lunes, 10 de marzo de 2014

El anuncio del lunes

Las grandes multinacionales suelen hacer grandes anuncios sin palabras para que puedan ser emitidos en cualquier país del mundo. Esta campaña de Skoda ya tiene más de un año de vida, pero, en mi opinión, es genial.



Claro que ya Robert Tiso había hecho cosas semejantes para anunciarte a sí mismo:
 

domingo, 9 de marzo de 2014

Un poco de dolor



"Resultaría mucho más fácil comprender a los partidarios del aborto si, aun defendiéndolo, mostrasen algo de dolor por los fetos eliminados y por las vidas marcadas de las madres."
Enrique García-Máiquez, "Elogio de la Vergüenza"

sábado, 8 de marzo de 2014

Entre el jardín y el despacho



La sierra se va llenando de pájaros. Aquí mismo, en mi pequeño jardín, que fue invadido por los gatos durante las primeras nieves del invierno, ahora hay una colonia de rabilargos que va y viene, una pareja de petirrojos que parece decidida a instalar su nido a mi vera, algunas lavanderas blancas y tres o cuatro jilgueros erráticos.
Los veo cuando termino mis primeras clases de teología sacramentaria a las 12 del mediodía. Me quedo inmóvil y, para que no se espanten, procuro guardar silencio.  Sentado junto a ventana, rezo la hora canónica correspondiente en el breviario. Aún no me atrevo a salir al exterior. Pienso que el jardín es sobre todo de los pájaros; yo estoy de visita.
Como ha empezado a hacer calor, abro muy despacio la puerta del porche para oír mejor el griterío de las aves. Enciendo el ordenador y se me ocurre de pronto que podría escribir un e-mail a Cristóbal Colón para el próximo número de Mundo Cristiano. Comienzo: “querido Almirante…”
Siempre me pasa lo mismo. Me atasco en la primera línea de todos los artículo. Borro lo escrito y empiezo de nuevo. Nada. Sé muy bien a dónde quiero llegar, pero no encuentro un puerto de salida que me convenza.
Decía mi maestro Azorín que hay que escribir deprisa. Tenía razón. Yo no sé redactar gota a gota. Cierro el documento y empiezo a preparar las dos próximas clases.
El teléfono emite extraños sonidos. Llega una oleada de whatsapps. Goyo desde Tenerife, Javier desde mi casa, Sonsoles desde Valencia, Lucas desde México… Mi amigo de Colmenar aún no ha contestado al mensaje que  le envié esta mañana.
Amalia y Santi anuncian que vendrán mañana a hacerme una visita. No sé si conseguiré disimular la ilusión que me hace volver a verlos. Amalita, una de mis antiguas alumnas, espera su primera niña, que se llamará María Eugenia. Estarán aquí a la una y tomaremos un aperitivo en el jardín. Cursaré la correspondiente invitación a los petirrojos y las lavanderas, que son aves casi domésticas. Los rabilargos mejor que se vayan; en el fondo son sólo unos córvidos gritones con uniforme azul.

viernes, 7 de marzo de 2014

Callejeando en Colmenar


Me escapo unas horas de La Acebeda y llego hasta Colmenar Viejo. Necesito callejear, respirar el dulce aroma de los tubos de escape y hablar con el pueblo soberano.
Aparco en el primer hueco libre que encuentro. “Calle de las Carretas”, dice un letrero. Por la acera viene hacia mí un grupo de seis o siete chavales. Hablan a gritos sobre fútbol. Nada especial; lo de siempre: Diego Costa, Ronaldo, Messi…
―Buenas tardes, ¿sabríais indicarme, por favor, dónde está la parroquia?
Así de ceremonioso he sido, palabra. El grupo se ha detenido en seco y el más grande se dirige a uno de los pequeños.
―Oye, tío; eso lo sabes tú, que eres amigo del cura…
El resto de la tropa se ríe a carcajadas. Al parecer el asunto es muy gracioso.
―Éste va a ser cura ―remacha otro― mientras el aludido se pone colorado.
―Se ve enseguida  que es el más inteligente de todos ―respondo―. ¿De verdad quieres ser cura?
―No, joé. Están de coña…
―Es una pena, porque en este oficio no hay paro. Seguro que a todos se os ha pasado por la cabeza alguna vez…
No sé cómo ha ocurrido, pero la conversación se prolonga más de un cuarto de hora. Que si los curas ganan mucho, que si viven como curas, que a qué edad nos jubilamos, que si nos enamoramos, entonces qué pasa…
Yo trato de enfocar las cosas de otro modo, pero no hay forma. Sólo hay uno que parece interesarse por lo importante.
―¿Y cómo sabes si Dios te llama de verdad? Porque a lo mejor es que te estás comiendo el tarro ―pregunta al fin―.
Nadie se ríe. Yo respondo a mi manera y me quedo con su número de teléfono.
―Te pongo un whatsapp hoy mismo y te lo explico. Pero contestas, ¿eh? 
―Vale, pero sólo uno. No me darás la plasta...
A ver qué le digo.
 


