viernes, 16 de marzo de 2007

Piercing

Cinco minutos después de subir al blog la última estación del Via Crucis, me escribe J.A., mi agnóstico anónimo predilecto, que estaba al acecho, para echarme en cara no sé que obsesión enfermiza que por lo visto sufro. Me dice que la Edad Media terminó ya hace tiempo, dato que desconocía y le agradezco. Me sugiere que me haga un psicoanálisis para curar mi masoquismo, y termina con unas cuantas lindezas que no reproduzco para mantener limpio este blog.

Todo lo cual me ha traído a la memoria algún viejo artículo que escribí sobre el dolor y el valor del sufrimiento. No lo reproduzco ahora porque, de momento, prefiero mantener un tono desenfadado y risueño. A ver si mañana lo pongo.

Pero me acordé también de esta broma. Algo tiene que ver con el tema.


"Piercing"

La palabra vino de América como el ketchup y define un sistema de tortura que se impone con insólita rapidez.

Rafa, por ejemplo, un chaval de pelo engominado y espinoso, porta cuatro arandelas al norte de su oreja izquierda. Son unas argollas gruesas como llaveros. Cuando se las clavaron vio las estrellas, pero si le preguntáis por qué lo hizo, lo más probable es que se encoja de hombros y os conteste como a mí:

—Porque mola.

Sandra, una chica grande y lustrosa, además de tener los dedos blindados con diez o doce anillos, luce en el labio inferior un aro que le traspasa el belfo en sentido vertical.

Resulta difícil hablarle mirándola a los ojos. Ese aro tiene poderes hipnóticos.

—Y por la noche ¿te lo quitas?

—Claro tío. En casa no lo llevo. Si me ve mi padre me mata.

Ana se hizo agujerear la lengua y se metió una especie de alfiler con una bola dorada en cada extremo.

—¿Y cuánto te costó la faena?

—Quince papeles… ¿Te la enseño?

—Ni se te ocurra.

En su casa no saben nada. Y eso que, desde la operación, no pronuncia bien las erres, y tiene que buscar sinónimos para no enredarse con las palabras más comprometidas.

—Hija mía, no sé que te pasa últimamente en la lengua; pareces francesa.

—Jo, mamá, no seas plasta.

Según me cuenta, estuvo varios días en ayunas, curándose la herida sin que se enteraran sus padres.

—También me hice otro piercing en el ombligo… ¿Te lo enseño?

* * *

Sé muy bien que no hay peor tabú que el de la moda. Nunca ha estado bien visto ir contra ella. Quien se atreva a criticar “lo que hace todo el mundo” es excluido de la tribu, y no seré yo quien corra ese riesgo: me encuentro muy a gusto integrado en el planeta de los chicos danone.

Sin embargo, como las modas nunca son del todo arbitrarias, vale la pena preguntarse por qué ha surgido el piercing y qué sentido tiene. ¿Es sólo un virus masoquista que afecta a la tribu?

Es evidente que los chavales de este milenio son tan blandos y asustadizos como los del pasado, pero no les importa someterse a intervenciones quirúrgicas dolorosas y nada asequibles con tal de lucir una argolla en la ceja o una perla en la nariz.

Todo el mundo sabe que el lóbulo de la oreja es un perchero del que puede colgarse sin peligro cualquier cosa. Pero el resto del organismo no tiene la misma función. De hecho los pinchaombligos profesionales causan abundantes y peligrosas infecciones entre la chavalería.

Pero la moda no cesa.

—Que no es una moda, tío —insiste Sandra—, es una cuestión de personalidad…

Ortega escribió en El espectador que los adornos corporales —los pendientes, el sombrero o la pluma del indio americano— son como el marco de un cuadro, sirven para resaltar la belleza o la dignidad de quien los porta. Por eso, cuando el guerrero siux se coloca una pluma sobre la cabeza, no pretende que nos fijemos en ella, sino en la testa que hay debajo. Esa pluma es un acento, y el acento no se acentúa a sí mismo, sino a la letra en que se apoya.

Pero el piercing nada tiene que ver con la belleza. Rafa no se perfora la oreja con tres grilletes de acero para estar más elegante. No quiere que nos fijemos en su apuesto perfil ni en la dudosa perfección de sus apéndices auriculares, que, por lo demás, suelen estar sucios. El piercing, para él, es como la pintura de guerra de los apaches: un signo belicoso de pertenencia a la tribu.

Heinz Kloster asegura además que, en algunas chicas, la profusión de metales perforantes tiene otro significado añadido: según él, cuando una adolescente no se gusta a sí misma trata de compensar sus complejos estéticos con un disfraz agresivo que desvíe la mirada del prójimo y le impida fijarse en lo superfea que ella se ve.

