martes, 12 de junio de 2012

Primer día


Termina el primer día de la convivencia. Somos 40 sacerdotes llegados de toda España. La mayoría, muy jóvenes, o quizá no tanto, pero a mí me lo parecen.
No consigo que me traten de tú. ¿Tan viejo estoy?
―Don Enrique, ¿nos enseña la casa antigua?
La “casa antigua” está unida a la residencia por una larga galería decorada en los años 40 con unos mapas pintados por los chavales que trabajaron en las primeras convivencias. Llegamos al vestíbulo. Un repostero elaborado en casa recuerda los versos de San Juan de la Cruz: “volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance”.
Nos detenemos en cada rincón del pobre cuarto de estar: la mesa donde don Jesús escribió “El valor divino de lo humano”, la gran chimenea con el sello de la Obra en lo alto; la imagen de la Virgen de Torreciudad; los armarios repintados para dar color al ambiente… Yo me detendría aún más y contaría docenas de recuerdos que ya no son sólo personales, porque pertenecen a la pequeña historia del Opus Dei.
En el oratorio nos ponemos de rodillas en silencio.
―San Josemaría dijo, bromeando, que tenía que quedar como una pequeña Capilla Sixtina ―les recuerdo―.
Y lo cierto es que está pintado por completo. Al mando de Fernando Delapuente y de algún estudiante de Bellas Artes, lo dejaron precioso. La pobreza de los materiales se compensa con el mimo que pusieron los artistas.
Les cuento algo de la primera meditación que oí a San Josemaría aquí en septiembre de 1960.
―Yo me senté en esta especie de trono. El Padre estaba junto a mí, a menos de un metro. La verdad es que entonces no me pareció que el oratorio fuese incómodo. Ahora en cambio…
Por último llegamos al dormitorio que utilizaba el Padre. No ha cambiado desde los años 40, pero se sigue utilizando de vez en cuando: Molinoviejo sigue vivo; no es un museo.
Por hoy no escribiré nada más. Éstas son solo notas apresuradas de un diario. Dentro de unos minutos entraremos en el comedor para cenar.  Ahora, por fin, sale el sol.

Empieza la convivencia

Al salir de la autopista en Ortigosa del Monte, la chica encargada del peaje, se ha dirigido a mí con una sonrisa:
--¿Tienen una concentración?
--¿Por qué lo pregunta? ¿Han pasado otros curas por aquí?
--Sí, ya van unos cuantos.
--Pues vendrán más, ya lo verá. Tenemos una convivencia de sacerdotes en Molinoviejo. Rece para que aprovechemos el tiempo.
No pudimos seguir charlando porque otro automóvil se me pegó a la cola. Miré por el retrovisor: eran dos colegas que venían de Barcelona. 

lunes, 11 de junio de 2012

El anuncio del lunes

Esta vez, un medicamento, ¿por qué no? El anuncio es un clasicazo, pero tiene gracia y es eficaz. Además, las gripes de comienzo de verano son mu malas. Os lo digo yo, que lo he pasado regular entre toses y sudores durante una semana.



Los anuncios de automóviles suelen tener un atractivo especial. Y si pongo de vez en cuando uno de Citroën, quién sabe, a lo mejor me hacen un descuento en la próxima revisión. 

domingo, 10 de junio de 2012

Y mañana, a Molinoviejo.



Pocas veces he tenido tantas ganas de escaparme de Madrid. Será por el calor, que ya aprieta, o porque uno necesita descansar de vez en cuando.
En la Obra los sacerdotes tenemos una breve convivencia anual. Son seis días escasos de descanso, de estudio y de formación. Es buena cosa volver a aprender lo que uno cree que sabe. Y renovar, y renovarse, y charlar de cuestiones específicamente pastorales.
Desde hace algún tiempo, yo suelo asistir a una de las convivencias previstas para curas jóvenes. No es que me otorguen una misión especial, pero se conoce que les ayuda tener a mano a un dinosaurio como este globero.
Mis propósitos son los de siempre: rezar, descansar, escuchar, aprender y dormir, por este orden. 
El domingo próximo pondré rumbo a Bilbao. Estoy casi seguro de que mi madre me invitará a comer. 
―Y se puede saber por qué cuentas aquí estas cosas.
―Por supuesto, querido Kloster. Porque hay unos cuantos pasajeros en este globo que me buscan con los pretextos más variados. Es una manera delicada de pedirles que me olviden por unos días. 


