lunes, 5 de diciembre de 2011

Los lunes, publicidad

La verdad es que no entiendo nada... Pero Heineken ataca de nuevo

 



domingo, 4 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (III)

Ya están aquí los villancicos. Éste es de 2008 y lo interpreta un coro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Me lo envía un ilustre doctor llamado Alberto.
De acuerdo, Ignacio; escribiré un cuento. Esta misma tarde me ha venido la inspiración. Ahora sólo necesito un poco de tiempo para dar forma a la historia. Creo que lo titularé: "el oro del adviento".
 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (II)

La devoción a San Josemaría se extiende por todo el mundo y se manifiesta de modos muy diversos. Aquí tenéis un vídeo de la "Comunidad de San Josemaría", de Brasil.
Me lo envía Ángel Ganuza.




viernes, 2 de diciembre de 2011

Vídeos desde el puente (I)

El hombre y la cocina. 

No os engañéis: estas escenas, que ponen en entredicho la habilidad de los varones para las tareas domésticas, en el fondo nos benefician a los hombres, que podremos seguir diciendo:
-¿Lo ves? Vosotras lo hacéis mucho mejor. Así que ya puedes prepararme el desayuno.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El poder y la envidia



La primera vez que apreté aquel botón fui feliz. En una décima de segundo, a seis o siete metros de mi mano diestra, el pequeño Citroën negro, recién comprado, vibró en un espasmo electrónico, me saludó con un simpático parpadeo amarillo y desbloqueó, reverente, las cuatro puertas para abrir paso a su nuevo propietario.
El coche y yo estábamos junto al concesionario del Paseo de la Habana, en un pequeño parking al aire libre. Acababa de abandonar el viejo Polo lleno de achaques, e, ingrato de mí, ya lo había olvidado. Brillaba un sol sereno de primavera.
Pulsé el segundo botón del mando y el Citroën guiñó un faro, emitió un sonido rotundo y bloqueó las puertas. ¡Qué noble sensación! Miré a izquierda y derecha en busca del merecido aplauso, pero nadie parecía impresionado.
Ha pasado más de medio año y pensaba que ya me había acostumbrado a sentir la fuerza del poder absoluto en mi mano derecha…, hasta hoy.
Calle Serrano, 6 de la tarde. Un automóvil más negro que el mío, mucho más grande y bastante más lustroso, estaba aparcado en una zona reservada para alguna embajada extranjera. Yo iba caminando por la amplia acera que nos ha regalado el alcalde en la última legislatura, cuando me adelantó una señora bienoliente, elegantemente recauchutada, que portaba en su mano derecha una gran bolsa con el logotipo de una boutique de la zona y en la izquierda un mando a distancia de color azul. Al llegar a cinco o seis metros del vehículo, pulsó el botón y, palabra de honor, el coche habló en alemán mientras abría de par en par el maletero.
Recordé la definición de “envidia” que aparece en el diccionario de la Academia: “tristeza o pesar del bien ajeno”.  En mi viejo catecismo se añade algo más: el envidioso percibe ese “bien ajeno” como un mal para sí mismo. Eso era precisamente lo que yo estaba experimentando con toda nitidez.
A continuación mi fantasía se desbocó, como suele suceder a todo envidioso que se precie. Imaginé por un momento que el locuaz automóvil teutón pinchaba las cuatro ruedas y gritaba en seis idiomas como una fiera herida. La distinguida propietaria chillaba más aún para hacerlo callar, sin conseguirlo en absoluto, hasta que llegaba la grúa y, en un descuido, le hacían un raspón de metro y medio en la carrocería… El coche berreaba como una niña rica.
Con la sonrisa en los labios, experimente la otra cara de la envidia: “la alegría por el mal ajeno, percibido como un bien para uno mismo”. No traté de rechazar tan oscuros pensamientos. Supuse, por alguna misteriosa razón, que mi envidia era sólo hambre y sed de justicia.
A las 7 de la tarde, casi había olvidado el incidente cuando me dispuse a montar en mi Citroën para regresar a casa. Allí estaba, estacionado en zona azul a muy pocos metros. Saqué el mando del bolsillo y apreté el botón de siempre. No ocurrió nada. El coche, por primera vez en 8 meses, me negaba el saludo y se resistía a abrirme la puerta.
Me acerqué temeroso a mi bólido sin dejar de pulsar el mando. Nada. Como una piedra. ¿Será la pila? Había una tienda de chismes electrónicos a pocos metros. La ocasión la pintan calva. El tipo del mostrador comprobó el mecanismo y pontificó:
―La pila está bien. Siga insistiendo. A veces estos coches se vuelven caprichosos…
¡Qué sabrá él! Me acerqué de nuevo al automóvil y le acaricié el espejo retrovisor de la izquierda.
―De acuerdo, chiquillo. Tú eres mucho mejor que el idiota ése que habla alemán. Por lo pronto me has leído el pensamiento, cosa que ningún coche había conseguido hasta hoy. Ahora voy a pulsar el botón por última vez. Si no respondes, lo entenderé y meteré la llave en la cerradura como hacía con tu predecesor.
Pulsé la tecla y sentí la fuerza del poder. Un parpadeo de luces y las puertas quedaron expeditas.
Ya en el interior pensé que hoy no tenía nada que contar en el globo.  


