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viernes, 15 de noviembre de 2019

Diálogos surrealistas



Los niños de tercero de primaria, que aún no han hecho la Primera Comunión, asisten a Misa un día a la semana y yo procuro explicarles paso a paso el significado de la ceremonia dialogando con los que levantan  la mano para preguntar.
Hoy, antes de comenzar, hemos rezado el Ángelus.
—¿Sabéis por qué rezamos el Ángelus?
—Para recordar a la Virgen el día más bonito de su vida.
—Muy bien. ¿Y cuál ha sido el día más bonito de tu vida?
—Cuando me caí de cabeza y me hice una herida con mucha sangre.
—Ya. ¿Ese fue el día mejor de tu vida?
—Sí.
En primera fila un chiquillo de gafas levanta la mano.
—El mejor día de mi vida fue cuando se me cayó el primer diente.
—Claro. ¿Y sabes cuál es el animal que tiene más dientes?
—Sí; el ratoncito Pérez.
—Pues el día más bonito de mi vida —interviene otro— fue cuando nací.
—Pero no te acuerdas, ¿verdad?
—Sí que me acuerdo.
—Muy bien. Entonces vamos a empezar la Misa. En el nombre del Padre, y del Hijo y del... 
—Te has olvidado de dar un beso al altar…  
—Vale, vale… Empezamos otra vez. En el nombre del Padre y del Hijo...

viernes, 18 de octubre de 2019

Un "secreto"



En la Misa de las 12 y cuarto del colegio, consumo el Santísimo como todos los viernes, y a continuación salgo hacia el parking en busca del coche, pero me alcanza corriendo un chico de sexto de primaria.
—Es que quiero confesarme...
Le digo que por supuesto, y regresamos los dos al oratorio. Al terminar, veo que, en el primer banco, de rodillas, hay un niño muy pequeño llorando sin el menor disimulo. Es un chiquillo de 6 años, que estudia 2º de primaria.
—¿Qué te pasa? —le pregunto—.
—No está Jesús, ¿verdad? —me dice señalando al Sagrario—.
Le explico que Jesús siempre está a nuestro lado, pero me interrumpe:
—Es que quiero pedirle una cosa, y si no está...
—Si quieres la puedo pedir yo contigo.
Me la ha contado al oído. Es una cosa buenísima, un "secreto" estupendo que  no revelaré ni aunque me torturen. El Señor ya se la ha concedido, aunque él todavía no lo sepa.
No es un acertijo, por supuesto, sino una lección de fe y de piedad.
 

miércoles, 9 de octubre de 2019

Las mates a los 7 años



En las clases de tercero de primaria, las intervenciones de los alumnos son siempre sorprendentes.
—A que tú conoces a mi bisabuela.
—A lo mejor. ¿Cómo se llama?
—Carmen.
—Carmen… ¿qué más?
—No sé.
—¿Y cuántos años tiene?
—Ciento dos.
—No está mal. ¿Y yo, cuantos años tengo?
El chaval contrae las cejas en un gesto de profunda reflexión.
—¿Ciento…, veinte?
Los demás alumnos me miran con atención para ver qué cara pongo, pero nadie parece sorprendido por la cifra.
—O sea, que soy más viejo que tu bisabuela…
—Sí, pero no se te nota nada.
Es un consuelo. Abandono el aula al borde mismo de la melancolía.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Empieza el cole




…y como todavía soy jovencito, han decidido que este año me ocupe de los niños de tercero de primaria que harán en mayo la primera Comunión. Estoy aterrado; no tendré más remedio que inventarme nuevos cuentos y domar en clase a una pequeña manada de potrillos encantadores en estado salvaje.
—Usted tiene mucha experiencia y lo hará mejor que nadie —me repiten una y otra vez los que me han metido en este lío—.
Es una manera como otra cualquiera de decirme que nada como un abuelo para contar batallitas a los niños. ¿Experiencia? Desde luego que sí, pero, como ya he dicho en repetidas ocasiones, la experiencia enseña que no hay que hacer caso de la experiencia, porque cuando uno tiene experiencia de verdad ya no se acuerda de nada, ni siquiera de su presunta experiencia.
Hoy han venido a verme dos chavales de 12 años. Uno lleva años en el cole; el otro es nuevo.
—Don Enrique —me dice el más veterano—, quiero presentarle a mi amigo. Es un poco parao y le da vergüenza hablar con el cura. Ya le he dicho que no pasa nada, que usted confiesa genial y no riñe nunca.

