jueves, 31 de diciembre de 2015

A Nelson Mandela


Sin perdón no hay futuro


Querido Presidente Mandela: acaba de cumplirse el segundo aniversario de tu muerte y nadie se ha olvidado de ti. Al contrario, se multiplican los homenajes a tu figura. Políticos, hombres de Estado, activistas de todas las tendencias y credos, aún no salen de su asombro al recordar el gran milagro que consumaste en Sudáfrica a finales del siglo XX.
No hace falta que me corrijas: ya sé no fuiste tú solo. Debería remitir este correo también a Kobie Coetsee, Frederik de Klerk y al arzobispo anglicano Desmond Tutu, pero lo importante es que, entre todos, frenasteis el baño de sangre que parecía inevitable cuando se puso fin al régimen de apartheid y los negros recuperaron sus derechos civiles.
Habías abandonado la cárcel después de 26 años y diste tu primera rueda de prensa ante 200 periodistas llegados del mundo entero. Todos esperaban una soflama cargada de odio y afán de venganza, pero tú hablaste de reconciliación y de perdón. Era el 12 de febrero de 1990.
Tus palabras se tradujeron en hechos. Se nombró una "Comisión para la Verdad y la Reconciliación", encabezada por Tutu, con el lema: “Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón”.
Aquella comisión invitó a que las víctimas revelaran en audiencias públicas, con la televisión en directo, los crímenes que habían padecido durante los años de la discriminación racial. Al mismo tiempo los autores de los hechos violentos podían también confesar sus delitos, y eran sus propias víctimas las que decidían concederles el perdón si consideraban que el arrepentimiento era sincero y que habían actuado cumpliendo órdenes.
El propio presidente de la comisión entendió que sólo el perdón permitiría alcanzar la plena reconciliación entre los sudafricanos. Y apeló a la fe, al sentido religioso y cristiano del pueblo de Sudáfrica. Era preciso curar las heridas de un país entero que sangraba desde décadas. Se trataba de no dejar ninguna cuenta pendiente. Algunos comentaristas occidentales dijeron que Sudáfrica fue durante aquellos meses un enorme confesonario. Tenían razón.
Se han escrito millones de páginas sobre este episodio de vuestra historia, que tuvo luces y sombras, desde luego. Yo no añadiré una palabra más. Sólo te pido hoy que nos eches una mano desde el Cielo. Ya sabes que en la Iglesia Católica hemos comenzado un año dedicado a la misericordia. El Santo Padre Francisco nos invita a abrir el corazón a la misericordia de Dios confesando nuestras culpas en el Sacramento de la Penitencia, a la vez que pedimos perdón a los hermanos que se sientan agraviados por nuestra causa.
De este modo también nosotros estaremos en condiciones de perdonar las ofensas recibidas, aunque esta segunda parte no resulte tan sencilla.
¿Eres consciente de que en aquí nos gusta más la venganza que la misericordia? Sí, amigo Mandela; somos un pueblo justiciero e iracundo. Exigimos que "los malos" se pudran en la cárcel, que sufran en sus carnes lo que suponemos que han hecho sufrir a otros. El "ojo por ojo" no parece superado en nuestra refinada sociedad.
Desde luego es preciso hacer justicia y cumplir las penas que impongan los jueces, pero tú sabes muy bien que, cuando hay una ofensa, se producen dos heridas: una en el agraviado y otra —seguramente más dolorosa— en el que agravia. Éste la sufrirá en su carne hasta que el perdón la cure y el olvido elimine la infección.
El Santo Padre nos pide que tengamos los brazos y el corazón abiertos, siempre dispuestos a perdonar y a confiar; que salgamos a mitad de camino, como el padre del hijo pródigo, para fundirnos en un abrazo con aquellos que se acercan, quizá tímidamente, a la casa que abandonaron hace mucho tiempo.
¿Te parece un sueño imposible? Tú salvaste a tu país poniéndolo en práctica. Sabías que "sin perdón no hay futuro", y que, sólo perdonando, el hombre se hace semejante a Dios.  

lunes, 28 de diciembre de 2015

Nana para un Rey


La Nana para un Rey, interpretada por la voz limpia y poderosa de Pasión Vega es uno de los villancicos que más me han emocionado siempre. Alejandra me envía esta versión de 2008.


Duérmete tesoro mío,
no tengas miedo de nada,
mi pecho combate el frío,
con tus manitas heladas

Calla que tras la colina
está la muerte acechando,
viene cargada de espinas,
cruces, fatigas y clavos.

Nana, para unos ojos morenos.
Nana, para mi estrella y mi cielo.
Nana, para un ángel recién nacido.
Nana, que se me ha quedado dormido.

Cuando ríes se ilumina
las ventanas de mi ser,
qué hermoso es dar luz divina
y qué delirio querer.
Yo estaré siempre a tu vera
sueña libre pastorcillo.
A la ea ea ea
¡qué penita de mi niño!

Nana, para unos ojos morenos.
Nana, para mi estrella y mi cielo.
Nana, para un ángel recién nacido.

