martes, 22 de diciembre de 2015

Paseos por Gijón (I)


 
Cuando vengo a  Asturias, mi excursión preferida siempre es urbana. Ya tendré tiempo de visitar las aves de Villaviciosa y el balcón de "El Fitu", que es uno de los collados más famosos de la Sierra, desde el que se divisa medio Planeta y se adivina el resto.
Vestido de paseante anónimo y con los prismáticos al cuello, por si las aves, me adentro en la villa de Gijón, cuyo nombre, al decir de Unamuno, proviene del latín, "saxum" (roca). Un poco forzado parece, pero me gustaría que fuese verdad.
La calle Uría está en el centro mismo de la ciudad. Camino despacio mirando todos los escaparates. Las tiendas están menos animadas que otros años. Se conoce que este año tampoco ha tocado el gordo y la crisis no se va.
Junto a una sidrería hay un paisano a la espera de algo o de alguien. Luce un cigarro en la boca, que oscila rítmicamente de arriba abajo como un metrónomo.
—Nunca he pasado tanto frío como este año…
Lo he dicho en voz muy baja, pero sé que me ha oído el tipo del pitillo. Confieso que me gusta provocar para iniciar una conversación, y tengo un sistema es infalible: no pregunto nada, porque corro el riesgo de que me respondan y se acabe la charla. Prefiero hacer un comentario insólito como éste y ver qué pasa.
—Usted no es de aquí, ¿verdad?
—No. Vengo de Madrid.
—Pues para frío, el de su tierra. Aquí en Asturias nunca hace frío. Todo lo más, "re-fres-ca". Y este año andamos bien con el cambio climático.
La conversación meteorológica apenas aguanta dos o tres frases más. El paisano tira el pitillo y vuelve a entrar en la sidrería.
Más recorrido tiene mi encuentro con un chaval de 14 años que chatea convulsivamente con su IPhone apoyado en un parquímetro. Le digo que su teléfono es un poco antiguo, y salta como una pantera:
—Es el último IPhone. A ver si te enteras…
El acento despectivo me confunde:
—Tú no eres de aquí.
—Soy de Madrid, pero mi abuela vive en Gijón y me ha regalado el teléfono.
—¿Y has votado por correo?
—No dejan votar hasta los 18 años…
—¿En serio que no los tienes todavía?
El chaval me mira receloso:
—Claro, tío. Voy a cumplir quince…
Luego me cuenta que estudia en los jesuitas, que ha tenido dos novias, pero ahora se lo pasa mejor jugando a basket, que de notas va regular, que va a Misa casi siempre y que…,
—Oye, ¿tú eres cura o algo así…?
—Bingo, chaval…

3 comentarios:

raquel rollan dijo...

Es genial!!!! Q guapa ye Asturias Ho!

Antuán dijo...

De nada le sirve ir de anónimo por la ciudad, no puede disimular, en cuanto abre la boca se delata, el chaval de 15 años le descubre enseguida. Me encanta. Adiosle

Anónimo dijo...

Qué chaval tan descarado. Menuda forma de dirigirse a un adulto. Se nota que han cambiado los tiempos.
Por su edad y centro de estudios deduzco que, casi seguro, es alumno mío. A ver si lo localizo y le doy un tirón de orejas cariñoso, que no es así como les enseñamos en el cole. Y, de paso, completamos la anécdota asturiana ;)