 

Un monumento que no debería ser insólito


El pasado 28 de Octubre se inauguró en Eslovaquia el monumento del niño por nacer, obra de un joven escultor de aquel país. La escultura expresa no sólo el pesar y arrepentimiento de las madres que han abortado, sino también el perdón y el amor del niño no nacido hacia su madre.
La ceremonia de Inauguración contó con la presencia del Ministro de Salud de ese país. 
La idea de construir un monumento a los niños por nacer fue de un grupo de mujeres, madres jóvenes, muy conscientes del valor de toda vida humana.
Difundamos las buenas noticias, que también las hay.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tu banco


La foto es mala: la hice esta mañana con mi teléfono móvil. Es un banco de los que hay en el parterre, frente a mi casa. Alguien ha escrito: "Tu banco y cada día el de más gente".
La crisis aviva el ingenio.

Noticias de Corea el día de San Andrés

Supongo que no habéis olvidado a don Andrés, el sacerdote que nos escribió desde Hong-Kong hace unos meses. Hoy lo hace ya desde Corea. Publico una buena parte de su largo mensaje. Por cierto, hoy es su santo.

Me propongo a escribir unas líneas contando cosas desde el lejano oriente (8 horas de diferencia en invierno). En estos dos meses y pico que han pasado desde la última vez que escribí han pasado bastantes cosas. Korea es un volcán.

Bueno, cuento cosas según me van viniendo a la cabeza.
Al poco de llegar comencé el curso de coreano, que me ha llevado la inmensa mayoría del tiempo estos dos meses. Lo acabé hace dos semanas y el jueves comienzo el segundo curso, que supongo que pasará lo mismo. Confirmé que estudiar coreano no es tan fácil como dice la gente… El primer mes estuve un poco perdido, porque la gente de clase (mayoría de chinos y japoneses) iba al doble de velocidad que yo, la profesora sólo hablaba coreano, y no me aclaraba con lo que estaban pidiendo en cada momento. Cuando me decían algo, muchas veces la única respuesta era sonreír con cara de póquer. Gracias a Dios, no era el único en esta situación. En clase había también dos de la embajada americana que tenían exactamente el mismo problema. Como América pesa mucho aquí, pidieron unas clases especiales por la tarde y se las dieron… y tuvieron piedad del pobre cura, y así pude meterme también en esas clases (nos llamábamos a nosotros mismos el “short bus”, porque según contaban ellos, en Estados Unidos, al colegio se va en autobuses amarillos, excepto los alumnos de educación especial, que van en un autobús más pequeño, el “short bus”…) Además de esos dos días por la tarde, ofrecieron otra clase el viernes por la tarde de conversación, y allá me metí. Total, que entre una cosa y otra, “de gratis” me dieron unas cuantas horas más de clase a la semana.

Ser compañeros de sufrimiento nos hizo bastante amigos. Nos llamaban el “ayoshi team” (el equipo de viejos), porque los demás de la clase eran por lo menos diez años más jóvenes. Nos quedábamos a comer con frecuencia en la universidad, y como ellos son de donde son, siempre iban a por pizza en un lugar barato cerca de la universidad. Nos comenzaron a llamar también el “pizzaship team” (equipo pizzería). La pizzería dio para mucho, porque allí, algunos días faltaba uno de los dos, y con el otro estuve varias horas hablando de Dios, de moral,  de la Iglesia…  

Luego está la historia de Sam, un neozelandés pelirrojo con una patillas que le llegan hasta la barbilla. Él es protestante y está aquí por su novia, que es coreana. Sam está intentando cuadrar la boda para este año próximo, y parte de la historia era conocer a los padres de la novia. Aquí en Corea, el padre es un auténtico patriarca, con un respeto grandísimo. Sam vino a estudiar coreano para poder tratar al padre de su novia. Es un tipo echado para adelante. Bien, pues Sam es un  buen protestante, y ha estudiado bastante la biblia. Hace unos días nos fuimos a comer a una especie de McDonalds de comida mejicana, que le encanta, y estuvimos un par de horas hablando de Dios, de la Biblia, de un montón de cosas.  

Dejando de lado los cursos de coreano,  en septiembre organizamos una meditación para gente joven. Después comíamos con ellos en el centro a base de pizzas, o comida china, que es más o menos barato. Enseguida comenzó a aparecer gente, amigos de amigos, otros que habían desaparecido del mapa hacía meses, y dividimos el grupo: en inglés los jueves y en coreano los sábados.

Otro día, más. Acordaos de nosotros.

martes, 29 de noviembre de 2011

Lo que os decía...

Un minuto después de escribir mi entrada anterior, abro el correo de Cordelia y veo esto. Yo no pretendía llegar tan lejos...