viernes, 30 de marzo de 2012

Del diario de Juan (I)

Viernes de dolores


Mientras duró aquel terrible suplicio de la flagelación no me separé ni un segundo de María. Traté de que se apoyara en mi mano y ella agradeció el gesto abrazándome con fuerza como si fuese su hijo.
Enseguida noté el calor de sus lágrimas, que llegaron a empapar mi túnica. Los sollozos, apenas apreciables por los demás, se clavaban en mis oídos como puñales. No me atrevía a mirarla; tan grande era su dolor; pero vi las gotas de sangre, las mismas que cayeron del rostro de Jesús en Getsemaní, repetidas en la frente de mi Señora.
No sabía lo que hacía. Tomé un pañuelo húmedo y traté de recoger aquella sangre. María se dejó limpiar mientras me hablaba al oído:
―Juan, llora por mí y por ti. Yo me he quedado sin lágrimas.
Jesús fue conducido de nuevo al Pretorio y, por un instante, me separé de María. Busqué con la mirada a los demás; pero sólo vi a mi hermano Santiago, que huía despavorido.
―Todo ha terminado ―me dijo con un gesto de horror que nunca olvidaré―. Dicen que Pedro nos ha traicionado…
―Pedro jamás nos traicionará ―le respondí gritando―. Le he visto abrazado a María, y le pedía perdón.
De pronto vimos salir a Jesús. Coronado de espinas, con la cruz al hombro y rodeado de soldados se dirigía hacia el Calvario para ser crucificado. La multitud vociferante y blasfema era su único cortejo.
¿Y María? ¿Dónde estaba mi Señora?
―Estoy aquí, Juan. Tengo que pedirte algo.
―Lo que quieras, madre; ya sabes que…
―Tengo que acompañar a mi Hijo y estar con él junto a la cruz. Debo hacerlo, pero tengo miedo. Necesito un hombre fuerte como tú que me acompañe y me defienda de los soldados y de estas pobres gentes que no saben lo que hacen. No puedo pedírselo a nadie más: Pedro, Andrés y los otros son ya adultos, y los soldados no les dejarán acercarse a los crucificados. Ellos están allí para eso; para que nadie trate de liberarlos o de provocar un incidente.
―¿Entonces, yo…?
―Tú eres ya un hombre; tienes 15 años, pero con esa carita de niño todos pensarán que eres mi hijo, el hermano pequeño de Jesús. Y a las madres, a las esposas y a los niños les dejan estar a los pies de los reos. ¿Quieres ser mi acompañante y mi escudo? ¿Me protegerás?
Me tomó de la mano y comenzamos a caminar. Yo sacaba pecho y trataba de mirar a la turba con gesto firme y un poco desafiante; pero, cuando llegamos a lo alto, empecé a comprender que no fui yo quien llevó a María al pie de la Cruz. Ella me engañó llevándome de la mano para que estuviera cerca de Jesús en esa hora.
¡Pobre de mí! Temblaba como una hoja. María, en cambio, resplandecía como una reina.
 
 

12 comentarios:

Anónimo dijo...

PRECIOSO

Cordelia dijo...

Madre, llévame también a mí de la mano hasta el pie de la Cruz. Y no me sueltes, no sea que salga corriendo...

Relicary dijo...

Vaya. Debería enfadarme por dejarme sin palabras hoy. Relato muy bonito.

Me gustaría digerirlo más profundamente en una oración. Quizás vea más cosas a través de sus palabras.

Clo dijo...

Un relato así acerca a cada uno que lo lee al pie de la Cruz.


Impresionante.

Isabel dijo...

¿15 años? yo le habría echado 20, pero seguro que tiene más datos que yo.

Mariano dijo...

Gracias don Enrique.
¿Tendremos todos los dias algunas notas del diario de Juan?
Sería fenómeno, "porfa"

Antuán dijo...

Esto no es cualquier historia. es la nuestra. Ha conseguido que saque el pañuelo y me seque las lágrimas. Entiendo que ponga I porque parece que va a seguir anyer mientras hacia mi ratito de oración alla donde estaba no se si es porque faltaba una luz hacia sombra la cruz en la pared, pensé en escribir algo corto: a la sombra de la cruz. pero ya paso el primer dia y me faltan luces, tenemos más de una semana por delante quizá lo intente
¡Gracias! Adiosle

Nuevepornueve dijo...

tyAY! Don Enrique! Qué semana nos espera! GRACIAS


Lo que no se porqué... me lleva a preguntar, ¿qué tal va "Rezar por libre"?

Y AUPA POR ESE EUROATHLETIC!
Qué chavales...

Vila dijo...

Gracias de verdad!, este diario de Juan de hoy (y los diarios que puedan venir...) me van a ayudar a vivir mejor la Semana Santa.

Presiento que me va a dejar K.O, al igual que el resto de los diarios de los otros personajes de la pasión.

Ahora hablando en serio, yo sé muy bien que si no me suelto de la mano de la Virgen siempre estaré cerca de su Jesús.

Andrés Infante Llanos dijo...

¡Qué bonito relato!.

Pollo con almendras dijo...

No me cabe duda de que María actuaba de esa forma tan sutil y delicada, pero a la vez fuerte y digna. Era y es una madre para todos.

Anónimo dijo...

:)