esto, he recordado las palabras de Barenboim. Oídlas en este vídeo que he subido al globo. Os invito a hacer un sencillo experimento. Sustituid la palabra "música" por "el campo", "la naturaleza", "las aves del Cielo"…, en definitiva "la belleza". Gran cosa es saber contemplar la belleza de la Creación, sin convertirla en un mero instrumento al servicio del placer. 
Otro día, cuando agosto nos dé un respiro, tal vez me decida a escribir largo y tendido sobre esta apasionante cuestión. Por hoy basta.

jueves, 8 de agosto de 2019

Volamos hacia la Sierra


La última vez que estuve en La Acebeda saqué esta foto
Esta tarde salgo hacia La Acebeda, una casa de convivencias en Miraflores de la Sierra a mil doscientos cincuenta metros de altura sobre el nivel del mar. Estaré allí hasta que termine el mes. El globo seguirá volando, pero con menos frecuencia e ímpetu. Serán días de descanso, formación espiritual y pájaros montaraces. Al caer la tarde me pondré frente al teclado y, si la inspiración no falla ni se me despeña la wifi, escribiré algunas líneas para mantener vivo el fuego sagrado. En Miraflores, por cierto, ya ha habido un incendio y aún sigue por allí algún retén de bomberos.
Desde la Acebeda se divisan las cuatro torres de Madrid, que emergen de la niebla producida por la contaminación. A veces, si el viento es favorable, se despeja el panorama y aparecen a lo lejos los demás edificios de la ciudad. Cuando me toque volver procuraré no mirar hacia esa bruma que ensucia nuestros urbanos pulmones. Tomaré aire serrano y quizá lo embotelle para un caso de necesidad.
 

miércoles, 7 de agosto de 2019

Camino del súper



Languidece el verano en Madrid y el globo parece desinflarse sin remedio. ¿Qué puedo contar cuando la ciudad está casi vacía? Por si acaso salgo a la calle aprovechando que la temperatura ha bajado, y apenas puedo cambiar un saludo con el portero, mi amigo José María, que ya ha regresado de sus vacaciones en La Mancha.
Camino del súper, doy un pequeño rodeo para cumplir con mi propósito de andar al menos una hora, y atravieso la terraza de una cafetería. Hay pocos clientes, casi todo mujeres que apuran el segundo café con leche de la mañana. Me miran y una de ellas se pone en pie. Se dirige hacia mí. Es una señora de mediana edad, muy delgada y de aspecto enfermizo.
—Padre, necesito que me dé su bendición —dice en voz baja—.
La mujer sonríe pero sólo con los labios. Su mirada, húmeda, está a punto de cruzar la frontera de las lágrimas. La miro a los ojos y ella toma mis manos entre las suyas y las acerca a su rostro:
—Lo necesito, padre. No me pregunte por qué.
Con el dedo pulgar le hago la señal de la cruz en la frente mientras digo en un susurro que solo ella puede oír: que el Señor esté en tu inteligencia, en tu corazón y en tus labios, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Que Dios te bendiga.
La mujer me besa las manos una y otra vez ya con lágrimas. Al fin le pregunto:
—¿Cómo te llamas?
Me dice su nombre, prometo rezar por ella y me alejo, conmovido, camino del súper.

Un poeta entre bombillas




Se llama Germán Talavan y tiene una tienda en la calle de Alberto Alcocer, a menos de cien metros de mi casa. Vende bombillas y lámparas de todo tipo. El barrio entero lo conoce. Desde hace algún tiempo sobre su escueto mostrador hay unos pocos libros apilados. La portada es sobria y elegante: en el centro la fotografía de un paisaje otoñal. Encima, el título: "Poesía y otros escritos". Debajo, el nombre del autor, que es el propio Talavan. Los ofrece a un precio razonable a todo el que tenga la curiosidad de interesarse por ellos.
En España hay muchos más poetas que lectores de poesía. Así que lo más probable es que el éxito de ventas no sea indescriptible. Yo me hice con un ejemplar y lo abrí al azar sin esperar nada. Hay en esta tierra abundancia de versificadores, rapsodas y versolaris que, aunque aportan poco a nuestra literatura, quizá cumplen una función en bodas, romerías o funerales. También tenemos poetas incomprendidos —tal vez porque son incomprensibles—, que parecen de la "poesía secreta"; pero, de vez en cuando, uno descubre un poeta auténtico. Éste es el caso de Germán Talavan, un hurdano de 70 años, escritor de raza, poeta melancólico, vendedor de luces.
No voy a hacer ahora una crítica del libro que tengo entre las manos. Lo leeré despacio y, con su permiso, pondré en el globo alguno de sus poemas, como este brevísimo, escrito en 1966:
Canta, madre.
Escucho tu dulce acento.
No llores mi desengaño.
¿Quieres que cante yo luego?
Anda, madre,
eleva el trino a la bóveda del cielo.
Pero elévalo bajito.
Cántame, madre, en silencio.


