jueves, 6 de febrero de 2014

Hay que leer este artículo

José Luis Restán acaba de publicar en paginadigital este magnífico artículo. Lo reproduzco entero porque pienso que vale la pena leerlo con atención y difundirlo. Los cristianos tenemos el derecho y el deber de defender a la Iglesia.



Un informe tramposo pero muy oportuno
 
Treinta años después de la época más dura en lo que se refiere a los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, tras miles de procesos que han condenado a unos y absuelto a otros, después de la dura purificación a la que Benedicto XVI quiso someter a toda la Iglesia por estos terribles pecados de algunos de sus miembros, cuando son de sobra conocidas las nuevas normas y procedimientos puestos en marcha por la Santa Sede y numerosos episcopados, cuando en definitiva la Iglesia ha estado dispuesta a purgar en la plaza pública por una lacra que afecta a toda la cultura occidental del post-sesentayocho, llega el Informe del Comité de la ONU para la protección de la infancia. Y llega como si estuviéramos en el punto cero, como si nada hubiera pasado. Un poco a destiempo, ¿no? Quizás no, quizás siempre es momento cuando se trata de generar lo que el sociólogo Introvigne denominaba “pánico social”: la figura de la Iglesia se perfila monstruosa, y así quedaría amortizada como factor protagonista del presente.
El observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, en Ginebra, ha mostrado su gran perplejidad por los contenidos de un informe que parece que estuviera ya preparado antes del encuentro del Comité con la delegación de la Santa Sede, que ha dado respuestas precisas y detalladas que no han sido después recogidas en este documento, que no ha tenido en cuenta lo que en estos últimos años se ha hecho por parte del Vaticano y por las diferentes conferencias episcopales.
Pero aparte de este juego sucio, que seguramente la ONU no se permitiría con otros sujetos sociales, es llamativo el hecho de que uno de sus miembros haya sido llamado a capítulo, auditado, interrogado y finalmente juzgado, como si el problema de los abusos que salpica terriblemente a todo tipo de estamentos fuese un problema específico de la Iglesia Católica. Los números de la vergüenza eclesial son tremendos y Benedicto XVI nunca quiso esconderlos, pero es necesario ponerlos en relación con la totalidad brutal del problema. Naciones Unidas no parece preocuparse, por ejemplo, de que en los Estados Unidos han sido cinco veces más los casos imputados a pastores de comunidades protestantes, o que en el mismo periodo en que en ese país fueron condenados cien sacerdotes católicos, fueron cinco mil los profesores de gimnasia y entrenadores deportivos que sufrieron idéntica condena. Un dato especialmente horrendo es que el ámbito más habitual de los abusos sexuales a menores es precisamente el de la familia, donde suceden dos tercios del total de los casos.
Mons. Tomasi ha reiterado su deseo de responder con serenidad a los interrogantes que todavía permanecen, de manera que el objetivo fundamental de la protección de los niños pueda ser alcanzado. “Se habla de 40 millones de casos de abuso de niños en el mundo. Por desgracia, algunos de estos casos –aunque en proporciones muy reducidas en comparación con todo aquello que está ocurriendo en el mundo– tocan a personas de Iglesia. Y la Iglesia ha respondido y reaccionado, ¡y continúa haciéndolo! Debemos insistir sobre esta política de transparencia, de no tolerancia a los abusos, porque con que hubiera solo un caso de abuso de un niño ya sería demasiado”.
Quizás la clave de lo sucedido se encuentra en los párrafos del Informe que desatan un vergonzoso ataque a la enseñanza de la Iglesia en materia de aborto y relaciones sexuales. Un organismo de la mega-estructura de la ONU, que parece tener vida propia, se permite asaltar la libertad y la identidad de un Estado miembro como el Vaticano, más aún, de una realidad histórica, social y moral, como la Iglesia Católica. ¿Se imagina alguien que este Comité la emprendiese contra la concepción moral del islam o del budismo? Como reza con santa paciencia el comunicado oficial, “la Santa Sede lamenta ver en algunos puntos de las Observaciones Conclusivas un intento de interferir en la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa… y reitera su compromiso en la defensa y la protección de los derechos de los niños, en línea con los principios promovidos por la Convención sobre los Derechos de los Niños y según los valores morales y religiosos que ofrece la doctrina católica”.
Quizás los sesudos miembros del Comité están más preocupados por combatir la voz de la Iglesia que de proteger a los niños. Porque a estas alturas es difícil ignorar de buena fe que el pansexualismo y la cultura anti-familia son el caldo de cultivo de una lacra que abarca con sus tentáculos desde Hollywood a los selectos salones de la progresía europea, pasando por tantos hogares supuestamente “normales”. La tragedia de muchos sacerdotes ha sido abandonar la fuente viva de la tradición eclesial para entregarse a los cantos de sirena de algunas falsas liberaciones. Como dijo hace pocos días el papa Francisco “los escándalos tuvieron lugar porque la Palabra de Dios era algo raro en esos hombres” que habían reducido la fe a costumbre, a comodidad y poder. Y esa sí es una lección que no podemos olvidar.

