sábado, 7 de mayo de 2011

Sudores y lágrimas


Es la hora de las despedidas. Los chavales de 2º de bachillerato empiezan sus exámenes finales. Luego se abrirá un paréntesis, una especie de vacío, hasta la selectividad. Habrá clases, pero todo será diferente. Muchos se quedarán a estudiar en casa y el curso irá muriendo poco a poco entre sudores fríos, lágrimas ambiguas y temblores de pánico.
Hoy he tenido cola en la capellanía. Algunos vienen a charlar por última vez, a confesarse o a quedarse un rato porque sí, porque la clase es un rollo, porque es primavera y porque el cura es siempre cómplice de los chicos. Otros tienen pretensiones más concretas.
―¿Nos acompaña a la calle a echar un pitillo?
Al parecer, la única forma de salir del recinto es ir arropado por un profe o por un cura. Salimos. María enciende un cigarro y paladea el humo recreándose en la suerte. Su amigo Jorge la contempla embelesado, y yo, que tampoco fumo, aprovecho para hablarles del curso próximo. Les digo que procuren tener como amigo a un sacerdote, y que hablen con él periódicamente. María me interrumpe indignada.
―Nada de eso. Vendremos aquí. Te juro que volveremos.
Terminada la ceremonia del tabaco, regreso a la capellanía, donde me espera Patricia. También ella jura y perjura que el año que viene vendrá al colegio todos los meses, “porque esto es genial”.
Camino de casa, trato de recordar a los que el curso pasado hicieron las mismas solemnes promesas y naturalmente no han vuelto jamás. Así debe ser: estos pájaros deben volar muy lejos y, si acaso regresar, al cabo de los años para añorar viejos tiempos.
Por la tarde me encuentro con Rafa, que también es antiguo alumno, pero de mi propio colegio. Tiene un año más que yo y luce un denso bigote imperial y una venerable barba blanca. No lo había visto desde que terminamos en Gaztelueta hace más de cincuenta años, pero me ha dado tres abrazos capaces de conmover a un poste de teléfonos.
Así es la vida, supongo.

6 comentarios:

Vila dijo...

No tiene que ver con la entrada pero se lo cuento, porque -para variar- usted es el origen.

Ayer, primer viernes de mes, estuve de Adoración Nocturna en mi parroquia. Fue la primera vez que iba y me ha gustado muchísimo poder acompañar al Señor unas cuantas horas. No conocía la liturgia propia y me ha gustado hacerlo.

En enero usted puso una entrada referida a la Adoración al Santísimo en las parroquias, y como me picó el gusanillo (muy peligroso eso en mí) pues me puse a investigar en Madrid y... caramba!! en mi propia parroquia hay un grupo de Adoración Nocturna. Así que me dije: Si lo tengo al lado de casa... ¿cómo no voy a unirme a ellos?. Así que dicho y hecho. Ayer empecé y me ha gustado muchísimo la experiencia.

Es todo un lujo y un honor poder estar rezando junto al Santísimo expuesto.

Frase que se me quedó grabada: Adoradores de Noche y Apóstoles de día. (Total nada...)

Y mi chico, mas que sorprenderse (creo que ultimamente poco le sorprende ya algo de mí), me ha estado preguntado por el tema; no es que se anime pero... es guay.

Cordelia dijo...

In illo tempore no se podía fumar en la puerta del cole (o en cualquier otro sitio con el uniforme). Ni se nos hubiera ocurrido fumar delante del cura, válgame Dios.
En cuanto a volver... no creo que ninguno de sus alumnos dude de que su puerta SIEMPRE estará abierta para nosotros

Antuán dijo...

Lo de el abrazo capaz de conmover a un poste me lo creo, tiene gracis y eso de que se salgan de las ultimas clases porque son un royo es inevitable a fumarse un pitillo con el cura es de mucha confianza para todos. Sobre todo porque es uzted toda una autoridad aunque solo sea de tamaño, sin intencion de molestar. Porque y. ¿ahora, que? ya deberian saber que quieren pero no lo saben. Es un problema sobre todo para los padres. mi hermano Pablo ya tiene empleado al suyo y ademas se esta sacando el carnet, que lo conseguira. Apuesto que más de uno sera camionero y unas conductoras de autobús, cada vez hay más. Les deseo suerte. Adiosle

INÉS dijo...

De corazón se vuelve muchas veces...eso es lo importante.

Una antigua dijo...

Pues si nos ponemos melancólicos en eso soy una experta, pero claro toca no firmar.

Todavía recuerdo hace prácticamente un año cuando me escribió: "tengo un cargamento de Kleenex para ti", y efectivamente surtió efecto, le fui a ver. Después de ¿cuantos años?... Me recibió con los brazos abiertos y con un cariño inmenso.

Sí, como dice Cordelia, siempre tendrá la puesta abierta para sus antiguas / os.

Gracias por estar ahí y gracias por ayudarme a realizar el giro de 180º que necesitaba en mi vida, y además en tiempo record.

Un abrazo de una antigua que le debe mucho.

Anónimo dijo...

Me he sentido totalmente identificada porque estoy pasando por lo mismo. El lunes empiezo los finales y me entran ganas de llorar cuando pienso que ya en un mes no será "mi" cole. Tiene gracia porque en mi colegio también nos escabullimos de las clases de repaso para charlar con el cura.