miércoles, 11 de mayo de 2011

Las edades y las crisis



Cunctis sua displicet aetas, escriben Ausonio y el búho. O sea, que nadie está contento con su edad.
Nadie; ni siquiera mi colega Jorge Manrique, para quien “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Ni esos políticos que andan en permanente campaña y cuelgan sus retratos de los postes de teléfono, después de fotochopearlos para quitarse diez años de encima. Cada vez que los veo convertidos en adolescentes embalsamados con carita de fiambres precoces, me lleno de melancolía. Y comprendo que también ellos añoran su tiempo pasado, aunque luego, para disimular, prometan un futuro feliz con mucha paz, la mar de prosperi­dad y yogur con cereales para todos.
Ni siquiera los niños de mi cole parecen conformes con su edad. Si les preguntas cuántos años tienen, te dirán los que aún no tienen: “voy a cumplir doce”. Debe ser que les corre prisa salir del presente para proyec­tarse hacia un porvenir sin exámenes ni controles paternos. No es el caso de mi buen amigo Adolfo, que ha celebrado con litro y medio de sidra su 72 cum­pleaños y asegura que tiene “sesenta y doce” primaveras.
―¿Y tú qué piensas, inefable Kloster?
―Pienso que el tema de hoy es impertinente. Por tanto me parece bien. Cuestión peliaguda ésta de la edad, que procuramos edulcorar enjabonándonos los unos a los otros ―y sobre todo a las otras― con simplezas como “por ti no pasan los años”; “estás más guapa que nunca”; “lo importante es la juventud de espíritu”, etc. Lo cierto, colega, es que muchos se pasan media vida soñando en lo que harán cuando sean mayores y la otra media añorando lo que hacían cuando eran jovencitos o lamentándose por no haberlo hecho.
―¿Y en medio? ¿Qué ocurre en medio?
―En medio estalla la crisis. Un día cualquiera, un presunto chaval se dispone a afeitarse como todas las mañanas y mientras piensa en lo que hará cuando sea mayor, descubre que la imagen del espejo es la de un anciano ruinoso con bolsas en los ojos y arrugas hasta en los lóbulos de las orejas. Quizá trate de convencerse de que todo es una alucinación; que para que ese viejo desaparezca de su vida basta con un chorretón de crema hidratante y un pantalón va­quero desgarrado a la altura de la rótula; pero, cuando toma el ascensor para salir de casa y se oye llamar de us­ted por la vecinita del séptimo…
Dicen que la llamada “crisis de los 40” ahora se ha trasladado a los 50 o incluso más tarde; que también la adolescencia se prolonga hasta pasados los 18 y no es insólito encontrar adolescentes un poco grotescos con más de veinte o de treinta años, deci­didos a pasar media vida a cuenta de sus padres y la otra media a cuenta de sus hijos.
Volviendo a la crisis, supongo que todo parte del miedo al presente. Mucho predicar el carpe diem y, en el fondo, parece que no supiésemos vivir al día, sin temor al futuro ni añoranzas del pasado. No está mal echar una ojeada de vez en cuando al espejo retrovisor, pero las cosas claras: la máquina del tiempo es un imposible metafísico. El pasado no volverá.
―¿Y el futuro?
Hay que mirar hacia adelante, desde luego, incluso más allá de nuestra probable fecha de caducidad.  El Beato Juan Pablo II hablaba del tercer milenio como si él mismo fuera a recorrerlo entero. Pero ese vistazo al futuro debe partir de la convicción profunda de que lo único real es el “hoy” y el “ahora”. Ese presente ―que pasa veloz o despacio―, es un regalo que Dios nos hace, no para que lo consumamos como hedonistas histéricos que necesitan morir de indigestión cada día, sino como hombres y mujeres de fe, que saben que ahora, no ayer ni mañana, podemos tocar con la mano la eternidad. Ahora Dios me busca; ahora me llama; ahora pide una respuesta. Ahora, a mis treinta, cuarenta o noventa años… ¡Cómo no voy a estar contento con mi edad!
―Entonces, ¿la crisis…?
―Cuando llegue, te lo cuento, colega.


22 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy celebramos a todas las mamás.
En clase una universitaria me dice que de grande quiere ser mamá.
Buen punto para las edades y las crisis.
Me parece que será muy buena mamá.
Y por cierto, campchapca me pide escribir nomelyd, pero no me dió la presentación: ¿Tabletas? ¿Intramuscular? ¿Gotas?, me parece que debo ir con mi geriatra que me aclarará.

Altea dijo...

Yo tengo una compañera que habla de su edad sin tontería alguna. "Tengo 45 años. Todos míos. Me los he ganado a pulso", dice.

Relicary dijo...

Esta mañana estoy bastante espeso como para ponerme profundo. Pero sí que alcanzan mis neuronas a formar la frase de que estoy contento con el día de hoy, a pesar de los problemas que puedan surgir o que lleve arrastrando.

Hoy por ejemplo, estoy más contento, pues una compi ha traido una tarta de chocolate con una capa de una especia de crema "azul pitufo" y, ché, no es un mal día para vivir el presente :)

¡Buenos días!

Nuevepornueve dijo...

Me encanta esto que dice hoy, (especialmente por lo que "casi" no dice).

¡Cuánto miedo tenemos a veces al presente!

