La Primera Comunión de Lupita, Clara, Álvaro y Cristina se iba a celebrar en este jardín. Pero se cumplieron los pronósticos y hubo que poner al mal tiempo buena cara.
Aquí está toda la tribu Pimentel.
No me llaméis "blog". Soy un globo que vuela a su aire, se renueva cada día y admite toda clase de pasajeros con tal que sean respetuosos y educados, y cuiden la ortografía. Me pilota desde hace algunos años un cura que trata de escribir con sentido sobrenatural, con sentido común y a veces con sentido del humor.
miércoles, 14 de mayo de 2008
Llegaron las fotos
martes, 13 de mayo de 2008
Morir es una rosa...

He recordado estos cuatro versos de Ernestina de Champourcin al leer lo que escribe Dani en su blog sobre la marcha al cielo de Juan García Atance y al ver la rosa blanca con que ilustra su comentario.
Pocos días antes se nos murió en Valencia Felipe Ivars, otro amigo del alma y padre de María Jesús, Charo, María José, Felipe, Ada y Juan. Felipe ha sido un hombre santo, generoso, sacrificado y feliz. Ahora, desde el Cielo, sigue ayudando a su familia, de la que yo también formo parte.
Y, entre tanto, continúan los bautizos y las Primeras Comuniones. Ayer estaba dando un Círculo a un grupo de chicas cuando sonó en el móvil un aviso de mensaje. Sin dejar de hablar, lo saqué del bolsillo y leí: "ha nacido Julia. 3,300".
Ya lo escribí un día y lo repito ahora: cada vez que oigo decir que los curas renunciamos "al amor" me da la risa. ¡Cuántos disgustos, cuántas alegrías, cuánta capacidad de querer se nos regala!
Himnos y cantos marianos (I)
En Internet uno encuentra cualquier cosa: hay toneladas de basura y barrios apestosos que conviene evitar; pero también hay maravillas.
Ya que estamos en el mes de mayo, he pensado traer aquí algunos de los himnos y motetes marianos que aparecen en la red. Empecemos por éste, que, en mi opinión es bellísimo.
La cantante italiana Tosca honra a Santa María, al conmemorarse los 2000 años del nacimiento de su hijo Jesús.
lunes, 12 de mayo de 2008
El Don de Sabiduría
Ni siquiera esta vez diré su nombre, porque aunque haya cumplido 8 años, también tiene derecho a su intimidad. Lo conocí el sábado pasado y me dijo que haría la Primera Comunión al día siguiente, es decir en Pentecostés. Pero tenía una duda: Pentecostés

Por la mañana, Retiro. Un buen día éste de Pentecostés para quedarse a solas con Dios y pedir al Espíritu Santo que nos espabile el alma para que tengamos el valor de salir a la calle, igual que lo hicieron los apóstoles, a incendiar el mundo con nuestra fe.
Aquel primer día se bautizaron tres mil, y unos pobres hombres, sin más patrimonio que la Gracia de Dios, comenzaron la conquista del Imperio Romano.
Hoy ha habido Confirmaciones en muchas iglesias de España. También en Madrid. Yo me he pasado por la Iglesia del Espíritu Santo y he comprobado que “mis chicas” se habían puesto guapas para recibir el Sacramento. Me temo que tengo instintos maternos.
Desde la última fila he asistido con cierta emoción a ese momento de la ceremonia en el que los confirmandos son llamados por su nombre y van respondiendo, uno a uno, para expresar su compromiso con Dios y con la Iglesia. ¿Sabrán conservar la fe y acrecentarla durante toda su vida? ¿Dejarán que el Espíritu Santo incendie su alma hasta consumirla del todo?
Por allí andaba María Bofarull —nuestra María, la indomable periodista y bloguera— que ejercía de madrina de su hermana Bárbara. Pensé que no la reconocería, pero sigue con la misma cara de quinceañera.
En la puerta de la Iglesia unos cuantos chavales que se resistían a entrar, fumaban el penúltimo pitillo y alfombraban la acera de colillas.
domingo, 11 de mayo de 2008
Ayer, Primeras Comuniones

No haré la crónica del evento, que probablemente tendría poco interés para los lectores; pero quiero repetir lo que ya dije en otra ocasión: las primeras comuniones me emocionan más que ninguna otra ceremonia. Cuando miro a los ojos de esos niños, que se acercan temblando a recibir a Jesús, me conmuevo y tengo que hacer serios esfuerzos para que no se me note.