Nana, que se me ha quedado dormido.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Hoy pido un milagro pequeñito


Ya está aquí la Nochebuena, y mañana es Navidad. ¡Muchas felicidades!
A todos: a los que vamos a Belén y a los se quedan en el solsticio; a los Magos de Oriente y a las magas de Madrid; a los que votaron y a los que se abstuvieron; a los de Sánchez y a los de Díaz; a los de Mariano, a los de Albert y a los de Pablo; a los incendiarios y a los bomberos; a los del Benítez y a los de Mourinho…
Hoy pediré un pequeño milagro a los ángeles cantores de Belén: que nos golpeen en la cabeza con su varita mágica y borren de nuestra memoria unas pocas palabras, precisamente aquéllas que sólo se emplean como disparos para insultarnos los unos a los otros; que suframos una epidemia universal, una amnesia colectiva que cancele de todos los diccionarios y de la vida pública y privada las injurias, las descalificaciones, las procacidades, las ofensas verbales.
Y ya, metidos en milagros, que revivan en las hispánicas seseras aquellos encantadores vocablos que utilizaban nuestros bisabuelos para cortejar a nuestras bisabuelas; y que vuelvan las viejas expresiones de cortesía que no sólo empleaban los nobles, sino también el pueblo llano; que se enriquezca de nuevo el lenguaje de esta tierra, cada vez más empobrecido y sucio, y aprendamos a ponderar las virtudes del prójimo, a dar una salida al discrepante, a ser cordiales y gentiles, con palabras y con silencios, en la familia, en el bar, en el parlamento y hasta en la tele.
¿Quién dijo que las palabras no importan? Lo son todo, amigos. Con ellas amamos y odiamos; ellas cargan las pistolas y encienden el rencor.
Hoy la primera Palabra del Padre, el Verbo, se encarna en María y nace en Belén. ¡Paz a los hombres de buena voluntad!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Ha fallecido Jesús Jiménez

 Oratorio de Tigaday, el centro donde don Jesús celebró su última Misa
Hace apenas ocho meses, en plena Semana Santa os pedí desde Las Palmas que rezarais por un sacerdote de la Obra que estaba enfermo en la isla. Acababan de diagnosticarle un tumor muy agresivo y el pronóstico no podía ser más pesimista. Entonces no dije el nombre; era don Jesús Jiménez Juárez, y ha fallecido esta mañana.
Don Jesús siempre fue hombre de pocas palabras, recio y valiente como buen castellano. Yo estuve con él dos o tres veces cuando ya conocía el alcance de su enfermedad. Hablamos poco, pero su sonrisa inalterable lo decía todo. Está en el Cielo y desde allí brindará con sus hermanos y con sus amigos en Nochebuena; pero seguiremos rezando por él y con él.

martes, 22 de diciembre de 2015

Paseos por Gijón (I)


 
Cuando vengo a  Asturias, mi excursión preferida siempre es urbana. Ya tendré tiempo de visitar las aves de Villaviciosa y el balcón de "El Fitu", que es uno de los collados más famosos de la Sierra, desde el que se divisa medio Planeta y se adivina el resto.
Vestido de paseante anónimo y con los prismáticos al cuello, por si las aves, me adentro en la villa de Gijón, cuyo nombre, al decir de Unamuno, proviene del latín, "saxum" (roca). Un poco forzado parece, pero me gustaría que fuese verdad.
La calle Uría está en el centro mismo de la ciudad. Camino despacio mirando todos los escaparates. Las tiendas están menos animadas que otros años. Se conoce que este año tampoco ha tocado el gordo y la crisis no se va.
Junto a una sidrería hay un paisano a la espera de algo o de alguien. Luce un cigarro en la boca, que oscila rítmicamente de arriba abajo como un metrónomo.
—Nunca he pasado tanto frío como este año…
Lo he dicho en voz muy baja, pero sé que me ha oído el tipo del pitillo. Confieso que me gusta provocar para iniciar una conversación, y tengo un sistema es infalible: no pregunto nada, porque corro el riesgo de que me respondan y se acabe la charla. Prefiero hacer un comentario insólito como éste y ver qué pasa.
—Usted no es de aquí, ¿verdad?
—No. Vengo de Madrid.
—Pues para frío, el de su tierra. Aquí en Asturias nunca hace frío. Todo lo más, "re-fres-ca". Y este año andamos bien con el cambio climático.
La conversación meteorológica apenas aguanta dos o tres frases más. El paisano tira el pitillo y vuelve a entrar en la sidrería.
Más recorrido tiene mi encuentro con un chaval de 14 años que chatea convulsivamente con su IPhone apoyado en un parquímetro. Le digo que su teléfono es un poco antiguo, y salta como una pantera:
—Es el último IPhone. A ver si te enteras…
El acento despectivo me confunde:
—Tú no eres de aquí.
—Soy de Madrid, pero mi abuela vive en Gijón y me ha regalado el teléfono.
—¿Y has votado por correo?
—No dejan votar hasta los 18 años…
—¿En serio que no los tienes todavía?
El chaval me mira receloso:
—Claro, tío. Voy a cumplir quince…
Luego me cuenta que estudia en los jesuitas, que ha tenido dos novias, pero ahora se lo pasa mejor jugando a basket, que de notas va regular, que va a Misa casi siempre y que…,
—Oye, ¿tú eres cura o algo así…?
—Bingo, chaval…

