miércoles, 19 de marzo de 2008

A la gloria, sevillanos


Sólo
dos años estuve en Sevilla, y ha pasado mucho tiempo desde entonces. Sin embargo, dos años fueron suficientes para no olvidar nada de aquella ciudad prodigiosa.

Rocío Arana me dice que en Sevilla es primavera desde que empezó febrero, que todo huele a azahar. ¡Cuántos recuerdos trae ese azahar! Y es que algunos aromas tienen un poder evocador mucho mayor que cualquier imagen o sonido.

¿Alguien podría enviarme por correo electrónico una pizca de ese aroma, mezclado con el de la cera que se derrama por las calles estos días?

A la gloria, sevillanos. Fijaos qué pedazo de vídeo para abrir el Jueves Santo.




martes, 18 de marzo de 2008

En Riaza casi es primavera.

flor del cerezo

Vuelvo a caer en el blog. ¿Me permitís aparcar sólo un minuto?

En Riaza hay una nube negra y fría, pero la primavera ha madrugado en los cerezos. Yo he cortado unas pocas flores rosas y las he puesto junto a la imagen de la Virgen de mi habitación.

Son valientes estos árboles del jardín. Aún puede llegar el hielo y quemar la primera floración, pero no escarmientan; todos los años igual.

A mí me ocurre lo mismo. Cada año, un poco antes de la primavera, en el curso de retiro me lleno de propósitos pequeños y de deseos enormes. Prefiero correr el riesgo de luchar contra las heladas, que inevitablemente vendrán, antes que imitar al rebollar de la zona, a esos robles achaparrados de la Sierra norte, que siguen secos, fingiendo que están muertos.

El domingo iré a un lugar de la Mancha y, si tengo suerte, escucharé el primer concierto de la primavera. Cuando oiga el coro de los verdecillos, el grito de la oropéndola o la sinfonía de los abejarucos, que llegan en grandes bandadas desde el sur, el invierno estará vencido.


lunes, 17 de marzo de 2008

Hasta el domingo



Como
dije hace unos días, empiezo mi curso de retiro. Rezad un poco para que lo haga muy bien y no caiga en la tentación de escribir en el blog.

El domingo iré a Consuegra a celebrar las bodas de Plata de José María y Maxi, los porteros de mi casa. Haré una crónica pormenorizada del evento.

30 monedas de plata



(del diario de Judas Iscariote)

Fui débil con Caifás. El Sumo Pontífice me habría pagado mucho más que estas 30 miserables monedas. Habría vaciado las arcas del Templo con tal de detener discretamente al Maestro sin provocar altercados. Pero yo no soy avaricioso, tengo mi dignidad: soy un buen judío y cumplo escrupulosamente la ley de Moisés.

Juan ha insinuado hace días que retiro de la bolsa algunos denarios para mi propio beneficio. Más le valdría al niño ése meterse en sus asuntos. ¿Qué quiere, que vivamos como las aves del cielo y nos dejemos vestir por Yahvé como los lirios? Esas alegorías del Maestro conmueven a sus seguidores, pero a mí me irritan porque demuestran hasta qué punto se mueve al margen de la realidad.

Si no fuese por Judas, el grupo de los 12 viviría así, como los gorriones. ¡Qué fácil les resulta a todos poner los ojos en blanco, abandonarse a la providencia de Dios, y dejar que yo administre las pocas monedas que nos dan. Para colmo, pretenden que dé parte del dinero a los pobres. Pues bien, eso es lo que hago: nadie más pobre que el pobre Judas.

Con Caifás fui generoso. Naturalmente que exigí una retribución económica. Alguien tiene que compensarme estos tres años perdidos, corriendo detrás de una quimera, de un falso mesías que cuenta parábolas a la plebe, cura enfermos a escondidas y se niega a tomar el poder cuando lo tiene al alcance de la mano.

30 monedas. ¿Para qué necesito 30 monedas? ¿Para comprar un camello? ¿Para hacerme una casa en Cafarnaum? Las quiero sólo para recuperar mi dignidad, para librar a Jesús de su propia locura. Dentro de poco, cuando comparezca ante el Sanedrín, lo despojarán de todos sus trucos; le hablarán en nombre de Yahvé y tendrá que decir la verdad.

30 monedas es muy poco para el enorme favor que he hecho al pueblo de Israel. Muy pronto Jesús habrá desaparecido de la memoria de los hombres y Judas será considerado un benefactor de la humanidad.

30 monedas. ¡Cómo pesan! Es terrible llevarlas encima. Fui generoso, fui débil, pero estas monedas me aplastan como si fueran todo el oro de Satanás.


domingo, 16 de marzo de 2008

Domingo de Ramos



...Y no sucedió nada.


