martes, 13 de noviembre de 2012

TULULO III



Jose Ignacio me remite esta perla sacada de la prensa. Leedla, vale la pena. 

La profesora echó un vistazo por el ventanuco desde el que se divisaba una esquina de La Caleta de Cádiz. Daba clase en un colegio de la provincia, y, aunque era sevillana cerrada, los gaditanos le encantaban. Encima de la mesa de su estudio, unos cien exámenes para corregir. No se dejó invadir por la pereza, se sirvió un té frío y se sentó a la tarea. Antes, una última ojeada a la luz inmensa sobre el mar.
Los ejercicios, 4.º de la ESO, trataban sobre las lenguas peninsulares y alguna cuestión de cultura general que había conseguido ir metiendo con calzador a los chavales: un poco de arte, unas pinceladas de historia.
Leyó el primero: «Los versos utilizados en España antes del Renacimiento eran, mayormente, el dodecaedro y el octoedro». ¡Virgen Santa del Rocío! Tachó la respuesta, pero incorporó un «jajajá» con el rotulador rojo en el margen. No se desmoronó. En el tercero de los folios, se afirmaba literalmente: «El euskera es una lengua bilingüe». Se quitó las gafas, se masajeó las sienes: no podía ser cierto. Pero lo era, porque, según otro alumno: «El euskera se cree que llegó del Cáucaso [sic] con una familia de inmigrantes». Y todo ello, claro, escrito en lo que quería ser un andaluz fonético. Por ejemplo: «El gallego es de origen griego derivado del latín», que aparecía como «er gayego e dorihen jriego deribao der latín».
De pronto, una respuesta le hizo fijar su atención de modo especial: «Tululo III». Allí estaba, como contestación a la pregunta número 12. «Tululo III». ¿Tululo Tercero?, se preguntó, ¿pero cuándo hablé yo de un Tululo Tercero? ¿Qué habría entendido aquella alma cándida? Preocupada, repasó la lista de reyes, de papas. ¿Tululo Tercero? ¿Acaso había querido decir Tululo Tres? Es posible, pero ¿quién es Tululo Tres, en todo caso? Ya está, pensó, este elemento metió aquí a algún cantante de moda o a algún personaje de «Gran hermano», a algún Camilo Sesto moderno, armándose un taco. Se preparó otro té, más frío aún. Sonrió recordando aquel gazapo de un periódico que puso como pie de foto «Inocencio Díez» bajo una reproducción del retrato velazqueño del Papa Inocencio X.
Ahí fue cuando se le encendió la bombilla. Recordaba, en efecto, haber explicado algo de pintores famosos en una de las clases. Recordó enseguida que había insistido mucho en que prestaran atención, que aquello iba a ser asimismo materia de examen, que guardaran silencio. Sí, incluso había llevado diapositivas al aula. La intuición le fue creciendo dentro como un irresistible golpe de mar. Algo tenía que ver el «Tululo III» de los demonios con aquella jornada. Algo, pero qué. Agitada, fue en busca de la cartera donde guardaba las preguntas del examen que había puesto. Encontró la de marras y aún quedó más perpleja. La había formulado así: «Escribe el nombre de algún pintor francés famoso». Y Tululo III ¿qué tenía que ver con eso? Ella misma fue repasando en su memoria los artistas franceses: Monet, Manet, Pissarro, Sisley, Morisot, Delacroix, Renoir, Cézanne, Gauguin.
Cuando cayó en la cuenta, hubo de sentarse de golpe en el sofá. Aquella clase se le vino al punto, imagen tras imagen, palabra tras palabra: «A ver, niños, hoy vamos a estudiar a un pintor muy bohemio y muy bueno que se llama Toulouse Lautrec». Y, claro, ¿cómo pronuncia esa frase una sevillana adoptada por Cádiz? Muy sencillo: «Vamo a estudiá a un pintó mu bohemio y mu güeno que ze yama Tululotré». Y el niño, sabedor de Felipes III, de Carlos III, de Abderramanes III, de tanta gente que ha sido III en la historia, no tuvo duda al copiar en su cuaderno el nombre del artista: «Tululo III». ¡Ole y ole, chaval!
Francisco García 
 

lunes, 12 de noviembre de 2012

En el año de la fe (20)


...en tiempo de Poncio Pilato


Tampoco está nada mal este comentario que me envía Fernando Querol. No me resisto a ponerlo, ya que se trata de otro punto de vista sobre la presencia de Pilato en el Credo.


