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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Avecedario


Mañana tenemos retiro hasta las cinco de la tarde. Luego me iré de pájaros y no escribiré ni una línea. Entre tanto, disfrutad con este simpático "Avecedario" de Miguel d'Ors;

La golondrina, aguzada
como una flecha de amor;
el mirlo madrugador,
gayarre de la entramada;
la tórtola que, enlutada,
borbota su desconsuelo
en Fontefrida; elmochuelo
dando ejemplo de atención,
y los gorriones que son
la calderilla del cielo

jueves, 16 de mayo de 2019

España


Hace años, Luis Alberto de Cuenca dedicó un breve poema a "Antonio Fontán. mi maestro". No lo he visto publicado en ningún libro, pero ha aparecido en las entrañas de mi ordenador. A lo mejor lo incluí en el blog en otro tiempo, pero como no quiero perderlo y cada día parece más actual, lo reproduzco ahora.


Es un lugar muy triste que ha prohibido los héroes
y ha dejado pudrirse las rosas del escándalo.
Siempre he vivido en él. No sé si en otra parte
habrá tantos borrachos y chicas tan espléndidas.
Es sólo un lugar pobre que ha perdido su alma
sin ganar nada a cambio, un lugar sin futuro,
un puñado de tierra desunido y estéril.
Por él daría mi sangre hasta la última gota.

jueves, 22 de junio de 2017

A Miguel Hernández


El beso

Querido poeta.
Ahora que el verano enseña los dientes y el sol se ceba con el desabrigado pellejo de los turistas del Brexit, me he acordado de ti. Te escribo desde Arona, un pueblecito de Tenerife, que es un balcón sobre el Océano a 600 metros de altura. Esta mañana, como casi todos los días, he salido a dar un paseo antes de celebrar la santa Misa. El sol aún no había cargado sus baterías y soplaba una brisa fresca del mar. Las calles empezaban a desperezarse y los madrugadores nos dábamos los buenos días con la música afable de esta tierra.
Entonces los vi. Eran un chico y una chica de 15 ó 16 años. Por un momento pensé que se estaban peleando a mordiscos, o que se trataba de un caso de vampirismo. Me equivocaba. Era sólo un beso, pero tan agresivo, voraz y caníbal que el diccionario de la academia difícilmente lo calificaría como tal.
Di la vuelta para no molestar a la pareja. Yo había empezado a rezar el rosario, y me vinieron a la boca, como un avemaría más, los cuatro primeros versos de uno de tus sonetos:
Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla[i]

 El poema está dedicado a Josefina, el amor de tu vida, la misma que te tiró "un limón y tan amargo", quizá medio enfadada por ese medio-beso transgresor. A ti, en cambio, te enamoró el pudor con que ella defendía el tesoro de su intimidad.
Y es que, en efecto, la intimidad es un tesoro, un don que hemos recibido porque somos espíritu y no solo carne; un privilegio que nos distingue de los animales y nos capacita para amar. En la intimidad viven los sueños más secretos, las fantasías del corazón, ese punto de locura que todos guardamos. Y los amores imaginados. Las miserias ocultas. Y las añoranzas: lo mejor y lo peor de cada uno. La intimidad es cosa del alma, pero también se refleja en el cuerpo: en el rubor que aparece de improviso, en el lenguaje discreto y respetuoso, en el recato que protegemos de las miradas extrañas algunas partes de nuestro cuerpo.
No resulta fácil elogiar el pudor en este siglo que parece haber optado por la procacidad teórica y práctica como signo de progresía y norma obligatoria de conducta. El impudor reina en las redes sociales, donde los usuarios desnudan su alma y a veces su cuerpo; en las camisetas ilustradas con mensajes más o menos obscenos, pero siempre explícitos; en los vestuarios (mejor llamarlos "desnudarios"); en el lenguaje académico, que se ha llenado de expresiones zafias de carácter sexual. Por no hablar de determinados programas televisivos donde lo íntimo y la vulgaridad más mugrienta campean a la vista de mirones y cotillas.
Hay devoradores de intimidades ajenas, obsesos que lo contaminan todo con su mirada sucia, y tratan de convencernos de que el pudor es sólo una forma de hipocresía, que lo natural es la desnudez del alma y del cuerpo y la manifestación pública, sin tabúes represores, de los más bajos instintos.
Pero tú sabes, querido Miguel, que el pudor es el joyero que guarda lo más valioso de uno mismo; un estuche necesario que se abre desde dentro y nunca para exhibir como mercancía lo que solo se entrega y se comparte por amor.
Se comparte —quizá nunca del todo— con los "íntimos", con la familia más cercana, con el hogar en que vivimos, con los amigos, y, por supuesto, con la persona que hemos elegido para entregarle nuestra vida. Y se da por completo sólo al Amor de los amores, a Dios, que no se deja ganar en generosidad y nos abre también el tesoro infinito de su intimidad.
—Entonces, ¿el beso?
—Es una forma delicada y cariñosa de llamar a la puerta.  




