sábado, 6 de marzo de 2010

La Puerta del Sol

Ayer estuve en la Puerta del Sol. No es una gran proeza, desde luego, pero a los que vivimos en Madrid se nos pasan los años y aun los decenios sin visitar los lugares más representativos de la Villa y Corte.

Yo, por ejemplo, no he estado en el Jardín Botánico desde hace lustros y aunque en muchas ocasiones paso junto al Parque del Retiro, no soy capaz de recordar cuando entré la última vez. Lo mismo me ocurre con la mayor parte de los museos y, desde luego, con el centro antiguo de la ciudad, que cada día parece más inaccesible.

La Puerta del Sol es el centro del centro. Hace años la atravesé a duras penas en un taxi, entre grúas, hormigoneras, barreras protectoras y un estrépito colosal. Ayer me acerqué en Metro y emergí en medio de la Plaza, que aparecía remozada y llena de vida.

Nada más salir a la superficie se me acercó un sujeto vestido con un chaleco amarillo reflectante y un gran letrero: “compro oro”. Luego comprobé que hay docenas de hombres-anuncio con el mismo reclamo:

—Buenos días, caballero. Le compro todo el oro que tenga.

—¿Tengo yo cara de ser un vendedor de oro?

—Seguro que en la iglesia tiene algo que ya no le sirve…

Más adelante, sentado en el suelo, un tipo de aspecto extraño hacía sonar una gigantesca tuba de madera, de cuatro o cinco metros de largo, mientras movía rítmicamente su brazo izquierdo. La tuba sólo emitía una nota, una especie de mugido profundo, como el grito de un avetoro melancólico.

Seguí caminando. Un mendigo muy anciano, que dijo llamarse Andrés, se lanzó sobre mí cantando jaculatorias. No le negué la limosna de la palabra. Nos sentamos en el remate de una fuente y me contó su vida a toda velocidad con tal cúmulo de fantasías y contradicciones, que no hubo más remedio que darle unas monedas. Se quedó contento el viejito. Yo creo que más satisfecho por la charla que por la limosna.

Dicen que en la Puerta del Sol hay cacos manilargos especializados en hurtos veloces de persona a persona. Yo, por si acaso, me abroché a conciencia el bolsillo interior de la chaqueta antes de bañarme en la multitud. La gran mayoría eran inmigrantes: ecuatorianos, árabes, indios, chinos, negros (perdón, subsaharianos)… Algunos vendían cosas, otros vegetaban al tímido sol del mediodía.

Entonces vi al torero: era un anciano de rostro venerable y resignado, que se había subido sobre un cajón decorado con la bandera de España. Vestía un traje de luces harapiento y una montera que le estaba estrecha. Permanecía completamente inmóvil, en pie, como una estatua decadente y humilde. Le eché una moneda, pero no pude charlar con él. A mi “buenos días” sólo respondió con un imperceptible movimiento de los ojos.

Volví a sumergirme en el Metro. Me vino entonces el recuerdo de San Josemaría, que, cuando visitó Londres por primera vez, se sintió abrumado en medio de la calle al contemplar el espectáculo de las gentes que iban y venían, de todas las partes del mundo, de todas las razas y lenguas.

“Al considerar ese panorama —recordó en alguna tertulia años después— me desconcerté y me sentí incapaz, impotente: Josemaría, aquí no puedes hacer nada. Estaba en lo justo: yo solo no lograría ningún resultado; sin Dios, no alcanzaría a levantar ni una paja del suelo. Sin embargo, dentro de mí, en el fondo de mi corazón, sentí la eficacia del brazo de Dios: tú no puedes nada, pero Yo lo puedo todo; tú eres la ineptitud, pero Yo soy la Omnipotencia. Yo estaré contigo.”

Ahora, mientras escribo este post, hago el propósito de volver a la Puerta del Sol cuando llegue la primavera y meterme entre la multitud para mirar a los ojos de los vendedores, de los mendigos, de los cacos, de los parados…, y echar unas parrafadas. No se me ocurre una excursión más atrayente.

viernes, 5 de marzo de 2010

Este video hay que verlo

Dani, otra vez Dani, me envía un video fantástico. Y además nos lo explica con estas palabras:

"Hace apenas unas semanas, el Museo Americano de Historia Natural colgó en la red este espectacular vídeo, una reconstrucción informática que muestra un "viaje" desde la superficie de la Tierra hasta los límites del universo conocido.