Y fue entonces, justo entonces, ni antes ni después, cuando Dios envió a su Hijo para salvar al mundo.
Parecería un detalle menor el incluir una  referencia al gobernador de Roma en Judea, pero en absoluto lo es. Afirmando que creemos que Dios Hijo fue muerto y sepultado "en tiempos de Poncio Pilato", encuadramos la Historia del Hijo de Dios en un determinado periodo de nuestra historia, y en un concreto lugar. Dios viene al mundo a diario. Ya estaba aquí antes de nacer en Belén. Sigue aquí después de ascender y sentarse a la derecha del padre. Pero, en tiempos de Poncio Pilato, se encarnó de María la Virgen. En tiempos de Poncio Pilato se hizo hombre, y por nuestra causa fue crucificado, padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercer día, en tiempos de Poncio Pilato.
Aquello fue real, cierto, concreto, certero, temporal, desgarrador, hermoso, esperanzador, necesario, único. Lo que afirmamos en el Credo ocurrió donde y cuando tenía que ocurrir, justo donde Dios Padre había previsto que ocurriera, y en el preciso momento que Dios Padre decidió que ocurriera: en tiempos de Poncio Pilato.

 

Donde pido perdón a mis comentaristas censurados

Resulta que Google, cada día más tiránico y posesivo, ha incluido en una carpeta de spam buena parte de los comentarios recibidos esta última semana. A Rocky Balboa, por ejemplo, no le ha dejado pasar ni uno. Tampoco a mi odiador predilecto, que probablemente está mal del coco y lleva una temporada sin tomarse las pastillas. 
Cuando descubrí el problema, traté de salvar del ostracismo a los comentarios normales, pero todos  desaparecieron en el éter.
Creo que ya he resuelto el problema, pero si no fuera así, decídmelo: no es mi costumbre rechazar por principio las intervenciones de los lectores. 
Sorry

El anuncio del lunes



David, pasajero habitual de este globo, me escribe desde Polonia y nos invita a ver este trailer de una gran película. Entre otras cosas, dice lo siguiente:

"Esta semana tuve la suerte de asistir al estreno de un gran documental, The Human Experience, acerca del valor de la vida. Los protagonistas, dos hermanos que tuvieron problemas en casa y acabaron en un orfanato, buscan el sentido de la vida a través de las experiencias de las personas que peor lo pasan. Lo sorprendente es que dichas personas son felices, a pesar de los problemas que tienen, que no son pocos. 
El documental está lleno de optimismo y mueve al espectador a dar más, a salir de su egoísmo a buscar a los demás que son los que al fin y al cabo nos dan la alegría. Por si esto fuera poco, también está impregnado de Dios y se habla continuamente de Él. El testimonio de estas personas, tan poco agraciadas, acerca de Dios no deja  impasible. 
La película, está más orientada a la gente alejada de la fe,. Por eso, en mi opinión, se se pone el acento en la generosidad y entrega humana, más que en la fe, a pesar de que, como ya he comentado, Dios está continuamente presente.
Le escribo para pedirle que lo publique en su blog. Es un gran documental producido hace hace varios años, pero sigue siendo poco conocido. Espero que el trailer mueva a muchos distribuidores a ponerlo en los Cines. De verdad, vale la pena."

domingo, 11 de noviembre de 2012

En el año de la fe (19)


Sobre Poncio Pilato me habéis enviado 7 comentarios estupendos. La verdad, no me lo esperaba. Todos son válidos, pero no creo que el Procurador de Roma se merezca tanto.    Debo elegir sólo uno y me decido por el que me envía Rosario, a quien conocí hace tantos años en Valencia.

