domingo, 15 de junio de 2008

Photoshop

—Chica, se te ve la mar de mona. ¿Qué te has hecho?

—Nada, un poco de fotochós.

No pude verles la cara; caminábamos en la misma dirección, pero yo iba dos metros por delante y no me pareció correcto girar la cabeza para comprobar en el rostro de la dama los resultados del tratamiento. Como gastaba una voz poderosa y cantarina, la imaginé joven, pero vaya usted a saber. El caso es que entraron en una tienda, desaparecieron de mi campo auditivo y caí entonces en la cuenta de que el fotochós no era otra cosa que el photoshop, el conocido programa informático para el tratamiento de imágenes.

¡Ah, el photoshop, qué gran invento! Desde que las revistas del corazón empezaron a retocar las fotografías de sus reportajes con este software milagroso, cualquiera puede salir en papel cuché sin granos en la cara, con una sonrisa nívea, un rostro de bronce y cinco kilos menos en las cartucheras. El photoshop es el gran tratamiento rejuvenecedor de buena parte de nuestras famosas, que, vistas al natural, se quedan en nada.

Bueno, pues ahora resulta que el photoshop ha salido de su mundo virtual y se ha encarnado en el nuestro. ¿O será al revés? Tal vez se confirme que Matrix nos envuelve y somos programas de ordenador que nos creemos reales. Un tratamiento superficial del propio pellejo, o sea chapa y pintura, con o sin cirugía, sería entonces puro fotochós.

Andaba yo cavilando sobre esta cuestión cuando llegué a mi destino, que era la consulta del dentista, y nada más acomodarme en el sillón de las torturas, una enfermera jovencita, tocada con máscara blanca y uniforme verde, me susurró al oído en voz muy baja:

—Perdone, don Enrique, ¿se da usted algo en el cutis?

Dijo “cutis”, como en los anuncios. Yo, por un momento, pensé que se trataba de una duda de tipo profesional. Pero no: al ver mi gesto de extrañeza, me aclaró:

—Es que…, como no tiene ninguna arruga…

Debería haberle contestado que sólo era sólo fotochós, pero le conté la verdad. Y la verdad es que mi tratamiento antiarrugas fue bastante más traumático que todo eso. A lo mejor lo cuento aquí algún día que ande seco de ideas y no se me ocurra nada mejor.

A mí lo del photoshop me parece bien, tanto si se trata de retocar fotografías como si lo que se pretende es alegrar la vista al prójimo presentando un aspecto juvenil y dinámico. El maquillaje siempre ha sido un recurso legítimo para hacer la vida más agradable a los que nos rodean, con tal de que sirva para resaltar la propia personalidad, no para inventarse otra nueva. Es estupendo restaurar las fachadas, sobre todo las de las casas viejas, pero sin tratar de disimular su veteranía.

Lo que me preocupa es la “cultura” del fotochós, que parece haber invadido la política, el arte y la estética en general. Ya hablé aquí un día de la obsesión por la propia imagen, del maquillaje como disfraz o como máscara, o sea del parecer a toda costa lo que uno no es ni tiene la menor posibilidad de ser.

Siempre me he preguntado, por ejemplo, por qué nos asusta tanto la belleza de la vejez, por qué esa obsesión por parecer más jóvenes de lo que somos. Toda la vida tratando de llegar a viejos y cuando lo conseguimos, nos avergüenza reconocer que lo hemos logrado.

Ya he hablado muchas veces sobre la virtud de la sinceridad, tan importante para afianzar los cimientos del alma en la lucha por la santidad. Hoy he descubierto que me faltaba por decir una cosa: que el alma, al natural, con granos, lunares y cicatrices, tiene una belleza que el photoshop puede destruir a poco que nos descuidemos.

Me lo ha sugerido un video que anda por la red en el que se ve el rostro esplendoroso de una chica a la que someten a un tratamiento de belleza acelerado: en pocos segundos, se convierte en una muñequita estándar, sin vida, sin gracia, sin defectos.

Si hablamos del espíritu, un poco de fotochós siempre es demasiado.

12 comentarios:

c3po dijo...

Completamente de acuerdo con Vd. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pido oraciones para que salga bien una intervención que me hacen el lunes con anestesia general. Es para colocarme una prótesis (nada de potochop) que me permitirá bucear este verano cual zampullín detrás de su presa, mientras aparece el ansiado filtro.
En consecuencia, y como me inresan esta tarde,estaré ausente de la blogosfera hasta dentro de unos días.

LUISA dijo...

