sábado, 2 de julio de 2011

El Catecismo de la JMJ




Ya está en las librerías el catecismo de la Jornada Mundial de la Juventud. Todos los inscritos ―en este momento ya son casi 500.000― recibirán un ejemplar gratuito.
Se llama YouCat ―abreviación de Youth Catechism― y es una explicación sencilla pero completa de la fe católica. Contiene preguntas y respuestas, comentarios, ilustraciones e imágenes, sumarios de términos clave, citas bíblicas y citas de santos y grandes maestros de la fe católica.
Me he pasado buena parte de la tarde leyéndolo y, la verdad, vale la pena tener un ejemplar en casa.
Éste es el prólogo de Benedicto XVI.

Queridos jóvenes amigos,
Hoy os recomiendo la lectura de un libro poco común. Es poco común por su contenido y también por el modo como se elaboró. Y quiero hablaros un poco de este origen, porque a la vez quedará claro así qué es lo especial de este libro.
Por así decir surgió a partir de otra obra, cuyo desarrollo se remonta a los años 80. Era un tiempo difícil tanto para la Iglesia como para la sociedad mundial, en el que se necesitaban nuevas orientaciones para encontrar el camino hacia el futuro. Después del Concilio Vaticano II (1962-1965) y en una situación cultural nueva, muchas personas ya no sabían bien qué es lo que creen en realidad los cristianos, qué enseña la Iglesia, si puede siquiera enseñar algo y cómo se puede adaptar todo esto en una cultura transformada desde su base. ¿No está superado el Cristianismo como tal? ¿Se puede ser cristiano hoy de un modo razonable? Estas eran las preguntas que se planteaban también los buenos cristianos.
El Papa Juan Pablo II tomó entonces una decisión arriesgada. Decidió que obispos de todo el mundo tenían que escribir juntos un libro en el que dieran respuesta a estas preguntas. Me confió la tarea de coordinar el trabajo de los obispos y de ocuparme de que de las aportaciones de los obispos resultara un libro – un verdadero libro, no una agrupación de textos diversos. Este libro debía llevar el título anticuado de „Catecismo de la Iglesia Católica“, pero debía ser, sin embargo, algo nuevo y fascinante. Debía mostrar qué es lo que cree hoy la Iglesia Católica y cómo se pude creer de un modo razonable.
Yo estaba asustado ante este encargo. Tengo que confesar que dudaba que se pudiera lograr algo así. Porque ¿cómo era posible que autores dispersos por todo el mundo pudieran realizar juntos un libro legible? ¿Cómo podían personas que viven en diferentes continentes, no sólo geográficos, sino también en el nivel intelectual y espiritual, realizar juntas un texto que debía tener una unidad interna y ser comprensible también en todos los continentes? A ello se añadía que estos obispos no debían escribir sin más como autores individuales, sino en contacto con sus hermanos obispos, con las iglesias locales. Tengo que confesar que aún hoy me sigue pareciendo un milagro que finalmente se pudiera lograr este plan.
Nos encontrábamos tres o cuatro veces al año durante una semana y discutíamos apasionadamente acerca de los fragmentos que habían surgido en los intervalos. Ciertamente lo primero fue establecer la estructura del libro. Tenía que ser sencilla, para que cada uno de los grupos de autores que establecimos pudiera recibir una tarea clara y no tuvieran que meter a presión sus mensajes dentro de un sistema complicado. Es la misma estructura que podéis encontrar en este libro que tenéis ahora en las manos. Está tomada sencillamente de la experiencia catequética de muchos siglos: lo que creemos – cómo celebramos los misterios cristianos – cómo tenemos vida en Jesucristo – cómo debemos orar. No voy a contar ahora cómo nos abrimos paso a través del montón de preguntas hasta que finalmente surgió de ello un libro. Naturalmente se puede criticar esto o aquello en una obra de este tipo: todo lo que hacen los hombres es insuficiente y puede ser mejorado. Sin embargo es un gran libro: un testimonio de la unidad en la diversidad. A partir de muchas voces pudo formarse un coro común, porque teníamos la partitura común de la fe, que, desde los apóstoles, la Iglesia ha transmitido a través de los siglos.