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Tajamar se supera..., otra vez


Este año el coro de Tajamar canta con "Los secretos". Y lo bordan.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Comulgar en el frente de batalla


 
Loreto me regala esta fotografía elocuente y bellísima.
Fue tomada en 1945, en uno de los escenarios bélicos más sanguinarios de toda la Segunda Guerra Mundial. Estamos en la isla japonesa de Iwo Jima, el 3 de marzo de 1945.
En la cima del monte Suribachi de esa isla, el 23 de febrero del mismo año, a los pocos días del inicio de los combates, el periodista Joe Rosenthal tomó una de las imágenes más difundidas de la Segunda Guerra Mundial. La tituló Raising the Flag on Iwo Jima, y se ve a varios marines empujando el mástil con el que erigieron la bandera estadounidense en aquel lugar.  
Unos días más tarde el mismo fotógrafo captó esta otra imagen. He querido colgarla del globo como recuerdo y desagravio por el infame sacrilegio eucarístico cometido en Pamplona del que ya habéis oído hablar.


Dentro de tres días veré este Belén



Me cuentan que en Solavieya ya lo han puesto. Y se superan cada año. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Más "Pentatonix"


Estos chavales son increíbles

jueves, 10 de diciembre de 2015

María, ¿sabías...?

Con más de cinco millones de vistas en pocos días, el videoclip de la canción “Mary, did you know?” interpretada a capella por el grupo Pentatonix revoluciona YouTube y recuerda el verdadero sentido de las fiestas navideñas.
Hace menos de un mes, las cinco voces de Pentatonix lanzaron su nuevo disco navideño “That’s Christmas to me”, y en pocos días, el videoclip se ha convertido en un éxito viral.
El autor de la letra, cuya traducción reproduzco más abajo, es el norteamericano Mark Lowry.


María, ¿sabías que tu bebé caminaría un día sobre el agua?
María, ¿sabías que tu bebé salvaría a nuestros hijos e hijas?

¿Sabías que tu bebé vino para hacerte nueva?
Que ese niño que tú diste a luz, pronto te traería a la Luz

María, ¿sabías que tu bebé dará la vista a un hombre ciego?
María, ¿sabías que tu bebé calmará una tormenta con su mano?

¿Sabías que tu bebé ha caminado por donde los ángeles pisaron?
Que cuando besabas a tu pequeño besabas el rostro de Dios.

¿María, sabías? ¿María, sabías?

Los ciegos verán, los sordos oirán
Los muertos volverán a vivir
Los paralíticos saltarán,
Los mudos hablarán las alabanzas del Cordero.

María, ¿sabías que tu bebé es el Señor de toda la creación?
María, ¿sabías que tu bebé gobernará un día las naciones?

¿Sabías que tu bebé  es el Cordero Perfecto del cielo?

Que el Niño dormido que sostienes es el Gran YO SOY

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Primera lección de Teología Civil


Me envían desde Santiago este artículo de Xosé Luis Barreiro, "por si le sirve para el blog". Desde luego que me sirve. Sólo espero que todos los lectores entiendan que es sólo una broma.
Si las mareas ofrecen bautizos y comuniones civiles, no queda más remedio que hacer una teología civil, porque no sería honrado usurpar estos ritos de paso sin asumir sus obligaciones. Los aspectos formales de esta boutade ya los despachó Roberto L. Blanco con extraordinario rigor y valentía. Pero dado mi afán de colaborar en la felicidad del pueblo, no puedo resistirme a sentar los fundamentos de una teología atea que ayude a ritualizar la civilidad.
Empezaremos por decir que si el bautizado es un bebé, habrá que tener padrinos civiles que respondan por él. Pero si el bautizado es adolescente habrá que exigirle un catecismo civil que garantice que la víctima sabe dónde se mete. «¿Eres totalmente laico?», preguntará el alcalde. «Sí, por la Gracia de Dios». «¿Qué significa el bautismo civil?», insistirá el oficiante. «Ser discípulo de usted y seguir sus ordenanzas». «¿Y quieres ser bautizado?». «Sí», responderá el crío. Y ya se le puede bautizar con agua con gas, para diferenciar esta ceremonia de la credulidad fanática de los católicos. Claro que después del bautizo hay que socializar al niño, que ya de pequeñito deberá rezar civilmente: «Alcaldito de mi vida, fuiste niño como yo, por eso te voto tanto y te doy mi corazón». O «Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro municipales que me la guardan».
Más complicada será la comunión civil, porque, antes de recibirla, el interfecto, de 9 años, tendrá que confesarse con un funcionario, decirle si respetó los semáforos y los pasos de cebra, y cuántas papeleras volcó. Porque la confesión es esencial para el control del comportamiento y la ortodoxia laica, y solo los niños absueltos y con la penitencia cumplida podrán entrar en María Pita vestidos de blanco, y cantando: «Vamos, niños, al plenario, que el edil llorando está, pero viendo tantos niños muy contento se pondrá». Será entonces cuando el oficiante, recordando las campañas electorales, repartirá bocatas de jamón entre los niños, para que aprendan a compartir y a formar un cuerpo místico municipal.
La confirmación civil será el momento elegido por los niños para mandar al carajo al alcalde e iniciarse en el botellón. Pero todos sabrán que el que no se confirme civilmente no podrá acceder a ninguna de las opciones de matrimonio que ofrecen los poderes civiles. La lógica llevará a que los miembros de la corporación, en vez de prometer su cargo, sean ordenados concejales. Porque si no se ritualiza todo, los niños percibirán el juego y no se dejarán bautizar. Y lo más fácil, creo, será la extremaunción laica, que será una rebaja en la tasa de tanatorio para enfermos civiles desahuciados.
Con estas bases ya podemos empezar a hacer el payaso y a mostrar la rabia que produce el último reducto de autoridad moral no estatalizado. Y esperemos que Dios nos ayude a soportar tanta iniquidad. 


