domingo, 30 de agosto de 2015

El primer selfi

A Narciso



Querido Narciso: Según la mitología griega fuiste un joven hermosísimo, un tipo de exposición, tan lozano y apuesto que todas las ninfas y diosecillas del barrio quedaban prendadas de tu belleza. Tú en cambio las despreciabas. Para castigar tu engreimiento, Némesis, que tenía muy mal carácter y era la diosa de la venganza, hizo que te enamoraras de tu propia imagen reflejada en una fuente. Y al mirarte en aquellas cristalinas aguas, quedaste tan absorto que fuiste incapaz de apartar la vista, te arrojaste al manantial para atraparte a ti mismo y pasaste a mejor vida. En el lugar donde cayó tu cuerpo creció una hermosa flor, un narciso, of course.
Tu historia es edificante. Gracias a aquel chapuzón entraste de cabeza en las límpidas aguas del diccionario de la Academia de la Lengua. Desde entonces existe el "narciso", con minúscula ("hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo"), y la mayoría de los idiomas modernos incorporaron el substantivo "narcisismo" a su léxico habitual. Y del narcisismo nacieron los selfis.
En efecto, apuesto amigo: tú fuiste el primero y, por tanto, el responsable de la epidemia que invade el mundo civilizado. Ahora mismo, mientras envío este e-mail a tu correo electrónico del Olimpo, millones de personas del mundo entero se están fotografiando a sí mismos, solos o en compañía de otros, con una sonrisita boba en los labios.
El fenómeno no es nuevo: Velázquez en el siglo XVII se hizo un selfi rodeado por la familia de Felipe IV: ¡las Meninas!. Y Rembrandt, por la misma época, se pintó 12 veces al óleo. Era un genio, desde luego, pero le gustaba disfrazarse para la ocasión y hacía posturitas, como nosotros  delante de la cámara.
El selfi fotográfico es la máxima expresión de la pandemia narcisista de este siglo. Pongamos que llega un turista finlandés con su esposa a la catedral de León y decide conservar un recuerdo de la visita. ¿Qué hace? ¿Compra una postal? Eso ocurría en el siglo XX. Ahora todos llevamos una cámara fotográfica en el bolsillo de la camisa. Por tanto, sacará una foto; ¿de la catedral? Ni pensarlo; se retrata a sí mismo y a su parienta utilizando como fondo desvaído la fachada del templo. Lo importante es que quede claro ante la posteridad que él estaba allí con su rostro sonrosado y su sonrisa satisfecha.
Imaginemos que se celebra en Berlín una cumbre de jefes de estado y de gobierno de los países más poderosos de la tierra. ¿Se harán otro selfi el Primer ministro británico y el Presidente de los Estados Unidos con la bella primera ministra danesa, una tal Helle Thorning-Schmidt, como ya ocurrió en Sudáfrica? No lo descartes, gentil Narciso.
Debo decirte con toda sinceridad que en ocasiones he envidiado a los selfistas. Todos parecen tener muy alta su autoestima. Yo, en cambio, me miro al espejo lo menos posible, y cuando me afeito, algunas veces pienso que estoy rasurando la barba de mi padre. Tal vez un día de estos me haga un selfi en esa desairada situación y guarde el retrato para mí solo. Lo miraría despacio cuando el virus de la vanidad me ataque con demasiado ímpetu.
Y es que, lindo Narciso, no solo hay selfis fotográficos. Abundan en nuestros días los selfis literarios —los del escritor que siempre habla de sí mismo—, los selfis políticos, filosóficos, espirituales, líricos, artísticos… La cultura dominante en este siglo es netamente egocéntrica, es decir, selfítica. 
Son las once de la noche y debo terminar este correo. Antes de acostarme me haré un selfi por dentro, es decir una auto-radiografía de carácter espiritual. Es muy sencillo y os aconsejo que lo probéis. Basta con ponerse en la presencia de Dios y prestarle la cámara para que sea Él quien saque la foto. Le pedís que ajuste el objetivo, que encuadre, enfoque, ilumine todo lo que ve con su mirada penetrante y haga clic.
Luego os dejará ver una esquina de la foto, lo justo para que podáis volver a empezar por la mañana, sin hundiros del todo en la miseria.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Próxima entrada Y LOS SELFIES DECIDIERON NI CASARSE NI SER PADRRS

Fernando M Díez Gallego dijo...

Muy interesante su entrada.
Llevo varios años con un móvil de los de tres letras por tecla, y me sobran aplicaciones: nunca he tenido que sacar una foto.
A lo que iba, que es lo que cuenta: es cierto lo del narcisismo de nuestra época, y cosas que tenemos que hacer (digo yo) es rezar por los cristianos perseguidos, por los muchos que están sentados en la calle pidiendo, por los de los botes atestados de gente que quiere llegar a Europa...
Ayer estaba una señora joven, con su bebé, su cochecito y una pinta de lo más normal, en la puerta del Corte Inglés... y me pidió dinero para el chavalín.
Me acordé de lo que dice el Papa de llegar a todos, también a los de las periferias.
España es territorio de reevangelización. Hay muchos que no han oído de Jesucristo (o tangencialmente solo).
Un abrazo desde Granada.

Lucía dijo...

Muy bueno! Ahora cuando uno quiere tener la foto de alguien para recordarle en su mejor momento ya no hay que acudir a aquella en que estaba tan favorecido. Ahora el problema es decidir cual de las miles de fotografías escoger...o encontrar una en la que salga natural.

yankee dijo...

Los selfies siempre me han parecido absurdos, nunca me he hecho ninguno, y cuando la gente se empeña en hacer uno de grupo intento escaquearme, aunque a veces no lo consigo.
Sí, mucho mejor el selfie interior, bastante más útil.

Me alegra ver que el globo ha retomado su velocidad habitual.

Antuán dijo...

Ese último es el mejor selfin lo que le importe a Dios y nos viene bien a nosotros. Por lo demás tengo uno con otras dos personas a modo de recuerdo pero no me va el royo. Adiosle

Papathoma dijo...

No estaria mal recordar la cara de circunstancias de la Sra. Obama mientras su marido tontea con el selfie, cuando nos de un ramalazo narcisista.

Caminando dijo...

Don enrique va a escribir algo sobre el perdón del aborto... Q dijo el papa, hay una liada,para variar...

Enrique Monasterio dijo...

Quizá escriba algo, pero no veo la "liada" por ningún sitio. El aborto es un pecado muy grave y lleva aparejada una pena medicinal, la excomunión, que cualquier sacerdote puede levantar pidiendo permiso al Ordinario. En un jubileo es corriente que se amplíe esa potestad de absolver para facilitar el arrepentimiento. No es la primera vez que ocurre ni será la última.
Otra cosa es lo que dicen algunos periódicos,que informan sobre la Iglesia desde una ignorancia manifiesta. Quiero pensar que es eso solo: ignorancia galopante, y no mala fe.

Caminando dijo...

Por eso, porque la ignorancia es muy atrevida,y siempre hay q decir algo.... Como toda conefesion de cualquier pecado, lo importante es el arrepentimiento, me da mucha alegría, x ellas, y por esa paz q necesitaran a través de la gracia, y por supuesto, que Dios se sirva del trato tan cercano y humano de este Papa para acercarnos a El.