miércoles, 5 de febrero de 2014

El globo entre huracanes



Eso dicen los meteorólogos; que estamos entre dos tormentas a cual más pavorosa. Ayer los pinos de Molinoviejo sufrieron el primer embate y aguantaron a duras penas. Desde la ventana los veía agitarse con dolor, como mástiles gigantescos de una flota de veleros a punto de naufragar.
Esta noche la música de viento no ha contribuido a tranquilizarme, pero a eso de las 12 todo pareció calmarse.
Esta mañana he pasado lista: todos los pinos estaban en su sitio, enhiestos y firmes. Luego salió el sol. El aire, en posición de descanso.
Al mediodía, la meteoróloga de turno dice que no me confíe, que el próximo huracán nos embestirá por el Oeste y lo peor está por venir.
¿Con tales previsiones, quién piensa en hacer volar el globo? De momento quedémonos en tierra. Ya se me ocurrirá algo cuando pase la tormenta.  

lunes, 3 de febrero de 2014

Sobre el ataque al Cardenal de Madrid


Se ha publicado en la prensa. Hemos visto las fotografías de un grupo de mujeres medio desnudas atacando en plena calle a Mons. Antonio María Rouco, Arzobispo de Madrid, de 77 años. Ha habido algunas reacciones (pocas) de protesta y de indignación. Hoy mismo he recibido un e-mail que se pregunta:
"Enrique , ¿qué tiene que pasar para que los poderes públicos se enteren de que su misión es proteger la libertad religiosa?"
De acuerdo, amigo; yo también me indigno y escribo ahora mismo al Ministro del Interior, pero no dejo de preguntarme a qué esperamos los cristianos para defender pública y personalmente a la Iglesia, con gestos, con palabras, con gritos; con obras.
Leo en un diario de inspiración cristiana, que el Cardenal no responderá porque cumple con el mandato de Jesús y pone la otra mejilla. Magnífico. Trataré de hacer yo lo mismo si un día soy víctima de un ataque; pero, cuando el agredido es otro, y ese otro es mi padre, mi obispo o el Papa, no vale escudarse en el Evangelio para quedarse en casa con nuestra sonrosadas mejillas a salvo. 