(del diario de Judas Iscariote)

Esta mañana por un momento pensé que el Maestro estaba dispuesto a dar la batalla definitiva para hacerse coronar rey.

No se hablaba de otra cosa en Jerusalén: Lázaro había resucitado al grito de Jesús. El relato de lo acontecido en Betania iba de boca en boca y ya nadie tenía la menor duda de que el Mesías estaba a punto de entrar en la Ciudad santa.

Sólo Caifás, el muy cobarde, tenía miedo. Pensaba que si las autoridades religiosas reconocían al Cristo, los romanos tomarían represalias, acabarían con la revuelta y destruirían el Templo. Por eso quería acabar con Jesús. "Es mejor que muera un hombre en lugar de todo el pueblo", había dicho en el Sanedrín; pero lo cierto es que tenía horror a la lucha, a perder sus privilegios. ¡Pobre Caifás!

Y, en medio de todo, cuando el ambiente estaba más caldeado, Jesús nos dijo que quería entrar en la Ciudad no a pie, como en otras ocasiones; tampoco a caballo, que sería una arrogancia innecesaria, sino sobre un borrico, como rey de paz.

—Maestro —le dije—, me parece una medida brillante y muy adecuada. Así nadie podrá acusarte de provocador. El pueblo estará con nosotros. Yo mismo me encargaré de mover a la plebe.

Jesús me miró en silencio. No sé lo que había en su mirada. ¿Tristeza? Nunca le entenderé del todo.

El sol estaba en lo alto cuando entramos en Jerusalén. ¡Qué alboroto! Fue aún mejor de lo que yo preveía. Cantaban los niños y las mujeres. Los hombres gritaban de entusiasmo y apretaban los puños a la espera de una orden, al menos de un gesto del nuevo rey de Israel.

Los sacerdotes se refugiaron, temerosos, en el Templo sin atreverse a abrir la boca. Todo estaba a punto para dar el paso definitivo. Y entonces ocurrió algo extraordinario.

Ocurrió..., que no ocurrió nada. El Maestro predicó un buen rato y, al caer la tarde, decidió que regresábamos a Betania.

¿Qué pretende Jesús? ¿Acaso quiere que lo maten? No lo entenderé nunca.

Acabo de recibir a un mensajero de Caifás. Quiere negociar conmigo... Hablaremos mañana.


sábado, 15 de marzo de 2008

Via Crucis de Ernestina


Los viejos del lugar quizá recordéis que hace un año publiqué en el blog las 14 estaciones del Via Crucis de Ernestina de Champourcin, ilustrado con las imágenes de los azulejos que preparó José Alzuet para el oratorio del Colegio Aldeafuente.

Tenéis el Via Crucis completo aquí. También dispongo de una versión en Isilo para PDA con las mismas imágenes. Podéis pedídmelo a monasterix@gmail.com.

El sueño


Sólo llevo un año anclado a este blog y ya me repito. Hace una semana cite unos versos de la “saeta” de Machado, y ahora compruebo que en abril de 2007 puse el mismo poema con una consideración semejante.

Ser cura tiene estos riesgos. Decimos casi siempre el mismo mensaje con idénticas palabras. Me consuelo pensando que esas palabras no son mías, que soy sólo un portavoz y Dios hace que me olvide de haberlas dicho, para así repetirlas y volverlas a repetir hasta que empapen la tierra —mi propio corazón de tierra— y den fruto.

También Jesús se repite. Este año volveremos a oír su oración, a gritos, en el Huerto de los Olivos, su diálogo con Caifás y con Pilatos, su silencio ante Herodes, más elocuente que cualquier discurso, y sus “siete palabras” desde la Cruz.

Igual que en 2007, yo haré mi curso de retiro a partir del Lunes Santo y no entraré en el blog desde el martes hasta el Domingo de Resurrección. Claro que, si cayera en la tentación de escribir alguna línea…

Sí, hablaría del sueño de los apóstoles. ¡Qué bien los entiendo! Habían cenado cordero, habían bebido las copas de vino que estaban prescritas en el rito de la Pascua judía, habían tenido una larga tertulia con Jesús, habían hecho su primera comunión, habían sido consagrados sacerdotes y obispos..., y llegaron a Getsemaní agotados. Era imposible permanecer en vela.

José Javier Esparza, en el artículo que reproduje aquí, reprocha a los católicos su pasividad. Jesús, en el Huerto de los Olivos, también intentó, en vano, despertar a los suyos. Quizá les pedía demasiado.