Como esta vez eran sólo cuatro, les he regalado el cuento de “Regaliz”, que ya publiqué en el blog, con una dedicatoria para cada uno. Con este truco casi me he ahorrado la homilía.
A ver si me mandan las fotos y cuelgo alguna por aquí.
sábado, 10 de mayo de 2008
Al Rocío yo quiero volver...
Sólo he estado una vez el el Rocío. Fue, si no me equivoco, en 1963. Me pareció una gran locura, una desmesurada exageración. Yo había salido del País Vasco muy pocas veces. De Bilbao fui a Navarra y de Navarra a Barcelona. En octubre de 1962 crucé Despeñaperros por primera vez, y pensé que había llegado a otro Planeta donde valía la pena quedarse para siempre.
Poco a poco me fui convirtiendo a Andalucía. Algo tuvo que ver el Rocío con esa conversión.
viernes, 9 de mayo de 2008
La Idea

Regresaba a casa muy contento. Llovía con entusiasmo sobre Madrid y la alergia me había concedido un respiro en el sentido más literal de la palabra. Yo había predicado ya dos retiros (uno de mañana y otro de tarde) y, después de confesar a un montón de personas encantadoras, no me encontraba más cansado de lo corriente: o sea, como si me hubieran dado una paliza, pero una paliza moderada, sin abusar.
Entré en el coche y lo puse marcha; me dejé abrazar por el cinturón de seguridad, tomé aliento, y en ese preciso instante, me vino La Idea. ¿De dónde llegó? Lo ignoro, pero era una idea brillante, profunda y tan ingeniosa que me hizo sonreír. No era una reflexión muy abstracta, ya que apareció bien envuelta en palabras precisas que debería haber apuntado en la agenda.
Me sentí feliz con el hallazgo. Temo que incluso me piropeé a mí mismo, por haber sido capaz de concebir un pensamiento tan sugerente. Me lo imaginé redactado en el blog con la etiqueta “pensieri” que tanto gusta a mis lectores. Entonces miré hacia mi izquierda y la vista se me fue a una tarta de chocolate que había en el escaparate de la Pastelería Mallorca. Fue apenas una décima de segundo, pero me distraje tanto, tanto, que lo olvidé todo.
He llegado a casa. Me he puesto frente al teclado del ordenador y he llamado a La Idea para que vuelva. Pero es inútil. Ya no recuerdo qué fue aquello tan certero que me vino a la cabeza y que se fue en un suspiro. Ahora mismo no soy capaz de recordar siquiera a qué género o especie pertenecía il mio pensiero: ¿era una consideración filosófica, un endecasílabo italiano, un personaje de cuento infantil, un argumento contra el maniqueísmo, un poema satírico, un guión cinematográfico…?
No me digáis que no importa, que ya se me ocurrirán otras ideas mañana o pasado. Quizá no. Tal vez ésta sea la última de mi vida. Tal vez era esa idea que todo el mundo busca, la que Occidente necesita para salir de la crisis. ¿No hemos dicho tantas veces que son las ideas las que mueven el mundo?
Quizá alguno de vosotros se tropiece con ella por ahí, en el aire de la primavera. Es brillante, ingeniosa, positiva, quizá algo paradójica. Si la encontráis, es mía. Mandádmela por correo certificado a este blog, que hoy se acuesta sin un solo pensamiento original que llevar a la red.
jueves, 8 de mayo de 2008
Regaliz ( y III)
Tercera Parte
Caminaba Regaliz por la orilla del lago cuando vio una multitud a lo lejos, en la ladera de la montaña. El sol del atardecer iluminaba la figura de un hombre vestido de blanco que, sentado en lo alto de una roca, parecía hablar a los demás.
Movido por la curiosidad, fue acercándose poco a poco. Al principio no oía bien las palabras, pero sí la voz de aquel hombre, que era recia como un trueno y, sin embargo, cariñosa y dulce como una melodía.
Regaliz empezó a subir por la pendiente. Pocos minutos después se encontró sentado junto a Jesús.