martes, 1 de diciembre de 2015

Navidad con toda la familia

No es necesario saber alemán para entender este precioso vídeo que me envía Mariano. Espero colgar otros semejantes como preparación para la Navidad

lunes, 30 de noviembre de 2015

A Publio S. Quirino, procurador de Siria [1]


El tapiz


Buena la hiciste, noble Quirino, con tu famoso decreto de empadronamiento. Ya sé que no fue cosa tuya, sino del César, siempre obsesionado con saber cuántos súbditos tenía Roma y cuánto podían aportar a las arcas del Imperio. Lo malo es que los hebreos se resistían alegando que Yahvé no veía con buenos ojos aquellas prácticas contables. Por eso el Emperador te envió a ti al mando de la legación de Siria. Eras su hombre de confianza y cumpliste bien el encargo de meter en cintura a aquel pueblo rebelde y supersticioso.
Dicen las crónicas que progresaste muy joven en la corte e incluso conseguiste que te nombraran Cónsul. También cuentan que te casaste dos veces, que dos veces repudiaste a tus esposas y que la segunda incluso trató de envenenarte.
Todo esto ahora tiene poca importancia. Lo que cuenta es el censo del pueblo hebreo, que te colocó de sopetón en el centro de la historia. Aún no se han puesto de acuerdo los cronistas sobre su fecha y circunstancias; pero como San Lucas afirma que él investigó "cuidadosamente todo desde sus orígenes", decido fiarme de su Evangelio más que de otras fuentes.
Reconoce, amigo Quirino, que te habría gustado entrar en la historia por méritos propios, pero comprenderás que por muchas batallas que hubieras ganado, ninguna te habría dado tanta honra ni fama como la que alcanzaste, sin comerlo ni beberlo, estampando tu firma al pie de aquel decreto imperial.
La razón es que había un joven matrimonio residente en Nazaret que debía viajar a Belén para cumplir con la ley del empadronamiento. Él se llamaba José y ella María. María estaba embarazada y, en rigor, no se le obligaba a cumplir con este trámite, pero decidieron aprovechar la oportunidad para trasladarse definitivamente a Belén. Tú de esto no sabías nada, por supuesto. ¡Quién iba a decirte que Yahvé contaba contigo para poner el primer belén de la historia y preparar el nacimiento de su Hijo!
Desde entonces, cuando llega la Navidad y se proclama en la Santa Misa este pasaje del Evangelio, todos los sacerdotes del mundo mencionamos tu nombre y el del Emperador para dejar claro que Jesús no fue un personaje de leyenda ni un niño de mazapán. Nació, de verdad, en esta tierra, vivió en una época concreta, compartió treinta y tantos años de historia con judíos y gentiles. Y conoció a otro procurador romano como tú, un tal Poncio Pilatos, al que los Cristianos nombramos en el Credo, a pesar de que fue él quien dictó sentencia de muerte para el Rey de los Judíos.
Ya ves, noble Quirino. Se diría que Dios juega con nosotros como si fuésemos piezas de un puzle enorme y misterioso. Aunque sería más exacto decir que el Señor construye un tapiz con hilos divinos y humanos. Para elaborarlo, emplea fibras toscas y valiosos cordones de la seda más fina, cuerdas vulgares y tramas preciosas de todos los colores y texturas.
Con sabiduría y paciencia infinitas, va anudando los cabos sueltos y sitúa a cada uno en el lugar que le corresponde. Algunos hilos optan por escaparse de la mano del Artista, y Dios respeta su libertad. Otros se dejan manejar dócilmente y muchos, como tú mismo, pasan por la vida sin enterarse de que el Señor de la historia les ha reservado un puesto, modesto o trascendente, en este tapiz divino.Amigo Quirino, te confieso que algunas veces pienso que estoy en el reverso del tapiz, y no entiendo el sentido de esta trama confusa, de estos nudos distribuidos en aparente desorden. Sólo espero que un día pase al otro lado del lienzo y Dios me muestre su obra con toda su belleza. Entonces, si he sido fiel, el Señor me dirá:
—¿Ves esa chispita dorada, aquel hilillo azul, la sombra de esa flor escondida… ? Eso eres tú.
 