El anuncio del lunes

Ahora que el Atleti de Madrid encabeza la liga, parece justo reservarles el anuncio del lunes, aunque solo sea para ver cómo Villa felicita a los chinos la llegada del año del caballo.
 

sábado, 1 de febrero de 2014

Luis, sus aforismos, el Barça y la Peineta



Este globo está en condiciones de desmentir que la derrota del Barça ante el Valencia tenga algo que ver con que Luis Aragonés acabe de llegar al Cielo y esté intrigando por allí arriba.
El propio Luis, cuando alguien le informó de que rezaba por la victoria de la selección española frente a Rusia en la Eurocopa de 2008, declaró con el desparpajo que le caracterizaba:
"Dios no se mete en estas cosas, es justísimo. No va con España ni con nadie..., aunque, claro, Rusia es atea".  
En cambio, la dirección de esta página propone que el nuevo estadio del Atlético de Madrid, conocido como "La Peineta",  sea llamado de ahora en adelante "Estadio Luis Aragonés". 
Asimismo desmentimos que la Real Academia de la Lengua haya concedido el grado de Académico a título póstumo al conocido entrenador por su contribución a la aforística castellana,
Descanse en paz.


viernes, 31 de enero de 2014

Atarse para ser libres


Querido Ulises:

Han pasado casi treinta siglos ―centuria arriba, centuria abajo― desde que emprendiste viaje de regreso a Ítaca, al acabar la guerra de Troya. Tenías que recuperar tu reino, y además te esperaba Penélope, tu fiel esposa y Telémaco, tu hijo. ¡Menudo viaje! Fue tan largo y peligroso que dio lugar a “La Odisea”, un excelso poema épico de 24 cantos que sigue vivo, a pesar de lo que ha llovido desde entonces, gracias al genio de Homero.
Como sabrás, ahora recorremos distancias muchos más largas volando sobre las nubes en modernas carrozas de fuego, atendidos por sirenas uniformadas que nos obsequian con mágicos manjares para hacernos más grata la travesía. Tú, en cambio, lo pasaste regular. Contabas con la protección de Palas Atenea, hija del mismísimo Zeus, pero los demás dioses (¡diosecillos!) te lo pusieron difícil con sus engaños y trampas. Venciste a al gigante Polifemo, a su padre, Poseidón, a los lotófagos, a un par de hechiceras y qué se yo…
Quizá el pasaje más conocido de tu aventura fue el de las sirenas. ¡Cuántas veces lo habrás contado!
Las sirenas no eran doncellas bellísimas con cola de merluza congelada como piensan la mayoría de mis contemporáneos: el romanticismo y su profeta Walt Disney han hecho mucho daño. Eran más bien entes monstruosos, criaturas probablemente ligadas al mundo de los muertos, con cuerpo de pájaro y torso de mujer.
Las sirenas tenían un don al que nadie se resistía; una voz musical, prodigiosamente atractiva e hipnótica.  Y si me preguntáis cómo una canción es capaz de seducir de forma tan eficaz a quien la oye, la respuesta la conoce muy bien Ulises: el pico de aquellas sirenas cantaba las hazañas de los héroes que pasaban por sus aguas. A cada héroe le contaban la suya, y éste se quedaba tan embelesado deleitándose en el relato de sus triunfos que ya nunca más quería marcharse de allí.
Tú, Ulises, conocías el peligro. Sabías que un héroe no debe mirarse al espejo de su vanidad demasiado tiempo. Tus hazañas debía cantarlas Homero cuando tú ya hubieses desaparecido; pero las sirenas no. Los halagos hechizan, reblandecen la conciencia, domestican el alma del guerrero y lo convierten en un guiñapo estúpido y gordinflón.
Por eso te ataste al palo mayor de tu nave y te amordazaste para no gritar. Pudiste haberte tapado los oídos con cera como los demás tripulantes, pero optaste por combatir la tentación mirándola de frente. Y tu victoria fue completa: fuiste fiel a Penélope, a tu hijo y a tu reino a pesar de haber oído el canto de las sirenas.
¿Sabes por qué te recuerdo esta historia? Por culpa de un e-mail (un poco cursi, la verdad) que recibí hace un par de meses de viejo amigo.
“No, Enrique, ―me dice―. Esta vez no voy a atarme. P y yo queremos ser libres, sin-papeles, como los negros que llegan a nuestras costas. Solos y desnudos frente al mar. No queremos un amor que encadene, sino que libere. Por eso tampoco tendremos boda ni hijos”.
Tú sabes bien, querido Ulises, que ésa es la libertad del perrito que nunca renuncia a cambiar un hueso por otro; la “libertad” banal de este siglo, que, inevitablemente, desemboca en la soledad y el hastío.
El hombre libre es capaz de decir “para siempre” y cumplir su palabra aunque el viento sea contrario, aunque los diosecillos del egoísmo, la vanidad o la lujuria arremetan con fuerza contra su nave. Y si alguna vez debe atarse al palo mayor, besará esos nudos, porque en ellos puede estar su libertad.
Atentamente, tu fiel lector,

