sábado, 5 de julio de 2014

Voces de mi tierra


Cuando vengo a Bilbao, me gusta viajar en Metro, no sólo por ahorrar tiempo y dinero, sino sobre todo por observar a las gentes de mi tierra y recordar la música, el acento familiar que perdí hace tantos años.
Lo primero que sorprende al que llega de fuera es el volumen de voz, notablemente más elevado que en el resto de España. Aquí se habla muy alto, a veces estamos al borde mismo del grito. Y destacan de forma especial los vozarrones de los hombres. Quizá sea verdad que se trata de un defecto típicamente hispano. Si fuera así, en esto, como en tantas otras cosas, los vascos seríamos lo más típicamente español de la Península Ibérica.
Saco del billete en una máquina bilingüe que recuerda a los nuevos parquímetros de Madrid.
─¿Me ayudas, chaval?
─¿No eres de aquí, o qué?
El chaval tiene dieciséis o dieciocho años y es un tipo servicial, amable y nada tímido.
─¿A dónde vas? ─me pregunta─.
─Lo más cerca posible de “El Corte Inglés”.
─Entonces, Abando. ¿Ida y vuelta te saco?
Esto me recuerda que sigue existiendo el “hipérbaton vasco” tal como me explicó Quino Andrada en el bachillerato. Es cierto; los vascos tendemos a dar la vuelta a las frases diciendo en primer lugar la palabra más importante y dejando el verbo para el final. Por ejemplo:
─¿Cómo anda tu padre, Patxi?
─Mal. Unción y todo ya le han dado, pero morir, morir, no se muere…
El caso es que, con mi tique reglamentario, entro en el tren y me sitúo junto a dos familias que, al parecer, vienen juntas. Hablan del Mundial y de la “alubiada” que están preparando para el próximo finde. Una de las chicas ─de catorce o quince años─ dice que ella no piensa ir y se organiza la bronca.
Llegamos a Abando.
Nada más pisar la Gran Vía (¡qué bonito está Bilbao!) se me acerca veloz una vendedora de lotería de la Cruz Roja.
─Anda, padre; cómprame un número, que hace mucho que no se ven alzacuellos por aquí.
─Pues hay muchos.
─Pero no se ven. Vergüenza será que tienen…
Otra vez el hipérbaton.
(continuará)


8 comentarios:

Juanma Suárez dijo...

Y yo que pensaba que los que gritábamos éramos los andaluces.

Hace poco estuve hablando con un vasco por teléfono (ya sabe que me dedico a atender el teléfono en un servicio técnico de una empresa...)que hablaba conmigo en español y con su madre, que estaba en algún otro lugar de la casa, en vasco.

Reconozco que me encantó aquella musicalidad con la que sonaba la conversación del hijo con su madre, a pesar de no entender casi nada. De hecho, incluso me dio para escribir una entrada en mi página.

Es triste cuando usamos (usan) los idiomas que tenemos en España como arma arrojadiza en lugar de destacar la gran diversidad y riqueza lingüística de la que somos poseedores. No tienen nada que ver el vasco, el catalán, el gallego, el valenciano... que usan los políticos con el que usan los hijos con sus padres; nada.

Por cierto, me ha encantado su explicación sobre cómo construyen los vascos sus frases. Me la apunto.

Fernando Q. dijo...

La naturalidad con que usted don Enrique remarca las diferencias y las coincidencias de esa parte de España con el resto no hace sino preguntarnos qué ha pasado para que en un par de generaciones nos hayamos dado la espalda de esa manera.
La historia, especialmente la historia naval, está llena de excepcionales marinos vascos que ayudaron a España y al mundo con sus descubrimientos y valentía.
Quizás sea hora de admitir que estamos todos juntos y, con la ayuda de Dios, acercarnos poco a poco y rehacer lo deshecho durante estos años de sinsentido.
Vamos, que me han entrado ganas de visitar su Tierra, cuna de españoles ilustres.
Feliz Sábado.

Antuán dijo...

Con Unción y todo. Pero morirse no se muere. - Pero que ¡bruto! en eso parece más aragonés; que otra cosa. Me alegro que vaya en metro y que disfrute. Adiosle

Churrinche Oriental dijo...

¡Y yo que pensaba que en mi familia éramos gritones solo por lo italianos y ahora se ve que por la sangre (la gotita y media) vasca, también!

Por estos lugares ha habido mucha inmigración española, desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, principalmente de gallegos y vascos, y es proverbial el estereotipo del gallego comerciante y el vasco tambero.

La caricatura habitual del vasco es la del hombre cabezón, de frente cuadrada, huraño y bastante testarudo, pero eso sí, muy trabajador. ¿Es así, o es solo el imaginario de estas tierras? (De hecho, por todas estos rasgos, a nuestra abuela de ascendencia vasca la llamábamos precisamente así, "La Vasca").

Lo de la forma de hablar también es bastante común, aunque con acento cambiado.

¡Saludos desde el sur del mundo!

Merche dijo...

Acabo de volver de mi convivencia en Torreciudad. Una semana tranquila, en un sitio precioso a más no poder. Yo era la única madrileña entre un montón de catalanas, alguna mañica, una asturiana y una boliviana, que vive en Oviedo. Me ha encantado. Desde el principio las catalanas me dijeron que las perdonara si se ponían a hablar en catalán de repente, que a veces se pasan del catalán al castellano y viceversa sin darse ni cuenta. Lo he pasado fenomenal... hasta que me enteré que mi madre se cayó y se ha roto la cadera. No es de operar, pero sí de reposo y analgésicos, y pinchazo en la tripa para que no le salgan trombos. ¡Señor, Señor, a veces tienes unas cosas que pa qué! En fin, que ya empiezo a pedir oraciones, porque esto irá para largo.

Papathoma dijo...

Bueno, Antuán, un aragonés habría acabado la frase más o menos así: "pero morirse...ha dicho que no piensa morirse todavía".
;)

yomisma dijo...

No, si la culpa se la lleva el Señor, como siempre... No será que se ha resbalado?

Caminando dijo...

Mercheee!!! Q pena no haberte visto, estaba en el otro lado!!! Pase un día a la tertulia a contar de dialhogar....estabas???