martes, 1 de septiembre de 2015

El perdón del aborto

Han tenido gran eco en la prensa las palabras del Santo Padre a propósito  del perdón del pecado del aborto en este  año jubilar de la Misericordia que está a punto de comenzar.
Algún lector del globo me dice que haga un comentario, porque "se ha creado mucha confusión" entre los fieles.
Ni que decir tiene que el Papa no ha dicho nada nuevo. Se ha limitado a instar al arrepentimiento a las personas que hayan cometido este grave pecado, concediendo a todos los sacerdotes la facultad de absolver a quienes se acerquen al Sacramento de la Penitencia durante este año, sin necesidad de recurrir, como hasta ahora, al Ordinario del lugar.
Se trata de una costumbre arraigada en la Iglesia. Cuando se promulga un jubileo, el Papa anima a  los fieles a acercarse al Sacramento del perdón y  procura que la reconciliación con Dios sea una fiesta más sencilla y aún más alegre.
Reproduzco a continuación dos textos: uno de San Juan Pablo II y otro con las palabras que acaba de pronunciar el Papa Francisco. Como veis, la doctrina es idéntica. Nada ha cambiado.


Una reflexión especial quisiera tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto. La Iglesia conoce cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no perdáis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo, que ahora vive en el Señor. Con la ayuda del consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado posiblemente con el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre.
San Juan Pablo II. Evangelium Vitae, n. 99

 
Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo.
Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza.
El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón.
Los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia.
Francisco P.P. 1 de septiembre de 2015

12 comentarios:

Papathoma dijo...

Gracias.
Me enteré de la noticia por una amiga...a quien escandalizó un poco esta decisión del Santo Padre.
A mí me conmueve. Nada más propio de un Año Jubilar dedicado a la Misericordia de Dios, que acercar la ternura de su Perdón a quienes están profundamente heridos. Rezo para que sean muchas las personas que vuelvan a la Vida durante este año de Perdón.

Anónimo dijo...

Estoy harta y aburrida de cómo dan siempre la vuelta a las palabras del Papa. Me fastidia el tratamiento frívolo por parte de los medios de comunicación y la forma pasiva y aborregada que tenemos a veces de leer las noticias.
Cada vez que algo nos sorprende, en general, deberíamos ir a las fuentes de la noticia. En la página web del vaticano se puede leer todo. Se hacen "refritos" sobre noticias mal dadas.
Los pocos caracteres de tuitter nos están afectando el cerebro. No se puede vivir de titulares!
La comunicación por guasap y los mensajes de tuitter están minando la capacidad de concentración, ya lo dice Daniel Goleman en un reciente libro de poca difusión. Cada vez somos más tontos, más borregos.
Cómo se puede decir que alguien ha dicho sin leer el texto y el contexto (Es decir el texto COMPLETO). Lo que nos quedará por ver...
Los demás que hagan lo que quieran pero creo que los católicos ante tanto "mangoneo informativo" estamos obligados a leer las fuentes para poder contestar con fundamento a las barbaridades que se comentan por ahí y a cualquier hora.
Perdone el abuso en la extensión del comentario !!!

Isabel

Anónimo dijo...

Y por cierto, recomiendo el Diario de Sor Faustina, por quien conocimos la "Divina Misericordia!. Se puede descargar on line en pdf

Isabel

Fernando M Díez Gallego dijo...

Me uno a lo que dice Isabel, acerca del Diario de Santa Faustina Kobalska (no estoy seguro de si está canonizada). Es conmovedor, reconfortante, audaz en lo que dice sobre la misericordia de Dios..., porque Dios no pone trabas al arrepentimiento y perdón subsiguiente pasando por el sacramento del perdón. No conozco a nadie que haya salido triste de una confesión... bien hecha.
Un abrazo, Don Enrique, desde la ya no tan calurosa Granada.

Antuán dijo...

Perdón y Esperanza. Es el gran Don de Dios que regala en la Confesión con el arrepentimiento. ¡Si! Es un gran ¡Regalo! Yo he podido estar en más de una manifestación a favor de la Vida. Hay que rezar para que sean muchos los que quieran acercarse al Perdón este año. Hay que hacer propaganda de la buena. Adiosle-pido

Clemencio dijo...

Yo no veo dónde está la confusión. El Papa ha hecho muy bien en tomar esta medida, como ya se hace en muchas diócesis. Desde hace bastantes años es hora de que se haga así mundialmente, y espero que se mantenga también después del año de la misericordia. Que un pobre cura le diga a la persona penitente que lo siente mucho pero que él no puede absolverla y que vaya a otro sacerdote, o vuelva otro día hasta que él haya presentado unos papeles en la penitenciaría o no sé donde, la verdad, me parece muy poco pastoral y hasta poco humano. E incluso diría que es poco inteligente.

Enrique Monasterio dijo...

Tienes razón, Clemencio; pero ni siquiera ahora se actúa así. La norma canónica general permite absolver el pecado de aborto y levantar la excomunión cuando el penitente "siente la urgencia de recibir el perdón", es decir, siempre que existe verdadera contrición. Luego hay un discreto trámite que puede realizar el confesor por teléfono, no el penitente.
De papeles, nada.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el tender la mano al que se ha equivocado y quiere rectificar. Bastante esfuerzo cuesta decidir a humillarse y caer de rodillas en el confesionario como para q encima le despidan con el conocido "vuelva usted mañana". Acaso no es este el pecado contra el 6° mandamiento? Por qué tiene que haber diferencia para cuando uno peca contra cualquier otro mandamiento? ...

Enrique Monasterio dijo...

No, amigo: el aborto no tiene nada que ver con el sexto mandamiento, sino con el quinto: "no matarás". Y la Iglesia, para que los fieles tengan conciencia de la especial gravedad de este crimen, impone la pena de la excomunión a quien, conscientemente, lo practica.
Es cierto que las cosas han cambiado. En Occidente, el crimen del aborto se practica impunemente respaldado por la ley y con el aplauso de quienes lo consideran "un derecho". De ahí que haya tantas mujeres confundidas, angustiadas, manipuladas. Y tantas personas que se enriquecen con esta industria de muerte.

Por lo demás, estoy de acuerdo contigo: en las presentes circunstancias hay que quitar barreras, facilitar el arrepentimiento. Pero yo haría una distinción: las mujeres que han sufrido en su carne y en la de su hijo el drama del aborto, son también víctimas que probablemente no saben lo que hacen. Sí que lo saben en cambio los "abortadores", aunque ejecuten su triste oficio con bata y mascarilla y traten de tranquilizar su conciencia pensando que es legal su miserable tarea. A estas personas es lógico que la Iglesia les imponga una pena de excomunión, que les haga reflexionar.

No, querido anónimo. No todos los pecados ni todos los mandamientos son iguales.

Anónimo dijo...

De acuerdo. Todo está superclaro. Lo que no entiendo es dónde está el escándalo y la confusión.

Juani dijo...

Pregúntaselo a los redactores de "El País", que cuando informan de cuestiones religiosas fallan más que una escopeta de feria.

Caminando dijo...

Gracias... Y tanto juani.. Pesados son...