[i] El resto del poema dice asíYo te libé la flor de la mejilla, / y desde aquella gloria, aquel suceso, / tu mejilla, de escrúpulo y de peso, / se te cae deshojada y amarilla. El fantasma del beso delincuente / el pómulo te tiene perseguido, / cada vez más potente, negro y grande. / Y sin dormir estás, celosamente, / vigilando mi boca ¡con qué cuido! /para que no se vicie y se desmande

jueves, 27 de noviembre de 2014

Versos con paracetamol

Termina el tercer día del curso de retiro. Kloster y yo nos hemos quedado solos en la casa antigua de Molinoviejo. Al otro lado —en la residencia— hay cuarenta mujeres que rezan y callan hasta el próximo domingo.
Se ha levantado un vendaval en el jardín. Los pinos de Valsain se balancean como mástiles de unos veleros gigantescos a punto de naufragar en el océano. El viento en Molinoviejo es ruidoso y a mí me produce dolor de cabeza. Nada que no pueda resolverse con un comprimido de paracetamol.
Kloster me sugiere que descanse frente al televisor. Por lo visto no se le ocurre una tortura más eficaz. Gracias a Dios aún no he terminado la segunda lectura del poemario incompleto que recibí ayer. Es un libro que seduce al lector desde la primera línea. Es alegre, triste, chispeante, divertido, melancólico…
¿Cómo te atreves, Rocío, a escribir unos versos tan sencillos, sin esdrújulas disonantes, sin columnas salomónicas ni cisnes ni una miserable gardenia? ¿Cómo te atreves a ser tan transparente, tan normal y tan grande?

Tienes razón; muchos de tus poemas pueden ser leídos "a lo divino". Mañana, en la primera meditación leeré éste:

Si susurras mi nombre gota a gota
parece que es el viento quien lo dice:
un lenguaje solar entre cien árboles,
el baile de las hayas en verano
con ráfagas de luz oscura y ámbar.

Tu voz parece verde y tan sombría
que sorprende la luz como un relámpago
dorado cuando, sílaba por sílaba,
me dices y me inventas, y rescatas
mi nombre de ser nada y de ser nadie.


  

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Poemas nocturnos

Me gustaría tanto bañarme en ese río,/ con sus aguas tan fieles y apacibles:/ esa frescura casi milenaria/y el sol enrojeciendo mis mejillas./ El río es para mí y yo soy para el río:/siempre las mismas ondas complacientes. ("Maldito Heráclito")