viernes, 12 de julio de 2019

"No llores"





El ruido de una multitud despertó al búho aquella tarde. El sol golpeaba con fuerza en la entrada de su guarida, y él trataba de hacer sombra con las alas para no deslumbrarse; pero algo le llamó la atención. Vio  un tropel de gentes muy variadas. Había muchos hombres, pero también mujeres y niños. Todos escuchaban a Jesús que caminaba en medio y gastaba bromas, y sembraba risas a su alrededor.
El oído penetrante de Homero detectó el eco de otros pasos que se acercaban en dirección contraria. Se oía también una melodía suave, como la que interpretaban los flautistas en las comitivas fúnebres. Pronto apareció el segundo cortejo. Sobre unas parihuelas, envuelto en un lienzo blanco, iba el cadáver de un joven de apenas quince años, el rostro descubierto, sin el sudario. Su madre, acompañada por un grupo de amigas y plañideras, no dejaba de acariciarlo y de regarlo con sus lágrimas.
Al encontrarse las dos caravanas, se hizo silencio. El llanto de la mujer congeló las risas de los que acompañaba a Jesús. Todos se detuvieron  menos el Señor, que por un momento pareció estar también al borde del llanto. Se acercó a la madre del muchacho, y le dijo solo dos palabras:
—No llores.
Los judíos tenían prohibido por la ley tocar un cadáver, pero el Maestro, agarró con fuerza la mano del muchacho y le ordenó:
—Joven, yo te lo mando: levántate.
Me dice el búho que Jesús algunas veces hace milagros raros, que  concede favores a quienes no los piden como ocurrió en este caso, que atraviesa lagos caminando sobre el agua y utiliza al barro como colirio para curar a los ciegos…, cosas así.
Tiene razón Homero; pero este milagro era inevitable. Es sabido que un hombre enfrentado con las lágrimas de una mujer se siente indefenso, no sabe qué hacer. Todos darían cualquier cosa con tal de poder secar esa fuente, que es el arma más poderosa que tienen ellas. Y Jesús, Perfectus homo, es decir verdadero hombre, podía conseguirlo con solo un gesto.
Si los hombres supiéramos llorar como la Viuda de Naim, como la pecadora en casa de Simón el Fariseo o como María Magdalena, junto a la tumba del Señor, no necesitaríamos palabras para conmover el corazón de Cristo y alcanzar todo lo que necesitemos.
Lágrimas de arrepentimiento, lágrimas de abatimiento, lágrimas de soledad, lágrimas de ausencia, lágrimas de congoja, lágrimas de desconsuelo, lágrimas de agradecimiento, lágrimas de encuentro, lágrimas de abrazos, lágrimas de niña chica… Todas las lágrimas valen, salvo las que nacen del odio, del rencor, de las heridas sin cicatrizar, de la soberbia herida, del fracaso no asimilado, de la frustración.
Hace años estaba yo en la capellanía de Aldeafuente cuando entró sin llamar una niña de 7 u 8 años. Recuerdo muy bien su cara y su nombre, pero no os lo contaré. Trató de decir algo, pero se puso a llorar con tal desconsuelo que me dejó sin palabras. Hice varios intentos por calmarla; le ofrecí un caramelo y un pañuelo de papel; traté de contarle algo gracioso, pero fue inútil.
Al fin le dije:
—Cuéntame un chiste.
—¡Buaaa!
—Uno pequeñito, anda.
Y empezó a contarlo entre jipíos y pucheros:
—A que no sabes cuál es el animal que tiene más dientes
—¿El cocodrilo?
La cría soltó una carcajada empapada en lágrimas y saliva:
—¡Noooo! ¡El ratoncito Pérez!
Al final no me quedó claro por qué lloraba.



