Antes de salir de casa, el superhéroe tomó precauciones para la batalla contra el mal. Cogió una cámara de fotos y una filmadora; la pequeña linterna que tan buenos servicios le había prestado en otras ocasiones; un mapa de la zona y otro del Planeta entero, por si las moscas; un escáner de códigos de barras; un cronógrafo digital y un reloj mundial, indispensable para conocer en tiempo real la hora de Sidney, Calcuta y San Francisco; Con todo eso, la brújula, la guía de teléfonos y el localizador por satélite se sintió casi seguro.
Como nunca sabía con exactitud lo que iba a pasar ni el tiempo que duraría cada misión, se cargó a las espaldas una buena biblioteca de autores clásicos y modernos, juegos de mesa y música, mucha música, por si se alargaba la espera…
El superhéroe se llama José Alberto, es funcionario municipal y llevaba todo ese peso en el bolsillo superior de la camisa, a la altura del corazón. Él lo llama poéticamente "mi móvil" y le sirve incluso para hablar por teléfono.


