miércoles, 7 de mayo de 2014

Me despido de la Patrona

Nuestra Señora del Pino, Patrona de La Gran Canaria tiene su basílica en Teror, un municipio del siglo XV en el norte de la Isla, a más de 600 metros de altura.
Teror es un “pueblo de balcones”. Así reza un cartel de la oficina de turismo. No es mala la descripción. Al menos las calles que rodean la Basílica lucen unos preciosos balcones de madera que emergen de las fachadas coloreadas.
En la Plaza de Nuestra Señora del Pino hay un crucero de piedra lleno de flores de mayo y un árbol enorme, que despereza sus ramas en todas las direcciones. Yo me quedo extasiado mirándolo desde la terraza de una cafetería. Estoy de pie, pero como tengo a mi derecha una mesa, se acerca la camarera.
―¿Deseaba algo?
―Sí ―le respondo―; pero sólo si me dice qué especie de árbol es ése y cuántos años  tiene.
La chica se aleja sin dejar de sonreír y regresa casi al instante.
―Es un laurel de indias.
―¿Y cuántos años tiene?
―Yo, veinticinco. El árbol, ciento sesenta. ¿Qué va usted a tomar?
La chica sigue sonriendo y yo, un tanto confundido, le digo que voy a hacer una visita a la Virgen para despedirme antes de regresar a la Península.
―Pero a la salida me tomo algo, de verdad.
―No hay problema ―me responde―.
La Virgen del Pino está en lo alto del retablo enmarcada en plata. Es una imagen bellísima. Me siento en primera fila, saco el rosario y me dispongo a rezar los misterios gloriosos. A los pocos minutos entra un anciano y se pone de rodillas a mi lado. Me mira con afecto y dice:
―Es muy milagrosa.
Antes de regresar a la cafetería, rodeo la basílica. Detrás hay otro árbol gigantesco.
―Una araucaria ―me dice un guardia municipal―.
―¿Y cuántos años tiene?
―Más que usted y que yo juntos…
De nuevo en la terraza, aparece la misma camarera:
―¿Ya se ha despedido de la Virgen?
―Sí.
―¿Y qué le ha dicho?
Suenan las campanas de las doce del mediodía. Soy el único cliente de la cafetería y se ve que la muchacha no tiene prisa. Le explico que a esta hora yo suelo rezar el Ángelus a la Virgen. Ella no se lo sabe, pero me escucha muy atenta.
―El Ángel del Señor anunció a María…
Por fin me trae una cerveza y me regala un sacacorchos rojo, recuerdo de Teror.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Que risueños los dos...

Marita

Papathoma dijo...

Espero que respondiera a su pregunta -aunque no nos lo cuente- y hablaran de su conversación con la Señora.

pacita dijo...

Hacia falta !!! Ya me entiendo

Caminando dijo...

Y que le dijo a la Virgen??? Me da una envidia, de la buena, ir sin respetos humanos, ayuda mucho a la gente, se ven milagros....

yankee dijo...

Bonito el pueblo y preciosa la Virgen.
¿Ahora no se reza el Regina Coeli, hasta Pentecostés?...

Enrique Monasterio dijo...

Así es, pero me convenía rezar el ángelus con la camarera para explicarle alguna cosa

Vila dijo...

Nunca he estado y tiene pinta de ser un lugar muy bonito y pintoresco.

Me alegro de estar en su lista habitual de oraciones y así haber estado intercedida ante esta advocación de Nuestra Señora con fama de milagrosa (ya me entiende).

Feliz viaje de vuelta

Merche dijo...

Suerte que tuvo la camarera.

Antuán dijo...

Pues yo lo veo bien. Mi padre cuando iba con la carga en el carro de los frutos de la huerta donde le pillaban las doce si era en la plaza con el guardia municipal y alguna señora les decía: es la hora del Ángelus. Lo mismo en invierno se escuchaban las campanas desde los olivos y lo rezábamos. Es una buena costumbre. Adiosle

Rocky Balboa dijo...

Me encanta, ahora ya no son los pájaros, sino los árboles. Mejor porque la gente corriente sabe sus nombres ;)