Ayer me enfadé con Adaldrida.
Eran las once de la noche y, tras una jornada bastante complicada, decidí acostarme después de echar una rápida ojeada al correo.
Allí estaba ella, metida en mi buzón, con un clip y un poemario nuevo: "se lo mando —escribía— para que vea cómo evoluciona".
Me dije que lo leería más adelante:
—No son horas para navegar entre versos, Rocío. Se me cierran los párpados. ¿Por qué me haces esto?
Descargar.
—Vale, lo descargo y guardaré el archivo en el IPad para mañana…  Me gusta el título.
—Tampoco te va a pasar nada si lees uno o  dos poemas —me insinúa Kloster—.
—Bueno, uno cortito…
Recuerdo a mi amigo Jorge que con los años se volvió muy goloso y siempre comía "un pastel pequeñito" cuando veía la bandeja de los dulces. Al final eran cinco o seis…


A las dos de la mañana termino el último verso: "el insomnio más fértil de la tierra", dice.
No sé si mi insomnio será fértil pero puedo afirmar que Rocío Arana nos prepara un banquete delicioso…, ¿para Navidad?
        
 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Asesinatos

Acabo de regresar a Madrid y aún tengo que leer más de un centenar de e-mails. El primero es éste. No sé quién me lo envía ni estoy en condiciones de juzgar el texto desde el punto de vista literario. Lo he leído deprisa y, al acabar he dicho "amén".



SÉ que me la juego por escribir esto


Estoy por declararme en huelga de escritura.
La tinta se pone más de luto que de ordinario.
No escribe: se desangra. La tristeza
y el temblor apenas me dejan enhebrar palabras
con un mínimo de aliento y de soltura.

Una millonada de abortos anuales
no me dejan respirar con normalidad la brisa,
y envenenan la esperanza de cualquiera.
Una Segunda Guerra Mundial cada año. Un exterminio
estalinista cada año. O nazi o camboyano o…

Las tinieblas se extienden por las almas
(cuesta creer que todavía siga siendo azul
el cielo cada mañana),
y esa negrura cala en la tierra, y en las avenidas.

Y en esta noche oscura de la Humanidad
contemplo las estrellas con más ahínco
y advierto las lágrimas de Dios.
La vida mutilada, asesinada sin paliativos.

Nuestra civilización, tal y como la conocemos,
agoniza, niño a niño, miembro a miembro.
El corazón del hombre planifica la muerte,
pero ya ni siquiera es por odio. Es obsceno negocio
camuflado en un millón de trápalas y eufemismos.

Y morimos todos con esas criaturas
descuartizadas como animales,
con el alma abierta en canal. Tiran sus vidas
-la Vida- a la basura, como si nada,
como si fueran una mixtura apócrifa. Sin opciones.
Muerte o muerte. Matacía. Demencia. Sacrilegio. Malicia.

Pero ese dolor puede hacer estallar la justicia divina.
Ríanse de Sodoma y de la decadencia de Roma.
Esto se acaba, no puede durar mucho
como sigamos así, por este camino que va al abismo.

El mundo, tal y como lo conocemos, se marchita,
se agusana, se pudre
en irracional desenfreno y bestialidad
(cuesta imaginar el renacimiento del hombre).

Huérfano de Dios
la desnutrición espiritual conlleva
una evidente sinrazón y postrimería,
una herida purulenta, una deshumanización
de la que el aborto es el exponente más suicida


GUILLERMO URBIZU



domingo, 22 de junio de 2014

En la fiesta del Corpus Christi...

Dos sonetos apasionados de José Luis Martín Descalzo. "Me han salido muy clasicotes", dijo antes de leérmelos, pero llega un momento en la vida que uno ya no piensa en la opinión de los críticos.

Nadie ni nada

Nadie estuvo más solo que tus manos
perdidas entre el hierro y la madera;
mas cuando el pan se convirtió en hoguera
nadie estuvo más lleno que tus manos.

Nadie estuvo más muerto que tus manos
cuando, llorando, las besó María;
mas cuando el vino ensangrentado ardía
nadie estuvo más vivo que tus manos.

Nadie estuvo más ciego que mis ojos
cuando creí mi corazón perdido
en un ancho desierto sin hermanos.