Aquella noche Judas era el único apóstol que no tenía ganas de dormir.


viernes, 14 de marzo de 2008

Viernes de Dolores


El Viernes de Dolores ha desaparecido de la liturgia, y la fiesta se ha trasladado al 15 de septiempre; ¿pero quién convence a las Lolas de que hoy no es su santo?

Además, estaba muy bien este recuerdo de los dolores de María Santísima en vísperas de la Semana de Pasión.

Dicen que es de sabios cambiar de opinión. Y como la Iglesia es muy sabia, a lo mejor rectifica cualquier día. O no, ya veremos.

En cualquier caso, aprovecho la ocasión para recomendar un archivo de audio con la grabación íntegra del Via Crucis de San Josemaría Escrivá. Lo ha realizado Beta films y está espléndidamente leído por dos locutores profesionales. Creo que a todos nos vendrá bien oírlo y rezar un poco contemplando esas escenas de la Pasión del Señor a las puertas ya de la Semana Santa.

Haced click aquí.


jueves, 13 de marzo de 2008

¿Es que no tenéis sangre en las venas? (Reproche para católicos)



El artículo es largo, pero, en mi opinión, vale la pena leerlo y difundirlo. Podía haberlo escrito Kloster, pero es de José Javier Esparza


Es por lo de la Educación para la Ciudadanía, claro. ¿Por qué iba a ser, si no? Es el mayor atentado que se ha tramado en decenios contra la autonomía moral de la gente. Es la mayor intromisión imaginable en la libertad de verdad, que es la libertad interior. Y sin embargo, aquí apenas se mueven cuatro gatos. La prensa disidente hace circular titulares de impacto: «Ya hay 3.500 objetores en el mes de junio». Gran cosa, ¿eh? Tres mil quinientos en todo el país. En un vagón del Metro caben doscientas personas. Echad la cuenta. Es verdad que en las Termópilas bastaron trescientos. Pero esto es otra cosa. Esto es peor.

¿Dónde os habéis metido? ¿Debajo de las piedras? ¿Es que nadie os ha explicado lo que os estáis jugando? ¿O es que no lo queréis ver —para no fatigaros, tal vez, o para no meteros «en líos»?

A vuestros hijos van a enseñarles que nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color con que se mira —y que ese color, mayormente, tira a bermellón. Van a enseñarles que no existe una forma recta de ser y de estar, sino que todas valen lo mismo —es decir que lo malo es bueno, porque lo bueno no es tal. Van a enseñarles que ETA es un grupo vasco armado que fue torturado alevosamente por la democracia española. Van a enseñarles que la guerra civil no ha terminado y que la reconciliación fue un error, porque no hizo justicia. Van a enseñarles que papá y mamá son conceptos vacíos e intercambiables por otros. Van a enseñarles todo eso, no con materiales teóricos mínimamente contrastables, sino con una buena porción de bazofia que, por otro lado, jamás fue escrita para educar a nadie, sino, deliberadamente, para todo lo contrario. Y lo más importante: os están diciendo, no a vuestros hijos, sino a vosotros, que la formación moral de los críos ya no es cosa vuestra, sino que ahora el Estado se hace cargo. Y vosotros, a descansar. Mamá-Estado se ocupa. Qué bien.

Aquí hay dos cosas atroces. Una: que el Estado invada la competencia de la familia en el ámbito moral, extirpe la libertad de educar conforme a los propios principios e imponga a las personas una determinada concepción de las cosas. Esto es algo que sólo cabe en una democracia corrompida, cuando una clase política aupada al poder se atribuye una potestad que nadie le ha concedido. Es también curioso que el Estado venga a clavarnos esta zarpa justo cuando más debilitado está: el Estado ya apenas nos protege, ha dejado de dominar su propia moneda, ha subordinado la Defensa a grandes organizaciones internacionales, las empresas han de recurrir a guardias privados porque la policía no basta, los ciudadanos han de pagarse la sanidad por su cuenta si quieren ser bien atendidos, hemos de suscribir planes de pensiones con los bancos porque la jubilación no nos llegará... Y es este Estado, decrépito e impotente, el que se permite ahora secuestrar la soberanía moral de las personas singulares. Repito: no de la Iglesia, ni de la Conferencia Episcopal ni del PP, sino la soberanía moral de las personas singulares, de la gente de la calle, tu soberanía y la mía.

La segunda cosa atroz es esta otra: la invasión del espacio moral viene bajo las banderas de una visión absolutamente sectaria de las cosas, una visión que se ha construido en el último cuarto de siglo bajo los escombros de dogmas ideológicos derrumbados, una visión expresamente contraria a la cultura mayoritaria de la sociedad, a los fundamentos tradicionales de nuestra civilización, a los principios objetivos de lo que centenares de generaciones de europeos han considerado natural. No estamos ante un movimiento de «progreso»; estamos ante un movimiento de simple inversión. El propósito de los invasores no es otro que darle la vuelta a todo. ¿Y pueden hacerlo? Moralmente, no. Pero si nadie se opone, ¿por qué no? Y aquí es donde se echa de menos un poco más de nervio ciudadano.