El primer alimoche

 Ayer di mi primer paseo ornitológico del año. Como aún no estoy en buena forma, me he limitado a recorrer cinco o seis kilómetros de la Sierra de Madrid entre docenas de buitres ―que ya son una plaga―, milanos y otras aves carroñeras.
Al fin, me he sentado a la sombra de un árbol y he visto al primer alimoche de la primavera.
―¿No es un poco pronto, colega? Nunca os había visto antes de abril o mayo…
El alimoche, blanco blanquísimo, volaba muy cerca y me ha mirado con desprecio.
―Mira que eres feo, amigo. ¿Qué has hecho de tu pareja?
La hembra no dio señales de vida. Hace años habría tratado de buscar el nido. Esta vez preferí seguir con mi plan de excursión: hacer la oración meditando los salmos que cantan a la naturaleza y terminar de una vez la novela policíaca que empecé hace casi dos meses,

miércoles, 5 de marzo de 2014

Miércoles de ceniza y de estrellas



El viento expulsó las nubes de la Sierra y el cielo se ha llenado de estrellas.
¡Cuánto os he echado de menos!
Al veros a través del ventanal de mi despacho, no he podido resistirme y ha salido al jardín en mangas de camisa. Hace frío, pero me tumbaría en el suelo para contemplaros.
La luna se ha quedado en nada y no me impide veros con toda nitidez. Como estoy un poco loco, empiezo a pasar lista. Nunca he sabido vuestros nombres científicos, pero yo os bauticé hace años con palabras nuevas y sé quiénes sois: Oriente, Gara, Diemal, Galea, Peñalara, Arangoya, Altaviana…
Seguro que habéis venido todas, pero la fachada de la casa me oculta a Saomar y a Albalat, que deben de estar muy juntas en el horizonte, como siempre.
―¡Atchiissss!
Una golondrina no hace verano y un estornudo no hace catarro. Vuelo a entrar en casa. Dentro de unos minutos me traerán un carrito con algo de cena. No mucho, que es miércoles de ceniza, y nos han recordado que somos polvo; polvo de estrellas.




martes, 4 de marzo de 2014

Siri




Siri es un robot femenino, de voz un tanto metálica, que surge en el IPad  y en el IPhone cuando se aprieta un botón. Ella está siempre dispuesta a ayudar si se le pide cualquier cosa concreta con respeto y buenas maneras. Hace unos días, por ejemplo, le solicité que me informara sobre vuelos a Canarias en una determinada fecha clasificándolos por precios. Le bastaron dos segundos para recomendarme uno, que, al fin, reservé. No tuve la misma suerte con el alquiler de un coche; Siri se limitó a informarme sobre las diversas empresas del sector y me instó a cerrar la operación cuanto antes, ya que “en esas fechas la demanda es alta y suben mucho los precios”.
Para venir a Miraflores de la Sierra también recurrí a Siri y le pregunté si iba a nevar. Mi informó que nevaría “un poco hasta las 17,59”, y tuvo razón. A esa hora la nieve se convirtió en granizo.
Tal vez Siri se apellide Miri y proceda del mismo Bilbao; pero en cuestiones meteorológicas es de una precisión irritante. Hoy, por ejemplo, ha asegurado que a las 12 del mediodía en punto se detendría el viento huracanado que nos ha acompañado toda la noche, y dio en el clavo.
Estoy en La Acebeda y nos acompaña un sol magnífico. Esta tarde preguntaré a mi robot si mañana, miércoles de ceniza, seguirá el buen tiempo o la Cuaresma nos traerá nuevas borrascas.
Por cierto, ¿sabrá algo Siri del ayuno y abstinencia? Le preguntaré si puedo tomar jamón. Como me diga que sí, la excomulgo.

lunes, 3 de marzo de 2014

El anuncio del lunes


Genial. No lo comento para no destrozarlo.

sábado, 1 de marzo de 2014

Nieve, lluvia, niebla, viento…




¿Se van o vienen las avefrías? 
¿Qué más se puede pedir? En Molinoviejo ha empezado el mes de marzo con un caótico desfile de inclemencias meteorológicas. Niebla a las 7, nieve a las 8, lluvia a las 10, viento siempre. El jardín está esponjoso, blando y chorreado como las campas de mi tierra. Nos aguarda una primavera exuberante con flores y estornudos por doquier.
Al fin he logrado ir a la ermita acompañando a un ilustre visitante alemán que quería ver en esta casa, la huella de San Josemaría.
Está acabando el curso de retiro. Mañana, al fin, estaré en Madrid unas horas. Es verdad que paro poco en mi barrio, pero nunca pierdo el contacto con los de mi casa: tenemos un grupo de Whatsapp que es lo más parecido a una tertulia gamberra, afable y divertida. Las nuevas tecnologías (cada día menos nuevas) ayudan, y mucho, a mantener viva la llama de la cordialidad.