Lo que hace que este vídeo sea único y diferente a la mayoría de los que se han hecho hasta ahora es que todo lo que en él aparece está basado en datos reales. Es decir, que no se trata de un vídeo "artístico" realizado según simples criterios estéticos, sino de una auténtica reconstrucción, pieza a pieza, de todo lo que sabemos sobre el universo en que vivimos.

Todo, desde las trayectorias de los satélites que orbitan la Tierra, hasta la posición de todas las estrellas, galaxias o lejanísimos quasares, está basado exactamente en los datos que tenemos sobre cada uno de esos objetos. O para ser más precisos, en los datos del Sloan Digital Sky Survey, que componen la que quizá sea la visión más completa del universo de que disponemos hasta el momento.

A pesar de todo, y debido a la posición geográfica en la que se encuentra el telescopio de dos metros y medio del Apache Point Observatory, en Nuevo México, que es el que utiliza el Sloan Digital Sky Survey, existen zonas "oscuras", es decir, áreas del universo que el telescopio, físicamente, no puede observar. Por eso, en el vídeo, la distribución de las galaxias observadas tiene la forma de dos conos unidos por la punta (el punto de unión es la Tierra), y el resto
aparece en negro.

En total, el trabajo comprende casi un millón de galaxias y más de 120.000 quasares. El viaje, que comienza en el Himalaya, termina en el límite mismo de lo que podemos observar con los instrumentos más potentes de ue disponemos, los ecos del Big Bang, a 13.700 millones de años luz de distancia, y sirve para que todos nos demos cuenta, de una forma directa y visual, de lo insignificantemente pequeño que es nuestro mundo, incluso nuestra galaxia, si se compara con todo lo que hay "ahí fuera"...

Vedlo en pantalla completa. Vale la pena."







¿Y yo qué más puedo comentar? Podría hablar de la belleza del universo, que nunca es casual, que habla necesariamente de la Belleza Increada. También de su grandeza: de esa casi infinitud del Cosmos, que para Dios es menos que un grano de arena. ¿Y cómo no sentir el vertigo de nuestra propia pequeñez, la inconsistencia de la soberbia humana al comprobar que ni siquiera llegamos a la categoría de una mota de polvo?

Otros pensaran en la vida extraterrestre, en los millones de civilizaciones que quizá existan. Yo prefiero creer que todo esto es sólo un adorno, el marco que Dios creó para su Hijo que había de nacer en Belén.

Esta mañana, al ver por primera vez el vídeo, me han venido a la memoria las palabras de una oración dirigida a la Virgen. Yo las recordaba en latín, sin saber precisar muy bien de dónde proceden:

Virgo Dei Genitrix, quem totus non capit orbis, in tua se clausit viscera factus homo
.

Virgen, Madre de Dios, El que no cabe en el Universo, se ha encerrado en tu seno para hacerse hombre.

Una esquela singular



Dani me envía esta esquela. Dice que se la ha tomado prestada a Miguel Ángel Jimeno, de la Universidad de Navarra. Habrá que hacer clic encima para leerla mejor.

Supongo que quiere un comentario, y, francamente, no sé que poner. Dice la esquela que el difunto vivió "en la forma que eligió". Me alegro. Claro que ahora sabrá con seguridad si su eleccion fue o no acertada. Y es que en el viaje de la vida, como en cualquier otro viaje, lo que cuenta es llegar a la meta; no basta con elegir un camino agradable, original o divertido.

Lo de las ideas innovadoras está bien, sobre todo si, en efecto, sirvieron para ayudar a los demás. Rezaré por él. Estoy seguro de que me lo agradecerá.

La bromita final..., no sé. Conmigo no hagáis nada de esto. Cuando me llegue el momento, que recen todos. También los que creen que no son creyentes. Y si alguien quiere brindar, que lo haga en el primer aniversario.

PD. A ver si tengo tiempo esta mañana y os hablo de mi excursión a La Puerta del Sol.


jueves, 4 de marzo de 2010

La vieja moda de Cantinflas


Ha pasado ya casi un mes y puedo contar la anécdota con el permiso de su protagonista.