Kloster 


jueves, 30 de enero de 2014

Los ingenieros homenajean a don Álvaro del Portillo





MADRID, 30 de enero de 2014 (Zenit.org) - La Escuela Técnica Superior de Ingeniería Civil de la Universidad Politécnica de Madrid ha acogido ayer una mesa redonda sobre la figura de Mons. Álvaro del Portillo, uno de sus antiguos alumnos más ilustres y que será beatificado el próximo 27 de septiembre en la capital de España.
El director de la Escuela, Carlos Delgado Alonso-Martirena, y el decano del Colegio de Obras Públicas, Jesús Martínez Alegre, han presidido el acto institucional en el que han reconocido la vida y las aportaciones de "un colega universal", primer sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei, y que nació en Madrid hace ahora 100 años.
Martínez Alegre ha afirmado que "Álvaro del Portillo inició su carrera profesional como ayudante de Obras Públicas, y ese carácter de ayuda y servicio a la sociedad fue el que configuró toda su vida, como se comprueba por las realizaciones que se llevaron a cabo con su iniciativa en beneficio de las necesidades sociales".
Por su parte, el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, Pablo Pérez López ha destacado en Del Portillo "un intenso sentido social" y una vida volcada en “un proyecto común, pendiente del servicio a la Iglesia en el Opus Dei”.
Pérez López ha señalado también que el futuro beato fue “un gran amigo de la libertad, que edificó su vida sobre un voluntario olvido de sí mismo para ponerse al servicio de muchos”.
Trazando un paralelismo entre su vida y algunas características señaladas del siglo XX, el catedrático ha recordado que, contra la tendencia al colectivismo y el triunfo del individualismo, Don Álvaro "tuvo un gran interés por lo social en todas las etapas de su vida" con ejemplos prácticos y concretos que hoy son iniciativas sociales repartidas por los cinco continentes.
En esta línea, ha subrayado que su vida fue "pensar siempre en el bienestar de los demás" y contribuir con su iniciativa y su implicación a "aliviar el sufrimiento de las personas", como demuestra, entre otras cosas, su impulso a la investigación médica aplicada en proyectos como el CIMA, de la Universidad de Navarra, o el Campus Biomédico de Roma.
Por último, Pérez López ha apuntado que el sucesor de san Josemaría fue "un gran amigo de la tecnología, aunque estaba convencido de que la solución de los problemas no es sólo técnica, sino sobre todo, ética". Y ha destacado "su valentía para arriesgar" y su "audacia moral sobresaliente" en unos momentos en los que la seguridad se había convertido en la garantía de los grandes retos.
Durante el acto institucional, se ha proyectado el documental "Saxum. Recuerdos de Mons. Álvaro del Portillo", producido por Betafilms. Su director, el periodista Antonio Tormo, ha afirmado que "he encontrado rasgos de su formación profesional. A veces habla del 'coeficiente de dilatación', en el sentido de agrandar su capacidad de amar. Y afronta como ingeniero problemas complejos: orden y jerarquización, visión de conjunto, serenidad, búsqueda de soluciones sencillas y eficaces".



