viernes, 31 de enero de 2014

Atarse para ser libres


Querido Ulises:

Han pasado casi treinta siglos ―centuria arriba, centuria abajo― desde que emprendiste viaje de regreso a Ítaca, al acabar la guerra de Troya. Tenías que recuperar tu reino, y además te esperaba Penélope, tu fiel esposa y Telémaco, tu hijo. ¡Menudo viaje! Fue tan largo y peligroso que dio lugar a “La Odisea”, un excelso poema épico de 24 cantos que sigue vivo, a pesar de lo que ha llovido desde entonces, gracias al genio de Homero.
Como sabrás, ahora recorremos distancias muchos más largas volando sobre las nubes en modernas carrozas de fuego, atendidos por sirenas uniformadas que nos obsequian con mágicos manjares para hacernos más grata la travesía. Tú, en cambio, lo pasaste regular. Contabas con la protección de Palas Atenea, hija del mismísimo Zeus, pero los demás dioses (¡diosecillos!) te lo pusieron difícil con sus engaños y trampas. Venciste a al gigante Polifemo, a su padre, Poseidón, a los lotófagos, a un par de hechiceras y qué se yo…
Quizá el pasaje más conocido de tu aventura fue el de las sirenas. ¡Cuántas veces lo habrás contado!
Las sirenas no eran doncellas bellísimas con cola de merluza congelada como piensan la mayoría de mis contemporáneos: el romanticismo y su profeta Walt Disney han hecho mucho daño. Eran más bien entes monstruosos, criaturas probablemente ligadas al mundo de los muertos, con cuerpo de pájaro y torso de mujer.
Las sirenas tenían un don al que nadie se resistía; una voz musical, prodigiosamente atractiva e hipnótica.  Y si me preguntáis cómo una canción es capaz de seducir de forma tan eficaz a quien la oye, la respuesta la conoce muy bien Ulises: el pico de aquellas sirenas cantaba las hazañas de los héroes que pasaban por sus aguas. A cada héroe le contaban la suya, y éste se quedaba tan embelesado deleitándose en el relato de sus triunfos que ya nunca más quería marcharse de allí.
Tú, Ulises, conocías el peligro. Sabías que un héroe no debe mirarse al espejo de su vanidad demasiado tiempo. Tus hazañas debía cantarlas Homero cuando tú ya hubieses desaparecido; pero las sirenas no. Los halagos hechizan, reblandecen la conciencia, domestican el alma del guerrero y lo convierten en un guiñapo estúpido y gordinflón.
Por eso te ataste al palo mayor de tu nave y te amordazaste para no gritar. Pudiste haberte tapado los oídos con cera como los demás tripulantes, pero optaste por combatir la tentación mirándola de frente. Y tu victoria fue completa: fuiste fiel a Penélope, a tu hijo y a tu reino a pesar de haber oído el canto de las sirenas.
¿Sabes por qué te recuerdo esta historia? Por culpa de un e-mail (un poco cursi, la verdad) que recibí hace un par de meses de viejo amigo.
“No, Enrique, ―me dice―. Esta vez no voy a atarme. P y yo queremos ser libres, sin-papeles, como los negros que llegan a nuestras costas. Solos y desnudos frente al mar. No queremos un amor que encadene, sino que libere. Por eso tampoco tendremos boda ni hijos”.
Tú sabes bien, querido Ulises, que ésa es la libertad del perrito que nunca renuncia a cambiar un hueso por otro; la “libertad” banal de este siglo, que, inevitablemente, desemboca en la soledad y el hastío.
El hombre libre es capaz de decir “para siempre” y cumplir su palabra aunque el viento sea contrario, aunque los diosecillos del egoísmo, la vanidad o la lujuria arremetan con fuerza contra su nave. Y si alguna vez debe atarse al palo mayor, besará esos nudos, porque en ellos puede estar su libertad.
Atentamente, tu fiel lector,

Kloster 


10 comentarios:

Papathoma dijo...

No fue muy afortunada la comparación que hizo su amigo sobre la libertad que desea...y la de los negros que vienen de África en pateras o saltando las alambradas.
No, ellos no son libres: llevan consigo las cadenas del hambre, la miseria, el horror de la guerra y -una vez llegados al soñado país de la libertad- cargarán con su nueva cadena de ser ilegales.