        

sábado, 11 de mayo de 2019

Primeras Comuniones



He vuelto a celebrar una Misa en el colegio para los niños que celebran su Primera Comunión. No lo había hecho desde hace casi veinte años. Hoy, como entonces, han impreso unos folletos que reparten entre los asistentes. Me suenan algunas oraciones que deben recitar los chicos. Sí, creo que las escribí yo mismo el siglo pasado para las chiquillas que vivían la misma experiencia en Aldeafuente. Ahora esas niñas traen a sus hijos a Aldovea.
Todo es igual que la última vez: los nervios contenidos de los pequeños, la emoción de los padres… Sólo ha cambiado el cansancio del celebrante. Ya lo dijo Pérez de Tudela al contar una de sus últimas escaladas: "ser viejo es como estar desentrenado". Yo llevo desentrenado demasiado tiempo.
En la homilía, una vez más, me invento un cuento. Ya me salen como churros. Los padres parecen más atentos que los hijos, pero, al terminar la Santa Misa, uno de los chavales se interesa por la historia y me pregunta lo de siempre: "¿y luego, qué pasó?"
Hoy haré mi oración pensando en las emociones de esta mañana y  pediré al Señor que yo también aprenda de una vez, como nos pidió San Josemaría ,"a creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños".  
Al final Alicia y Nacho me invitaron a comer en su casa. Aquí están los 9 de su tribu. Todo comenzó en Gazolaz, hace sólo 19 años. Una tormenta nos dejó sin luz en plena boda.

viernes, 8 de abril de 2016

Primera confesión

(Me lo cuenta Cordelia)  
He ido a rezar a la parroquia y me he encontrado con los niños que se preparaban para hacer la primera confesión. El párroco explicaba que se iban a poner tres sacerdotes a confesar y como había que hacer esto y lo otro, y por favor silencio y tal. Y al final aclara:
—Para los que me lo habéis preguntado, no hace falta que os confeséis con los tres.  Con uno es suficiente.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Me piden que hable del aborto




¿Congreso del Partido? 
Lo hice sólo una vez hace quince años y reproduje el artículo aquí, pocos meses después de poner en órbita este globo. En aquella ocasión hablé de “los niños invisibles” y, aunque lo escribí de un tirón, Dios sabe que lo hice con dolor y, ay de mí, con poca esperanza.
Hoy repetiría palabra por palabra lo que dije entonces. Pero añadiré algo más:
A lo largo de mis años de sacerdote he recibido a bastantes mujeres que han recurrido al aborto, y siempre las he comprendido, las he consolado y he tratado de curar sus heridas ―tremendas― después concederles el perdón en nombre de Jesucristo. Nunca las he visto como criminales, sino como víctimas.
También he tenido ocasión de escuchar a algunos médicos que han realizado abortos. Y también los entiendo, claro que sí: es duro ir contracorriente, exponerse a perder el trabajo o ser tildado de “fascista” (terrible palabra-tabú)  por no querer quitar la vida a un ser inocente. Pero ni uno solo ha tenido la desfachatez de decirme a la cara que aquello no era un homicidio.
Otras veces he hablado con gente joven, con alumnos de bachillerato, por ejemplo. Y les he visto defender la licitud del aborto. También los entiendo; a mi edad se entiende casi todo. Son chicos y chicas víctimas de una cultura banal, de titulares de prensa, de eslóganes sencillitos y de telefilms baratos. En estos casos es fácil sacarles de su error; basta con explicarles la verdad con palabras y con imágenes.
Mi problema ―lo dije también en aquel artículo― es que no soy capaz de entender a los intelectuales, políticos o ideólogos que, desde sus asépticos despachos bien ventilados, defienden el “derecho” a matar, y a vivir a costa del asesinato en serie. No comprendo a las feministas radicales que hacen del aborto un asunto “sagrado”. No me cabe en la cabeza que hablen de progresismo y de liberación de la mujer para justificar el genocidio más grande que se ha producido en la historia de nuestra civilización.
De verdad, no lo entiendo. Y estoy persuadido de que ellos tampoco lo entienden. Si estuviesen convencidos de lo que dicen no se llenarían de argumentos inconsistentes, ni se conformarían con mover a la compasión por las “pobres mujeres” a las que no dejan abortar. Irían al fondo del asunto y proclamarían a los cuatro vientos que, en su opinión, el aborto no es dar la muerte de un ser humano vivo.
Pero no hay un solo ideólogo abortista que lo diga. En serio, ¡me gustaría tanto entenderlos! 

