¿Se van o vienen las avefrías?
¿Qué
más se puede pedir? En Molinoviejo ha empezado el mes de marzo con un caótico
desfile de inclemencias meteorológicas. Niebla a las 7, nieve a las 8, lluvia a
las 10, viento siempre. El jardín está esponjoso, blando y chorreado como las
campas de mi tierra. Nos aguarda una primavera exuberante con flores y
estornudos por doquier.
Al
fin he logrado ir a la ermita acompañando a un ilustre visitante alemán que
quería ver en esta casa, la huella de San Josemaría.
Está
acabando el curso de retiro. Mañana, al fin, estaré en Madrid unas horas. Es verdad que paro poco en mi barrio, pero nunca
pierdo el contacto con los de mi casa: tenemos un grupo de Whatsapp que es lo
más parecido a una tertulia gamberra, afable y divertida. Las nuevas
tecnologías (cada día menos nuevas) ayudan, y mucho, a mantener viva la llama
de la cordialidad.