 [1] Aconteció, pues, en los días aquellos, que salió un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo. Fue éste el primer empadronamiento siendo Quirino Gobernador de Siria. E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad. José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse, con María, su esposa, que estaba encinta (Lucas, 2 1-5) 


sábado, 28 de noviembre de 2015

Desagravio


Copio, sin cambiar una coma, el mensaje de una alumna de la Universidad de Navarra. Me ha emocionado leerlo y comprobar un vez más que la fe y el amor por Jesús Sacramentado son más fuertes que el odio.


Hoy he estado en la Misa que convocó el Obispo de Pamplona para pedir perdón a Jesús por la profanación de su Cuerpo. Ha sido increíble. Había más de 100 sacerdotes concelebrando la Misa. El Obispo ha hablado de la caridad y la misericordia. Ha pedido a los jóvenes que sienten la llamada de Dios en su corazón que abran las puertas a Cristo, que se entreguen a Él, los chicos al sacerdocio y las chicas en el cuidado de los más pobres y necesitados. Ha dado las gracias por la presencia de tantísima gente en la Misa. 
Después de la homilía ha pedido que hiciéramos unos momentos de silencio. Se le veía tan tan dolido. Me ha encantado porque la gente estaba dolida de verdad, realmente le dolía que se hubiera hecho eso a Jesús. Y me ha encantado porque eso significa que muchísima gente valora muchísimo la Eucaristía y la ama. Me he quedado muy loca. No sabéis el ambiente que había; de recogimiento, de oración, de arrepentimiento, de disculpa, de silencio, de cariño. La súper concentrada, cantando las canciones con el corazón. A algunas se les saltaban las lágrimas y otras no podían acabar de cantar las canciones porque se les quebraba la voz. Yo tenía la piel de gallina. Curas, monjas, niños, universitarios, monjes, gente del Opus Dei, padres y madres de familia... 
El Obispo ha pedido que comulguemos con la boca para evitar que puedan pasar cosas malas como la que ha pasado. Se ha leído el Evangelio creo que de San Lucas: "Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él". Se ha hablado mucho de la Eucaristía. Al terminar la Comunión han dicho por el micrófono que lo sentían porque habían preparado 4000 formas consagradas para que la gente comulgara y ha habido gente que se ha quedado sin comulgar. Hay gente que ha esperado hasta 20 minutos de cola para comulgar y aun y así no ha habido formas consagradas para todos. 
Estaba a petar. La gente arrodillándose aunque no se cupiera muy bien. Ha sido impresionante, la fe de la gente y el dolor que sentían de que se haya ofendido tan gravemente a Jesús. Al terminar la Misa ha habido una procesión de Jesús Sacramentado por la Catedral. Y cuando ya se iban los sacerdotes y el Obispo todo el mundo ha empezado a aplaudir de lo bonito que ha sido.

martes, 24 de noviembre de 2015

Carta a Dios sobre la exposición blasfema de Pamplona


Teresa Gutiérrez de Cabiedes (¡cuántos recuerdos me trae ese apellido!) ha escrito en Alfa y Omega un espléndido artículo que vale la pena leer y difundir.

Empieza así: 
Querido Dios:Te escribo desde Pamplona, a ver si me echas un cable. En una sala pública de aquí han organizado una exposición que te ofende. Un chico dice que ha robado 248 Hostias para ultrajarte con ellas.
Leedlo entero aquí

jueves, 19 de noviembre de 2015

Minutos de silencio


Leo en el Evangelio de hoy que Jesús, a la vista de Jerusalén, lloró por ella, diciendo:
"—¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita."
Dios llora por nuestros delitos y por las víctimas de nuestros crímenes. Si entendiésemos ese llanto de Jesús, llenaríamos de lágrimas y de oraciones los fríos minutos de silencio que congelan el aire y siembran de odio las ciudades de Europa.


martes, 17 de noviembre de 2015

La agenda aprieta pero no ahoga


Siempre que se habla de la agenda, le añadimos un adjetivo parásito e indeleble: "apretada". Pues bien, mi agenda se ha completado hoy con un calendario de actividades casi ininterrumpidas que termina el 1 de julio del año próximo. Ahora ya sé, por ejemplo, que el 30 de abril a las 11 de la mañana comenzaré una meditación en Torreciudad; que el 22 de marzo, a las 9 y media, hora peninsular, predicaré en Tenerife, y el 11 de mayo, a la misma hora, en la Gran Canaria; que el 20 de noviembre habré votado ya por correo y me enteraré de los resultados en Asturias…, y así sucesivamente.
No lo cuento para despertar compasión ni para presumir de hombre ocupado. Al contrario: me gustaría excitar la envidia de mis colegas: al examinar el calendario que me espera, lo he traducido en personas afectadas por el apretón de la agenda. Son cientos (y cientas, supongo) los que me soportarán pacientemente y charlarán conmigo a solas o en grupos. Me pregunto si existe un trabajo más apasionante y fructífero que el mío.
Claro que cansa un poco. Es verdad que la agenda no ahoga, pero aprieta. Vaya si aprieta.


lunes, 16 de noviembre de 2015

Ya llega el gordo

Y éste es el anuncio que veremos este año en la tele para animarnos a comprar lotería. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Campo con puertas pero sin humo