lunes, 5 de agosto de 2019

Carta del Papa a los sacerdotes



Con motivo de la fiesta de San Juan María Vianney, los sacerdotes hemos recibido una carta del Santo Padre. El Papa, que celebra el próximo 13 de diciembre las bodas de oro de su ordenación, siempre ha manifestado su amor a sus hermanos sacerdotes, pero necesitábamos una palabra de aliento y un cariñoso empujón como éste.
Hoy, en la Santa Misa, he encomendado al Romano Pontífice como todos los días; pero además he dado gracias a Dios de una manera especial por el Papa Francisco.
Transcribo los tres primeros párrafos de la carta. El resto puede leerse haciendo clic aquí

A mis hermanos presbíteros. 
Queridos hermanos:
Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo[. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos Ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades. A Ustedes que, como el Cura de Ars, trabajan en la “trinchera”, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor y, expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de Ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal.
Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la preocupación de que, en no pocas regiones, nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y “culpabilizados” por crímenes que no cometieron y les decía que ellos necesitan encontrar en su obispo la figura del hermano mayor y el padre que los aliente en estos tiempos difíciles, los estimule y sostenga en el camino.
Como hermano mayor y padre también quiero estar cerca, en primer lugar para agradecerles en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, animarlos a renovar esas palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y constituyen la fuente de nuestra alegría: «Ya no los llamo siervos…, yo los llamo amigos» (Jn 15,15).

domingo, 4 de agosto de 2019

Mensajes de agosto

  

Se confirman las previsiones. Esta mesa camilla se queda en los huesos cuando llega el mes de agosto y gruñe la chicharra en el campo. Hasta los pájaros se van o se resguardan de la canícula dosificando sus cantos para no hacer esfuerzos innecesarios. Siempre nos quedará Antuán con sus magníficas apostillas, pero casi todo el mundo se nos ha ido de vacaciones. Descansan de mí, y lo entiendo.
En cambio aumenta el número de whatschaps y de correos electrónicos. En mi buzón hay mensajes con sabor a salitre y a arena de playa. Son recados breves, escritos con prisa y, casi siempre, sin acentos ni demasiados signos de puntuación,  pero llenos de afecto y entusiasmo.
Entre los que recibí ayer, destaco éste:
Buenas tardes don Enrique, leo siempre su blog. Le quería preguntar cómo puedo hacer para ser fiel cada día al Señor, cómo amar a la Santísima Virgen, y yo sobre todo quiero ser fiel a Jesús. Se lo pregunto porque valoro mucho su experiencia. Un abrazo muy grande!
No conozco al remitente. Me escribió una vez hace algunos meses; sé que vive en una ciudad de Castilla y que es un chaval muy joven, de quince o dieciséis años. Me dice su nombre y naturalmente le he contestado.
No le he dicho que su mensaje me ha levantado el ánimo. Acabo de leer en una revistilla de medio pelo que el mes de agosto es el mes de las rupturas, de los divorcios, de las infidelidades. Supongo que el autor de este comentario se lo ha sacado de la manga, pero algo de eso hay. En todo caso, a este chico, el calor del verano no le ha hecho perder el sentido de su vida. Él busca lo único importante, y en esta mesa camilla hay ya unos pocos que le acompañaremos con la oración, para que no flaquee.