El, chaval estaba casi en la puerta de la capellanía y charlaba con otros dos de su curso. Yo llegaba de la calle y no pude evitar fijarme en su pantalón, que le nacía a media cadera y barría el pavimento en un alarde de equilibrio admirable. Cantinflas, indiscutible pionero de esta moda, nunca arriesgó tanto. Un calzoncillo, color de rosa floreado, emergía diez o doce centímetros por encima del cinturón evitando un destape peligroso.

Como sólo había chicos en el vestíbulo, me acerqué al equilibrista y le dije en voz baja:

—Se te van a caer los pantalones, tío.

El chaval me miró retador:

—No creo…

Entré en la capellanía; dejé sobre la mesa la cartera, encendí el ordenador y volví a salir. Allí seguían los tres. Lo siento; no pude contenerme. Hice ademán de atarme el cordón de los zapatos, agarré una pernera del pantalón de marras y tiré levemente hacia abajo. La ley de la gravedad hizo el resto. El calzoncillo rosa salvó (relativamente) el honor de su propietario.

El chaval estuvo sin hablarme casi una semana. Ayer charlamos un rato, le pedí perdón y nos reímos del incidente. Hemos quedado en volver a hablar mañana con más calma. Tengo la impresión de que ahora me trata con particular confianza. Lo curioso es que el pantalón sigue a la misma altura. El calzoncillo, gracias a Dios, cambia de color cada día.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Aunque no sea lunes

Éste es un anuncio que viene de Chile. Ayer me lo envió Mar y, la verdad, es perfecto; exportable a cualquier país.


martes, 2 de marzo de 2010

El corazón de la batalla

La sombra de la familia
No sé quién es Mario Mauro, pero desde ahora trataré de seguirlo de cerca. Hoy mismo interviene en el Parlamento Europeo. Éste es su discurso.

El pulpo melancólico

Se me acerca muy despacio por detrás. Él cree que no le he visto y trata de jugar conmigo tocándome en el hombro derecho mientras se desplaza hacia el lado izquierdo para que no sepa quién ha sido. Esta vez ni siquiera me giro. Estamos en la calle Don Ramón de la Cruz, frente a las apetitosas ventanas-escaparate de la cafetería Mallorca.

—Julio, no juegues… ¿Qué quieres?

—Me debes un euro…

Julio (¿o se llama Julián?) es un mendigo alcohólico mucho más joven de lo que parece, del que ya hablé aquí hace algún tiempo. Suele situarse en las inmediaciones del supermercado y entra de vez en cuando tratando de disimular su inmenso corpachón para hacerse con una cerveza o un pedazo de queso. Las cajeras, que lo conocen bien, hacen la vista gorda y procuran que no se pase.

—¿Para qué quieres un euro?

—Uno, no. Dos. A ti no te engaño. Necesito un vasito de vino.

—¿Y de tapa?

—Un poco de pulpo…

La palabra “pulpo” le ha salido del alma con salsa de melancolía.

—Así que eres gallego.

—¿Cómo lo supiste?

Hoy no he podido acompañarle, pero hemos entrado juntos en O'Caldiño, que es un buen local. Lo he dejado en la barra, y me ha prometido que cenará algo.

lunes, 1 de marzo de 2010

Up! y el matrimonio

Up!, una de las más grandes películas de Pixar, recoge en cuatro minutos y veintitrés segundos una historia de amor que merece pasar a la historia del cine. A lo largo de esa secuencia, el espectador contempla un resumen de la vida en pareja de Carl y Ellie. Es todo un canto al matrimonio que permanece fiel hasta la muerte. Se trata de una historia llena de alegrías y de penas: el hijo que no llega, las adversidades, la enfermedad, los defectos de cada uno…

Bien puede utilizarse esta peli como guión para un curso de preparación al matrimonio. Uno se pregunta cómo es posible contar tanto en tan poco tiempo y con tanto acierto.





Los lunes, publicidad

Este anuncio se emitió durante la Superbowl 2010. Todo un pueblo colabora cuando se trata de reconstruir un puente para que llegue el camión de la cerveza. La idea es simple: Budweiser une a la gente.