martes, 3 de diciembre de 2013

Cartas a los Reyes Magos

Alguna comentarista sugería que en Correos podrían editar un libro con las cartas que reciben, dirigidas a los Reyes Magos. Creo que es una buena idea; pero, entre tanto, los padres y madres globeros podían enseñarnos alguna de esas cartas. Yo las publicaré con mucho gusto, omitiendo o cambiando los nombres y las circunstancias más delicadas.
Aquí tenéis, por ejemplo, la carta de Miriam, que me remite su padre:

Queridos Reyes Magos
Me llamo Miriam. Yo no os he visto nunca pero mis padres me dicen que sois verdad, que fuistes a ver al niño Jesus que estaba recien nacido, no me he portado muy bien pero estoy mejorando , por ejemplo se me olvida echar de comer a los periquitos que tenemos y a veces pian y pian y es por que no les hemos puesto agua, pero no os preocupeis que he puesto una nota debajo de la jaula, tambien a veces le cojo a mi hermano Chema sus chicles sin decirle nada y me suelto de la mano de mi padre cuando voy por la calle.
Pero estoy mejorando, queridos Reyes magos tambien os queria preguntar ¿ a que hora vendréis para estar despierta ? si me duermo por favor despertarme. No se os olvide las muñecas que os he pedido y el libro aunque si no cabe todo prefiero las muñecas.
Os dejo el telefono de mi padre, suele estar siempre en la empresa y como os conoce os cojerá el movil ademas si le llamais os dice donde vivimos aunque tambien podeis dejar un mensaje y el os responde.
Bueno queridos Reyes traedme por favor lo que os pido los regalos de la pequeña no importan tanto por que todavia no habla y no se entera de nada.
Un beso Miriam

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sin la Virgen, me caigo



No me resisto a transcribir el e-mail que he recibido esta mañana. Me escribe Ana desde Málaga. Ya hable sobre Ana hace un montón de años en un artículo de Mundo Cristiano. Entonces dije lo siguiente:
Ana era una chica cordial, charlatana, entusiasta…, y me temo que un pelín desconfiada. Un día descubrí que, además de cantautora, también era poeta, y me enseñó unos papeles repletos de vida y sensibilidad.
—¿Qué vas a hacer cuando termines la carrera?, le pregunté.
—Yo lo que quiero es comprarme una ambulancia y recorrer Cádiz buscando enfermos.
Han pasado muchos años desde aquella conversación. Ana encontró su ambulancia y un buen copiloto con el que se casó hace tiempo. Hoy me entero además de que tiene un niño de casi tres años, que es el protagonista de esta anécdota:
Camino del cole, Jose me dice:
―Mama me he hecho pupa
―Vaya José
―Si , cuando estoy con la Virgen no me caigo pero si me suelto de la Virgen, me caigo.

Y tras semejante axioma de teología se queda mirando tan pancho por la ventana del coche.

domingo, 17 de marzo de 2013

Cartas al Papa


A la espera de que me envíen las que han escrito las alumnas más pequeñas de Aldeafuente, reproduzco el e-mail de Paula, que tiene 8 años, es rubia, tiene unas gafas preciosas y hará la primera comunión dentro de un par de meses. Ella piensa que yo tengo acceso directo con el Santo Padre.
Ya le he aclarado las cosas y le he pedido permiso para publicar en el globo (sin faltas de ortografía) lo que sigue:
Hola don Enrique. Mi hermano y yo hemos escrito una carta muy chula al Papa, pero todavía no nos ha contestado porque no habrá tenido tiempo. Si no la ha recibido, ¿podrías decirle tú de mi parte que le quiero mucho y que le mando un beso superfuerte? Cuando haga la primera comunión le diré a Jesús que le cuide mucho hasta que se muera.