viernes, 2 de agosto de 2019

Tinto de verano




 Con la llegada del verano, o sea de agosto, todo se tiñe de rosa. Los políticos se apresuran a llegar a acuerdos antes de las vacaciones y lucen sonrisas apócrifas, ligeras y frescas como el vichyssoise. Su merecido descanso es lo primero. Por cierto, ¿por qué el descanso siempre lleva adosado el mismo  adjetivo? No sé; quizá piensen —y por una vez con razón— que los ciudadanos y ciudadanas también merecemos descansar de ellos y de ellas y de su omnipresencia mediática.
La prensa mejora una barbaridad en agosto. Pierde kilos de publicidad y si no fuese porque los crímenes parecen proliferar con el calor, sería una delicia leer los periódicos. En agosto casi nadie hace declaraciones solemnes, y los reportajes se centran en las ocurrencias de esos famosos que salen en la tele porque son famosos y son famosos porque salen en la tele.
Claro que en verano también suceden cosas importantes, aunque los periódicos no hablen de ellas. Hace un par de días hablé aquí de “los ángeles de Kenia”, que merecerían una portada en la prensa nacional, y conozco a docenas de chicos y chicas que pasan las vacaciones en países tan dispares como Perú, Croacia, la India, Marruecos, Costa Rica…, o incluso España. En septiembre regresarán al cole o a la universidad con unos centímetros más de altura, los músculos templados por el trabajo, la mirada más viva y el cutis de un moreno especial.

─¿Qué, de la playa?
─No, hija no; es tinto de verano.


jueves, 1 de agosto de 2019

Repasar, releer, repensar, revivir





Me gusta ver de nuevo viejas películas que casi he olvidado, aunque nunca del todo. A veces siento el antojo de repasar solo una escena, un diálogo,  el gesto de un actor. Lo mismo me ocurre con algunas novelas que quizá leí demasiado pronto, cuando era adolescente, y nadie me advirtió que era preferible esperar a ser adulto para entenderlas del todo. Mejor que no lo hicieran, porque se habrían equivocado. Ahora las examino con especial fruición y, creedme, el placer es doble. Entro en esos relatos lentamente, línea a línea, paso a paso, y revivo cada episodio con más pasión que entonces.
Algo parecido me ocurre con los viejos libros de estudio. No me refiero sólo a los de teología. Ahora, por ejemplo, he vuelto al Derecho Romano gracias a los manuales que me prestó mi sobrina Susana, los mismos que utilicé hace sesenta años al empezar la carrera. Creo que fue la asignatura más larga y también la más difícil. Le dediqué más horas que a ninguna otra y logré a pulso mi primer sobresaliente. Sin embargo creo que no entendí gran cosa. Y es que aquellos dos tomos de Derecho Romano eran para juristas curtidos, no para alumnos de 17 años. Ahora, al releerlos, disfruto más que nunca y descubro con sorpresa que aún recuerdo los viejos aforismos de Ulpiano o de Paulo que tanto me hicieron sudar.
Releer es revivir; quizá también añorar. Pero la añoranza no siempre es mala. Es cierto que abre paso a la melancolía. ¿Y qué? La melancolía es sentir la alegría de estar un poco triste, y, al menos a mí, me mueve a dar gracias a Dios por todo lo que Él ha hecho en el pasado y continúa haciendo.
Vistas así las cosas, es fácil recomenzar releyendo la propia vida y volviendo una y otra vez al kilómetro cero del camino, cada día con un poco más de experiencia y siempre con mucha más esperanza.
 
 

martes, 30 de julio de 2019

Los ángeles de Kenya


Hace dos años, Pati Llamas y María Piédrola fueron a Kenya por primera vez. Eran, y siguen siendo, dos chiquillas recién graduadas en el Centro Universitario Villanueva de Madrid. Imagino que cuando salieron rumbo a Nairobi sólo pensaban en pasar unas vacaciones diferentes; pero pronto comprendieron que aquella aventura no iba a ser un simple paréntesis en sus vidas.
Con una generosidad admirable se pusieron a trabajar para ayudar a los más necesitados de todos: a los cientos de niños kenianos, víctimas de la pobreza y del abandono de sus padres. 
Así nacieron "los ángeles de kenya", una asociación dedicada por entero al cuidado de esos niños. Buscad su página de facebook; entrad también en las de sus dos promotoras. Y dejaos ganar por su su alegría y por su sonrisa permanente. Ayudadlas, que se lo merecen y nos necesitan. Basta con ver las fotografías para comprender que ellas son los verdaderos ángeles de Kenya. Yo  me siento en deuda con la dos y rezo por su trabajo todos los días.
Pati es antigua alumna de Aldeafuente, el cole en el que trabajé durante 18 años. María estudió en Montealto, otro colegio de Fomento. Por Pati tengo una predilección especial desde que era muy pequeña. Soy algo así como su abuelo, ya que Lupe, su madre, también fue alumna mía. Las dos me tienen comido el coco, aunque me esfuerce en disimularlo.