Monseñor Álvaro del Portillo cursó Ingeniería Civil en Madrid, entre 1932 y 1935, y en el Colegio de Ingenieros de Obras Públicas aparece registrado como colegiado número 788.
Trabajó en la Jefatura de Puentes y Cimentaciones del ministerio de Obras Públicas. Desde 1941 fue Ingeniero de Caminos.
En 1944 se ordenó sacerdote. Fiel colaborador de san Josemaría fue, además, su primer sucesor al frente del Opus Dei.
Sacerdote ejemplar, sirvió a la Iglesia en todo momento. Colaboró en los trabajos del Concilio Vaticano II y recibió la ordenación episcopal en 1991 de manos del beato Juan Pablo. 
Falleció repentinamente en la madrugada del 23 de marzo de 1994 en la sede central del Opus Dei en Roma, horas después de haber regresado de Tierra Santa y de haber celebrado una misa en el Cenáculo de Jerusalén, lugar de la Ultima Cena.
El Pontífice polaco visitó su capilla ardiente mostrando así el cariño que siempre había profesado a Don Álvaro.
Tras su muerte, miles de personas han testimoniado por escrito su recuerdo del prelado: su bondad, el calor de su sonrisa, su humildad, su audacia sobrenatural, la paz interior que su palabra les comunicaba.
El próximo 27 de septiembre monseñor Del Portillo será beatificado en su Madrid natal. 


miércoles, 29 de enero de 2014

Donato



No me ha costado encontrar la casa. Tengo buena memoria y estuve aquí hace cinco o seis años. Fue un día de viento y aguanieve. Hoy en cambio he venido protegido por la niebla. Como todo el mundo sabe, me apaño mejor en la oscuridad
La primera vez llegué renqueando, pero no puedo olvidar la amable acogida de aquel tipo.  Dentro de la casa había sólo una luz muy tenue. Me arrimé a la ventana con cierto temor, y entonces me vio. Era grande y vestía de negro. Dejó el periódico sobre la mesa y salió al exterior. No se asustó por mi presencia. Dijo algo, pero como es natural no le entendí. Entonces le mostré la herida que tenía en la pata derecha y su mirada afectuosa me tranquilizó.
Me tomó en brazos y me llevó al interior de la casa. Yo le di un picotazo cariñoso en la mano, sin ánimo de hacerle daño, y sangró un poco; casi nada, en realidad. Él me aplicó sobre la pata un líquido de color oscuro y, con la ayuda de un amigo que andaba por allí y con unos palillos de dientes y un esparadrapo me entablilló la pata con más afecto que habilidad.
Aquella noche dormí en el jardín junto a la ventana. Tardé algún tiempo en poder cazar, pero mis dos anfitriones me alimentaron con pedazos de carne.
Pocos días después el tipo grande tuvo que marcharse. Yo regresé muchas veces a la misma ventana, pero no volví a verlo hasta hoy. Ahora mismo está sentado en otra butaca y tiene en las manos una especie de libro luminoso. He dado un picotazo en el cristal y se ha sobresaltado al verme. Creo que me ha reconocido.
Me llamo Donato y soy un cárabo común.


"Cúrame a mí también"

Bárbara Liuti, una de mis alumnas más brillantes, ha escrito un precioso folleto con éste sugestivo título. Le he pedido que haga ella misma la reseña y me ha escrito ésto:


Este librito* quiere ser una ayuda más para conocer a Jesús a través del Evangelio. Te propongo contemplar algunos milagros que realizó el Señor y te invito a entrar en la piel de los que fueron curados por el Maestro. Pienso que es un punto de vista privilegiado para observar los gestos, las palabras y las miradas de Cristo. De esa forma aprenderemos a querer más y más al Señor.
Ésto es lo que me propongo; que Jesús nos cure a los dos: a ti, que lees estas páginas, y a mí, que las he escrito pensando en mis propias miserias. Que sane nuestro egoísmo con la fuerza de su amor y un poco de fe por nuestra parte. 

* Cúrame a mí también. Ediciones Cobel, 2013