No sé quien me metió en facebook ni quién me adscribió a diecisiete grupos de nombres la mar de sonoros, pero de los que nunca antes había oído hablar.
No sé de dónde han salido las fotos que adornan "mi perfil". Yo sólo puse una y no consigo eliminar las demás.
No sé por qué me llegan tantos y tan variados mensajes, comunicaciones, citas y amables interpelaciones.
El caso es que las redes sociales me exigirían una dedicación de varias horas semanales para no aparecer como un grosero.
En vista de lo cual, ya que estamos en tiempo de recortes, he sacado algunos propósitos:
1. Me borro de todos los grupos de facebook, menos de uno de carácter histórico-familiar que creó mi sobrino Manolo.
2. A las docenas de internautas que se asoman a mi correo diariamente para pedirme que los admita como “amigos”, los ignoraré por completo―les pido perdón desde aquí―, salvo que los conozca previamente y sean, de hecho, amigos míos fuera de Internet. Tampoco negaré mi cibernética amistad a las antiguas alumnas de Aldeafuente, a los de Gaztelueta y a los señores obispos: tengo varios en mi lista y la verdad es que adornan mucho.
3. Acabo de recibir un e-mail desde Australia en el que me comunican que he sido “favorecido con mil millones de libras esterlinas”. ¡Fantástico! ¿Veis? A estos sí que los admitiría como amigos.