Pati 

Los numerónimos


Los llaman "numerónimos" sin permiso de la Real Academia y me están volviendo majareta. Empezamos con el 23-F. Luego llegaron el 11-M y el 11-S, de triste memoria en Madrid y NY. El 15-A creo que tuvo algo que ver con una acampada de "indignados" en la Puerta del Sol en tiempos de ZP, y el 1-O (Obsérvese que la O es una o y no un cero como podría parecer) se asocia con un referéndum ilegal en Cataluña. El 20-N tiene que ver con la muerte del General Franco, de J. A. Primo de Rivera y con la declaración universal sobre los derechos del niño. Hoy leo en la prensa que el 17-A no fue tolerado por el CNI, lo cual que tranquiliza, aunque no tenga ni idea de qué se habla. No sé si la M-30 es también una fecha o sólo una calle. Se lo preguntaré a CR7, que, al decir del Marca, formaría una fórmula ganadora con JR10. Lástima que no estén en el Real Madrid, o a lo mejor sí que están.
Poneos a salvo, amigos y amigas; los numerónimos y numerónimas crecen como un virus maligno que puede infectar nuestras castigadas seseras. La RAE aún no ha admitido el palabro en cuestión, pero mientras tanto podemos ir adaptando aquella bonita canción… 1-N, 2-F, 3-M, 4-A, 5-M, 6-J, 7-J, San Fermín. 

lunes, 29 de julio de 2019

Las buenas noticias ¿no son noticia?





Eso dicen los "expertos" en comunicación. Y lo repiten en inglés, que mola más: good news, no news, aunque el dicho anglosajón sea un poco distinto. Esta es su versión correcta: no news is good news, o sea que es buena noticia que no haya noticias.
¿Tendremos esa suerte en este mes de agosto que ya está llamando a la puerta? ¿Y el resto del verano? Es inevitable la proliferación de bulos, que se desmontan a las pocas horas. Y quizá aparezca alguna serpiente estival, un par de avistamientos de ovnis, un monstruo marítimo en el lago de la casa de campo, un escándalo entre famosos que quieren seguir abonando su fama con basura… Todo eso lo podremos soportar, pero, por favor, que nos dejen en paz los odiadores profesionales, los violentos, las manadas y los payasos del hemicirco.
En verano, los periódicos de papel se ponen a dieta de publicidad y adelgazan treinta o cuarenta páginas. Los digitales deberían seguir el mismo régimen aprovechando que hace mucho calor. Como dice Séneca, non panibus fornax, o sea que no está el horno para bollos.
Y, por cierto, tampoco es verdad que las buenas noticias no sean noticia. Lo  que pasa es que casi nadie las publica. El Evangelio es la Buena Noticia por antonomasia y deberíamos proclamarlo ahora más que nunca, aprovechando que tenemos tiempo libre. Ante una cerveza de media tarde en la terraza de un bar de la Sierra o en un chiringuito a la orilla del mar, es posible crear nuevas amistades y apuntalar las viejas. Y en ese contexto ¿por qué no cambiar de onda y hablar de Dios, del alma, del sentido de la vida, de la Esperanza con mayúscula, de la Entrega al servicio de los demás…?
En los días pasados, he podido mantener más de una conversación de este tipo a la sombra de una ermita, y tan refrescantes fueron esas charlas y tan firmes los propósitos que surgieron, que hasta nos olvidamos de la ola de calor.