Nadie estaba más ciego que mis ojos.
Grité, Señor, porque te has ido.
Y Tú estabas latiendo entre mis manos.

Dios malgastado

¿Cómo es posible, oh Dios, que cada día
yo levante tu Sangre entre mis manos
y que mis labios sigan siendo humanos
y que mi sangre siga siendo mía?

Treinta años sacerdote, y todavía
nada sé de tu amor, y he vuelto vanos
tus doce mil prodigios soberanos
y doce mil millones perdería.

¡No vengas más! ¡Refúgiate en tu cielo
o búscate otras manos más amigas!
¡Yo soy capaz de congelar tu fragua!

Me das amor, y te lo torno hielo.
Siembras tu Carne, y te produzco ortigas.
Viertes tu sangre, y la convierto en agua.

viernes, 6 de diciembre de 2013

El poema

Me lo envía alguien que escribe su nombre en gerundio. "Caminando". En realidad se llama Raquel y anda por tierras del alto Aragón. Se ve que Molinoviejo le evoca recuerdos, tertulias y promesas de amor. De eso habla esta poesía que, según dice su autora, "no es muy buena".  
Estamos acabando la Novena de la Inmaculada. Oigámosla:

 MOLINO

¡Qué Madre guapa, qué Hijo, en su regazo divino!
Mirada morena, de recuerdos, de canciones
entre pinos y atardeceres dorados.
Mirador de eternidad
bañado de puestas de sol.

Tertulias cantadas, recuerdos a media voz,
amistades fraguadas a los pies de su ermita.
Pintada de Ángeles, con pintura de un Sí.
Me robas el alma.
Canta un riachuelo
Su cauce estrellado es testigo de amores eternos.
de una entrega sin fin.


viernes, 18 de enero de 2013

Rubén Darío



Leo que hoy, día 18 de enero, Félix Rubén García Sarmiento, mundialmente conocido como Rubén Darío, cumple 146 años.
Nunca he sido devoto del poeta nicaragüense, pero es innegable su importancia en la literatura hispana. Entre todos sus sonoros poemas, elijo éste:


Letanía de nuestro señor Don Quijote


Rey de los hidalgos, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión;
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Caballero errante de los caballeros,
varón de varones, príncipe de fieros,
par entre los pares, maestro, salud!
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,
entre los aplausos o entre los desdenes,
y entre las coronas y los parabienes
y las tonterías de la multitud!

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Escucha, divino Rolando del sueño,
a un enamorado de tu Clavileño,
y cuyo Pegaso relincha hacia ti;
escucha los versos de estas letanías,
hechas con las cosas de todos los días
y con otras que en lo misterioso vi.

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,
con el alma a tientas, con la fe perdida,
llenos de congojas y faltos de sol,
por advenedizas almas de manga ancha,
que ridiculizan el ser de la Mancha,
el ser generoso y el ser español!

¡Ruega por nosotros, que necesitamos
las mágicas rosas, los sublimes ramos
de laurel Pro nobis ora, gran señor.
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo,
y antes que tu hermano vago, Segismundo,
el pálido Hamlet te ofrece una flor!

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;
ruega casto, puro, celeste, animoso;
por nos intercede, suplica por nos,
pues casi ya estamos sin savia, sin brote,
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

De tantas tristezas, de dolores tantos
de los superhombres de Nietzsche, de cantos
áfonos, recetas que firma un doctor,
de las epidemias, de horribles blasfemias
de las Academias,
¡líbranos, Señor!

De rudos malsines,
falsos paladines,
y espíritus finos y blandos y ruines,
del hampa que sacia
su canallocracia
con burlar la gloria, la vida, el honor,
del puñal con gracia,
¡líbranos, Señor!

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad...

¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!




lunes, 31 de diciembre de 2012

Un poema para acabar el año







Quizá lo publiqué ya hace años. 
No quiero comprobarlo. Prefiero repetirlo a olvidarlo. 
Es un espléndido poema de José Miguel Ibáñez Langlois, el gran poeta chileno, uno de los grandes de este siglo y del pasado.
Lo titula "Oficio" y habla, en efecto, de su oficio de sacerdote. Y del mío.


