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lunes, 10 de noviembre de 2014

José Antonio Pérez Cabaleiro

No esperaba encontrar ninguna foto suya en Internet, pero por si acaso he buscado en Google. Sin éxito, por supuesto: José Antonio era hombre discreto poco dado a dejarse atrapar por las redes cibernéticas.
Durante más de treinta años fue mi médico de cabecera. Era un gallego sabio, con un ojo clínico excepcional, siempre disponible para cualquier emergencia importante o banal. A cada uno de sus pacientes le dedicaba el tiempo que necesitara y le entregaba, además de su talento, su gran corazón de padre y de amigo.
No sé cómo se las apañaba, pero cada vez que tuve que recurrir a él, me dio mucho más de lo que yo necesitaba. Y me pedía perdón por sugerirme que ofreciera a Dios aquel achaque concreto.
José Antonio estaba muy enfermo desde hace años. Bien sabía él que había entrado en la última curva de su vida; pero no se quejaba. Era hombre de fe recia, austero y alegre además de piadoso.
Ha fallecido hace unos días y pasado mañana tendremos su funeral en la Iglesia del Espíritu Santo. Ya está en el Cielo. No me cabe la menor duda.