lunes, 18 de marzo de 2013

El anuncio del lunes

Dani y Manolo me envían a la vez un anuncio en el que se demuestra que no son necesarios demasiados efectos especiales ni una música impactante para hacer una publicidad eficaz y rotunda. Basta con tener talento.
Los creadores de este spot lo tienen por arrobas, y demuestran que el papel sigue teniendo futuro.  
                                         

domingo, 17 de marzo de 2013

Un gran Papa


Desde hace unos días no cesan de llegar informaciones sobre el Santo Padre recién elegido. Los llamados "vaticanistas", después de hacer el ridículo con sus pronósticos para el cónclave, siguen especulando impertérritos sobre el Papa Francisco.
Gracias a Dios, tenemos Internet y los vídeos no engañan. Éste que pongo hoy dura un cuatro de hora, pero vale pena verlo y escucharlo con atención. Tenemos un gran Papa.


Cartas al Papa


A la espera de que me envíen las que han escrito las alumnas más pequeñas de Aldeafuente, reproduzco el e-mail de Paula, que tiene 8 años, es rubia, tiene unas gafas preciosas y hará la primera comunión dentro de un par de meses. Ella piensa que yo tengo acceso directo con el Santo Padre.
Ya le he aclarado las cosas y le he pedido permiso para publicar en el globo (sin faltas de ortografía) lo que sigue:
Hola don Enrique. Mi hermano y yo hemos escrito una carta muy chula al Papa, pero todavía no nos ha contestado porque no habrá tenido tiempo. Si no la ha recibido, ¿podrías decirle tú de mi parte que le quiero mucho y que le mando un beso superfuerte? Cuando haga la primera comunión le diré a Jesús que le cuide mucho hasta que se muera.

sábado, 16 de marzo de 2013

Otra vez Sonsoles Calavera

Si me maquillo así a lo mejor no me reconocen 
Esta vez ha venido a buscarme a Molinoviejo acompañada de sus padres, y me ha hecho una oferta que no he podido rechazar: un programa de televisión en directo, el próximo Viernes Santo por la mañana. para hablar de la Semana Santa y de la Pasión del Señor.
Como también aparecerá mi último libro, mis editores se pondrán muy contentos y yo muy colorado. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Los cerezos y el hielo




Me llegan todo tipo de noticias, fotografías, vídeos, testimonios, etc. sobre el Santo Padre, y no sé qué hacer. Me parece magnífica esa avalancha informativa y comparto el entusiasmo que ha despertado en la Iglesia la figura del Papa Francisco, pero no puedo hacerme eco de cada una de esas informaciones: no haría otra cosa.
Hoy he estado “de excursión”. He cogido los prismáticos y he caminado en total unos quinientos metros. Como los pájaros siguen con la bufanda puesta y los caminos están congelados, he regresado a casa y he leído un libro estupendo: “los cerezos en flor” *, un relato a muchas voces de los comienzos de la labor del Opus Dei en Japón. 
* José Miguel Cejas, Los cerezos en Flor. Ediciones Rialp, 2013 

 


jueves, 14 de marzo de 2013

No éramos los únicos


Seis sonrisas en el mismo balcón

Acabo de enviar a Mundo Cristiano este artículo. Debería ser honrado y esperar a que salga en papel para ponerlo en el globo, pero esta vez no he podido contenerme. Aquí está. Espero que no se enfaden en la revista.



Querido Benedicto XVI:

Comencé esta sección de Mundo Cristiano hace tres meses con el propósito de mandar e-mails públicos a hombres y mujeres de cierta relevancia ya fallecidos: Juan Pablo I, Neil Armstrong, Telmo Zarra…. También pensé escribir a personajes literarios como Harry Potter o Mafalda, que quizá nunca existieron, pero han tenido mucha más vida virtual que sus propios creadores.
Sin embargo, hasta hoy nunca se me pasó por la cabeza dirigirme a alguien como usted, Santidad, que incluso puede contestarme con un twit o un watsapp, ya que, gracias a Dios, continúa con nosotros por muchos años y, según parece, maneja las nuevas tecnologías. Es cierto que “está oculto para el mundo” ―cito sus propias palabras―, pero no me cabe duda de que el mundo no está oculto para usted.
Quería contarle, Santidad, que esta mañana a las ocho y media he dirigido la meditación en una casa de retiros a un grupo de veintitantas mujeres. Como es jueves, antes de comenzar la predicación, he abierto la puerta del Sagrario para que quede a la vista el pequeño copón que contiene las Sagradas Formas.
En ese momento me he dejado llevar por la fantasía. No tengo arreglo; siempre me ocurre lo mismo; mi capacidad de fabular es imparable y me distraigo con cualquier cosa. Debería haber estado atento sólo a lo que tenía entre manos, pero, al abrir la puerta del tabernáculo, imagine que estaba frente a la fachada de la Basílica de San Pedro en Roma y que yo mismo descorría las cortinas de la loggia central para mostrar al mundo la figura blanca y sonriente del Santo Padre.
He dicho entonces en voz baja dos palabras del “Adoro te devote”: latens Deitas, Dios escondido. Y, puestos en pie, comenzamos a recitar en voz alta ese himno eucarístico, que he rezado centenares de veces.
En efecto, en el Sagrario, en el copón, en las especies sacramentales, se esconde el mismo Dios. Y, bajo la sotana blanca del nuevo Pontífice de Roma, se esconde Jesucristo, que nos bendice y sonríe.
He visto esta misma escena en seis ocasiones: la primera, en octubre de 1958. Estaba yo en Pamplona y acababa de comenzar la carrera de Derecho en el “Estudio General de Navarra”. El Papa recién elegido se llamó Juan XXIII y sonreía como un abuelo cariñoso. Cinco años más tarde, a pocos días de licenciarme en Sevilla, volvió a abrirse la puerta de aquel balcón y apareció la esbelta figura de Pablo VI. Mucho después, en agosto de 1978, no necesité la televisión para estar presente en la aparición de Juan Pablo I: su sonrisa iluminó la Plaza de San Pedro durante apenas un mes, pero era también, la sonrisa de Dios.
En el mes de octubre de ese mismo año, Juan Pablo II nos dijo desde aquel balcón que había tenido miedo, que confiaba en nuestras oraciones y hasta nos pidió que le corrigiéramos cuando se equivocarse al hablar en italiano. En aquel Papa, venuto da lontano, descubrimos el rostro de Cristo: un Cristo joven, deportista, alegre, maltratado, herido, enfermo, anciano, moribundo…
Y por fin, llegó usted. Yo estaba, como ahora, predicando en una casa de retiros cuando una nueva fumata blanca anunció al mundo que Cristo volvería a asomarse  al balcón de San Pedro. Cuando le vi aparecer, comprendí que ya no estaba frente al “teólogo Ratzinger”, al que admiré y leí apasionadamente durante años. De nuevo, la sonrisa; la misma sonrisa del dolce Cristo in terra.

Y, por fin, hace pocos días…, un nuevo Papa. Esta vez fallaron todas las quinielas. Parecía abrumado, incluso abatido. Debe de ser tremendo revestirse de Cristo y comprender que el corazón se comienza a dilatar hasta abarcar el mundo entero.
El Papa quedó unos segundos en silencio, con los brazos caídos, sin fuerza. Él sabía ya que, de ahora en adelante, será “como un sacramento” de la presencia de Cristo en el mundo; que en él no veremos a un personaje público más o menos relevante, sino a ese Jesús escondido que sigue dando la vida por sus ovejas.
Al fin nos regalo su sonrisa y hasta nos hizo sonreír con sus primeras palabras. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Oremus pro Papa nostro Francisco


Después de un día de emociones contenidas junto al televisor, hemos preparado en Molinoviejo la Santa Misa por el Papa, que celebraré mañana. Comenzaremos con una de estas tres oraciones que propone la liturgia: 


Dios nuestro,
que en tu providencia quisiste fundar tu Iglesia
sobre la roca de Pedro, el jefe de los apóstoles,
mira con bondad a nuestro Santo Padre, el Papa Francisco,
y ya que lo has constituido sucesor de Pedro,
concédele que sea para tu pueblo
principio y fundamento visible
de la unidad en la fe y de la comunión en el amor.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, 
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.



Dios nuestro, pastor y guía de todos los fieles,
mira con bondad a tu hijo Francisco,
a quien constituiste pastor de tu Iglesia,
y sostenlo con tu amor,
para que con su palabra y su ejemplo
conduzca al pueblo que le has confiado
y llegue, juntamente con él, a la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, 
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.


Dios nuestro,
que en la serie de sucesores de Pedro
elegiste a tu siervo Francisco,
como vicario de Cristo y pastor de tu pueblo,
escucha nuestras súplicas
y concédenos que confirme en la fe a sus hermanos
y que toda la Iglesia viva en comunión con él,
unida por el vínculo del amor y de la paz,
para que todos los hombres encuentren en ti,
Pastor eterno, la verdad y la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, 
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Milagro en la Plaza del Obradoiro

Si ponéis este vídeo a toda pantalla con la luz de la habitación apagada y los altavoces en forma, os quedaréis con la boca abierta de par en par durante los próximos quince minutos. Cerradla, por favor, que hace mucho frío y os puede dar algo.
Gracias, Jose Ignacio, por enviarme esta maravilla.