Sí, era Jesús, y estaba rodeado de sus apóstoles, de los discípulos y de una inmensa multitud: había hombres, mujeres y niños. La mayoría no eran de allí (Abel conocía muy bien a la gente de aquellas tierras). Muchos estaban enfermos, y en los rostros de todos se leía el cansancio de una larga caminata.
Jesús contaba cuentos. Hablaba de pescadores, de un hijo que se marchó de casa, de un sembrador que echaba a voleo la semilla…
Y a Regaliz —como a todos— se le pasaron las horas sin darse cuenta.
Había empezado a anochecer cuando Jesús hizo una pausa y fijándose en la multitud que le escuchaba como embobada, se dirigió a un discípulo alto y de barba roja que estaba a su lado:
—Deberíamos comprar panes para que coman todos éstos, ¿no te parece, Felipe?
Felipe contestó:
—Pero, Señor… Harían falta más de doscientos denarios de pan para alimentar a tanta gente. ¿De dónde quieres que los saquemos?
—¿Cuantos panes tenéis?
Felipe y los demás apóstoles no sabían qué contestar. Seguramente se trataba de una broma de Jesús. Pero Abel, que había oído toda la conversación, comprendió que había llegado su momento, y dijo al oído de Andrés.
—Oye, yo tengo cinco panes y dos peces. Dile a Jesús que se los regalo.
Andrés sonrió:
—Aquí hay un chico que tiene… Pero ¿qué es esto para tantos?
Jesús se acercó a Abel:
—¿Me los regalas, Regaliz?
Al oírse llamar así, casi se muere del susto.
El Señor, entonces, tomó en sus manos los panes y el pescado, y mandó a la gente que se sentasen en grupos, porque, según dijo, iba a empezar la merienda. Entre el chico y los apóstoles encendieron unas brasas para asar los peces, y el aroma se extendió por la montaña, y abrió aún más el apetito de todos.
—Oye, ¿pero no habíamos quedado que sólo tenías dos peces? —preguntó Tomás— ¡Yo ya he asado cinco!
—Y yo cinco más, contestó Abel.
—Y yo diez, aseguró Mateo.
Para entonces los panes se habían multiplicado por cien o por mil, y las gentes, que no sabían muy bien lo que estaba pasando, aplaudían, gritaban y cantaban llenos de entusiasmo.
¡Cómo disfrutó Regaliz repartiendo sus panes y su pescado entre todos!:
—Toma, para ti. ¡Te lo regalo! Y si necesitas más me lo pides, ¿vale?
Al terminar, era ya de noche. Jesús se levantó e hizo ademán de marcharse.
A Abel le dio un vuelco el corazón. No se le había ocurrido que aquello pudiese terminar así, tan pronto. Echó a correr detrás de Jesús, y gritó:
—¡Espérame. Yo me voy contigo!
El Señor se detuvo, sonrió y con un pañuelo blanco limpió las lágrimas que ya se le escapaban a Regaliz.
—Todavía no. No te preocupes. Volveremos a vernos. Ahora tienes que ir a casa… Además hay que recoger las sobras. No querrás dejarlo todo así de sucio, ¿verdad? Mira a ver si puedes llevar algo a tus padres.
Abel regresó a casa ya muy tarde.
—¿Se puede saber dónde te has metido? ¿Qué traes ahí?
—He estado con Jesús. Entre los dos hemos dado de comer a miles y miles de personas. Mirad, aquí os traigo algo de lo que ha sobrado.
Abel les enseñó una gran cesta llena de panes y de peces.
—¿Pero cómo…?
—Muy sencillo. Pierdeplumas me regaló una pluma, y, al final, mira en lo que se ha convertido.
Antes de acostarse, abrió la bolsa para sacar las plumas de su colección. Pero…, ¿qué era aquello? Había también un pañuelo. Y todavía estaba húmedo de lágrimas… Jesús se lo había metido allí, sin que él se diera cuenta.
Regali
z comenzó a extender el pañuelo sobre la estera donde dormía. Y de nuevo sintió que el corazón se le aceleraba. Allí estaba la pluma otra vez: blanca, amarilla, roja y dorada.
Aquella noche tardó mucho en conciliar el sueño. Se durmió de madrugada con la pluma en la mano, pensando a quién se la podría regalar.