Y el plural mayestático no es una figura literaria. ¡Cuántas veces habré encabezado yo esa lista de "necios"!

BUENOS DIAS!

Pd. ¿Se le ha "pasado" responderme a un mail que le envié la semana pasada.....?

Autoayuda dijo...

Aetatis facta est tancta ruina meae!!!

Anónimo dijo...

Olé con Autoayuda! Que se entiende por "educacion"?

Pascalle dijo...

Como casi siempre, lo de hoy va medio en broma, medio en serio.
Lo serio nunca sé comentarlo pero me parece muy bien: me refiero a eso de vivir el hoy y dejarse de cuentos.
Respecto a lo no serio, me he acordado de esa frase tan buena que te dijo alguien...creo que David: "no te preocupes, tío. De cabeza estás muy bien".

Cordelia dijo...

Es posible que el miedo al presente se deba a que es ahora, en este momento, cuando debemos tomar las decisiones que van a dar forma a nuestro futuro. Eso es lo que da miedo realmente, por lo menos a mí.
Eso que dice de "cómo no voy a estar contento con mi edad" me temo que es precisamente la causa de que miremos a todas partes menos a este hoy, a este ahora que nos pone en un compromiso.

Anónimo dijo...

Pues como dice el anuncio, yo celebro que "hoy es hoy", y también ( así lo comparto con vosotros, ya que estamos con las edades y los cumpleaños), mi 9º aniversario de boda.

Relicary dijo...

Felicidades a Anónimo. Lo malo es que no consigo traducir la cita latina :(

Cordelia dijo...

¿No está el horno para panes (¿bollos?)?

Marita dijo...

"Aetatis facta est tancta ruina meae!!!"
Autoayuda, mas o menos quieres decir que el paso de la edad te ha echado a perder???
Poecillo de ti!!!

Anónimo dijo...

Pues mi presente (hoy) no es nada bueno, así que mejor debería en pensar en mañana. D. Henry, ¿tendrías un paquete de kleenex para mí algún día?
La que nunca ve los videos del blog.

Enrique Monasterio dijo...

Hay varios/as que no ven los vídeos...

Anónimo dijo...

Es que soy una muy vulgar y no me gusta destacar.Ahora en serio. Reza un mucho por una cosilla el lunes. OK? Thank U.

Anónimo dijo...

La mejor frase que he oído últimamente respecto a la edad es: "yo llevo muchos años siendo joven". No sé dónde la oí, pero me apunto. Saludos a todos. Mercedes

Bernardo dijo...

Le agradezco su nota. Hoy en el trabajo he estado en una reunión y, tonterías que uno tiene, de golpe se me han caído encima todos mis años, que no son muchos pero me han pesado. Ay. Sería que tenía hambre y la reunión ya duraba seis horas.

Enrique Monasterio dijo...

Bernardo, no digas esas cosas. No olvides que yo tengo los mismos años que tu padre.
Por cierto, a ver si nos vemos antes de que termine la década.

Papathoma dijo...

Hasta ahora nunca he tenido problema en decir mis años, pero lo habría tenido "claro" con mis peques de haber sido de otra forma: hace años les dije mi edad y desde entonces llevan una contabilidad exacta.

La más pequeña tuvo un lapsus este año y bailó las cifras: toooodo el colegio me dijo lo bien conservada que estaba para 84 años!!!

No pesan los años, pesan los achaques o las limitaciones y sobre todo las frustraciones.

Por si le sirve a alguien, hace muchos años cambié mi filosofía y en vez de lamentar todas las cosas que no había podido concluir, me fijé en que sabía un poco de todo (es un decir) y me dí cuenta de lo mucho que me habían servido esos poquitos. Desde entonces vivo mucho más feliz. Yo no volvería atrás ni loca. No cambiaría la paz que tengo ahora por nada del mundo.

Enrique dijo...

¿Cómo se puede escribir así de profundamente a las seis de la mañana?
"¡Cuan presto se pasa la vida!
Cómo se viene la muerte,
tan callando."
Tha's all!

Vila dijo...

Personalmente siempre he estado encantada con mi edad. Es un tema que no me preocupa lo más mínimo. En cambio tengo un par de hermanas que ya hacen "descumpleaños"...

Y a lo dicho en serio, yo tengo claro que de cómo corresponda hoy y ahora depende, en parte, mi mañana.
Aunque no dejo de alucinar que una carrocilla cuarentona como yo tenga esa posibilidad.

Cada día doy Gracias a Dios por todas las cosas que me ha dado. Soy muy afortunada ¿para qué preocuparse por la edad?. Como dice Yomisma:las arrugas nos las hemos ganado a pulso y las lucimos con orgullo.

Veo que Autoayuda a vuelto a las andadas...

poetaporlibre dijo...

Del Ebal al Garizim,
al Carmelo desde el valle,
Jericó a Jerusalén,
hoy he subido hasta Islabe.

Artebakarra está fuera,
un oratorio en el centro,
esperaré lo que Él quiera,
¿vendrá El Señor a mi encuentro?

También Jesús subió a un monte
y llamó a los que Él quiso
a cada cual por su nombre,
como lo hace un amigo.

Tengo sólo pocos días
y me tengo que entrenar,
¡¡Carpe diem, alma mía!!
¡no viniste a descansar!