Poner puertas al campo es una expresión que se utiliza para descalificar determinados proyectos que resultan inabarcables o utópicos. Una imagen muy adecuada si no fuese porque el campo ya está lleno de puertas y nadie protesta.
Esta mañana, después de una sesión de confesonario, he salido de La Acebeda con los prismáticos al cuello y he subido por un camino forestal que bordea la finca. Iba en busca de un nido de ratoneros que, con toda probabilidad, se encuentra en lo alto de alguno de los pinos que hay a pocos metros de la finca. También quería ver Madrid desde lo alto. En esta casa gozamos de una vista espléndida hacia el Sur. La Acebeda está a 1.220 metros de altura en la ladera de la Sierra de Guadarrama, y el centro urbano, a 600 o 700 metros según las zonas. Como la distancia es escasa —cincuenta kilómetros por carretera y bastante menos en línea recta— los prismáticos me permiten contemplar la Villa y Corte con las cuatro torres de Chamartín en primer plano. Hoy, además el cielo está limpio de nubes y la luz de la Sierra es perfecta.
Regreso de mi "excursión" al cabo de media hora. No hay puertas en el campo para las aves, pero sí para los humanos. Imposible acceder al pinar a no ser saltando por encima de una verja que cualquiera sabe si está electrificada.
Miro hacia Madrid resignado por mi fracaso, y Madrid ya no está; se ha ido. Las cuatro torres horteras (a quién se le ocurre plantar cuatro rascacielos en La Mancha) han desaparecido milagrosamente y el resto de la ciudad ha sido engullido con ellas. La culpa es de la contaminación: una nube gris-marrón cubre por completo a cuatro millones de ciudadanos en este singular veranillo de San Martín.
La verdad, me quedo con el campo aunque tenga puertas. Ahora mismo salgo de nuevo al jardín para respirar un poco de aire puro. No sea que, cuando regrese a casa, ya no quede.


martes, 10 de noviembre de 2015

Volar



Hace años una niña de Aldeafuente me preguntó si yo también hacía cursos de retiro:
—Claro —le respondí—.
—¿Y cuántos has hecho?
La respuesta fue sencilla: uno al año desde que pertenezco al Opus Dei y tres más: uno antes de mi ordenación sacerdotal y otros dos antes de pedir la admisión en la Obra.
—¿Y te confiesas con otro sacerdote…?
He llegado a La Acebeda y, mientras deshago la maleta, me viene a la memoria aquella singular conversación. Voy a predicar un curso de retiro, uno más, y me pregunto si soy capaz de recordar el primero al que yo asistí. Fue, según creo, en el Hostal de San Bartolomé y lo predicaba Michel Rivilla, un cura grande y cariñoso que está en el Cielo desde hace bastantes años.
Al recordar los propósitos —tremendos— que saqué de aquel curso, siento un poco de envidia…, de mí mismo; de mi ingenuidad de entonces, de lo seguro que estaba de alcanzar la santidad en cuatro días.
Pienso en las mujeres que asistirán estos días al retiro que voy a predicar. Les sugeriré que saquen propósitos pequeños, concretos, sencillos de cumplir, pero pido al Espíritu Santo que les llene de deseos grandes, enormes; que vuelen tan alto, tan alto como aquel ingenuo chaval de quince años.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Marita


Dentro de una hora Marita cumplirá 101 años.
Marita es mi madre, pero desde hace algún tiempo todos sus hijos, nietos y biznietos la llamamos así, con este diminutivo doméstico que nos la acerca aún más. Marita es sólo ella: única e irrepetible. Recia, discreta, tierna, alegre, piadosa.
Yo hoy tendría que haber escrito un poema o un cuento, pero confieso que me siento incapaz de redactar cuatro líneas que le hagan justicia.  
Entonces, ¿por qué me he sentado frente al ordenador a estas horas? Supongo que porque es la víspera, y las vísperas siempre me han llenado más que las propias fiestas. Además necesito decir en voz baja, ahora que este globo agoniza y apenas me quedan dos docenas de lectores, que debo mi vocación a Marita. Ella me enseñó todo lo importante que sé. Con ella empecé a rezar, a leer, a escribir, a luchar…
Alguna vez me ha dicho que no se explica por qué sigue aún en este mundo, ahora que ya sólo es un estorbo. Hoy me atrevo a responder que la necesito —la necesitamos todos— para ser fieles, para seguir apoyándonos en su fe recia y valiente, en su cansancio sereno, en esa mirada de chiquilla traviesa que chispea cuando juega con los más pequeños de la tribu.
Dentro de unas horas celebraré la Santa Misa y pediré por lo que pida Marita. Me uniré a sus deseos, a sus sueños. Y daré gracias a Dios en nombre de todos por tenerla y sentirla tan cerca.