 Soy cura
y qué
otros buscan perlas en el fondo del mar
o instalan ojos y oídos humanos en la estratosfera
yo trabajo en éste y en el otro mundo
yo tengo el poder de expulsar demonios de las computadoras
yo transformo leprosos en arcángeles
y mujeres de Lot en estatuas de sal
yo me visto como ni los mismos reyes para celebrar la Misa
yo hablo todas las lenguas de Pentecostés y algunas otras nuevas
yo soy la mano de Dios que borra los pecados más increíbles
yo soy el espejo de Dios que camina por la historia sagrada
otros tocan la flauta a las serpientes artificiales
yo resucito muertos
soy cura
y qué. 

sábado, 22 de septiembre de 2012

La llave de Adaldrida



Rocío Arana ―nuestra Adaldrida en la blogosfera―, sevillana, filóloga, calderoniana del Athletic de Bilbao y poeta, sobre todo poeta, tiene ya a punto “La llave dorada”, su nuevo poemario.
Rocío, que convirtió a Pamplona en “Pampaluna” cuando era estudiante, ahora escribe desde La Rioja, donde trabaja como profesora en la universidad.
Conozco bien a Rocío a pesar de que no nos hemos visto nunca. Entramos en contacto hace cinco años cuando ella abordo mi globo y yo el suyo. Desde entonces, poema a poema, verso a verso, confidencia a confidencia, la he seguido hasta aquí. Su librito “Pampaluna” viaja conmigo en la mochila y “La llave dorada”, en el IPad con el que ahora escribo.
Alguien dijo que en España hay más poetas que lectores de poesía. No es cierto: tenemos infinitos artesanos de versos ―yo mismo los fabrico por docenas― pero ser poeta es otra cosa. Rocío lo es y ella lo sabe.
He leído y releído varias veces esa llave dorada que acaba de enviarme y sólo puedo decir que me gusta mucho. No soy objetivo porque creo adivinar lo que hay al otro lado de cada verso: las penas y alegrías que la poeta me confió y que ahora han florecido convertidas en música, en color, en poema.
Así comienza La Llave dorada:

Junio

Acuérdate, Rocío,
de cómo sonreían las estrellas.
Recuerda cómo todo su poder
se derramaba en un minuto oscuro,
tristemente feliz, diciendo "nunca",
pero de qué manera tan hermosa.



jueves, 26 de julio de 2012

Un poema para la abuela de Jesús



Creo que es un villancico infantil mexicano. Me lo aprendí en aquellos años, ya lejanos, cuando mi memoria era casi infalible y lo he vuelto a recordar de pronto hace pocos días.
Hoy, festividad de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, lo reproduzco tal y como lo aprendí. Me parece precioso.

Señora Santa Ana,
¿Qué dicen de vos?
Que soy soberana abuela de Dios.
Señora Santa Ana,
¿por qué llora el niño?
Por una manzana
que se le ha perdido debajo la cama.
Vamos a mi cuarto, yo te daré dos:
una para el Niño y otra para vos.
Señor San José, Alférez mayor,
alza la bandera, que pasa el Señor                   

viernes, 13 de abril de 2012

La sonrisa de Adaldrida


Rocío Arana, una de mis poetas (¿habrá que decir "poetisas"?) de cabecera, me envía desde La Rioja sus últimos poemas. Al acabar de leerlos pensé colgar uno en el globo para que le diera el aire y nos alegrara la mañana, pero me entraron las dudas.
Con Rocío tengo un serio problema. Empiezo a conocerla demasiado y creo saber de dónde nacen y por qué ríen o lloran sus versos. Esto me provoca un pequeño conflicto interior: si publico un poema sin su permiso es como si revelara un secreto que compartimos ella, yo y pocas personas más.
Al fin me decido por éste que habla de la sonrisa. Es la sonrisa chispeante de Adaldrida.
 
