miércoles, 12 de febrero de 2014

Compañeros de autopista




En la estación de servicio del desfiladero sopla un viento helado que congela hasta los pensamientos. Un letrero invita a usar guantes para llenar el depósito; pero son unos guantes de papel transparente que están más tiesos que mis orejas.
De pronto aparece un Mercedes 500 color vino Burdeos y se coloca al lado de mi pequeño Citroën negro. Hay que ver lo bien que suenan los coches caros. No solo es el motor; también las puertas, el tapón de la gasolina…, todo.
El conductor tiene menos de 40 años y se abriga con un una bufanda roja de cachemir que da calor a distancia.
Mientras llenamos nuestros respectivos depósitos, observa con gran atención mi coche:
―¿Consume mucho?
―Poquísimo… Pero no se haga ilusiones: no se lo cambio.
Se ríe mientras contesta:
―Si llego a casa con su coche y le digo a mi madre que lo he cambiado, me mata.
―Así que el coche no es tuyo ―de pronto hemos pasado al tuteo―…
―Bueno, como si lo fuera; es de la familia.
Ya en la caja, sigue hablando mientras saca las tarjetas de crédito.
―Mis padres están separados…
Le propongo tomar un café y acepta de inmediato. No hay nadie más en la gasolinera, y podemos detenernos unos minutos sin mover nuestros respectivos vehículos.
Me dice que se llama Jorge y me entrega su tarjeta. Está preocupado y triste porque le ha dejado su novia ―es la segunda―, y no sabe si, “con los tiempos que corren” tiene sentido el matrimonio. Me pregunta sobre las prácticas religiosas, el aborto, la obligación de ayudar a los demás, el Infierno… Todo, en apenas cinco minutos.
―Deberíamos hablar más despacio.
―Vale…
En ese momento nos interrumpe el sonido de un claxon. Jorge tiene que salir corriendo para retirar su coche. Me saluda con la mano y se aleja camino de Madrid.
A mí me toca pagar el café.
 

12 comentarios:

Sebastian F. dijo...

Típico de un tío con Mercedes: irse sin pagar o haciendo que pague otro.

Enrique Monasterio dijo...

No, Sebastián. Tampoco es eso

Antuán dijo...

Todo sea por la Causa, por lo menos le deja su tarjeta esperemos que la próxima ves pague el. Adiosle

Papathoma dijo...

Si cinco minutos dieron para tanto...no quiero ni pensar lo que pueden dar de sí unas horas. Ya le está llamando para que le deje probar el Mercedes y, de paso, continuar la conversación. O al revés.

Cordelia dijo...

Es alucinante, maravilloso, precioso. A pesar de los pesares, la gente sigue sabiendo a dónde puede acudir y quién le va a escuchar seguro. El uniforme hace milagros.
Bueno, no el uniforme...
Olé.
No dudo que continuará la conversación. En caso de que necesite una excusa, yo estoy pensando en comprarme un Mercedes y me gustaría probarlo, jiji.

Vila dijo...

¿Y no le dio usted la suya?. Está claro que usted tiene una tendencia natural para atraer a la gente ( increible que afirme que fue tímido ).

Me ha gustado este post de "ser cura". Gracias mil

Altea dijo...

Bueno, fue d Enrique quien propuso el café. Eso le convierte en "invitador".
Lo q fue una lastima fue tener q acabar tan pronto. El chico tenia ganas de hablar.

Pedazo de anónimo dijo...

Foto muy bonita!

Anónimo dijo...

Me habría encantado ser el protagonista de esta historia, por el café y los cinco minutos claro, aunque sin el Mercedes

Ana dijo...

A dormir que ya es muy tarde pleasseeeee...
BUEN FINDE !!!!!! para todos y a abrigarse muy bien que ya empezó el frío OK??

Caminando dijo...

Yo estaría encantada de pagar muchos cafés así ...

Merche dijo...

¡Qué bien que le dejó la tarjeta! Así le puede llamar para seguir la conversación.
Me gustan mucho las fotos de pájaros que pone. ¿Las hace usted o las coge prestadas de otros sitios?