domingo, 20 de enero de 2013

El secreto


Te comprendo, Carmencita: era un secreto tan gordo, tan gordo, que no tuviste más remedio que contárselo a tus amigas, a tus padres, a tu hermana, a tu perro, a tu diario, a...
Cuéntaselo también a Jesús. A ver que opina.

martes, 25 de diciembre de 2012

Ya es Nochebuena

Feliz Navidad a todos.
Estos niños sí que saben lo que celebramos

viernes, 6 de julio de 2012

Una invitación inesperada


 "Más que Pintxos" es mucho mejor
Anochece en Madrid cuando regreso a casa. En la terraza de "Más-que-pintxos", una conocida cafetería de mi calle, las cervezas rebosan tentadoras en copas grandes y heladas. Trato de no mirarlas para no abalanzarme sobre ellas; pero hay una niña de siete u ocho años que me observa con una mezcla de curiosidad y compasión.  Esta junto a sus padres y tiene un vaso en la mano.
―Hola.
La contesto educadamente:
―Hola.
―¿No tienes calor?
―Un poco.
―¿Quieres una coca-cola?
―¿Me invitas?
La madre, que no se ha enterado de qué va la cosa, interviene inoportunamente
―No molestes al padre…
―Si no me molesta. Estaba invitándome.
Total, que he aceptado un vaso de pepsi, y en cinco minutos me he enterado de que la niña se llama Lucía, que tiene un perro llamado "dog" pero que está malito y  que este año se van de vacaciones a la playa de Alicante con sus primos, y que va a hacer la primera comunión... y que habla, y habla…
 

sábado, 5 de mayo de 2012

Los vestidos blancos


¿Qué hacen dos niñas en la calle, vestidas de novia, a primera hora de la mañana de un sábado? Una de ellas, de ocho o nueve años, me mira con curiosidad y me saluda tímidamente con la mano. De pronto llega un coche y entran con mucho cuidado para no arrugar el vestido. Antes de partir, la misma niña me dice adiós con la mano enguantada en blanco.
Hace apenas diez minutos en la radio de mi coche un “experto” de voz adormecida y adormecedora pedía “a la Iglesia” (a toda, supongo) que termine con este “dispendio escandaloso” de las Primeras Comuniones “en tiempos de crisis”.
(Como sabéis, es conveniente decir de vez en cuando "en tiempos de crisis", más que nada para que se note que somos gente solidaria y preocupados por la cosa).
Hay polémicas periódicas que sólo producen hastío y vergüenza ajena. Yo añoro aquellos años en que preparaba a las niñas del cole para la primera comunión y les contaba cuentos en la homilía de la misa.  
Ahora en cambio me limito a escribir esos cuentos. A ver si esta misma tarde le envío uno a Beatriz. A pesar de la crisis.

domingo, 15 de abril de 2012

El cumple del Papa


A la misa del fin del Retiro asisten las familias enteras. Al fondo, un grupo de niños de tres o cuatro años juegan con cierto estrépito. Sus gritos me suenan a música gregoriana. Delante de todo hay cinco o seis de los que ya han hecho la Primera Comunión.
Al comenzar les recuerdo que mañana el Papa cumplirá 85 años. E inmediatamente antes de acabar la ceremonia, compruebo si han estado atentos:
―A ver, ¿quién celebra su cumple mañana?
―El Papa.
―¿Y cuántos años cumplirá?
―Ochenta y cinco…
―¿O sea que tiene más años que yo o menos?
―¡Menos!
Ya decía yo que me encuentro muy desmejorado.
―Podéis ir en paz.