viernes, 30 de octubre de 2015

A José Escrivá Corzán


La familia, un sueño de Dios


Querido don José…, ¿Me permites que te llame "abuelo" como hago cuando estoy en familia o cuando charlamos sin palabras, tú y yo a solas? Fuiste el padre de un gran santo. Lo sabes bien, porque ahora está a tu lado en el Cielo. A lo mejor le ayudas a clasificar la correspondencia que recibe desde aquí abajo. Es una tarea sencilla porque allí tenéis un correo mucho más veloz y eficaz que el de Internet, y seguro que disfrutas comprobando que ya somos millones los que acudimos diariamente a la intercesión de San Josemaría sin problemas de wifi ni de cobertura.
Fuiste comerciante en Barbastro a comienzos del siglo XX, copropietario de "Juncosa y Escrivá", un establecimiento que, según reza el cartel publicitario de la época, vendía tejidos "nacionales y extranjeros" y hacía "exquisitos chocolates elaborados a brazo, premiados con medalla de oro".
Sin embargo me temo que no se te dieron bien los negocios. La traición inesperada de un socio y la crisis —siempre hay una crisis al acecho—, te obligaron a cerrar la tienda. Quizá podías haber salvado algo más, pero preferiste cargar sobre tus hombros todo el peso de la quiebra e indemnizar con largueza a tus empleados.
Fuiste todo un señor en la prosperidad y en la pobreza. También cuando trabajabas como dependiente de comercio en Logroño y debías sacar adelante la empresa más importante de tu vida; tu familia. Con tu esposa, Dolores Albás, tuviste seis hijos, cuatro niñas y dos niños. La mayor se llamaba Carmen; luego vinieron Josemaría, Chon, Lolita y Rosario. Por último, cuando ya Josemaría había ingresado en el seminario, nació Santiago.
Eras un gran padre; generoso y recto. San Josemaría recordaba que fuiste "muy limosnero", y llegó a afirmar que te debía su vocación. El Señor te bendijo como a sus predilectos, con la cruz. Fueron tres golpes duros e inesperados: en el corto espacio de cuatro años murieron tus tres hijas más pequeñas. Eran unas niñas. Solo tenían ocho, cinco y un año.
No mucho tiempo después Josemaría te dijo que quería ser sacerdote, y pareció que se rompía tu último sueño. Tu hijo te vio llorar por primera vez. Pero tú sabías que aquello era de Dios y no quisiste ser un obstáculo.
¡Qué gran familia! Ahora estáis juntos en el Cielo, y más unidos que nunca. "Hasta que la muerte nos separe", suelen decir los esposos. Pero la muerte no separa; une y reúne eternamente a los que han sabido vivir desviviéndose en ese ecosistema de amor que llamamos "familia".
Tuviste una esposa santa a la que siempre he llamado "la abuela", y una hija mayor —"tía Carmen"—, que renunció a tener vida propia para ayudar a san Josemaría en la puesta en marcha de las labores de su Obra. Tus tres hijas pequeñas salieron a recibirte en el Cielo cuando el Señor te llamó, el 27 de noviembre de 1924. Sólo tenías 57 años y estabas agotado, exprimido como un limón. Tu hijo Santiago, el pequeño, te ha coronado de nietos y biznietos.
Querido abuelo, como sabes, acaba de concluir en Roma un Sínodo sobre la familia. Algunos medios de comunicación trataron de convertirlo en una especie de parlamento destinado a sustituir el matrimonio tal como Dios lo quiso desde el principio por una institución frágil, sometida a los caprichos e ideologías del momento.
La Iglesia —como no podía ser de otro modo— ha resistido a todas las presiones y ha presentado al mundo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret y el de tantas familias, como la tuya, que están llamadas a ser fermento, levadura, para salvar a este mundo nuestro que algunas veces parece empeñado en suicidarse. Ya lo dijo el Santo Padre Francisco: el matrimonio no es un invento humano "ni una utopía de adolescentes; es el sueño que tuvo Dios para su criatura predilecta".
Dicen que los santos del cielo tenéis encargos y especialidades concretas. Pues ya sé yo a quién voy a pedir desde ahora que eche una mano a las familias con problemas. Déjame que te nombre especial protector de los matrimonios jóvenes, de los chicos y chicas que tienen miedo a comprometerse, de los padres que se sienten incapaces de educar y orientar a sus hijos adolescentes… Y sobre todo, agradece a Dios de nuestra parte que ese sueño suyo se haya hecho realidad en la vida de millones de familias en todo el mundo.

