sábado, 4 de junio de 2011

Sonreír en la iglesia



En la Iglesia es preciso sonreír de vez en cuando:
ante la Santa Madre de Dios, alzada sobre la serpiente como si llevara tacones altos;
ante San Antonio, junto al que cuelgan los exvotos de hojalata cual máscaras mexicanas;
ante el escrupuloso, que no cesa de dar la tabarra al confesor musitándole sus cuitas al oído;
ante el seminarista enclenque, al que alimentan con el pecho de la teología;
ante los maridos, cuyos anillos chapalean en la pila del atrio cual dorados peces;
ante el sermón que concluyó antes incluso de haber comenzado;
ante quienes no viven las fiestas, sino que se limitan a rumiarlas;
ante el moralista, que durante la adoración sigue royendo el hueso de lo correcto;
ante los niños que se equivocan y comienzan a entonar:
―Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día;
ante esas cinco señoras delgadas y también ante esas cinco gruesas;
ante los enamorados que, al desmontar su corazón, encontraron el mecanismo del amor;
ante el existencialista, que, como zorro rojo, traslada sin cesar su soledad de un sitio a otro;
ante esa lágrima envejecida que se va secando sobre el confesonario;
ante el ideólogo, que recuerda a un “espanta-gentes”.

JAN TWARDOWSKI


viernes, 3 de junio de 2011

El pulpo enamorado

Una nueva pasajera del globo, que nos ha descubierto por casualidad, me envía desde Londres el vídeo que viene a continuación. En España hemos sido beneficiados por la sabiduría de un pulpo que previó sin la menos duda la victoria de la selección nacional en el mundial de fútbol; así que nadie puede extrañarse de la astucia de este octópodo.

jueves, 2 de junio de 2011

Lágrimas de junio



La chiquilla llora con ocasión y sin ella. Cuando debería estar feliz por las notas se le saltan las lágrimas porque, según dice, no se siente capaz de disfrutar de nada. Y si encima la suspenden en mates, ni te cuento.
El sicólogo de la familia trata de tranquilizarla explicándole que es cosa de la primavera, que escampará el gimoteo cuando el tiempo se estabilice, supongo que hacia el 40 de mayo, que es fecha muy socorrida.
El sicólogo debe de ser la mar de sabio, porque conoce el nombre científico de cada lágrima y cada suspiro de la chiquilla. No es que los cure, desde luego, pero tampoco se le puede pedir milagros.
Me cuenta la chiquilla que, según el sicólogo, a veces lloramos de dentro a fuera y a veces de fuera a dentro. Supongo que no lo ha entendido muy bien, pero a mí me sirve la imagen para hablarle de las lagunas de la Mancha: la mayoría son endorreicas, o sea, que surgen de abajo a arriba, cuando se desborda el acuífero, pero también hay otras que dependen de la lluvia y son simples estanques para patos. 
Le hablo de las aves acuáticas; se queda absorta, y yo compruebo la eficacia de la “ornitoterapia”, que es un tratamiento la mar de moderno que me he sacado de la manga. 
A continuación improviso más o menos como el sicólogo, y le explico que hay lágrimas melancólicas y mansas, como el sirimiri, que duran y duran, y hay lágrimas tormentosas, con rayos y truenos, que alborotan mucho pero se van pronto. También hay lágrimas-tornado, que lo destruyen todo a su paso, y lágrimas de cocodrilo…
A estas alturas la chiquilla ya está serena. Incluso ha sonreído un poquito. Y eso que no soy sicólogo ni cobro por la consulta. Ya sólo necesito rematar la faena.
―¿Se te ha pasado ya?
―Sí.
―A ver; sonríe.
El éxito es mediano.
―Y ahora cuéntame un chiste…
Fracaso total. El chiste es viejo y malo, capaz de hacer llorar a un poste de teléfono.

miércoles, 1 de junio de 2011

Un artículo importante

 ¿Cuántas prohibiciones más harán falta para ser verdaderos progresistas?
Leedlo, por favor aquí y poned vuestros comentarios en el mismo periódico para que sean realmente eficaces. Y eso que, por una vez, casi discrepo de mi tocayo: el Poder, es cierto, "puede" una barbaridad; pero esta batalla la vamos a ganar: la libertad acabará abriéndose paso entre esta maraña de "tontalitarios".

¿Por qué no te callas?