Por ahí, en la plaza, uno oye de todo. Que si no llegará la sangre al río. Que si ya lo arreglarán las comunidades autónomas. Que si no será tan fiero el león como lo pintan. Que si, después de todo, sólo es una asignatura, que dejará tan poca huella en los alumnos como las demás (¿?). Que, al fin y al cabo, eso que se enseña en Educación para la Ciudadanía es lo que se ve en la calle, y que los niños tienen que ir haciéndose a esas cosas. Excusas de mal pagador. Sobre todo, excusas ciegas, expedientes para escurrir el bulto y no querer afrontar lo esencial, a saber: que no se trata de que se enseñe tal o cual cosa, sino de que pretenden robarnos una porción importantísima de libertad personal.

Es la libertad

Veréis: uno puede tolerar que el mundo sea una cueva de ladrones, que la televisión se haya convertido en territorio canalla, que los políticos abusen de las esperanzas de la gente (y los banqueros, de sus ilusiones), que los periódicos y la publicidad impongan una forma de ser y pensar decididamente absurda... Uno puede soportar todo eso porque, al fin y al cabo, ante la avalancha siempre es posible clavarse en la puerta de casa, coger el hacha y gritar «no pasarán». Pero lo que uno no puede tolerar es que cojan a tus hijos y les laven el coco al progresista modo. Por ahí no se puede pasar. Porque se trata de vuestros hijos. Y sin embargo, hermanos, lo estáis tolerando. ¿Qué os pasa? ¿Es que no tenéis sangre en las venas?

A los medios de la derecha religiosa, que admiran el ejemplo norteamericano, les gusta entregarse a ensoñaciones de regeneración, incluso de cruzada. Sueño vano. ¿Sabéis por qué en las sociedades con mayoría católica es impensable, hoy por hoy, un proceso semejante al norteamericano? Porque en los Estados Unidos la mayoría religiosa avanza sobre la base de asociaciones civiles, grupos de ciudadanos, comunidades con una voluntad de presencia política y social; pero aquí, en la Europa cristiana, y más especialmente católica, sólo una minoría exigua de ciudadanos actúa en la sociedad como creyente, el tejido asociativo civil es mínimo o inexistente, su capacidad de presencia social y política es reducidísima, muchos creyentes tienen alergia a la política o carecen de formación, la inmensa mayoría de los ciudadanos opta por la pasividad pública y prefiere delegarlo todo —en parte por tradición, en parte por pereza- en las espaldas de la jerarquía. «Los obispos sabrán qué hay que hacer» es una frase extraordinariamente socorrida. Y los obispos lo saben, claro que sí, pero el problema es que no son ellos quienes pueden hacer, sino los ciudadanos, las personas, y para eso hace falta un grado de compromiso que se diría completamente inalcanzable.

Por supuesto: este reproche va dirigido a unos católicos que parecen haber perdido por completo el sentido de la libertad personal, pero al menos aquí, entre la grey de los fieles, ha habido voces dispuestas a jugarse el pecho. Mucho peor es la situación ahí fuera, en la llamada «sociedad», donde una muchedumbre infinita de almas grises se muestra dispuesta a tragarlo todo con tal de no someter a agitación su adiposa conciencia. La reacción de los católicos ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tibia hasta la depresión, pero la actitud general de la sociedad es indiferente hasta la náusea. Hemos llegado a un punto tal de sumisión —al sistema, al dinero, a la comodidad burguesa, a lo «políticamente correcto»- que cuesta un mundo hacer ver a la gente que lo que está en juego es su libertad. Esa es la imagen del tirano de nuestro tiempo: ya no un déspota que te roba la cartera mientras te amenaza con la porra, sino un simpático cacicón que, mientras te rasca la barriga, te roba el alma. Y tú aún vas y te ríes.

Hay que presentar la objeción de conciencia contra esta asignatura. Es vital. Habría que hacerlo incluso si uno estuviera de acuerdo con los planteamientos doctrinales del Gobierno, porque ni siquiera en ese caso estaría justificado que el Estado se arrogue el derecho a imponerlos por ley. Jünger decía en alguna parte que la verdadera libertad es la que reside en el propio pecho. Esta gente nos quiere abrir el pecho y sacarnos la libertad como se sacaba el corazón en los viejos sacrificios humanos. No. No pasarán. Objeta. Mañana. Ya.