sábado, 27 de julio de 2019

Madrid se vacía y mi cerebro también



Hoy Madrid se ha despertado con aires de primavera. La temperatura ha bajado considerablemente y como es el último finde de julio, a las siete de la mañana las calles están desiertas. Los semáforos siguen con su rutina de siempre —verde, ámbar, rojo—, pero estoy a punto de saltármelos en plan libertario. No lo hago porque soy buen ciudadano y tiendo a respetar las leyes, pero, sobre todo, por miedo a los drones, que ahora nos vigilan desde lo alto como abejorros-espía y han sido habilitados por nuestras sabias autoridades para multarnos al menor descuido.
Mientras procuro embridar al Citroën para que no supere los límites de velocidad, me pregunto sin venderán en El Corte Inglés  misiles anti-drones para defendernos de la permanente vigilancia del gran hermano. Y si los vendieran, ¿en qué sección estarían? ¿En bricolaje? ¿En deporte? Probablemente su sitio sería la sección de informática o, mejor aún, la de juguetes navideños.
Yo sé desde hace meses que es imposible dar un paseo por mi barrio sin estar enfocado permanentemente por dos o tres cámaras "de seguridad". Aquí ya no hay un  solo punto ciego y, claro, no hay manera de delinquir. Supongo que debería sentirme feliz, protegido por el celo maternal de la Administración, pero uno, que es desconfiado por naturaleza y por experiencia, siente escalofríos a pesar de los calores del verano.
Después de celebrar la Santa Misa, tomo de nuevo el Citroën, pongo la radio y me entero de que el Atleti ha metido siete goles al Real Madrid en el primer derbi de la temporada. Dice una intrépida corresponsal que "el Madrid fue humillado por los colchoneros"; que "Simeone pasó por encima de Zidane"; que se trata de una "goleada histórica", de "un terremoto de enormes consecuencias"…
Confortado por la épica periodística, desvío unos metros mi ruta y paso por delante del Santiago Bernabéu para comprobar que las ondas del seísmo no han afectado a la estructura del mítico estadio y sigue en pie a pesar de todo.

viernes, 26 de julio de 2019

San Joaquín y Santa Ana



 Queridos abuelos de Jesús y, por tanto, míos. Hoy al despertarme he pensado en vosotros. Me he preguntado si llegasteis a conocer a vuestro Nieto o ya estabais en el cielo cuando María Santísima recibió la visita del Arcángel Gabriel.  En la Sagrada Escritura no se os nombra, y es verdad que en aquella época la esperanza de vida era menor que ahora.
Luego se me ha ocurrido que el pueblo hebreo ha sido siempre muy longevo, y los evangelistas son tan escuetos al contar la vida de Cristo que quizá pasaron por alto algunas historias importantes; por ejemplo, aquel día en que vuestra hija cuando todavía era muy niña apareció en casa con un muchacho alto, fuerte, de mirada limpia y manos fibrosas que dijo llamarse José. Tú, Ana, ya le habías echado el ojo y habías pensado que aquel chico era el yerno soñado por cualquier madre. Joaquín también había oído hablar de él y, después del primer contacto, le invitó a dar un paseo por Nazaret para charlar de sus cosas y conocerse mejor.
—Yahvé nos ha hecho otro regalo —dijo Joaquín al regresar—. José es el esposo que Dios ha preparado para María.
—Aún son tan jóvenes... —respondiste tú, Ana—. 
Hace tiempo inventé el verbo "abuelear", que algún día figurará en el diccionario. Seguro que los dos entendéis lo que significa. ¿Qué sentisteis cuando tuvisteis por primera vez en los brazos a Jesús? ¿Sabíais que abrazabais y besabais al mismo Dios hecho Niño?
 
Ya veis; he fantaseado demasiado esta mañana mientras me arreglaba para salir de viaje camino de Madrid. Luego, ya en el coche, una tormenta repentina en plena autopista me ha devuelto a la realidad.
 
¿A la realidad? No sé. Quizá haya alguien entre los pasajeros de esta mesa camilla que quiera completar el relato y contárnoslo. Pienso en Cordelia, sin ir más lejos.

jueves, 25 de julio de 2019

En la fiesta de Santiago, vuelvo a las andadas



Hace casi veinte años publiqué  un artículo en Mundo Cristiano titulado "Patriotismo y ombliguismo".  En 2007 decidí reproducirlo en este globo, que por entonces estaba recién nacido. No pensé que aquellas moderadas reflexiones sobre la virtud cristiana del patriotismo pudiesen generar tantos insultos y descalificaciones personales como las que me llegaron por la red. Claro que entonces aún no sabía que Internet, además de ser un instrumento casi mágico de comunicación, es también un pozo séptico con aromas de todo tipo.
He vuelto a leer hoy aquel viejo folio aprovechando que celebramos la Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrón de España, y, por cierto, también de Bilbao. Compruebo que utilicé un lenguaje manso, afable y con una pizca de humor para evitar convulsiones. No hice referencia a personas, partidos o ideologías concretas, y me situé en el lugar que me corresponde como sacerdote.
Hoy inserto otra vez aquel viejo artículo a pesar de que citarse a uno mismo no esté bien visto. Quizá debería añadir alguna consideración más, pero lo dejaré para mañana o pasado.
Feliz día de fiesta. Y ojalá el camino de Santiago nos conduzca a la concordia y a la playa, que hace mucho calor. 