Ellos no quieren ser "sin papeles". Buscan la libertad de atarse a las leyes de un país, a las condiciones de un contrato de trabajo, a vivir bajo un techo digno... Ellos sí que buscan atarse libremente para ser felices.

Acabo de conocer a mi ahijada brasileña. Tenía 6 años cuando su madre la dejó allí con la esperanza de traerla cuanto antes...pero muchos amigos de la "libertad" , no querían atarse a contratos y demás formalismos incómodos. Y fueron pasando los años. Doy un salto al final de la historia: es legal desde hace dos años y por fin ha traído a su hija, de 13 años. Bendita libertad la de los "con papeles".

Ah, y en breve se casará con un portugués encantador.Me temo que por la Iglesia...y encima pretende bautizar a su hija.
Bendita libertad la que da la fe.

Caminando dijo...

Yo leí Una cosa hace poco , cursi pero un sí que no es para tanto hombre!!!


Siempre un Sí.
gran palabra el Sí.
Te doy mi Sí para siempre y desde siempre.
Nuestra vida, se enredo en el momento del Sí para no soltarse más.
En un Sí, te di mi amistad, en un Sí, te di mi amor, en un Sí te di mi vida, tuya para siempre como la tuya es para mi.
Se enreda más, se emburruña más en cada Sí, atado por amor para no volverse a desatar.
Un Sí, que nos para en el tiempo, que hace infinito el momento,que se graba en nuestras almas, para, no morir jamás.
Cuando es el amor quien?habla, sobran las palabras, bastan las miradas.
Miradas de silencio,que nos hablan al corazón, que entienden más de nuestro Amor que cualquier frase robada al momento.
Te doy mi Sí, que sabe de Amor eterno.
Te doy mi Sí en un momento,y se hace eterno.
Te doy mi Sí y ya no es mío, porque, te quiero porque te quiero y porque quiero quererte.
Sello de nuestro Sí, un anillo, sin principio, sin final, infinito como nuestra historia, es de Dios y a Dios vuelve, no tendrá fin sino es en Él.
Con cada vuelta siento más eterno el amor, juntos para siempre, en un Sí de Amor eterno. donde un Sí, fue el inicio de un Sí infinito. Donde dos almas ya son una, por amor disueltas en el Sí, de un mismo corazón que late, al ritmo de lo eterno.

Pedazo de anónimo dijo...

Es bonito.Me ha gustado mucho.

Almudena dijo...

Una entrada redonda y el comentario de Papathoma también. No sabía la historia "real" de Ulises. Así contada es impresionante. Muchas gracias

Caminando dijo...

Me alegro mucho. Que historia!! Estoy contigo, viva la libertad que da la Fe. No se puede hablar sin pensar... No sabes cuanta gente está asi... Me alegro Del final feliz, ojala haya muchos así

Anónimo dijo...

Hablenos de las sirenas con cuerpo de pajaro.nos resulta desconocido para la mayoria,y resulta muy interesante.sobre todo para los niños y para las personas interesadas en mitologias antiguas..
Muy porfavor y gracias por adelantado.
¿Tendremos suerte?

Ana dijo...

Preciosa historia, bellisima foto, Ulises un verdadero ejemplo... Tu victoria fue completa: fue fiel hasta el final a pesar de las distintas adversidades...
Dios nos conceda la Gracia de saber AMAR hasta el final, comprometiendonos, renunciando a nosotros mismos por AMOR a los demas en las distintas relaciones, de pareja, familiares, de amigos...
GRACIAS PATER !!!!!! Por sus letritas de todos los dias: nos hacen mas que bien... Y a ti tambien Kloster...
GRANDEEEE PATER!!!

Ana dijo...

BUEN FINDEEEE !!!! Para todos: que los pasemos genial...
A dormir pleasseee que ya es muy tarde, mañana mas comentarios estoy agotadaaaa...
Buen comienzo del Mes de FEBRERO !!! Finalmente termino la Cuesta de Enero...

Fernando Q. dijo...

Como libre es aquel que elige quemar sus naves, para descubrir un continente entero. Eso es compromiso con la libertad de uno mismo.

Hexamamá dijo...

¿Y qué porra de amor es ése que no se acaba de dar? No sé esa P., pero a mí me seduce más el "Yo te recibo y me entrego a ti", que el "Te quiero, pero depende...".
Nunca me han gustado las medias tintas. O se quiere incondicionalmente, o eso ni es amor ni es ná. Cantos de sirenas, vaya.