Una imagen bien expresiva. El pájaro de la izquierda es un gorrión común (passer domesticus) macho. El de la derecha es su cónyuge, o sea, una hembra de la misma especie. Al parecer la hembra llevaba media hora dando la tabarra a su esposo a cuenta del pago de la hipoteca del nido, cuando éste exclamó:
―Pipirrioipipiu...!
Lo cual, según la famosa ornitóloga Cornelia puede traducirse por "cierra el pico, cariño". 
Agradezco a Cordelia su valiosa información, que confirma la extraordinaria semejanza que existe entre las costumbres humanas y las de la aves.

martes, 31 de mayo de 2011

La Virgen se va de Romería


¿A dónde vas, María, tan deprisa? No te marches ahora, hija mía. Mira que el viaje es largo y los caminos están llenos de bandidos y salteadores.
¿Isabel? Hace años que no sabemos nada de ella. Cuentan que su esposo tuvo una visión en el Templo mientras oficiaba la ceremonia del incienso y perdió el habla por completo; pero de ella no hay noticias fiables.
¿Un niño? ¿Quién te ha contado semejante fantasía? Tu prima es casi una anciana… Además, ¿cómo vas a reconocerla? Cuando estuvimos allí la última vez, yo aún te tenía en brazos.
¿Por qué sonríes como si fueras una niña traviesa? ¿Por qué te llevas las manos a la cintura como si guardaras un secreto que no puedes revelar?
Ya ha llegado la caravana. Hasta el borrico parece agitado, con ganas de salir al camino.
Vete con Dios, hija mía. Yo sé que Yahvé va siempre contigo y sus ángeles te servirán de escolta. Vuelve pronto, que tu esposo y yo ya te echamos de menos . 
(Fiesta de la Visitación de Nuestra Señora)





lunes, 30 de mayo de 2011

Los lunes, publicidad

Tenía que poner aquí este anuncio. Es el nuevo Citroën C3, que, de momento, se está portando como un campeón. 

 


Me pregunto si, después de este anuncio, la casa Citroën me hará una pequeña rebaja.


domingo, 29 de mayo de 2011

Los domingos..., abejarucos

Me los envía el autor del vídeo, filmado hace pocos días

ABEJARUCOS from Carlos Cotelo on Vimeo.

La música y la letra de mi tierra

A la izquierda, Portugalete con el Serantes al fondo. A la derecha, Las Arenas, Punta Galea...

Las Arenas es una gran ciudad en miniatura. Todo lo que uno puede necesitar está muy cerca, a cuatro o cinco manzanas. No se echa en falta nada. Se diría que es una metrópoli de juguete pensada para atrapar al visitante, para que no se escape nadie. Bilbao está a doce kilómetros, pero ¿a quién se le ocurriría desplazarse tan lejos? Como no sea para ver al Athletic en San Mamés… La calle Serrano de mi Madrid no logra aproximarse, ni de lejos, al ambiente de esta urbe cosmopolita y burguesa, que cabe en la palma de una mano.
Las Arenas es un almacén de recuerdos de mi infancia, que trato de reconstruir cuando camino por sus calles. Sus boutiques, sus restaurantes de todos los niveles, el Club marítimo, el paseo que bordea el puerto deportivo, los bares repletos de pintxos con sus tentadoras terrazas, las librerías, los kioscos de periódicos, el aroma de las confiterías y del pan recién horneado; los antiguos chalets del Paseo de Zugazarte, y sobre todo las gentes que llenan las calles llueva o haga sol, dan al pueblo una personalidad insólita como no he visto en ningún otro lugar de España.
Las Arenas tiene música y letra. La música es el conjunto de las voces, la sinfonía de acentos, el deje característico de esta tierra que me suena a música celestial, tal vez porque yo lo perdí hace años y ahora trae a mi memoria la onda sonora de mis padres, mis hermanos y primos, los viejos amigos del colegio.
¿Y la letra? ¿De qué hablan las gentes por las calles de Las Arenas? En mis largos paseos me gusta ir atrapando retazos de conversaciones siempre altas y sonoras, como corresponde a la tierra. Mi conclusión es que hemos cambiado y no para bien. Nos hemos vuelto soeces y ombliguistas.  Por una parte hay demasiadas obscenidades, irreverencias absurdas y monótonas blasfemias en niños y adultos, en hombres y mujeres, que ya no sorprenden a nadie, a mí tampoco. Si acaso me desconciertan por oírlas con una música bilbaína que en otras épocas era limpia e inocente. Por otra parte, está la política; iba a decir la maldita política local, centrípeta y egoísta, que lo envuelve y ensucia todo. ¿De dónde nos ha llegado este espíritu victimista y pueblerino? Nadie se enfade conmigo, por favor. Escribo deprisa, sin matizar, con orgullo, pero también con pena.
Durante mi paseo por la Calle de la Amistad, alguien ha gritado mi nombre. Me vuelvo hacia la voz y veo a un hombre de mi edad, gordinflón y sonrosado, que insiste:
―¿No me conoces, o qué? Estás igual que hace cuarenta años…
Le confieso que no tengo ni idea… Se identifica. Me da un abrazo que lleva aroma de vino tinto y trata de invitarme “a tomar algo aquí mismo”.
A duras penas me zafo de mi viejo conocido y regreso a casa de mi madre rezando el Rosario. Aún falta más de una hora para el partido.