jueves, 5 de abril de 2012

Confesar en un colegio

Misa "En la Cena del Señor".
La capilla de Gaztelueta rebosa de padres y madres, abuelos y abuelas  y una legión de niños. A mí me meten en un confesonario y la verdad es que, gracias a Dios, no paro. De pronto, aprovechando una pausa, un crío pequeñísimo me ataca por delante.
―Oye, ¿has visto a mi padre?
―¿Quién es tu padre?
―Javi.
―¿Y cómo es?
―No sé; así como tú.
―¿Y tú cómo te llamas?
―Javi. Si le ves, le dices que estoy delante, ¿vale?
―¿Cuántos años tienes, Javi?
―Voy a hacer cinco. ¿Y tú quién eres?
―Enrique.
―¿Y por qué estás ahí dentro?
Me salva por los pelos una vocecita femenina que habla por la rejilla izquierda:
―Ave María Purísima.
―Hala, Javi, vete a tu sitio.
―¿Y no puedo quedarme?
―Nooooo.
―Bueno, pero si ves a mi padre…
―Sin pecado concebida…

domingo, 1 de abril de 2012

Domingo de ramos


El chaval debe de tener siete u ocho años. Lleva al hombro una palma inmensa. Detrás, su hermana pequeña se conforma con un pequeño ramo de olivo. Están en la puerta de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción esperando a alguien. Yo, que he venido en busca del párroco, me entretengo un momento con los dos.
―¿Cómo te llamas?
―Juanjo, ¿y tú?
―Enrique. ¿Por qué llevas eso encima?
―Es porque llega Jesús en burro y le vamos a recibir.
―¿Y para qué sirve esa palma?
―Para darle al burro en el culo. Así corre más.
Juanjo y su hermanita, que se llama Amelia, se parten de risa.
Eso me pasa a mí por meterme donde no me llaman.
 

jueves, 8 de marzo de 2012

La Primera Confesión

Esta mañana aparece en "Alfa y Omega" este breve artículo que me pidieron la semana pasada. Sigo en reparación hasta el finde, pero ya que ha salido en papel...


Me piden que explique con una anécdota cómo los niños más pequeños a veces consiguen que sus padres se acerquen de nuevo a Dios.
¿Una anécdota? Lo difícil es elegir entre las cien o doscientas que uno recuerda.
A punto de empezar la primavera, las niñas de 3º de Primaria, del colegio Aldeafuente, se preparaban llenas de entusiasmo para acercarse al sacramento de la Penitencia. Unos meses más tarde harían la Primera Comunión.
–Pero una niña de esa edad aún no ha aprendido a ofender a Dios –dijo la mamá de Marta–.
–Ojalá no apruebe nunca esa asignatura  –le contesté–. Pero lo importante es que ya sabe pedir perdón. Y cuando tú le perdonas, le encanta que le des un par de besos, ¿no? Pues exactamente eso será para ella la  primera Confesión.
Con el examen de conciencia, las niñas entraban en trepidación. Sabían muy bien que aquello no era un juego, pero, a los 7 años, jugar y vivir es lo mismo.
–Yo tengo cuatro pecados, ¿y tú?
–Yo nueve.
–Jo.
Luego, en casa, hacían los deberes con papá y mamá.
Lo de los deberes me lo dijo otro padre, cuyo nombre no recuerdo.
–Estos deberes son más difíciles que los otros. Ahora, mi hijo está empeñado en que hagamos juntos el examen de conciencia. Y luego, ya verás…
En efecto. Lo veía. No una vez, sino muchas, el primer penitente era papá o mamá.
 –Ave María Purísima. Que me ha dicho la niña que yo también tengo que confesarme… Y han pasado tantos años… 
¡Si supierais cómo se palpa la gracia de Dios al otro lado del confesonario! 

jueves, 23 de febrero de 2012

En mi barrio (hace un año)


Ésta no pide limosna
La niña del abrigo verde y el lazo rojo sale de casa a las 9 de la mañana y nada más abrir la puerta ensaya un gesto de contrariedad como una personita mayor.
 ─Jo, mamá, tengo frío.
Se acerca una gitana de su misma edad. Tiene churretes  por todas partes, pero le luce bien la sonrisa cuando extiende la mano.
─Anda, dame algo, que yo cogí frío cuando me echaron el agua en la iglesia y no se me ha quitao todavía.