Ave Verum en Cuatro Vientos

Esta tarde el Señor paseará en procesión por infinidad de ciudades y pueblos del mundo entero.
Quizá la mejor forma de preparar esa adoración a Jesús Sacramentado sea revivir aquel momento inefable de Cuatro Vientos hace menos de un año. La lluvia había caído con fuerza sobre los jóvenes que asistían con el Santo Padre al acto central de la JMJ y el Papa tuvo que interrumpir su discurso. Pero nadie se movió.
De pronto cesó la lluvia y se calmó el viento. Un silencio impresionante lo llenó todo. La custodia, con la Hostia Santa, apareció iluminada en la tribuna principal. Las imágenes de televisión llevaron al mundo el insólito espectáculo: un millón de chicos y chicas hablaban con Dios sin ruido de palabras, en compañía del padre común-

sábado, 9 de junio de 2012

Mi tío Fernando y el Cielo


Desde hace un mes soy sobrino adoptivo de don Fernando, un sacerdote madrileño que, después de residir 50 años en Japón ―donde, por cierto, fue mi traductor al japonés―, vive en Pamplona una larga juventud, llena de entusiasmo y de sentido del humor.
Ahora se propone escribir sobre el Cielo y me pide que le ayude. No quiere hacer un tratado teológico, sino una auténtica descripción anovelada de lo que será aquello.
San Pablo dijo que “ni ojo alguno vio, ni oído oyó, ni pasaron a hombre por pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman"; pero a don Fernando le parece que el Apóstol se sale por la tangente. En vista de lo cual ha adoptado un punto de vista distinto, insólito pero genial: ha comenzado a recordar los momentos más felices de su vida, aquellos en los que Dios puso a su alcance un pedacito de Cielo.
Tienes razón, Fernando. Dios nos ha ido dejando señales, huellas minúsculas pero  inequívocas de lo que será la felicidad en la Gloria.
Por ejemplo ésta:
Fue a mediados de abril. Abrí la persiana de mi cuarto, que se asomaba desde lo alto a la cuenca de Pamplona, y vi el sol a punto de aparecer sobre unas colinas. En la cuenca dominaban tenues nubes bajas, con grandes huecos donde brillaban los verdes de los prados y el amarillo de la colza. Salí al jardín a pasear y pronto empecé a oír las crías de jilgueros que empezaban a aprender a piar.
O esta otra:
Durante aquellas hambres de 1937 en Madrid, mi madre (después de abrirle dos agujeritos con un clavo) puso entre mis manos un bote de leche condensada. Aquel chupetón me supo a cielo.
No te preocupes; no copiaré nada más de ese folleto que me envías; pero me parece que has elegido el mejor camino. Gran ejercicio éste de recordar los instantes de auténtica felicidad que todos hemos vivido. No se trata de añorarlos, sino de proyectarlos hacia lo Alto. Hay quien se pasa la vida, gruñendo, lamentándose de las mil penalidades, reales o imaginarias, que se nos presentan. Cambiemos el chip y hagamos un elenco de los momentos más felices. Si los descubrimos y valoramos esos chispazos de felicidad, empezaremos a entender un poco mejor la alegría de Dios en del Cielo.

La máquina de escribir


Leroy Anderson (1908-1975), fue un compositor americano, director de la banda oficial de la Universidad de Harvard.
Anderson grabó su primer disco con trabajos propios en 1950. Dos años después recibiría un Disco de Oro por haber vendido un millón de ejemplares de su álbum Blue Tango. "La máquina de escribir" (1950) es una composición inclasificable, una especie de concierto para orquesta y máquina de escribir, del que se han hecho infinidad de versiones. La que hoy me envía Marta es de las mejores.
Supongo que habrá que explicar a los más jóvenes lo que fueron las “máquinas de escribir” y el porqué de los sonidos que emitían.

viernes, 8 de junio de 2012

En la muerte de un entrenador



Cuando muere alguien importante o conocido, se multiplican en los medios las declaraciones de pésame, los elogios más o menos sinceros y las manifestaciones de solidaridad con su familia y amigos. Todo eso está muy bien, pero ¿por qué nos cuesta tanto aludir a la dimensión trascendente del hombre, a la vida eterna, al Cielo? ¿Qué extraño complejo nos impide decir que hemos rezado por su descanso eterno, que lo encomendamos al Señor?
Ayer falleció repentinamente Manuel Preciado, un simpático entrenador de fútbol, y yo me acordé de él en la Santa Misa. Igual que recé, en su día, por los niños muertos en Qatar, por Lola Flores, Lucio Dalla o Antonio Tapies.
Me dice Ramón que no todos los fallecidos tienen fe. En efecto, pero yo sí la tengo y no ofendo a nadie si digo la verdad.
Va siendo hora de que los cristianos salgamos de ese armario absurdo donde nos metimos sin que nadie nos lo pidiera.

jueves, 7 de junio de 2012

Corpus Christi

En efecto, Eduardo, hoy la Iglesia universal celebra la fiesta del Corpus Christi. Tenía que ser un jueves, ya que se trataba de repetir el Jueves Santo, recordando sólo la parte gozosa de aquel día, que estuvo teñido de dolor por ser también el día de la traición de Judas y de la agonía de Jesús en el Huerto.
Desde hace algunos años, la solemnidad del Corpus se traslada al domingo en muchos países. En Toledo, no. La ciudad entera se convierte en Sagrario, y el Señor camina por sus calles, expuesto en la Custodia procesional.
Aquí tenéis un magnífico vídeo. Vale la pena disfrutarlo a toda pantalla. Gracias, María por enviármelo desde..., ¿desde dónde?