Por nuestra causa fue crucificado
en tiempo de Poncio Pilato





















Lavarse las manos a veces no basta 

Pilato está ahí, entre las verdades de Fe de nuestro Credo. No aparece Pablo, ni Pedro, ni Juan… Los cristianos lo nombramos los días grandes, días de fiesta, en el momento más bello de la jornada.
Pero cuánta culpa le echamos. El poder y la riqueza. La fama. El aprecio de Roma. La vacilación. Una pizca de soberbia…
Y el caso es que todo esto me suena, me queda tan cercano como el teclado con el que escribo o la lluvia que ha mojado las calles de mi ciudad. A pesar de los dos mil años y pico.
«Y por nuestra causa fue crucificado»
No me importa, Señor, que nadie conozca mi nombre. Qué más da. Sólo me importa que Tú lo anotes ahí, junto a tu costado abierto, entre tus llagas, para que de una vez por todas comprenda la verdad de nuestra fe y me empape, gota a gota, de tu misericordia. ¿Como Pilato? Tal vez. Ojalá al tercer día recordara aquel sueño de su mujer.

Rosario Mas

sábado, 10 de noviembre de 2012

En el año de la fe (18)


Se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre

Tu Encarnación, Señor, no fue un disfraz ni un maquillaje. Te tomaste en serio nuestra condición terrena. Fuiste carne y sangre, inteligencia y voluntad humanas. Lloraste con lágrimas de hombre y aprendiste a reír con cada centímetro de tu piel, como sólo saben reír los niños. Tu corazón empezó a latir igual que el mío, como un sismógrafo capaz de medir con precisión la intensidad y el ritmo de tus emociones. Aprendiste incluso a aprender, porque en este mundo nadie nace sabiéndolo todo. Tu Madre te enseñó a usar los cubiertos, a lavarte y a peinarte; a ser cortés, recio, valiente, generoso…
Eras Dios, pero aprendiste a obedecer como una criatura. Supiste cansarte en el trabajo y te enseñaron a descansar para rendir más al día siguiente. Hablabas igual que tu padre José. Sin darte cuenta imitabas sus expresiones sus gestos, su acento galileo…
Fuiste débil, porque fuiste Hombre. ¡Cuántas veces te vi caer derrengado y dormir en el suelo después de muchas horas de camino!
Y en el colmo de tu humanidad, te hiciste mortal. Tu cuerpo, como el mío, traía inscrita bajo la piel su fecha de caducidad. Por eso pudieron matarte. Semetipsum exinanivit formam servi accipiens (…) «oboediens usque ad mortem. Así lo dijo San Pablo: “se anonadó a sí mismo tomando naturaleza de siervo (…) obediente hasta la muerte.”
Ahora, a la derecha del Padre, tu cuerpo glorioso resplandece para siempre, vencedor del pecado, de la muerte y de la corrupción. Pero yo sé ―lo creo firmemente― que también allí, en el Cielo, Dios tiene un corazón que late como el mío.
Ojala pudiera acompasar mis latidos a los suyos.
 

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Por qué gritan tanto?



Cuando oigo cómo discuten a algunos contertulios de la radio y cuando veo que también mis amigos emplean el mismo todo agresivo, rotundo, y vociferante para hablar de cuestiones políticas, me viene a la cabeza aquella frase idiota, tan repetida, que comenté aquí hace unos días. Claro que en esta ocasión habría que darle la vuelta:
―"Se puede decir más claro, pero no más alto."

En el año de la fe (17)


Antuán, comentarista habitual en este globo, casi siempre me sorprende. He aquí su brevísima  reflexión de hoy.


"Se encarnó de María Virgen".

"Ahora sabemos de qué barro estamos hechos. 
Somos hechura de Dios, creados para la eternidad, gracias a que Jesús tomo la naturaleza humana divinizando ese barro nuestro.
Nació de María Virgen."
Antuán





jueves, 8 de noviembre de 2012

En el año de la fe (16)



Por obra del Espíritu Santo 
se encarnó de María Virgen (I)



Creo firmemente que María Santísima es la Hija predilecta de Dios, la más amada, la elegida desde antes de todos siglos.
Creo firmemente que Dios Padre la hizo bellísima en el alma y en el cuerpo, colmada de dones y tan graciosa como corresponde a la que iba a ser madre del Redentor.
Creo firmemente que fue concebida sin la menor sombra de pecado.
Creo firmemente que el Espíritu Santo, la amó con amor esponsal y le pidió que le entregara su alma y su cuerpo. María fue Virgen para ser esposa del Dios-Amor.
Creo firmemente que es posible amar a Dios con un corazón de carne y entregárselo entero si Él nos lo pide. Y creo firmemente que esa llamada divina es una prueba de predilección, un tesoro escondido que tal vez tú puedas encontrar.