Estoy en Bilbao. Desde hace años siempre vengo de paso, sin tiempo siquiera para recuperar el acento perdido, la inconfundible cadencia que se gastan en el Bocho y que descubro intacta en las voces de mi familia y mis amigos. Esa música, como el aroma incierto de la ría, la brisa del Abra o la puesta de sol sobre el Serantes, es una especie de álbum de fotos en el que ya amarillean mis recuerdos.
Trato de escribir el artículo del mes, y me pregunto si, después de tanto tiempo fondeado en esta página, que nació desenfadada y risueña, mis clientes me dejarán hablar en serio, incluso con cierta melancolía.
Hace más de cuarenta años salí de esta tierra para estudiar en la Universidad. Entonces no era consciente de que mi marcha se convertiría en definitiva. En todo caso, era muy joven y no me habría importado saberlo. Los vascos somos gente viajera y de mal asiento. Fuimos pescadores en Terranova, conquistadores de media América, marinos de todos los mares, empresarios en Castilla, Madrid, Andalucía... Y, más chulos que un ocho, conservábamos siempre lo importante: un amor apasionado por nuestra tierra…, y el Athletic, que era el segundo equipo de los que no habían tenido la fortuna de nacer por estos lares.
Tengo para mí que la chulería bilbaina (sin acento, please) no molestaba a nadie, porque era tan ingenua como desmesurada. De lejos se veía que era una forma de disimular la timidez. Caía simpática porque los chistes de bilbainos los inventábamos aquí, igual que en Lepe se inventan las historias de leperos.
Los bilbainos solemos ser unos tímidos compensados, que cantamos en coro porque nos da vergüenza ser solistas y hablamos muy alto para que el volumen enmascare nuestra inseguridad. Es cierto que nos encanta dejar constancia de que somos de Bilbao, pero también San Pablo declaró con orgullo ante el juez su condición de ciudadano romano. Y eso que no hay color: ser de esta tierra es mucho más importante.
Aquellos bilbainos de los años 60 íbamos por el mundo con la arrogancia de quien se supone envidiado por el resto del Planeta. Ya lo dijo Unamuno: el mundo entero es un Bilbao más grande. Con parecida modestia añade Ruiz Olabúenaga: Bilbao es, como Roma, madre de todos los imperios. Y Kloster asegura que cuando sale de su tierra un bilbaino, adopta andares de propietario que va de visita a la finca.
Todo esto es sólo una caricatura; pero las caricaturas suelen tener un fondo de verdad. Y la verdad es que aquí se vive intensamente, aunque de forma peculiar, una virtud humana y cristiana que siempre se ha llamado patriotismo.
Ser patriota es amar con pasión —y por este orden— a los padres, a la familia, al pueblo, a la patria chica, a la patria grande, y, en definitiva, al mundo entero, que también se reconoce como patria. Se trata de un amor centrífugo, expansivo, que no desprecia a nadie ni se acompleja ante nadie; que no divide ni separa, que a nadie ofende ni molesta.
El patriotismo bilbaino, reconozcámoslo, es patriotero, fantasmón y perdonavidas, pero es éste un pecado venial que se absuelve fácilmente cuando viene adobado con sentido del humor. Sin embargo nunca (hasta ahora, ¡ay de mí!) hemos sido ombliguistas.
El ombliguismo, o tendencia desordenada a contemplar fascinado el propio ombligo, es un aldeanismo con tortícolis. El ombliguista cree que ama a su tierra, pero lo único evidente es que no soporta a las demás. El ombliguista es un seudo patriota acomplejado, que vive convencido de que los de fuera, los otros, le odian, le desprecian y, por supuesto, no le entienden.
El ombliguista, en el fondo, no sabe amar ni siquiera a su propio pueblo, porque no lo ve como raíz sino como fortín. Amar las propias raíces es crecer, salir de uno mismo para dar fruto; es hacer que las ramas se vuelvan alas y volar lejos. El ombliguista no quiere esto: se encasqueta la boina, se parapeta en su lengua y en sus neurosis y se pasa la vida afirmando su identidad, en busca de enemigos con los que poder confrontarse.
El ombliguismo atrofia el corazón; el patriotismo lo dilata. El ombliguismo genera rivalidades, odios e incluso violencia; el patriotismo, como todos los amores, es difusivo, contagioso y alegre; enriquece a quien lo tiene y a quien lo ve en los demás.
Nada más opuesto al espíritu de mi tierra que ese ombliguismo de que hablo.Por eso, cuando vengo al Bocho y veo…, lo que veo, me lleno de melancolía y de añoranzas.
Pero estoy convencido de que la enfermedad no puede durar. Bilbao es mucho Bilbao. Y siempre nos quedará el Athletic.  