¿Por qué cuento todo esto? Ya en el momento de la composición del libro pudimos constatar que no sólo son diferentes los continentes y las culturas de sus pueblos, sino que dentro de cada sociedad existen a su vez diferentes „continentes“: el trabajador piensa diferente al campesino, un físico diferente a un filólogo, un empresario diferente a un periodista, una persona joven diferente a una mayor. Por eso tuvimos que colocarnos, en cuanto al lenguaje y al pensamiento, un poco por encima de estas diferencias, por así decir, buscar el espacio común entre los diferentes modos de pensar. Y con ello fuimos cada vez más conscientes de que el texto necesita „traducciones“ para los diferentes espacios vitales, para tocar a las personas en sus propios pensamientos y cuestiones.
En las Jornadas Mundiales de la Juventud celebradas desde entonces – Roma, Toronto, Colonia, Sydney – se han encontrado los jóvenes de todo el mundo que quieren creer, que buscan a Dios, que aman a Cristo y que quieren una comunidad para el camino. En este contexto surgió la idea: ¿No deberíamos intentar traducir el Catecismo de la Iglesia Católica al lenguaje de la juventud? ¿Llevar sus grandes mensajes al mundo de los jóvenes de hoy? Por supuesto que entre los jóvenes de hoy también hay, a su vez, muchas diferencias. De este modo, bajo la acreditada dirección del obispo de Viena, Christoph Schönborn, se ha elaborado un YOUCAT para los jóvenes. Espero que muchos jóvenes se dejen fascinar por este libro.
Algunas personas me dicen que a los jóvenes de hoy no les interesa esto. Yo me opongo y estoy seguro de tener razón. Los jóvenes de hoy no son tan superficiales como se dice de ellos. Quieren saber qué es lo verdaderamente importante en la vida. Una novela policíaca es fascinante porque nos mete en el destino de otras personas, que podría ser también el nuestro. Este libro es fascinante porque habla de nuestro propio destino y por ello nos afecta profundamente a cada uno.
Por eso os invito: ¡estudiad el Catecismo! Es mi deseo más ardiente. Este catecismo no os regala los oídos. No os lo pone fácil. Pues os exige una vida nueva. Os presenta el mensaje del Evangelio como la «perla de gran valor» (Mt 13,46), por la que hay que dejarlo todo. Por eso os pido: ¡estudiad el Catecismo con pasión y constancia! ¡Dedicadle tiempo! Estudiadlo en el silencio de vuestro cuarto, leedlo en pareja, si tenéis novio, formad grupos de trabajo y redes, intercambiad opiniones en Internet. ¡De cualquier forma, mantened conversaciones acerca de la fe!
Tenéis que saber qué es lo que creéis. Tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Sí, tenéis que estar más profundamente enraizados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión. Necesitáis la ayuda divina para que vuestra fe no se seque como una gota de rocío bajo el sol, si no queréis sucumbir a las seducciones del consumismo, si vuestro amor no quiere ahogarse en la pornografía, si no queréis traicionar a los débiles ni dejar tiradas a las víctimas.
Y cuando os dediquéis con empeño al estudio del Catecismo, quiero daros aún un último consejo: Sabéis de qué modo la comunión de los creyentes ha sido herida profundamente en los últimos tiempos por ataques del enemigo, por la entrada del pecado incluso en lo más interno, en el mismo corazón de la Iglesia. ¡No lo toméis como pretexto para huir del rostro de Dios! ¡Vosotros mismos sois el Cuerpo de Cristo, la Iglesia! Introducid el fuego nuevo y lleno de energía de vuestro amor en la Iglesia, por más que algunas personas hayan desfigurado su rostro. «En la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor» (Rom 12,11).
Cuando Israel estaba en el momento más bajo de su historia Dios no llamó en su auxilio a los grandes y apreciados, sino a un jovencito llamado Jeremías. Jeremías se vio superado por la tarea: «¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.» (Jer 1,6). Pero Dios no cambió de idea: «No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene.» (Jer 1,7)
Os bendigo y rezo cada día por todos vosotros.
Benedictus PP XVI