Si hablamos del "espiritu" ¿no sería su tratamiento de belleza el sacramento de la confesión, que da luz y brillo al alma, y que la deja limpita como la piel de un bebé? O que le digo yo, "Tratamientos de Belleza para el alma": 3 dias de intimidad con el Creador. Eso embellece muchísimo. Y lo se porque veo como vamos y cómo volvemos.
Salu2

Anónimo dijo...

Pero si hay lo que hay!!! Por mucho que uno se empeñe!!!
Creo que hay obligación de cuidar lo que se ha recibido y buscar estar agradable para estar bien con uno mismo y con los demás. Pero el paso del tiempo y las circunstancias dejan huellas y cicatrices físicas, que por mucho que uno intente disimular están allí y a veces en el afán de disimularlas, algunos se convierten en caricaturas de juventud.
Habrá que aprender a respetar el paso del tiempo con la dignidad que merece.... quien la busca!!!!

Enrique Monasterio dijo...

Estamos contigo, androide

Juanma Suárez dijo...

C3PO, nos acordaremos de ti el lunes. Me da pena la "presa" a la que seguirás cual zampullín, jejeje.

Don Enrique, leyendo su entrada de hoy me he acordado de una broma que cuenta un amigo mío que hace monólogos. Él dice, hablando de las fiestas de fin de año: "Las mujeres se pasan días enteros buscando un vestido que no les "haga culo"... Vamos a ver, los vestidos no "hacen culo". El culo se tiene, y punto".

Nos empeñamos en arreglarnos por fuera sin preocuparnos de lo de dentro. Es como las grandes ciudades, que pintan las fachadas de edificios en ruinas con colores brillantes y nuevos, pero se asoma uno a la ventana, y huele a humedad, no hay paredes y los muebles están podridos. Da pena ese culto a la juventus tan extraño que quieren imponernos. Así es la sociedad que "hemos" construído.

Por cierto, yo también uso el Photoshop para colocarme junto a estrellas de cine, o para disfrazarme de Tele Tubie o, incluso, para ser imagen de la cartelera de alguna película. Y es divertido...

Ale's mom dijo...

D. Enrique. Estoy leyendo ahora Un safari en mi pasillo. Sabe que no soy de España y por eso no puedo seguir su columna. ¡Una pasada! como diría cualquiera de sus alumnos adolescentes. Gracias.

Boo dijo...

Pues para llegar a la otra vida , yo espero que Dios me embellezca el alma y , si es posible, tambien el cuerpo, no se si con photoshop o El tiene métodos más sofisticados.Una es mujer y le gusta ir arreglada a los sitios...Y ya puestos ...con más energías, mejor humor...¡ no sé! ...un retoque general pero reconocible.

Historias del Metro dijo...

Probablemente la señora que usted oyó en la calle se puso alguna que otra inyección de botox, o algún peelling químico que la dejó sin una arruga. La pena es que ya no es el dineral que se dejan, sino que se quedan sin expresión, y todas las mujeres que se inyectan botox, o se estiran de algún lado se acaban pareciendo todas entre sí... Tengo varias personas cercanas que lo hacen y yo ya no sé cómo decírselo. En su caso se trata de personas maravillosas con pocas ocupaciones, bastante dinero y pánico por las imperfecciones en su vida. Pero qué hacer cuando se trata de algunas de las personas que más quieres y más necesitas en tu vida... Convivir con el potochó, quererlas con toda tu alma, y ayudarles a que ellas también se quieran.

Teresa dijo...

¡Genial, D. Enrique!

Me ha encantado eso de "la belleza de la vejez".

De acuerdo con "boo". Es verdad que "hay lo que hay" que dice Anónimo, pero muchas cosas se pueden y deben mejorar, sin que por ello perdamos nuestra identidad.

Rocío Arana dijo...

Gracias por hablar bien del maquillaje... jejeje. En mentir no hay engaño, diría la Divina Inventora (personaje de los Álvarez Quintero.)
Y genial lo de la Confesión, que saca brillos (aunque a base de cincel).

sinretorno dijo...

A mi el fotoshop me ha dejado apolíneo, sea más moderno.

Marta Salazar dijo...

muy bien!

Don César Ortiz-E. contó... cuenta siempre que él iba en un avión rumbo a algún país americano (o creo que era dentro de él) puede ser Colombia y que se entabló conversación con su companero de asiento,

éste le dijo que trabajaba en una Cía. de cosméticos;

a lo que don César o el Professor Ortiz, como se llama en Alemania, le contó que el Fundador del Opus Dei había ayudado mucho a la industria de los cosméricos, recomendadon usarlos, sobre todo cuando se llega a cierta edad en que se necesitan más que antes!

ja ja

un saludo grande!