sábado, 12 de mayo de 2012

¿Sufrir?


Prometí el otro día seguir profundizando en el penoso asunto de las lágrimas futboleras. He aquí el artículo que acabo de escribir para que salga en papel



Los cronistas deportivos, que son los nuevos juglares de las gestas heroicas que más interesan al personal, han aportado a nuestra cultura unos cuantos vocablos horrorosos, como “el esférico” o “el trencilla”, y un sinfín de expresiones que a lo mejor un día de estos me animo a analizar: “la cepa del poste”, “el palo largo”, “perder la verticalidad”, “desprenderse de la parte superior del chándal”, “saltar al terreno de juego”, atacar “por mediación” de Pepe, etc.
Como bien saben los diez o doce lectores que aún me quedan, me gustan las batallas lingüísticas, sobre todo si son batallas perdidas. Por eso arranco mi artículo de hoy con una palabra que se ha puesto de moda en boca de los bardos de las hondas: me refiero al verbo “sufrir”.
“Sufre Nadal para doblegar a Murray”; “el Barça debe aprender a sufrir en el campo”; “para ganar la Eurocopa tendremos que sufrir”. Son titulares reales sacados, en este caso, de la prensa escrita.
No puedo estar de acuerdo: Nadal no sufre; lucha; ataca y se defiende, se agota y disfruta. Es de­cir, compite. Es evidente también que la Eurocopa no se gana “sin bajarse del autobús” (otra ex­presión tópica), sino peleando con alegría en el campo. Y tal vez el Barça deba aprender a vencer con esfuerzo, ya que habitualmente no lo necesita. Pero ¿sufrir? Amigos cantores del gol, ¿dónde hay que firmar para que me dejen sufrir como Ronaldo, Messi o Llorente?
Y claro, tanto hablar de sufrimientos deportivos, hemos acabado por convencer a los atletas de que lo suyo es una tragedia, y se nos han vuelto gemebundos como adolescentes acomodados.
¡Qué espectáculo más deplorable nos ofreció el Athletic, especialmente a los que somos sus hin­chas, al caer derrotados frente a los rojiblancos de Madrid! ¡Qué forma de llorar! ¡Qué sonoros sollozos! Zarra y Gorostiza se agitaron en sus tumbas al oír los gimoteos de sus nietos deportivos.
Entre los antiguos, el hombre sabio, el héroe, el soldado o el atleta debían ser impasibles, duros como rocas. Es cierto que a veces se pasaban de la raya: el propio San Agustín pedía disculpas por haber llorado ante su madre muerta; pero, excesos aparte, la virtud de la fortaleza se manifestaba también a la hora de tragarse las lágrimas, sonreír y seguir peleando.
Ahora las cosas han cambiado. Llorar está de moda y mola cantidad. Desde que el romanticismo hipertrofió los sentimientos del personal, una lágrima a tiempo sirve incluso para ligar, como me confiaba Nico el año pasado. Y es que nos encanta ver llorar a los grandes; a reyes y a tenientes coroneles de caballería. La vieja expresión “niño, los hombres no lloran” ha sido sustituida de hecho por “llora, llora mi niño; babea a gusto tus penas, que tu mami llorará contigo”.
Soy consciente de que tres o cuatro lectores ―o sea, la mitad de los que me quedan― me están poniendo verde en estos momento. Pues ustedes perdonen. Sólo trato de poner en valor dos vie­jas virtudes que andan de capa caída: la fortaleza y la deportividad.
 “Vivir ―predicaba San Josemaría― es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, sereni­dad. Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su con­ciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas”
―Y a qué virtud te refieres cuando hablas de “deportividad”
―Elemental, mi querido Kloster: La deportividad es ese aspecto de la fortaleza que nos enseña a saber ganar, a saber perder, a ser humilde en la victoria, a sonreír en la derrota, a volver a empezar siem­pre, a reconocer los errores, a alabar al rival, a felicitar al que triunfa y a estar siempre preparados para la última batalla de la vida.
―Hablas de fútbol, por supuesto.
―No, colega. Yo de eso no sé nada.

  

19 comentarios:

Viator iens dijo...

Servidor no puede estar más de acuerdo. El romanticismo sigue destrozando vidas, familias... y hasta naciones.

Clo dijo...

Magnífico,
la gente se da mucha pena...yo pido el don de la fortaleza para no darme pena a mi misma y mirar siempre adelante. Además cada vez está más de moda regodearse de las agonías propias y ajenas, el vivir del qué pudo haber sido y cómo podría haber sido yo de feliz y no de la realidad de cada uno. ¿En qué nos estamos convirtiendo?

Antuán dijo...

De semejante recopilacion de vocablos que alabo y ha sabido recoger de no se sabe donde. lo que me queda al final: llora pero se bebe sus lágrimas. Es penoso ver llorar a otro o hacerle llorar sin culpa o con ella por que hay que ir a ganar. sino pa eso me quedo en casita pero no alli estaba todo el estadio bicolor, pa mi que el color de la camiseta verde les trajo mala suerte. por decir algo. Adiosle

Almudena dijo...