 
LA DUDA
 
Sonreír es un acto natural:
un millón de sonrisas por minuto
recorren la ciudad. En un balcón
secreto hay un muchacho que sonríe
y en la calle la falda de lunares
de una mujer sonríe con su vuelo.
Los fruteros sonríen con sonrisa de fruta.
En la cafetería me sonríen
los chispeantes zumos de naranja.
 
Sonreír es un acto natural:
no sé por qué me pongo tan nerviosa
al ver tu risa relampagueando.
 
 

lunes, 3 de octubre de 2011

Soledad

No te pido la soledad más sencilla,
la primera que surge
cuando me quedo más solo que la una;
cuando no tengo a nadie con quien hablar;
cuando hasta el reyezuelo calla (al menos podría piar como un gorrión);
cuando ningún tren expreso viene a mi encuentro;
cuando hasta el reloj se detiene para que no oiga su tic-tac;
cuando desde el ocaso no cesan de alargarse las sombras.
No te pido tampoco esa otra soledad más difícil,
cuando al abrirme paso entre la multitud,
vuelvo a ser uno solo,
rodeado de todos mis parientes más lejanos.
Te pido la soledad genuina,
cuando Tú hablas a través de mí
y de mí ya no queda nada.
Jan Twardowski 

martes, 13 de septiembre de 2011

Querida tarde gris...

Acabo de descubrir un blog espléndido. Lo singular es que su creador sólo tiene 17 años y escribe muy bien. Me atrevería a decir que es ya un gran poeta, aunque, como es natural, tendrá que ir puliendo su estilo con el tiempo. Haced clic aquí y lo comprobaréis.
El último poema me ha venido como anillo al dedo. Creo que lo necesitaba. Y es que uno también tiene tardes (y mañanas) grises. Por eso lo copio enterito.
Querida Tarde Gris
de este 2 de septiembre del 2011:
 
¿Te crees muy melancólica
con tus nubarrones y cristales
empañados de lluvia y recuerdos?
¿O a poco te sientes
terriblemente pesimista
con esos gemidos de ventisca helada
que roban sombreros y desarman paraguas?
 
Lamento decepcionarte, pero
tienes muy poco de "tarde"
y mucho menos de "gris".
 
Nunca es tarde
si vemos el mundo
con ojos de recién nacido
y nuestra boca dibuja una perfecta letra O
de sorpresa ante el milagro portentoso
y la aventura suprema de vivir.
 
Desengáñate, tampoco serás nunca
completamente gris y monótona
Siempre nos salvará el color, la música,
belleza y poesía
de aquellos pájaros
con el pecho ensangrentado,
enredaderas fundiéndose en cascadas
de tonalidades verdes y doradas,
charcos reflejando el guiño
de mil astros temblorosos,
campos de flores de amarillo chillón,
montañas que se difuminan
en lejanía de azules claros... infinitos.
 
Así que Tarde Gris, deja de hacerte
la nostálgica, estornuda ¡de una vez por todas!
la neblina con la que te sientes tan misteriosa,
desarruga el ceño encapotado de tu cielo
y regálanos tu sonrisa de rayos fulgurantes
 
Llénate de júbilo Tarde Gris,
porque aunque los tontos y gruñones
echen pestes de ti, siempre habrá
algún loco que te contemple
como lo que realmente eres:
 
pintura única salida de la paleta
del más original de los artistas
 
y.. si eso no te convence,
te tengo otro motivo
ridícula vanidosa:
¿no te diste cuenta que te volví FA-MO-SA
con estos versos?
 Alejandro González Degetau 
Querido Alejandro, no sé si animarte a que escribas con más frecuencia. Supongo que eres estudiante, y más vale que te centres en tus estudios; pero no abandones, por favor,  tu evidente y prometedora vocación literaria ni tu sentido del humor.