martes, 27 de octubre de 2015

Con toda la barba

 Sí... Más o menos así
El semáforo se puso verde y los sufridos peatones arrancamos a la vez como si hubiese sonado un pistoletazo de salida para la carrera de los cien metros. Eran las nueve de la mañana. Un nutrido grupo de ciudadanos tratábamos de cruzar el Paseo de la Castellana en una sola etapa, sin hacer escala en el parterre del centro; misión imposible para los más viejos y para quienes hayan cogido el verde demasiado tarde. Pronto tomé la cabeza. Sólo me amenazaba una chica menuda y nerviosa de unos veinte años que trotaba a mi espalda mientras vociferaba por el teléfono móvil.
—¡Que no. Te digo que no. No. No! ¿Cómo quieres que te lo explique, tío…?
En ese momento oí otra voz más poderosa de barítono que gritaba mi nombre. Frené en seco. La voz venía en dirección contraria y salía de las profundidades de una barba blanca y alborotada que enmascaraba el rostro de un extraño personaje vestido de vaquero de los pies a la cabeza.
Me sujetó con sus enormes manazas y, sin bajar el volumen de voz, exclamó:
—¡No has cambiado nada!
—¿Nos conocemos? —respondí tímidamente—.
Se echó a reír como si hubiese oído un chiste graciosísimo y contestó a grito pelado:
—¡Soy Willy!, ¿es que no me conoces?
Repasé mentalmente mi lista de willis, que no es pequeña, y, la verdad, no me cuadraba ninguno. El tipo de la barba podía tener mi edad o quizá dos o tres años menos. Le miré fijamente a los ojos, unos ojos enrojecidos y lacrimosos, enmarcados por unas ojeras de competición. El aliento apestaba a ginebra.
—Más vale que me refresques la memoria… ¿De qué nos conocemos?
—Chico, sí que eres desconfiado. Del seminario… ¿No te acuerdas? Yo lo dejé en segundo… Tú en cambio aguantaste hasta el final…
Las cosas empezaban a aclararse. Yo no he estudiado en ningún seminario, pero el barbudo había lanzado un anzuelo con la esperanza de conseguir un besugo.
—Vale, Willy. ¿Y qué es de tu vida? ¿Qué puedo hacer por ti?
En pleno centro del Paseo de la Castellana me pidió cincuenta euros "para pagar una deuda".
Nos sentamos en un banco y charlamos durante cinco o seis minutos. La ginebra que había consumido mi interlocutor no facilitó el diálogo, pero al menos reconoció que no me conocía de nada y que los euros se los gastaba rápido "en alcohol, jamón y otros vicios".
—Ya. ¿Y quién te dijo mi nombre?
—¡Ah…! Uno que te conoce muy bien…
Así que se trataba de un chivatazo entre mendigos... Le sugerí un nombre y pareció asentir mientras se alejaba hacia el barrio de Salamanca en busca de una víctima mejor dispuesta.


sábado, 24 de octubre de 2015

Almudena dijo sí

Rosario me envía este vídeo para tentarme. Quiere que no abandone el globo, y, la verdad, después de ver y oír a Almudena, creo que yo también diré que sí.

sábado, 17 de octubre de 2015

Bufones



Me ha conmovido Guillermo, el blasfemo.
—Yo soy un bufón —ha declarado en una emisora de radio—.
No le he visto la cara ni el gesto, pero sospecho que quería disculparse. Es sabido que a los bufones de la corte se les perdona casi todo cuando son ingeniosos y hacen reír a los reyes. Guillermo, en cambio, no parece muy gracioso. Tal vez si se entrenara… Así, al menos, serviría para algo.

jueves, 15 de octubre de 2015

Blasfemias como níscalos

—En España está de moda vivir a la moda.
Lo dijo hace muchos años mi tía Pili y las cosas no han cambiado desde entonces. No seguir la moda equivale a parecer reaccionario, probablemente fascista, talibán y franquista. Siempre fue tiránica la moda, pero nunca tanto como en estos turbulentos años que nos ha tocado vivir. Se conoce que, como carecemos de auténticos maestros y nuestras seseras están limpias de ideas originales, el único referente intelectual es  "lo que se lleva", el último grito, el postrer escupitajo. O sea, la moda.
Ahora está de moda blasfemar, y hacerlo en público, a ser posible ante las cámaras de televisión o en medio de una selva de micrófonos ávidos de titulares. Hay que insultar de la forma más soez posible a Dios, a Jesucristo, a la Eucaristía, a la Virgen Santísima, y ya, de paso, al Papa, a los obispos, a los curas…, que se lo tienen bien ganado.
Blasfemar mola. Te da prestigio progre, y sale gratis. El blasfemo sabe que los católicos ya no nos rasgamos las vestiduras, tal vez por temor a los resfriados otoñales. Si uno blasfema contra Alá o su Profeta, corre el riesgo de que le rebanen el pescuezo con un alfanje, pero el Papa y los obispos son inofensivos, no se querellan jamás y los cristianos, que tal vez deberíamos defenderlos, somos tolerantes y amamos la libertad de expresión en todas sus formas.
Estos días brotan los blasfemos como los níscalos en los pinares. Estamos en tiempo de setas y de capullos florales. Hay capullitos de vida efímera que necesitan blasfemar de vez en cuando para tener un minuto de gloria en la tele. Los hay que pretenden ir "en listas" para las próximas elecciones y suponen que una pequeña blasfemia seráel clavel en la solapa que necesita su exiguo currículo. Hay blasfemos que parecen payasos patéticos repudiados por el club de la comedia, y blasfemos anónimos que pululan por la red como moscones. Son como esos niños vergonzosos que un día se atreven a asomarse a la ventana y chillar ¡cacaculopedopís! y se vuelven a esconder colorados como amapolas.
¿Qué podemos hacer ante tantas y tan sorprendentes manifestaciones de fe? (De eso se trata, por supuesto; para blasfemar hay que creer en Aquél a quien se insulta). Yo lo tengo claro: cada vez que oiga o lea una blasfemia, diré en voz baja —o en alto, si se tercia— un piropo a la Virgen o al Señor presente en la Eucaristía.
Sospecho que al Diablo no le hará mucha gracia y tal vez se ocupe de que termine la moda de las blasfemias.