13 comentarios:

Marcela de Ancira dijo...

El otro día, esperando en una salita de espera, leí un artículo muy completo sobre este catecismo. Me gustó la idea de dar a los jóvenes una herramienta para conocer de manera más exacta y precisa su fe y, sobretodo, el sesgo misionero que tiene esta iniciativa.
Sin embargo, me disgustó la idea que empapa toda la iniciativa: la de hacer la fe más "accesible" a los jóvenes, léase tontificar.
La fe es accesible, el mensaje de Jesús caló desde los primeros momentos en los corazones sencillos. Las posteriores elaboraciones patrísticas y conciliares no son tan complejas.
No me vale el argumento de que ahora los chicos tienen menos nivel. El NCC es perfectamente comprensible y accesible para todo el mundo.
Existe un problema serio de transmisión y enseñanza eficaz de la doctrina que, creo, no se va a solucionar con catecismos descafeinados.

Vila dijo...

Hombre, al fin alguien que dice algo concreto sobre el Youcat.
Hasta ahora solo había leído opiniones que ponían en entredicho su contenido doctrinal, sin llegar a concluir.

Me alegros saber que es el adecuado.

yomisma dijo...

Querida Marcela: no dudes que nuestra Madre Iglesia vaya a preservar TODO el contenido de la fe. Así es con seguridad. Pero la enseñanza de ella ha de ser adecuada al que la tiene que recibir. Igual que las matemáticas: si no entiendes un concepto, por mas que el profesor te repita la explicación cien veces, no lo vas a comprender mejor. El profesor habrá de cambiar el rumbo de la enseñanza, llegar por diferente camino a la misma conclusión. Así pues ha de ser acertada la decisión de la Iglesia coló Maestra de enseñar a diferentes a alumnos con diferentes métodos. Pero no creo que se descafeine la Fe.
Yo por mi parte can't wait to get my hands on one of them!

Bernardo dijo...

Para ser un adalid de la conjunción de razón y fe, y un cabezón en el mejor sentido de la palabra, ¡menuda arenga!

Anónimo dijo...

No he leído el Youcat pero la introducción me parece muy buena, me admira el empeño del Papa por que todos seamos capaces de entender y vivir el cristianismo. No da la impresión de que vaya a ser "light" pues ya advierte que "no les va a regalar los oídos". Un maestro puede explicar lo mismo adaptandose a distintas "entendederas" sin cambiar el contenido. Espero que ésto sea el youcat.
Lucía

Papathoma dijo...

Puf...GRACIAS!!! Yo estaba como Vila, sin saber a que atenerme.

Al leer el prologo del Papa he sentido deseos de ponerme de rodillas y rezar un Te Deum (lo cierto es que no me lo se).

Ligth? Pero si les dice a los jovenes que tienen que estar mas enraizados en la fe QUE LA GENERACION DE SUS PADRES. Total, nada.

mariann dijo...

Espero que tb todos los papas no tan jovenes lo leamos, para poder, si es necesario, discutirlo con los hijos y darles nuestro punto de vista.

Cordelia dijo...

Vale, a mí me pasaba lo que a Vila y Papathoma. Había leído opiniones sobre su contenido doctrinal, pero una vez leído el prólogo, no me lo pienso.
Palabra de hoy: sessesse

GAZTELU dijo...

Papathoma, tecle TE DEUM en el ordenador y te saldrá la oración t además en latin que es una preciosidad.

En cuanto al Youcat, sinceramente pienso que ningún Papa y especialmente Benedicto XVI proponga un solo texto, una sola linea en temas de fé "descafeinada".

Una cosa es descafeinar y otra bien distinta es hacer llegar el mensaje de cristo de una manera más clara para que sea ententida por el mayor número de gente.
El prólogo dice en algún momento: este catecismo "no os lo pone fácil, no os regala los oidos", sino todo lo contrario " os exige una vida nueva, dejarlo todo por Cristo....
Creo, sinceramente que esto no es un café descafeinado sino todo lo contrario, el más fuerte, de los que no duermes en toda la noche "vigilante" al tema que tengas entre manos.

El prólogo es sensacional!!!

GRACIAS POR PUBLICARLO

una madre agradecida dijo...

Prudencia, prudencia.
Este catecismo todavía no esta aprobado en Roma. La conferencia episcopal española todavía no ha dado su nihil obstat.
Si, el Papa a escrito el prólogo, pero... todavía está en revisión.
He leio algunas preguntas y las respuestas son muy ambiguas.
Por favor, no lo recomienden todavía, está por decidir si se va a incluir en la mochila del peregrino.

Enrique Monasterio dijo...

No todo tiene que ser "oficial". Los viejos catecismos del Padre Astete o de Ripalda no eran "oficiales" y nadie se lo reprochó, a pesar de que, como es natural, eran manifiestamente mejorables.
Éste ha sido aprobado por tres conferencias episcopales y se publica con la autorización de la archidiócesis de Madrid.
Yo me lo he leído de cabo a rabo. Es posible que tenga algún pequeño defecto, pero está bien elaborado, es ortodoxo, el lenguaje es adecuado, los ejemplos también y me parece muy útil para la catequesis.

Enrique Monasterio dijo...

No voy a entrar en ese debate, "madre agradecida". Lo siento.

Papathoma dijo...

Gracias, Gaztelu. Lo pense pero aqui donde estoy tengo mas bien limitado el uso de Internet. No importa, tiempo habra mas adelante!

Gracias, D. Enrique, por esa amplitud de miras.