Eso de bardos de las hondas... ¿No es de las ondas (hertzianas)? No sé. Por lo demás, completamente de acuerdo en el fondo, aunque en la forma suele ser más claro y directo. Ya que se arriesga a preguntar, le diría que le dé una vuelta

Jorge Tejero dijo...

La misma sensación me dio a mí al ver a los del Athletic llorando... Entiendo que les hubiera costado mucho llegar hasta allí para luego ver cómo les ganaban: pero de eso a llorar como si fuera el fin del mundo...
Muy buena reflexión!! Y no se preocupe que le seguiré leyendo ;)

Altea dijo...

A mí tampoco me gustan las excesivas celebraciones cada vez que se marca un gol o se gana un partido. Dicen muy poco del sujeto en cuestión y humillan al contrario.
¡Un poco más de templanza y personalidad!

Relicary dijo...

Me pongo desde otra perspectiva: las lágrimas para lo que realmente importa. Como las palabras, si se usa para algo superfluo, y se hace de forma constante, cuando lleguen los momentos realmente merecedores de las lágrimas, no se podrán valorar.

¿Qué distingue la lágrima de una persona madura ante la derrota de su equipo y la del entierro de su madre? Si se vanalizan las lágrimas, es posible que se estén poniendo a la misma altura la derrota de unos desconocidos y la pérdida de una ser querido.

Sé que he sido duro, porque perder a un ser querido es, además, una espina interna que no dejan los deportes, pero los signos exteriores también importan.

Doublebassist dijo...

me encanta el debate! Yo soy un estudiante de música, por lo que esto de los sentimientos me es conocido. creo que ambos se equivocan, el que dice que "los hombres no lloran" y el que dice "llora, que yo lloraré contigo". LA cosa está en el punto intermedio. Dios creó al ser humano para sentir, para reír (como el niño Jesús) o llorar como Jesús por Jerusalén (Lucas 19, 41-44). Si Dios llora y ríe, el hombre debe hacerlo también. Para mí, el secreto está en no dejarse dominar por las emociones. En sentir, sin que el sentimiento sea lo único que exista en ese momento. En resumen, aprender cuándo se debe llorar y cuándo reír. Me gustaría saber qué opina de ello (si tiene tiempo)

pacita.. dijo...

Es verdad que está muy dificil educar en el esfuerzo y dejar que nuestros hijos sufran en su vida diaria para hacerse fuerte pero estos valores del esfuerzo y de saber sufrir con alegria no están de moda y así nos vá.a la minima frustración todo el mundo se va al psicólogo .

Anónimo dijo...

Viator, tienes mucha razón. Yo últimamente no hago más que recordar a los de mi alrededor que el "mundo ideal" de la canción de Alladin, NO existe.Ni tampoco todos esos mundos ideales que nos forjamos cada uno a nuestro gusto y que nos llevan a querer huir de la realidad. Porque mientras les sigamos dando la oportunidad de existir,nos frustraremos al comprobar que no los alcanzamos.
Y, no es que no sea idealista, sino que a la vez soy realista y creo que hay que contar con lo que hay, con que las cosas unas veces van y otras no, con que las personas tambien unas veces vamos y otras no...y que no cambiamos de la noche a la mañana.
Lucia

AleMamá dijo...

Todo un tema para sacar conclusiones más amplias.

Enrique Monasterio dijo...

Quiero subrayar algo: en efecto en esta vida se sufre y se llora. Y así debe ser. Trasladar eso al deporte, llorar por una derrota, convertir el juego en tragedia, es ridículo. De eso habla el artículo. Y del insólito prestigio que han alcanzado las lágrimas.

yomisma dijo...

Alguna vez les he dicho a mis hijos que para que un equipo gane el otro tiene que perder. Son las consecuencias lógicas de los deportes. No quiere decir con ello que el que pierda es peor o que ha jugado mal. Solo que no ha ganado. En el caso del atleti no ganar la final es ser los segundos. No me parece mal puesto.

Vila dijo...

Me ha gustado tu comentario Yomisma. Este año Ignacio ha vuelto a quedar segundo en el torneo de Ajedrez, y tan contentos que estamos.

Anónimo dijo...

Don Enrique,tiene toda la razón,pero la tension del partido ,la ilusión por ganar frustada,los llantos contagiosos,lo siento,me hicieron gracia,mea culpa,un error lo puede cometer cualquiera,hasta los de Bilbao...

pacita.. dijo...

Anónimo OlE por tu sinceridad,a partir de ahora te podrias llamar El sincero.

Adaldrida dijo...

Mmmm... Lo dejo en un sí pero. Usted también llora sus pocos lectores, lo cual encima es falso.
Ahora, el artículo es memorable.

Andrés Infante Llanos dijo...

¡Excelente!.

Alis dijo...

Hola, me gusta mucho leerle siempre, lo hago desde México. En esta ocasión me ha gustado esa parte en donde dice que llorar esta de moda, muy cierto, muy cierto. Siempre me hace pensar... Un saludo para usted... y tambien para el búho (tenía que decirlo jeje).