lunes, 26 de marzo de 2007

Señorita María

El gran Joaquín Antonio de Peñalosa, sacerdote y poeta mexicano, fallecido en 1999, tuvo entre sus muchas virtudes literarias y humanas, una humildad llena de sabiduría y un delicioso sentido del humor.

Su humildad le llevó a escribir con sencillez, que no es poco. Su sentido del humor (y su “buen” humor, que no es lo mismo) nos lo hicieron cercano y amable.

Hoy, fiesta de la Anunciación del Señor, quiero recordar un breve pasaje del Diario del Padre Eterno, esa joya de prosa poética, que perdí hace años y que llevo buscando desde entonces sin éxito para incorporarlo al pequeño Olimpo literario de mi mesilla de noche.

Miguel D’Ors, al referirse a este poema, dijo que debería leerse como si el Arcángel tuviese la voz y los modos de Cantinflas.

¡Qué estupenda y piadosa “irreverencia”!



Señorita María

Ya regresé, Padre Eterno. Te traigo buenas noticias del asunto que me encomen­daste. Oye, qué bonita es ella. Supongo que la hiciste a tu gusto, de acuerdo natu­ralmente con el Hijo y el Espíritu santo. Iba a decirte que parece un ángel; pero no, nos aventaja a todos juntos. Yo, Gabriel, me quedo chiquito delante de ella.

—Buenos días, señorita María. Alégrate, llena de gracia, Diosito está contigo.

Yo la noté desconcertada con mi saludo, con esta cascada de alabanzas y piro­pos. No que se hubiera asustado conmigo, que soy un ser del otro mundo, sino que se sentía pequeñita como una hoja de hierbabuena, turbada de humildad. ¿Qué haré, Padre Santo, para quitarle esta impresión?

—No temas, preciosa. Te manda decir Padre Eterno que te quiere mucho y que vas a ser mamá de su Hijo, el salvador del mundo, y que le pongas el nombre de Jesús. ¿Cómo lo ves?

No me contestó ni sí, ni no. Pensaba, pensaba. ¿Cuánto duró este silencio? A mí se me hizo una eternidad, como la eternidad de la que yo venía. Gracias a Dios los ángeles no somos impacientes. La señorita María estaba muy en su derecho de re­flexionar y salir de dudas.

—¿Cómo puedo ser mamá, si no tengo relación con ningún hombre?

—Mira, para Dios nada es imposible. No hace falta ningún hombre, actuará so­lamente Dios. El Espíritu Santo te hará fecunda. ¿Qué te parece?

Ay Padre Eterno, yo estaba así de tamañito esperando la respuesta. Donde la se­ñorita me diga que no, qué irá a pensar mi Padre, que no pude arreglarle el asunto que me confió; y el Hijo se va a quedar en la sala de espera sin alcanzar turno, con las ganas que tiene de hacerse hombre; y los hombres se quedarán sin salvador. Ay Diosito de mi vida, qué apuraciones pasa uno en la tierra.

—Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según lo que tú me has dicho.

Me puse tan contento con su aceptación, que luego-luego vine a darte la noticia, Padre. No me acuerdo si del gozo me despedí de María. Voy a ver qué dice el Evan­gelio de Lucas que narra la escena:

“Después de estas palabras, el ángel se retiró” (1, 18).

Válgame Dios, qué vergüenza no haberme despedido de la Reina de los ángeles

4 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

El texto de Peñalosa es extraordinario, con qué como facilidad para la emoción hondísima. No estoy de acuerdo, sin embargo, con el gran d'Ors en lo de las maneras de Cantinflas del ángel. En parte porque Cantinflas no me entusiasma (lo reconozco para empezar); en parte porque le quita mérito a la turbación del ángel, que en ese caso, la llevaría ya puesta; y tercero, porque Gabriel es consciente de su dignidad a lo largo del texto: Iba a decirte que parece un ángel; pero no, nos aventaja a todos juntos. Yo, Gabriel, me quedo chiquito delante de ella; y luego: No que se hubiera asustado conmigo, que soy un ser del otro mundo; y además: A mí se me hizo una eternidad, como la eternidad de la que yo venía. Gracias a Dios los ángeles no somos impacientes. Dicho lo cual, sólo me queda darle las gracias por colgar este maravilloso texto.

Enrique Monasterio dijo...

De acuerdo en todo lo que dices. Quizá el comentario de D'Ors (he he citado de memoria un viejo artículo de "Nuestro Tiempo") se refería exclusivamente a la forma, a la música de cholito mexicano, que tiene todo el monólogo del Arcángel.
Y ya siento que no te guste Cantinflas: los pantalones que usaba están ahora de moda entre los chavales.

Ricardo Montoliu dijo...

Me ha encantado el texto. Realmente bonito. No tiene desperdicio. Suerte que entró en su blog todos los días, sino, no me daría cuenta de que existen cosas así.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Era un alma contemplativa, no cabe duda.