martes, 23 de julio de 2019

El globo toma altura



Después de casi tres años de silencio, el pasado 30 de abril el globo salió de nuevo al espacio. Fue una puesta en marcha silenciosa. No quería volver a la época anterior, cuando nos visitaban miles de personas cada día, muchas sin nombre y algunas, peleonas e impertinentes. Dije entonces que, en esta nueva etapa, aspiraba a convertir el blog en una especie de mesa camilla para que un grupo pequeño de amigos charlásemos de nuestras cosas, sin debates ácidos ni enfrentamientos personales.
Ayer, por fin, me decidí a echar una ojeada a las "estadísticas" que, quieras o no, va elaborando Google para estas páginas. Lo hice con cierto miedo, como cuando uno se sube a la báscula para comprobar cómo ha ido ganando o perdiendo peso. Mis temores estaban justificados: el globo cada día tiene más visitantes. Ayer, entraron casi seiscientas personas diferentes. Muchos, desde distintas regiones españolas, pero también desde Norteamérica, Argentina, Reino Unido, Puerto Rico, Honduras, El Congo, Kenia, Japón… ¿Se puede saber quiénes son los 7 de Kazajistán o los 32 de Indonesia?
Todos son bienvenidos, por supuesto; pero conservo la esperanza de que, en agosto, se desplome la audiencia y volvamos a la mesa camilla. Si no es así, pido a los visitantes que me comprendan: a mi edad uno ya ha perdido el gusto por los debates y los enfrentamientos.
Ayer viví una experiencia magnífica: vi en la televisión el debate de investidura sin el sonido del hemicirco, y comprobé que, en efecto, algunas imágenes valen más que todas las palabra de sus señorías.
Como fondo puse música clásica: la Flauta Mágica de Mozart.

lunes, 22 de julio de 2019

"Dictar" un retrato de María



Ya se han ido los treinta chicos del Pabellón, y mañana se marcharán los treinta y tantos de la residencia. Las veinticinco  mujeres de "la ampliación" aún se quedarán un poco más, y yo estaré solo en la casa antigua por unas horas. Ojalá puedan descansar un poco  las chicas de la administración, que son el alma de Molinoviejo, una casa que, como dice la vieja canción "nos roba el alma".
Se ha levantado un viento bochornoso. Dicen que "de Virgen a Virgen" —del 16 de julio al 15 de agosto— aprieta el calor con más entusiasmo; pero, aunque la memoria meteorológica suele ser engañosa, no recuerdo un mes de julio como éste que está a punto de terminar.
En el oratorio de la casa antigua se está bien y no solo por el relativo fresquito. Me gusta mirar la imagen de la Virgen que pintó Alfonso Ramil en 1946. He hablado de ella varias veces; la última hace solo dos meses, pero, aunque no sea una obra maestra, para mí y para miles de personas es un recuerdo permanente de la presencia de San Josemaría en Molinoviejo, que aún  sigue aquí, en cada rincón de este hogar y en la figura inolvidable de esta Virgen que tantas oraciones ha recibido. 
—"Me la dictó el Padre" —me dijo Alfonso pocos meses antes de morir—.
¿Cómo se puede "dictar" un retrato de María Santísima? La pregunta es retórica, porque conozco muy bien la respuesta. San Josemaría hablaba de nuestra Madre como nadie sabía hacerlo. Con un lenguaje sencillo, sin metáforas barrocas ni excesos románticos, sin impostar la voz, iba dibujando con palabras simples un retrato adorable que podría inspirar a cualquier pintor o al más torpe de los poetas. Alfonso era muy joven, aún no había terminado su carrera de Bellas Artes, pero tenía talento. San Josemaría lo llamaba Pinturicchio, y estoy persuadido de que Dios lo sigue llamando así, y habrá premiado en el Cielo a quien puso tanto cariño en el retrato de su Madre.
Es casi media noche. No es fácil dormir con este bochorno, pero al menos he logrado redactar, una vez más, unas pocas líneas mirando y remirando a María.