Teorías aparte, el piercing revela, sobre todo, hasta qué punto esta generación es capaz de los mayores sacrificios. ¡Quién lo diría! En vano les enseñaron sus padres que la mortificación, los cilicios y el ayuno son cosas del pasado; que ahora lo único obligatorio es la búsqueda del placer y del confort; que la cruz sirve sólo como gargantilla. La tribu ha comprendido que el dolor puede tener un sentido, que hay razones por las que sí vale pena torturarse sin piedad. Lo extraño es que esas razones sean tan pobres. El día que descubran la grandeza del amor de Dios quién sabe lo que serán capaces de hacer. La tentación del heroísmo puede ser irresistible.

Por eso, cuando llego cada mañana a clase y contemplo el panorama de los autoperforados, casi me lleno de optimismo. ¡Si supiera hablarles de santidad; si fuésemos capaces de sacarles de ese pasotismo artificial en el que algunos vegetan…!

Daría cualquier cosa..., incluso me pondría un pendiente.

6 comentarios:

Aitor Ávila dijo...

Buenas.
Estoy de acuerdo con el agnóstico, que te dice que lo de el dolor por el dolor es del medievo y que ya no se lleva. Claro que eso sin meter a Jesucristo y a la Cruz, es una gran realidad. Gracias a la Cruz con el dolor, ya no solamente sufriremos sino que podemos ser corredentores con Cristo y eso una cosa muy grande y que no podemos desaprovechar la oportunidad. Uno puede sufrir y quejarse u ofrecer ese dolor santificándose con el. Bendito sea el dolor. —Amado sea el dolor. —Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor! Camino, 208

Un saludo a todos.

Cristina V dijo...

Me dirijo a su agnóstico predilecto J.A. y le admiro por su Caridad!!!!!!Son otros los que debería acudir a un psicoanalista, para que se curen de esa obsesión enfermiza que tienen contra los católicos. Lo que no saben es que cuando más vemos burlada nuestra Fé, más nos aferramos a ella y sentimos la imperiosa necesidad de testimoniar nuestras creencias, a la vez que nos hacemos más fuertes con la penitencia.
Por cierto D. Enrique......¿Sabe ud. que en Cataluña (España) los menores de edad no pueden hacerse un piercing o un tatuaje sin el permiso paterno, mientras que a partir de los catorce años pueden tener relaciones sexuales con adultos o consumir la píldora del dia después aunque sus padres se opongan? (forumlibertas 15/03/07)

Enrique Monasterio dijo...

No te preocupes, Cristina, mi "amigo" JA me escribe desde hace años, lee todos mis artículos y me estimula con su fidelidad y sus críticas. Estoy casi seguro de que no es tan "agnóstico" como dice. Es más: a lo mejor no sabe lo que significa "agnóstico". En todo caso le preocupan mucho las cuestiones espirituales, y aunque no dice su nombre, lo conozco bastante bien: Es un poco cobardica, y tiene una herida ahí dentro que tendría que restañar de una vez. ¡Si se dejara...!

carmen dijo...

Hola soy una antigua alumna del cole Aldefuente cuando por aquellos tiempos estaba en la calle padre claret. me gusta está idea que ha tenido D. Enrique.
Soy Carmen Garde el viernes pasado me recomendo una amiga del mov de cursillos de cristiandad que paseara por aquí y vaya sorpreson.

muchas gracias y hasta pronto

Enrique Monasterio dijo...

Carmen: No estoy tan viejito como supones: me acuerdo perfectamente de ti sin tantas aclaraciones. A ver si seguimos en contacto.

carmen dijo...

Hola!!! después de un día tan agitado en la escuela infantil con los bebes, ahora que he terminado de hacer mis tareas personsales y domesticas como por ejemplo sacar el lavavajillas y he ido a las charlas cuaresmales de mi parroquia Esp Santo y Nuestra Señora de la Araucana he decidido darme un paseito por aquí. ¿De que ha tratado la charla cuaresmal de hoy por si os sirve? Tenemos que tener esperanza aunque los tiempos en los cuales estamos vivendo son dificiles, es una pena que el hombre de hoy se preocupe por su bienestar, no quiere que nada le moleste (en este pto ha citado la cantidada de crimenes que se hacen en España con criaturas indefensas) los cristianos no nos podemos quedar quietos hay que dar la cara. Tambien ha hablado de la de la fé, tenemos que pedir le al Señor la fé porque es como una vela que se nos puede apagar.

Me alegra saber que D. Enrique se acuerde de mi, de la gente del cole a quien veo más es a Don Pelegrin pues los miércoles está puesto en el confesionario.